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AMANECIÓ EL DÍA GRIS...

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Amaneció el día, gris y triste, 
quizás como anunciando el otoño 
que estaba a la vuelta de la esquina. 

Salí a pasear y a caminar un poquito. 
Caían unas gotas de lluvia, que se agradecían,
mientras resbalaban del cielo 
para besar las mejillas.

Hoy no vi mariposas ni pude saludarlas, 
aunque había otras, que eran las hojas de los árboles, 
que volaban y caían a mis pies 
con ese tono dorado y ocre del otoño. 
Pasé entre ellas y las fui sonriendo 
mientras pensaba en ti, 
en tu nombre, 
en el mar cercano y lejano 
y hasta pensé en Salamanca.

Recuerdo que un día el mar abrió sus olas 
y me dejó caminar por entre ellas 
en una playa preciosa e interminable. 

Entré y caminé, con mis sueños y fantasía, 
por aquel mundo mágico de las hadas. 
En él vi a los peces que, como en una enorme pecera, 
me saludaban al pasar;
luego me detuve un rato con las sirenas 
que tropezaba en el camino 
y me contaban leyendas y relatos 
de viejos marinos, 
de viajes y de amores en las dunas
de la playa.

Fue un rato muy agradable 
y pensé en dos niños, en su infancia,
caminando juntos y sorteando los pozos 
que el mar había dejado entre la arena, 
y aspirando el salitre y el yodo del mar, 
que les llegaba con su aroma.

Cuando regresé y volví a casa 
abrí los ojos nuevamente. 
La playa había desaparecido 
y las olas solamente eran recuerdo. 
Miré a ver si entre la lluvia que caía 
veía alguna mariposa 
pero solo el viento, invisible, 
daba muestras de estar cerca, con su abrazo, 
y sus caricias 
para emular a la lluvia con sus besos.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/11/18

OTRO DÍA...

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Otro día me dije que ya estaba bien, 
que si había un culpable ese era yo, 
por mi manera de ser. 

Porque ¡claro que me gustaría saber de ti
y de la vida,
es más, me gustarían tantas cosas...! 
Pero me conformo con cerrar los ojos y pensar, 
sentirlas así, en silencio. 

Sería bonito compartirlas, pero tengo miedo. 
Inmenso miedo a poder hacer daño con ello 
y por eso lo dejo todo en los silencios,
en los suspiros, 
en los susurros del viento que recojo,
y en los poemas. 

Sé que es muy bonito amar, pero ¿cómo y a quién? 

Yo siempre he creído en el amor. 
De suyo es la "eterna búsqueda" 
de toda persona romántica
que nunca se puede alcanzar y realizar. 
Quizás es como esa quimera que ves, 
que tienes en la mente, que sueñas, 
que persigues incansablemente 
y que se te escapa una y otra vez de las manos 
sin que puedas hacer nada por retenerla...

Un día, se abrieron mis ojos, nuevamente,
y el alma volvió a latir y a vivir.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/18

VUELAN LOS SUEÑOS...

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Vuelan los sueños,
encuéntralos, si quieres,
vuela a tu vez.

No te resistas,
la vida es un instante
y pasa pronto.

Vive ese sueño,
deprisa, intensamente,
porque es tu sueño.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/09/18

ESTÁ LLOVIENDO...

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Está lloviendo
y siento tu presencia
cerca, muy cerca.

Quizás la lluvia
me traiga tu sonrisa
que tanto anhelo.

Pero sin lluvia
también vas a mi lado,
constantemente.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/09/18

BUSQUÉ...

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Busqué tus pasos
perdidos en la niebla
y no los vi.

Busqué tu risa
en medio de los versos
y no la oí.

Busqué tu mano,
curándome la herida
y estaba ahí.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/08/18

LLEGA LA NOCHE...

