lunes, 19 de febrero de 2018

ERA UNA TARDE GRIS...



Era una tarde gris de invierno;
llovía en la calle
y llovía en el alma.

Tenía el bolígrafo entre los dedos,
ya que intentaba escribir,
pero nada salía de su corazón.

De pronto sus dedos se agitaron
inquietos,
y apretando el bolígrafo
empezaron a escribir
lo que el alma le dictaba...

"...Quisiera ser el cáliz de tus sueños,
la brisa que te inspire los poemas
la tierna melodía que te llene
y eleve su ternura a las estrellas..."

Fue un instante, tan solo,
unos segundos,
y tras leer lo que había salido al cuaderno 
añadió:

"...Pd. ¿Alguien acepta...?"

Rafael Sánchez Ortega ©
17/02/18

domingo, 18 de febrero de 2018

EL TIEMPO...



El tiempo nos va dejando 
la soledad y el silencio
a medida que se esfuman
con nostalgia, nuestros sueños,
y es entonces que protesta
el corazón tan hambriento
a medida que la sangre
del fuego se pasa al hielo,
porque la hoguera de antaño
sus cenizas llevó el viento,
y la sangre congelada
se ha quedado sin los besos,
la caricia de las manos,
la intensidad de los dedos
que con fervor e inocencia
acariciaban tu pelo...

El tiempo se va pasando
y la estación no está lejos,
con el andén en penumbras
de oscuridades y miedos,
y aunque el pasado está inmóvil
siempre vuelven los recuerdos,
las nostalgias contenidas
por tantos bellos momentos;
cuesta elevar la mirada
y sentir que todo aquello
ha quedado en el verano
ya pasado y que está muerto,
porque se vive el presente
peleando con denuedo,
aunque la lágrima surja
por diferentes conceptos.

"...El tiempo marca el destino
al corazón que, en invierno,
sigue sintiendo la vida
aunque agonice por dentro..."

Rafael Sánchez Ortega ©
16/02/18

sábado, 17 de febrero de 2018

QUEDÓ UN TROZO DE HIELO...



Quedó un trozo de hielo en el alma
y es difícil de aceptar
a pesar de que los sentimientos
se quedaron congelados
desde entonces.

Fue en aquel viaje inolvidable,
que en realidad sirvió para hablar
y decirnos muchas cosas,
que teníamos pendientes.
Parecía que todo estaba aclarado,
que había coincidencia,
que se respetaba la libertad,
que se miraba adelante
y que los viejos trapos sucios
quedaban lavados
y se ofrecía, ante nosotros,
un horizonte diferente.

...Pero no fue así.
A los pocos días volvieron a salir
los trapos sucios,
volvió la desconfianza,
surgió la duda, nuevamente,
renacieron las cenizas de los celos,
y apareció, sorpresivamente,
la mentira.

Eso dolió, me dolió 
y la herida fue muy grande.
Brotó la sangre de alma
y nació la lágrima en los ojos.
Me sentí triste 
y me encontré dando vueltas
a un bucle sin principio ni final.
Pude salir de ese estado 
buscando un culpable
y no lo hice. 
Pensar que tú tenías la culpa,
que tus mentiras,
(tu mentira), 
eran la causa de aquella situación,
hubiera sido lo fácil.
También pude quedarme 
en que la culpa era mía
por haber permitido extender
un sentimiento sabiendo
que no era sincero
y que ocultaba otras peculiaridades
que me omitías.

Pero nada le dije a la figura
que reflejaba el espejo de mi alma
cuando me miraba,
cuando trataba de buscar una explicación,
cuando suspiraba intensamente
tratando de que el dolor y la tormenta
pasara.

¡No!, nada dije y tampoco tomé
una decisión.
Permití que el silencio, mi silencio,
y tu mentira hicieran más honda la herida,
que el tiempo y la distancia
nos separaran,
y me quedé con tus letras y tu imagen
en mi recuerdo,
con la figura idealizada que, un día,
llegó a mi lado
y me ofreció un mundo de utopía,
y me quedé, también,
con aquella voz que me arrulló 
y leyó mis poemas tantas veces.

¡Pobre imbécil, me dije...!

Pero qué le vamos a hacer,
así es la poesía,
aunque, a veces, alcanzarla,
es como buscar y escarbar en el alma
para, al final, 
encontrar solamente un trozo de hielo,
y en el corazón,
la carencia total de latidos

Rafael Sánchez Ortega ©
15/02/18

viernes, 16 de febrero de 2018

AQUÍ ESTAMOS, OTRA VEZ...



Aquí estamos otra vez, en esta fecha,
aunque no sé si tú la sigues y celebras.

En realidad es un día más del calendario
y tú y yo, creo, 
que seguimos caminando
por senderos diferentes.

Ignoro dónde estás y dónde andas 
y si hay algo que te impide saludarme,
pero supongo que estarás ocupada
en los mil y un quehaceres
que rodean tu existencia.

Por mi parte te diré que tengo 
una costura en el alma
y que no encuentro la manera
de poner el remiendo adecuado
que devuelva la sonrisa a mis labios.

Pero supongo que es cosa de la temporada,
de este invierno 
que se ha metido hasta los huesos,
y, ¡por qué no!, de los años 
que van cargando las espaldas
de una manera preocupante.

Quedan días para la primavera
y soy consciente de que hay que pasar
el invierno que resta,
y con él una página más del calendario
personal de la vida.
Por eso no sé si será acertado
continuar con el remiendo del alma
o dejar este trabajo para otras manos
y otro tiempo,
cuando la primavera llegue,
cuando la ilusión vuelva al pecho,
cuando el corazón recobre la energía
y sus latidos sean gritos, 
(¡bendita utopía!),
cuando los días tengan tantas horas
que la noche se encoja
y las sombras acaricien
y me hagan pensar que es la luna
y las estrellas quienes llegan
a mi lado.

