DESPUÉS DE MUCHO TIEMPO...

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Después de mucho tiempo
volvì de nuevo a verte,
venías con tu gracia,
sonrisa fiel y alegre.

Venías a mi lado,
llamaste para verme,
y un cúmulo de de nubes
volvieron a mi frente.

Atrás, en el pasado,
quedaste entre la nieve,
quedaste en el recuerdo
preciosa como eres.

Retorno hacia ese tiempo
de rosas y claveles,
suspiros y palabras
llevadas a mis sienes.

Latidos presurosos
de pechos muy ardientes,
y un halo de ternura
rozando los cipreses.

Mis manos te buscaban
en versos y papeles,
mi pluma te escribía
poemas sin corchetes.

"La música sonando
las almas enternecen,
y dejan ese caldo
de luces y cohetes".

Entonces una noche
dijiste tiernamente,
palabras que no olvido
con voz pausada y breve.

Dijiste que me amabas
sabiéndome carente,
querías mis abrazos,
mi cuerpo rudo y fuerte.

Querías mi respuesta
sabiéndome muy débil,
querías mis caricias
mis besos tan ardientes.

Y yo, necesitado,
de amor y luz celeste,
no vi tras tus palabras
las sombras y dobleces.

Por eso, con el tiempo,
mi llanto llegó al césped,
bajando de mis ojos
las lágrimas silentes.

Y así, como la noche,
unió dos almas leves,
un ángel otra noche
me dijo al fin, "detente".

Y allí quedó aparcado
el viaje en los andenes,
mirando la partida
del tren tan sugerente.

Quedaron entre el polvo
amores y quereres,
quedaron olvidados
los sueños de un septiembre.

Rafael Sánchez Ortega ©
06/06/11

NADIE ME HABÍA MIRADO COMO TÚ...

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Nadie me había mirado como tú
me miraste, aquella noche,
al pasar dulcemente por mi lado.


Sentí un escalofrío en las entrañas,
y a la vez, una alegría enorme,
por eso cesaron mis dolores y mi llanto.


Yo te seguí de lejos,
tú caminabas hacia el embarcadero
y yo iba detrás de ti temblando.


Tenías en tu pelo una diadema,
una guirnalda sin luz, como una estrella,
buscando compañeras en los astros.


Y entonces me acerqué. Te di la vuelta.
Tomé tus manos con las mías,
y vi tus ojos tan castaños.


Seguimos en silencio, como antes,
tan solo los latidos en el pecho
tocaban a arrebato.


Afuera, en un reloj, sonaron las campanas,
pasaban las sirenas y las hadas
dejándonos su encanto.


De pronto te miré y también tu me miraste;
temblaron nuestros ojos
y hablaron nuestros labios.


Rafael Sánchez Ortega ©
04/06/11

UNA RAYA DE TRISTEZA...

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Una raya de tristeza me ha separado
el alma.


Un adagio cruel ha convertido en humo
mi esperanza.


He gritado a lo alto y el silencio
ha respondido a mi llamada.


Me siento sola y solitaria, vencida,
en esta tierra calcinada.


Tenía una ilusión, no era un capricho,
y temblando por las tardes lo esperaba.


Más tuvo que cruzarse el pliegue del destino,
y vino hasta la tierra su guadaña.


No sé donde mirar, ni sé dónde atizar,
la huella de este fuego que me abrasa.


Es hora de partir, marchar de nuevo,
quizás hacia el desierto de la nada.


Me tiembla el corazón por causa del dolor,
hay mucha soledad, porque lo amaba.


Amar es compartir la risa con el llanto,
y ambos nos hablamos sin palabras.


¡Adiós mi corazón, no marches lejos,
allí donde tu vas, se va mi alma!


Rafael Sánchez Ortega ©
04/06/11

DÉJAME QUE TE ESCRIBA EN ESTAS LETRAS...

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Déjame que te escriba en estas letras
para dejar impresas mis palabras,
en ellas te diré lo que yo siento
en forma de susurros para el alma.

Prometo que serán la melodía,
la música serena que reclamas,
la voz con el murmullo de las gentes
tomada de la vida que te aguarda.

No quiero confundir tus ilusiones
con sueños que se pierdan en la nada,
si acaso que despierte tu conciencia
del mundo que te axfisia y que te abraza.

Por eso van surgiendo en estos versos
palabras en sus frases enlazadas,
tratando de llevarte lo que grita
el alma de un poeta en la distancia.

La vida es un poema que se escribe
con sangre, con sudor y con mil lágrimas,
no es fácil resistirse a su autoría
y entonces la vivimos sin negarla.

Un día nos entregan la promesa
y al otro la sonrisa es secuestrada,
pasando de una nota de alegría
a otra que suspira y que se apaga.

No existe una razón al sentimiento,
se vive persiguiendo una alianza,
un mundo de utopía e ilusiones,
allí, donde el amor sea la llama.

El fuego que caliente nuestros cuerpos,
la hoguera en que se funda la esperanza,
el cáliz de los mitos y leyendas
y el bosque de los niños y las Hadas.

Por eso yo te pido que me dejes,
escribo para ti sin pedir gracia,
tan sólo que me atiendas un momento
y busques con tus ojos mi mirada.

En ella encontrarás esa respuesta,
las huella del que vive y el que ama,
surcando las arenas del desierto
detrás de poesías encantadas.