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Llega la noche y me emborracho
con tus sueños,
entonces quiero hablarte,
dejar que mi voz te llegue
y te envuelva,
quiero decirte esas cosas 
que he guardado para ti,
como que he visto llorar a las estrellas
en el cielo,
y fue una noche en que la luna
no llegaba,
quizás porque había muchas nubes,
pero también quisiera decirte
que me he refugiado en la soledad
de mi cuarto
y que he leído a Bécquer,
a Storni, a Lorca,
a Pizarnik y a otros muchos
que no citaré, 
ya que no quiero cansarte.
Pero puede que te hable del mar
y del viento,
de la risa y el llanto,
del frío y el calor,
y te hablaré, si me dejas,
de ti y de mí,
de aquellos años locos,
cuando nos conocimos,
del primer baile al que fuimos,
de tu sueño en la playa
tras una noche de fiesta,
de mis proyectos y versos,
que te enseñé en una cuartilla,
del paseo por el monte,
de aquella gruta donde nos metimos
y estuvimos como dos horas
en sus entrañas,
pero, como te digo, no quiero cansarte
y te diré que fui sincero cuando te dije,
un día, en tu casa,
que no podía aceptar tu invitación
para hacer el amor 
ya que si lo hacíamos
dejaríamos de ser amigos
y nos convertiríamos en amantes;
sé que, entonces, no me entendiste,
aunque, quizás hoy, puedas valorar aquel acto 
y pensar que fui sincero
y que ambos aceptamos aquella decisión tan sincera
ya que si hoy seguimos siendo amigos
es porque, aquel día, no cruzamos la línea roja
que nos convertiría en amantes.

Ahora llega la noche en este invierno
y, una vez más, me pregunto si te amo,
si te quiero, 
y si soy sincero, cuando miro dentro del alma,
tengo que decirte que sí, 
que te quiero, que te amo 
y que esto es así porque hay sentimientos 
que no se pueden esquivar ni olvidar, 
ya que están muy arraigados en el corazón
y van con nosotros, 
en nuestros pasos y latidos.

Por eso decía, y digo, que llega la noche
y me emborracho con tus sueños,
que quiero hablarte y escucharte,
que quiero sentirte y entrar contigo,
en esos sueños que, tantas veces, 
musitamos y compartimos,
aunque sabíamos que, dentro de aquella magia,
y del momento, 
solo había fantasía y poesía.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/08/18

ES QUE ERA TAN SENCILLO AMAR...

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Es que era tan sencillo amar,
que no lo vimos hasta que fue muy tarde,
hasta que el sol se ocultó
y acabó el día,
hasta que la noche nos abrazó
y nos sumergió en sus negruras,
hasta que los labios sedientos
se quedaron resecos
y hasta que el alma se dio cuenta
de que vivía en un desierto
con un rótulo que ponía: 
"amor".

Y es que entonces,
cuando habíamos dejado atrás
esos momentos,
cuando nosotros marchábamos
en direcciones diferentes,
pudimos ver aquello, que de cerca,
no pudimos llevar a las pupilas,
y así los ojos lloraron ante la lluvia
que caía,
ante el sol que daba vida y color
a las personas, a las plantas,
a los campos, a los mares, 
a ese inacabable etcétera de cosas
que merecen verse y contemplarse
porque las mismas hacen tilín en el alma
y hasta son capaces de arrancarnos un suspiro
y de hacernos llorar de emoción.

¡Y qué decir del amor por los niños,
por los mayores, por los que nos rodean,
por la familia, por los amigos...!

Es cierto que una vez fuimos niños
y buscamos el amor inútilmente,
porque el amor iba con nosotros
y no lo sabíamos.

Es cierto que lo perseguimos de jóvenes
en el sentimiento a la persona amada,
y también a la vida,
a la que nos íbamos acercando y descubriendo, 
y quizás creímos tenerlo
y poseerlo, en algún momento,
pero puede que fuera la ilusión y la utopía,
lo que cegó nuestros ojos
hasta que un día nos encontramos solos,
navegando en un barco a la deriva, por la vida,
sin fijarnos en que unas gaviotas nos seguían
y que la luna lloraba en el cielo
y las estrellas se estremecían,
y las olas se mostraban impacientes
y las resacas aumentaban su sonido
de protesta en bajamar...

Y es que era tan sencillo amar
que tuvo que llegar el otoño
y, casi, cuando estábamos ya en el invierno,
nuestros labios murmuraron esa palabra: "amor", 
y todo lo que nos rodeaba cobró vida,
pero una vida que se escapaba, 
que se marchaba de entre los dedos,
que estaba ahí, precisamente,
en la cara que devolvía la imagen
en el espejo,
y en las otras caras de esas imágenes
guardadas celosamente
con la etiqueta de recuerdos
y nostalgias...

¡Amar, amor...!, Qué fácil hubiera sido todo,
si ayer, como hoy,
nos hubiéramos dado cuenta de tu existencia,
de que estabas a nuestro lado
en lo que teníamos,
en lo que nos rodeaba,
en las personas que amábamos,
en las que odiábamos,
en el cielo y en la tierra
y hasta en los benditos sueños,
de aquel entonces,
que llamábamos inocencia.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/07/18

SOY CONSCIENTE...

