jueves, 21 de diciembre de 2017

TEMBLOROSO CUCHILLO...



Tembloroso cuchillo que suples la pistola
dejando en algún pecho la marca y la vitola
sublime filigrana con hambre de matar,
avanzas lentamente, sin prisas, en la escena,
subiendo paso a paso te llegas a la vena
y acabas la aventura saciando tu manjar,

prosigues el camino cortando los latidos
siguiendo las cañadas, contienes los gemidos,
de un pecho dolorido por causa del amor
y sigues palmo a palmo buscando el débil vaso,
de niños y mujeres, con hombres que, en su ocaso,
separan dulcemente, los pétalos sin flor,

te veo como sajas y cortas poco a poco
la carne del cordero, la brisa del siroco,
y afloras, lentamente volviendo a revivir,
resuelves tentaciones, remontas la cordura,
del hombre inmaculado que sigue en su locura,
tratando de estar cuerdo viviendo sin vivir,

y así pasan los días y surge la certeza,
el verso inmaculado que expone la belleza,
la guinda con la nota surgiendo de alta mar,
y entonces un susurro, muy tenue y bien escrito,
se extiendo por la arena dejando allí su grito
de arena bien ardiente que quiere acariciar,

aguanta y no vaciles no sientas llanto y pena,
un pecho allí te aguarda, con sangre y la cadena
que surge de sus venas y va a tu corazón;
ya sé que están las dudas de alondra candorosa,
el filo ensangrentado, la tinta con la rosa
que surge de los labios llevando una oración,

termina tu trabajo, la tarde acaba ahora,
hay tiernas margaritas que nadie las añora,
los años, los recuerdos, invitan al placer,
huir de este cuchillo que busca la quimera,
nostalgias de una lengua que intenta la manera
de ser tu poesía, cuchillo de mujer.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/12/17

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