Un día sentirás que tu latido
resuena como música sin pausa,
y entonces un piano y mil violines
a ti te anunciarán de quien te habla.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/06/11

FUI A TU ENCUENTRO...

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Fui a tu encuentro y te vi diferente.
Estabas triste y ausente y entonces
una increíble ternura me hizo abrazarte.


Quería arrancarte esa tristeza,
quería llenarte de caricias,
quería que la sonrisa volviera
a tus labios,
quería sentirte,
notar ese latido febril de tu pecho,
quería tu mirada y ese libro increíble
de tus ojos, donde guardas celosamente
tus secretos,
quería tu cuerpo para escribir en él
en la noche, para ir desgranando mis versos,
para hacerte vibrar y suspirar
hasta sacar esos gemidos de pasión,
hasta conseguir que tu cuerpo
recobrase el candor, la ternura,
la frescura que siempre conocí.


Pero te quería a ti, mi niña.
Quería que esas horas no acabasen,
que el tiempo se detuviera,
que los segundos se congelaran,
que tu cuerpo me gritara y me pidiera
y que yo te complaciera, lentamente,
hasta conseguir de nuevo que la luz
de tu mirada floreciera,
que tus manos cobraran esa vida
y tu sonrisa seductora me envolviera
como siempre.


...Fue una noche larga, pero hermosa,
yo escribía y tú mirabas,
yo escribía sobre ti, sobre tus cosas,
y escribía en el cuaderno inmaculado
de tu cuerpo,
con el tiempo detenido,
apurando los segundos,
hasta que no pudiste más y te arrancaste
en un susurro diciendo:
¡Te quiero mi Amor, te quiero!


...Y nos amamos allí, entre las sombras
de la noche. Nos amamos como niños,
como adultos,
con tu entrega,
en un abrazo interminable.


Rafael Sánchez Ortega ©
03/06/11

OIGO UNA VOZ QUE LLEGA A MI CONCIENCIA...

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Oigo una voz que llega a mi conciencia
con preguntas del tiempo y del pasado,
son rumores que llegan con el eco
de una vida que marcha hacia el ocaso.

Ya se ocultan las luces del gigante,
de ese sol que nos deja sin sus rayos,
y lo empuja a otras tierras sin frontera
esta noche que llega con su manto.

Me remuerde la voz con sus preguntas
que requiere los días ya lejanos,
y también de personas muy queridas
que robaron un beso de mis labios.

Yo sonrío nervioso entre la niebla
y contemplo las hojas de los álamos,
y también a los robles y cipreses
por el viento nordeste ya curvados.

Contaría, sin duda, muchas cosas,
si tuviera el valor para expresarlo,
más mi boca retiene la respuesta
a la voz que reclama lo que guardo.

Pero creo que debo reprimirme
y buscar en la música su encanto
y dejar que palpiten las estrellas
con la voz silenciosa de hace años.

Es posible que existan las respuestas
en el pecho impaciente de los astros,
y también de la música sin nombre
que tomé tantas veces del piano.

Con la música soñaba con princesas
y con bosques perdidos y encantados,
y soñaba también, con la conquista
de castillos a lomo de caballo.

Más confieso mi pobre fantasía,
y los sueños de un pobre parvulario,
que veía quizás en Don Quijote
como meta a evitar en su fracaso.

Ahora el tiempo pasado ya no existe;
sí la voz que me pide su reclamo,
y aquí estoy, silencioso y ante ella,
sin saber qué decirle y esperando.

Sólo espero las sombras de la noche,
y con ellas la estrella que en lo alto,
me deslumbre de nuevo con sus luces
y me ofrezca de veras un abrazo.

Rafael Sánchez Ortega ©
02/06/11

INOCENTE CREÍ, DESDE LA INFANCIA...

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Inocente creí, desde la infancia,
que el amor era el centro de la vida,
que podían surcarse los caminos
y dar bueno el sudor de cada día.

Porque el fin era noble y era justo,
una bella ilusión reverdecida,
que animaba sin más los corazones
y afloraba en los labios con su risa.

Pero el tiempo implacable no perdona
y marchita las flores más bonitas,
es entonces, en tiempo de galerna,
cuando llega la niebla a las pupilas.

Se oscurecen quizás los corazones
y la sangre en las venas no palpita,
las palabras no salen de la boca
y se quedan heladas las sonrisas.

No sé bien porqué pasa todo esto,
y si es culpa del mal y la mentira,
o si acaso el amor es solo un sueño
"una eterna ilusión y fantasía".

Me detengo de pronto en el recuerdo
y contemplo aquel niño de la orilla,
escribiendo poemas y relatos
en la tarde de otoño que termina.

Yo le observo mirando el horizonte
y buscando a la musa en la cuartilla,
pero ella coqueta y juguetona
impaciente a su prisa resistía.

Y contemplo también aquel anciano,
en el parque sentado que dormita,
quizás sueña también con el pasado
y en las horas caducas de vigilia.

Él luchaba en el mar, en un proyecto,
por el pan y el jornal de su familia,
y lograr con sudor y con trabajo
el amor que pedía con justicia.

...Pero debo seguir con mi camino
y dejar el recuerdo con la brisa,
el amor sigue estando en mi costado
y es mi alma sincera quien lo grita.

Te he buscado mi amor irreverente,
y te busco y persigo cada día,
en la vida que muere y que renace
y en el alma que ama y que suspira.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/06/11