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Soy consciente
de que el pasado no vuelve
y que el corazón se queda sin latidos,
y va perdiendo su ritmo,
en este tranvía que es la vida.

Estamos en otoño
y hay un cuerpo viejo
que camina, titubeante,
entre la telaraña de recuerdos
que conducen al invierno.

Si miro atrás, a ese pasado,
me doy cuenta de que era bonito
despertar cada mañana,
con la llamada del alba,
y acudir a la taza de café,
que esperaba calentarse en el microondas,
para calentar unos labios
que esperan saludar al nuevo día.

En aquel largo verano 
caminé por muchos caminos
y senderos,
incluso tendí la mano
a la primavera de la infancia,
rescatando, de la misma, muchos sueños
retenidos en los puentes.

Fueron largos días de suspiros,
de susurros encantados
que dejaron una huella
muy profunda en ese tiempo
que no vuelve.

Era hermoso contemplar a las estrellas
y hasta hablar, en su lenguaje,
por las noches.
Era hermoso el escuchar
las canciones y rumores que dejaban
las sirenas en la playa.
Era hermoso ver pasar 
a las traineras por la barra,
que salían a pescar
con su silueta inconfundible.
Era hermoso emocionarse
al pensar que las rosas que veías
las pudieras entregar
a unos labios tan queridos
con un beso.
Era hermoso hasta rezar
a ese dios que es de los niños
y a ese niño que llevabas
tan adentro y le gritabas
de que nunca te dejara.

...Ahora sé que aquel desierto,
inhabitable y silencioso,
me esperaba y me abrazaba
sin remedio
y que la soledad del otoño
y del invierno estaban cerca,
y no en el parque figurado,
porque la tristeza iba conmigo,
con nosotros, con la gente 
y con el  mundo que nos rodea,
en un abrazo y un abrigo inconfundible
y no tendría una luna, con su manto,
que viniera a cantarme una nana
en esa noche.

Al final, soy consciente 
de que me hice mayor
y no me di cuenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/07/18

HAY DÍAS...

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Hay días en que veo en el espejo
una cara que no es mía,
una imagen, que es extraña,
y sin embargo me saluda,
como si me conocieran de siempre,
unos ojos que interrogan el cristal
intentando darle forma y contenido,
y unos labios que se estiran y se encogen
deseando balbucir unas palabras.

Pero yo, plantado ante el espejo,
no sé qué responder ni que decirle,
así que me enjuago la boca,
tomo el cepillo de dientes,
abro la pasta
y doy comienzo a ese proceso
de limpieza.
Luego vuelvo a buscar el espejo
y, poco a poco, parece que la cara
toma forma,
y en ese rostro que ya me es un poco familiar,
puedo adivinar una peca
que se esconde en su mejilla,
aunque si miro fijamente 
seguro que no la veo.
Pero es igual.
Puede ser la miopía de mis ojos
que, sin gafas, 
se desplazan, vagabundos,
por el mundo de los sueños, todavía.

Es inútil intentar que la razón
me devuelva al nuevo día,
que salude al personaje imaginario
que se esconde en el espejo
y que salga del sopor
y las legañas de la noche.

Como un ciego, sin bastón,
voy andando hasta la ropa,
que me pongo,
para andar en la mañana,
y lo hago de una forma controlada
e instintiva.

Tras calzar mis zapatillas deportivas
salgo afuera de la casa
y recibo la caricia de la vida,
con los cantos de las aves
y la brisa que acaricia mis mejillas.

Hay un "hola" que se escapa
de mis labios, 
respondiendo a tanto halago,
y esa misma sensación acelera
los latidos de mi pecho.

Doy mil gracias a la vida
y también a cada instante
que me deja,
y es entonces que recuerdo
a la persona del espejo,
a ese rostro, en apariencia,
tan extraño,
y sonrío al recordarlo.

Es la sombra de ese ángel de la guarda
que camina a nuestro lado
y no lo vemos, 
que despierta con nosotros, 
que se mira en el espejo,
que bosteza y que sonríe
y hasta da "los buenos días",
en un gesto sin palabras... 

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/18

HE AVANZADO EN EDAD...

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He avanzado en edad y, sin embargo, 
los miedos permanecen.