Porque lo evidente es que los suspiros continúan,
a pesar de la ausencia de tu mano entre la mía,
de tus dedos, que extraño,
y que los míos, me reclaman en su espacio
y contacto,
de los besos robados de tu boca
y los otros que de una manera natural
llegaban a los míos de tus labios.

Por eso te decía que "aquí estamos otra vez
y en esta fecha", 
tal vez con el recuerdo, y tu recuerdo,
porque cada día del año es una fecha
y, estoy seguro, de que se podría hacer
un relato y un diario, 
si me apuras,
de aquella singladura en que consciente
o inconscientemente nos embarcamos, hace tiempo, 
y creímos, (o creí), 
tocar el cielo con las manos.

Pero vuelvo al remiendo del alma
y creo que lo mejor será seguir así,
ya que no quiero mendigar a nadie
para que cosa esta prenda,
para que hilvane unos versos
recorriendo un recinto sagrado
y forme ese poema soñado,
y tantas veces añorado,
ya que mis dedos no aciertan
y la vista se confunde.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/02/18

jueves, 15 de febrero de 2018

QUIZÁS YA NO TE VUELVA A VER...



Quizás ya no te vuelva a ver,
y en realidad lo siento,
pero la vida pasa y continúa
y nos lleva por caminos diferentes.

Podríamos decir que es el destino,
que lo que tuvo que pasar atrás quedó,
con nuestros sueños,
y en mi caso con cristales olvidados
y esparcidos por el suelo.

Es posible que allí queden los recuerdos,
las imágenes sagradas de un instante
y un momento que se añora,
que te arranca mil suspiros
cuando vuelves hacia el mismo
tu memoria,
y hasta sientes el latido enamorado
de tu pecho, 
en ese acto inolvidable,
que regresa hasta tu lado,
como llegan las resacas a la playa.

Pero como ellas, 
son los ecos desgranados 
de una orquesta de la vida
los que llaman a la puerta,
los que vuelven del pasado
con nostalgia,
los que dejan el susurro 
de tu nombre,
los que vienen con el humo y el olor
de aquel cigarro que fumabas,
los que muestran ese faro reluciente
de tus ojos,
los que emiten aquel verso, de tus labios,
que sabías me gustaba,
los que dictan ese adiós
en tu partida "sin palabras"...

...Y ese eco, en la resaca que me llega,
en un algo que se apaga
y que se aleja,
porque siento que marchaste
y que marché,
que cambiamos de estación,
y que tomamos nuevos trenes 
que enfilaron un destino diferente,
y ninguno quiso hablar
ni compartir aquel momento
y hasta fue muy convincente
la mentira posterior 
que me ofreciste por teléfono
al decir que no me amabas.

Yo te pude revocar esas palabras
y hasta incluso demostrar 
que me mentías
porque había conservado tus escritos
en el alma,
porque escucho tus palabras
cada día,
(aunque ahora ya no sé
si me mentiste desde siempre).

"Quizás ya no te vuelva a ver",
tú me dijiste,
"y en realidad lo siento mucho", 
te contesto en el poema,
porque, a pesar de nuestras diferencias,
tenía la esperanza de decirte
todo esto cara a cara..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/02/18

miércoles, 14 de febrero de 2018

UN NIÑO QUE VA DESCALZO...



Un niño que va descalzo
con la mirada perdida,
es un pedazo del cielo
que precisa de alegría,
es la ternura encarnada
con su figura tan linda,
y el angelito sin alas
que por delante camina,
es la sombra que persigue
muy difusa, y que mendiga,
y es la solana tanfresca
donde pasea la brisa,
pero también es la imagen
que va sembrando de vida,
y la mirada y preguntas
por las que el niño suspira.

El niño que va descalzo
causa en el alma una herida,
porque los niños entienden
y lo que ven lo asimilan,
ya que algunos van sufriendo
por carencias infinitas;
es un algo que protesta
revolviendo las esquinas,
y es que el mundo es tan injusto
por la pobreza y comida,
ya que hay niños que les sobra
lo que a otros se escatima,
y por eso unas chancletas
o unas simples zapatillas,
aunque sean de rebajas,
servirán por unos días.

"...Un niño que va descalzo,
es la vergüenza añadida,
para el hombre y su conciencia,
mientras el mundo delira..."

Rafael Sánchez Ortega ©
12/02/18

martes, 13 de febrero de 2018

UN DÍA TE PERDÍ...



Un día te perdí
y atrás quedó el silencio,
arriba las estrellas
lloraron por mis sueños,
también las amapolas,
mecidas por el viento,
sacaron su tristeza
cerrándose sus pétalos,
y en medio de la tarde
sentí que todo aquello
volaba de mis manos
cruzando el universo,
te ibas a otra parte,
un mundo quizás nuevo,
y atrás quedaba el hombre
temblando con sus miedos.

Antes de conocerte
tuve un presentimiento,
quizás era un susurro
llegado de los cielos,
sentí que tú llegabas
viniendo de muy lejos,
quizás de otras ciudades
cruzando los desiertos,
sentí que me mirabas
y algo alteró mi pecho,
mis manos a tus manos
buscaban con anhelo,
y luego, en un abrazo,
fundianse dos besos,
tus labios y los míos,
saciando su deseo.

"...Un día, en un instante,
mis ojos no te vieron,
y un niño se hizo hombre
y allí terminó el cuento..."

Rafael Sánchez Ortega ©
11/02/18