Es el miedo a vivir y a soñar,
a despertar un día y comprobar
que nada te rodea
y solo permanecen las tinieblas
en este mundo indeciso de personas
y de cosas,
que no sabes definir 
y parece te persiguen.

Recuerdo esa otra edad,
la de la infancia,
y veo que, en la misma,
el miedo estaba allí,
en los rincones juveniles
de esos años,
en el respeto y seriedad
de los mayores,
en la influencia de los hombres,
y las gentes,
en una sociedad muy inmadura
que trataba de salir de sus complejos,
en la abundancia de unos pocos
frente a la pobreza y las carreras
por crecer, de una inmensa mayoría
en que yo estaba.

Quizás, por eso, aquellos miedos
fueron distintos,
y era el miedo de los cuerpos
y el destino,
de sufrir enfermedades,
suspender en los estudios,
no tener ese trabajo 
que ofreciera algún dinero,
y por fin no conseguir que te mirara
y respondiera,
la persona que llamaba tu atención.
Y es que el amor, en aquel tiempo,
conseguía aglutinar todo el esfuerzo
de luchar y superarte contra el miedo,
de soñar con imposibles,
de mirar y susurrar a las estrellas,
de escribir algún poema en el cuaderno,
de formar una familia en tus deseos,
de vivir, intensamente, cada día,
de enfrentarte al propio miedo,
combatiendo en su terreno...

Y es que ahora, con la edad,
el otoño de los sueños se agudiza
y se ven tantos proyectos marchitados,
tantas rosas y violetas por el suelo,
tantos labios olvidados con sus besos,
y hasta ahogan los latidos su frecuencia
y se pierde, en bajamar, aquel rumor,
con el suspiro que dejaban las resacas
y las olas.

No es momento de hacer cuentas,
ni tampoco de vencer o ser vencido,
es, si acaso, el propio instante de la vida
en que el miedo se agudiza, y es normal,
ya que todo nos asusta y nos aterra,
empezando por la simple soledad
y hasta el silencio,
y hasta sobran y empalagan muchas voces
que se acercan,
todo ello por el miedo y por los miedos,
y sin darnos cuenta que las dudas
y el suspense desembocan en el miedo,
y que éste es muy normal en cada vida
y debemos aceptarle,
no tratando de vencerle
y sí tomarle con respeto,
como eterno compañero de este viaje
en que ahora estamos, 
con su dosis de prudencia
y sin angustias.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/16

A V...

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En realidad podría escribir estas líneas 
para Valentín, Valerio, Ventura, Velasco, 
Vicente, Víctor, Victoriano, Virgilio 
y también a Valentina, Valeria, Vanesa, 
Vera, Verónica, Victoria, Vilma, Violeta, 
Virginia, y Viviana 
así como también a la "v"ida, 
a la "v"erdad, al "v"iento 
o a cualquier palabra y nombre propio 
que empiece con V.

Pero no lo haré 
y dejaré que la imaginación de cada uno, 
que se acerque a estas letras, 
piense lo que quiera. 
Seguro que habrá algún nombre 
que llame la atención, 
incluso otros que no aparecen en este escrito, 
y puede que hasta alguna palabra, escondida y remota, 
aparte de las tres, anteriormente señaladas. 
Como muchas veces he dicho, 
"lo que un autor escribe solo él sabe cómo nace, 
para quién y si el mensaje tiene un destino". 
A partir de ahí todo son especulaciones 
por parte del lector.

Pero vayamos por partes.

El día amaneció soleado y caluroso 
en estos días típicos del verano. 
El viento sur acaricia la tierra y la "reseca" 
de las lluvias pasadas. 
El bochorno se acrecienta a lo largo del día 
y puede que, en la tarde, aparezcan las tormentas.

Si miro adentro, al cuaderno inacabado, 
veo a las letras saltarinas en su danza diaria. 
Parece como si quisieran ser protagonistas, 
tomar este papel y salir a los versos 
y a la prosa dándole vida. 
Pero la sangre no circula, con fuerza, 
por las venas con la intensidad de otros días. 
La cabeza está en otra parte, 
quizás pensando más en el "yo" 
que en lo que ese yo debe de dar a la vida.

Afuera ladran los perros 
y se escuchan los ladridos en ese idioma 
que no conozco y que me gustaría adivinar 
para poder comunicarme con ellos. 
Sería bonito, ¿no crees? (Quizás escriba un poema)...

...Me he detenido un momento 
y parece que se escucha el sonido de la tormenta 
que, como estos días pasados, amenaza la tarde. 

Continuaría escribiendo, pero creo que no es conveniente. 
Te prometo que seguire enviándote mis letras, 
aunque tú nunca lo sepas V.

Rafael Sánchez Ortega ©
02/07/18

IRÉ A BUSCARTE...

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Iré a buscarte, madre,
a ese jardín inmenso de los cielos.

Te vestirás de fiesta,
con las mejores prendas,
para salir conmigo de paseo.

Te llevaré a la barra
para que veas la entrada de los barcos
y recordar que, en ella, 
vivimos momentos de emoción
y de ternura.

A ti te tocó primero esperando a mi padre,
a que llegara de la mar su embarcación,
tras la galerna.
Yo, años más tarde, 
embobado en la emoción de aquella historia
y mirando el ancho mar y su horizonte.

Para los dos la barra es un reclamo
y por eso iremos a ella.
Dejaremos que el nordeste nos abrace
y acaricie sin descanso,
llenaremos los pulmones del yodo y el salitre
mientras contemplamos a las olas,
deslizarse juguetonas en la orilla de la playa,
y hasta gastaremos bromas
retornando a esos años, ya lejanos,
en que recogíamos las migajas 
que dejaban las mareas.

Sí, madre, iré a buscarte. 
Te sacaré del lecho donde duermes
y vendrás conmigo en el paseo.
Te contaré mis sueños, mis deseos.
Te hablaré de los días del colegio,
de cuando iba al comedor,
de cuando volvía de clase y te escuchaba quejarte,
(aunque nunca te lo dije), 
y le suplicaba a Dios que tu dolor se hiciera mío.

Y te hablaré de mi padre.
De que apenas le conocí hasta casi su partida.
De lo mucho que noté su falta
y de cuánto he deseado estar con él,
hablando, paseando, oyendo su voz...
Porque le vi tan lejano y ausente, al principio,
que no supe darme cuenta de la realidad,
y por eso, cuando partió, sufrí,
y no entendí muchas cosas,
ni tampoco te las pregunté nunca.
Por eso quisiera que me hablaras de él,
que me dijeras qué pensaba de la vida,
qué sentía de las gentes y qué soñaba 
y si su sonrisa, la que yo conocí,
estaba siempre en su corazón,
como la recuerdo.

Pero no te cansaré, madre, no es mi propósito.
Quiero que sonrías conmigo.
Que tu risa se funda con la mía
recordando todo esto.
Que vivamos la poesía que mi padre
nos dejó con su recuerdo
y que veamos, en lo que nos rodea, 
la magia infinita que tienen este lugar
y estas gentes.

Y por último, quiero que gocemos de este paseo,
que nos emborrachemos de él,
para volver, con la ropa arrugada
y la cara despierta, 
a descansar
en los brazos de la luna y las estrellas.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/18

SI ME ATREVIERA...

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Si me atreviera a decirte
tantas cosas;
a contarte, por ejemplo, dónde estuve
en la mañana,
lo que hice y lo que hablé
con los amigos en el parque,
la visión, en su paseo, de los cisnes
por el agua,
las ardillas juguetonas
que trepaban a los robles,
los vestidos sugerentes de las hayas 
avisando del otoño,
el semáforo daltónico despertando
en la mañana,
el vehículo que cruza, indolente,
en mi presencia,
el forzado peatón que exhalando un juramento
hace un quite en una acera,
y hasta el hombre, que en sus sueños,
perseguía a los cometas...

Pero también te contaría otras cosas,
por ejemplo:
Del teléfono, sin nombre,
con que espero que me llames,
de los versos y latidos
que florecen en el alma,
de la sangre, que se altera,
cuando noto tu presencia,
de los labios, que sonríen,
cuando veo tu sonrisa,
de la rosa inmaculada
que me inspira y que te ofrezco,
del tatuaje con tu nombre
en aquel árbol que bien sabes,
de la luz enamorada de tus ojos
que te robo y hago mía,
de ese beso irreverente de tus labios
que deseo,
de mis labios dedicándote un poema,
de mi cuerpo, que se pierde, estremecido,
cuando nota tu presencia,
de la fuerza y la pasión que se desata
por mis venas cuando escucho
tus palabras...

...Y al final te contaría
que te amo, 
que te quiero,
que deseo estar contigo, simplemente,
y si acaso tú no quieres todo esto,
pediría que me dejes observarte
en el silencio de la noche
y mientras duermes,
con respeto y sin palabras,
como el niño que contempla, desde el sueño,
a las estrellas,
y que espera, el imposible,
de esa luna que le hable y que le atienda,
aunque todo sea un sueño irrealizable...

Rafael Sánchez Ortega ©
26/06/18

NO ENCUENTRO NADA...

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No encuentro nada
que asocie, en mi retina,
con tu recuerdo.

Fue en Salamanca,
comienzo de un verano,
donde nos vimos.

Fin de semana
vivido intensamente,
tan añorado.

Fuimos felices
deteniendo las horas,
parando el tiempo.

Y nos amamos,
así lo proclamaban
los corazones.

En la partida
brotaron unas lágrimas,
quizás de miedo.

Y con el tiempo
negaste y cuestionaste
el sentimiento.

Lloré en silencio,
no pude comprender
por qué mentías.

Dudé de ti,
e incluso, en tus palabras,
dudé de mí.

Pero tu voz,
diciendo que me amabas
era la prueba.

Y la guardé,
oculta con mis lágrimas.
Nada te dije.

Sigo pensando
que amar es algo fácil
si se es sincero.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/18

HUBO UN TIEMPO...

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Hubo un tiempo en que, de noche, 
perseguía por el cielo a las estrellas,
intentando me contaran sus secretos...

Pero aquellas se cansaron de mi acoso
y cansadas, le pidieron a las nubes
que cubriera sus figuras con un manto,
y eso hicieron...

Hubo un tiempo en que soñaba con sirenas 
que buscaba y encontraba por las playas,
con su cuerpo sugerente y atractivo
y esa luz de sus pupilas
que me hablaban sin palabras...

Pero un día se acabaron las resacas
de la infancia
y volvieron las galernas de una cruda realidad
y juventud cual torbellino...

Hubo un tiempo en que viví una bella fantasía
con princesas de leyendas
y hasta estuve enamorado de una linda Dulcinea
rescatada del olvido...

Pero pronto los molinos acudieron a mi encuentro
enseñándome al Quijote que llevaba
en su montura un rocín, malencarado,
y con ganas de dormir a pierna suelta...

Hubo un tiempo en que quería ser poeta
y hasta estuve, con mis versos,
ensayando con la luna, unos pasos para un baile
que dejamos aplazado
esperando a las estrellas...

Pero estas se asomaron a los cielos
y dejaron en los mismos unas lágrimas preciosas
que llegaron al cuaderno
y rompieron los acordes de aquel baile
y los versos tan preciosos que asomaban
en sus letras....

Hubo un tiempo en que te amé profundamente
y creí que tú me amabas,
y pensé que ya podía proclamar a todo el mundo
un secreto que guardaba a pesar de la evidencia...

Pero tú me despertaste de ese sueño
y dijiste que seríamos amigos,
que el amor que yo sentía era hermoso y era tierno,
pero a ti no te llegaba
y querías apurar muy bien el tiempo
de la "eterna juventud" en que vivías...

"...Hubo un tiempo, sí, y bien que lo recuerdo...

Pero ya es pasado, simplemente..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/05/18

SE HACE DURO Y LARGO EL TIEMPO...

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Se hace duro y largo el tiempo
sin nadie a quien poder decirle
lo que sientes.

Se hace muy eterno el silencio
intentando escuchar una voz
que te diga que te quiere...

...Hace tiempo te llegaban las palabras,
y te dejabas arrastrar con ellas,
como si fueran olas en la playa.

Era hermoso y bonito aquella música,
aquel rumor de las resacas impacientes
que llegaban a tu lado.

Era tierna aquella imagen, en que hablabas
y creías, en la magia que envolvían
las espumas de las olas.

Hasta el tiempo se paraba, y detenía
el segundero en los relojes,
y los días del verano parecían casi eternos.

Pero luego, en el otoño, se mostraron
presurosas las esferas 
y avivaron esa marcha de las horas.

Caminaste por la alfombra de las hojas muy doradas
arrancando los suspiros 
de momentos ya pasados y vividos.

Avanzaste entre la bruma de la tarde
acercándote a la noche de tu alma
y lo hiciste sin parar, ni darte cuenta.

Y ahora estás en el invierno, solitario,
con la nieve que te cubre y ese frío
que se mete por los huesos hasta el alma.

Ahora buscas las palabras que has perdido,
esa voz que te decía que "te quiero",
y ese pecho que esperaba que le amaras.

Ahora sufres el silencio de tus versos
y las rosas que recoges se te escapan
de los dedos sin saber ni su destino.

Hay un hielo que te nace en las entrañas,
una amarga sensación de la derrota
y una sed que no se cura con palabras.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/04/18

SE VA LA TARDE...

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Se va la tarde y te pido perdón. 

Lo sé, 
me da verguenza decirlo
pero quisiera poder para el tiempo
para poder rectificar y olvidar el pasado.
Sí, olvidar el pasado y dejar esa página
limpia en mi conciencia
que pueda recibir la brisa del nordeste
y cubrir la alfombra dorada
de tus pasos en una nueva primavera. 

Te pido perdón con sinceridad
y con tristeza, por la alegría perdida,
y lo hago sabiendo lo mucho que recibí
de ti, 
sin pedir nada.
Hoy veo aquello que me diste 
y entiendo que no fue una limosna,
ni unas migajas para apagar 
el hambre y la sed de un alma sedienta,
ya que la verdad venía con tu entrega,
con aquellos detalles que tenías
hacia mi persona,
con las palabras, las caricias,
los sueños y el amor.

Pero en aquel entonces, 
yo quería la verdad,
necesitaba la verdad,
buscaba mi verdad,
y creí que, la verdad, no estaba ahí, 
en ti y en tu persona;
confundí tu entrega con esa limosna
que se da al necesitado
y sentí lástima de mí mismo,
ya que tus palabras no me llegaban
de la manera que yo quería
y sí las imágenes distorsionadas
en un caleidoscopio irreal
que salía de mi fantasía.

¡Qué pequeño puede ser el hombre
cuando le ponemos al lado de una montaña,
y qué grande si le comparamos 
con una hormiga!
y así mismo puede ser grande 
el amor egoísta, cuando no cabe
en el alma,
cuando la desborda,
y es pequeño cuando está contenido
en un suspiro 
y un poema.

Pero creo que me dejo atrás
algo importante,
algo de lo que te pido perdón
nuevamente,
y quisiera leer en tus ojos que sí,
que me perdonas,
ya que aquellos días, 
en que creí estar enamorado, 
pensé en mí, quizás en demasía,
y soñé como nunca he soñado
metiéndote a ti, en mi vida,
en las fantasías juveniles
de aquellos años,
y aunque luego te lo contaba,
te estaba forzando, sin darme cuenta,
a que fueras partícipe,
a que compartieras aquellos sueños,
a que los hicieras tuyos
y eso es algo que, hoy creo, 
no fue justo.

Entonces vivía al día, 
casi diría que lo hacía segundo
a segundo,
y en mi egoísmo, quería que tú
estuvieras conmigo, 
en mis latidos,
en mis suspiros,
en mis sueños...

¿Y tú?, 
me digo hoy,
¿acaso pensabas igual?
...No te lo pregunté 
y nunca te di la oportunidad
de que me dieras tu respuesta,
dando por sentado que era así,
que aceptabas mis sueños
y compartías mis ilusiones
y fantasías.

Por eso ahora te pido perdón,
cuando se va la tarde, 
cuando el día se acaba,
cuando el tren ha pasado
y el último vagón se pierde
en la distancia
y entre las sombras;
y me digo,
que no fue justo querer imponerte
un sentimiento que nunca debió llegarte 
de esa manera
y que si existía, 
como yo pensaba y creía,
tú debías analizar y valorar
en sus justos términos
y nunca bajo la presión emocional
de un soñador.

Espero que me entiendas y perdones,
en esta tarde que acaba,
cuando las estrellas tiritan en el cielo,
como mi alma lo hace ahora,
y unas lágrimas afloran, 
sin querer, en las pupilas.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/04/18

YO TAMBIÉN...

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Yo también pienso en los sueños
y en dónde quedaron los mismos
ya que ahora no los veo,
no los siento,
y se me escapan, tantas veces,
que hasta dudo que existieran.

Aunque sé que soñar es de niños 
y de locos,
que los hombres no sueñan
porque no tienen tiempo para ello.
Se dice que la vida es actividad y movimiento
y en ella no hay tiempo para los sueños
y sí para vivir, solamente, el presente.

Pero es entonces, 
cuando pienso en ese momento mágico,
cuando me elevé con las golondrinas
en la primavera, 
cuando me posé con la cigüeña 
en el campanario de la iglesia,
cuando volé, como las gaviotas,
sorteando las olas 
y me quedé balanceando en el aire
mirando a las resacas llegar, 
para dormir en las playas
y estirarse por la arena.

Es entonces cuando bajo hasta el río,
cuando cruzo los montes,
cuando subo a las cumbres vacías,
cuando atravieso los valles,
cuando paseo por los pueblos olvidados,
cuando encuentro la libertad de la naturaleza 
en los marjales
y hasta veo a los rebecos nadando entre los juncos.

Porque es ahí donde los sueños se desnudan,
donde se bañan a la luz del día que comienza, 
donde se purifican de todos sus pecados,
donde muestran su inocencia, 
porque solo tienen una cara,
donde sacan las palabras que no pueden decir, 
y que se ahogan en su alma,
donde le preguntan a la luna 
lo que otras personas no han podido decirles,
donde hablan con dios y hasta juegan con Él,
en ese duermevela de locura e inocencia...

...Me paro aquí y noto el sudor del "sueño".
El sudor que destila el alma,
el que se desprende de unas pupilas
que gotean un agua cristalina,
es el sudor de unos labios temblorosos
que musitan un nombre en el silencio,
y es la agitación de un pecho que quisiera gritar 
lo que se guarda, 
lo que oculta y no se atreve,
porque todo está en el sueño,
en esos sueños que se buscan,
que se escapan,
que he vivido y que he tenido 
al alcance de la mano
y que, ahora, ya no sé dónde se han ido.

Al final, cuando despierto,
me digo que quizás el sueño ha terminado
hace tiempo, y que yo mismo, 
sea solo ese rescoldo
de un sueño inacabado,
sin principio ni final.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/04/18

CUANDO ESCUCHO...

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Cuando escucho la palabra "amor"
es como si un soplo de aire fresco
se deslizara, en un instante, por mis venas.
Es algo así, como un suspiro,
un sentimiento desbocado
que cobra libertad en los latidos,
es como un susurro que me llega
de esa voz contenida en las entrañas,
es también esa llama que flamea,
el fuego en que renacen las pasiones
y el olor y el aroma que desprende,
para embriagarme en él, intensamente.

Cuando leo la palabra "amor"
se rebelan en mis dedos tantas letras
que no puedo contenerlas.
Es como un volcán que llega a las pupilas
y arrastra con su lava incandescente
cuanto toca:
el alma, 
el corazón, 
la piel 
y los sentidos.

Cuando pronuncio la palabra "amor"
es un susurro contenido
que, de pronto, rompe las cadenas
y que trata de llegar a tus oídos
para decirte, en esas cuatro letras,
todo aquello que quisiera transmitirte
sin palabras:
lo que pienso, 
lo que ansío,
lo que sueño, 
lo que guardo.

Cuando siento la palabra "amor"
hay una luz que ciega mis ojos
y que nubla la visión de todo lo que existe,
es como si tu voz llegara, acariciando,
envuelta en una música sin nombre,
en un aria que transforma los sentidos
y transmite confianza,
es como si me embriagara el corazón
al escucharte
y entonces veo todos los detalles de la vida,
y te veo a ti, 
tan cerca,
tan llena de dulzura,
con esa carga de ternura indescriptible
que tú tienes.

"...Cuando escucho la palabra "amor",
te leo, 
te pronuncio 
y te siento,
sin querer y darme cuenta,
¡poesía!..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/03/18

HOY QUIERO NAVEGAR...

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Hoy quiero navegar
por un océano sin agua,
en un barco de papel
que no se hunda
y con alas invisibles
de pequeñas telarañas.

Hoy quiero madrugar
en plena noche,
andar por los senderos
tortuosos de los mares
y luego divisar y descansar
en la Atlándida infinita.

Hoy quiero recibir
la charla de tus huellas,
la voz y las palabras
de tus labios, con el eco,
y el faro con la luz
que destilaron tus pupilas.

Hoy quiero descansar
eternamente en el silencio,
soñar con los regalos 
que la vida nos ofrece
y puede que robarle 
la cartera a un arcángel.

Hoy quiero silenciar
a los demonios de mi alma,
mirar a los delfines,
soñolientos, del aquárium
y todo en una tarde
de domingo, sin mañana.

Hoy quiero conseguir
sellar tus labios con mis besos,
llenar tu corazón
de mariposas alocadas
y es fácil que se añadan
mis suspiros a los tuyos.

Hoy quiero rubricar
en el mensaje lo que siento,
que te amo y que te quiero
y lo digo "sin palabras",
simplemente porque sí,
aunque nunca lo imagines.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/03/18