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LLEGA LA NOCHE

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Son apenas las seis de la tarde
y ya es de noche.
En realidad me gustaría cerrar los ojos
y sumergirme en un sueño profundo.
Un sueño donde ese abrazo tan deseado
fuera la fuerza vital para seguir viviendo,
para sentir en él ese latido de la vida
que me llama y que me grita
que hay que seguir adelante,
que el mundo no se para por las guerras
ni las lágrimas,
ni porque un niño pierda a sus padres,
ni porque un ricon coma lujuriosamente
en un restaurante de lujo.

Pero a pesar de todo necesito ese abrazo,
necesito ese soplo que roce mis mejillas,
necesito el calor de esos dedos
que se deslicen por mi alma
para que lustren esa superficie reprimida
de mis lágrimas,
tanto tiempo contenidas,
esos suspiros que en el pecho yacen escondidos,
y con miedo a que otras personas
los descubran.

Necesito ese abrazo limpio y sincero
que no busque más que al niño
que se oculta entre los pliegues de un ropaje
que no es suyo,
esa cara asustadiza que contempla lo que pasa
por la vida y no la entiende,
esa mano que se aferre sin dudarlo, con mi mano,
y me diga que no es eso,
que el vacío no es la meta ni el final
de tanto tiempo ya vivido,
que aún existen muchas cosas importantes
que me esperan
y me animan a vivirlas.
Que aún exixte un largo invierno, por delante,
con sus nieves,
unos hombres y mujeres con sus lápices a punto
y sus letras en el alma
y que debo estar atento a lo que dicen,
a sus gestos,
a sus risas,
a sus voces temblorosas,
a sus miedos y temores
que desgranan lentamente en el cuaderno.

Tengo sueño y tengo miedo de mi mismo.
Es la eterna realidad que me acompaña
desde años,
es la búsqueda incesante de mi norte
que se escapa entre los dedos,
de esa estrella misteriosa
que en la noche brilla fuerte
y se desliza en un segundo,
sin que pueda retenerla,
ni mis dedos alcanzarla.

Sin embargo necesito tu latido
y el rumor de tu llegada,
necesito ese salitre misterioso
que me viene de tus labios,
necesito ese beso que me mandas,
ese dulce escalofrío que me hiela las entrañas
y me dice que allí estás,
entre la arena de la playa,
en el manto misterioso de color verdeazulado,
con tus rizos tan dorados,
con tu cuerpo sinuoso de sirena,
con los senos que palpitan y me llaman,
con tus labios que musitan ese nombre
que es mi nombre...

Rafael Sánchez Ortega ©
21/12/10

¡VIVIR, VIVIR, VIVIR...!

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¡Vivir, vivir, vivir!,
vivir cada momento en una nube,
vivir cada segundo de la vida,
vivir por siempre en ese sueño
sin un norte,
sin medidas, ni distancias...

Porque vivir así es tocar la gloria
es alcanzar el paraíso tan lejano
con los dioses del Olimpo,
el horizonte en que se junta el cielo
con la tierra,
el campo aquel donde los niños juegan
a ser hombres
y donde los hombres juegan a ser niños.

En esa mezcla de la vida y sueño
se junta el huracán y la tormenta
con la pasión eterna y renovada,
se junta con la brisa y el nordeste
que despeina las ramas de los árboles,
se junta con los leños en la hoguera
y el calor que renace de sus llamas,
se junta con la sangre de los justos
para llevar amor hasta otros labios,
se junta con tus ojos y los míos
que miran en la noche las estrellas.

¡Vivir, vivir!,
vivir sin pausa ni descanso!,
vivir junto a los bancos en los parques,
vivir entre las ramas de los pinos,
vivir en ese bosque inmenso
donde los robles, las encinas y las hayas
se estiran indolentes,
se aman y desaman,
se besan con el viento
y susurran levemente,
se mecen y se agitan al soplo de ese aire,
que con dedos invisibles recorre sus figuras.

Porque vivir así es aspirar la vida,
es alterar el orden de los sueños,
es conseguir beber el vino de ese
néctar puro y casto
que nos llega con la sangre, renovada,
de los ríos que ahora llegan,
derretidos de la nieve en las montañas.

...Y tras el vivir soñar, (o viceversa),
en esa confusión de los sentidos,
en esa laxitud de las mareas
con subidas y bajadas tan constantes,
en el sístole y el diástole
del mar que las procrea,
que las mima, que las mece,
que las riza con el peine del nordeste,
que las hace cantarinas y coquetas
con el pelo blanquecino que se estira
caprichoso hacia la arena,
en un acto sugerente y de lujuria,
por el lecho de la playa.

...Para vivir así no basta con ser niño,
ni tampoco con estar enamorado,
se debe y se precisa estar "viviendo",
sentir esos "latidos" de la vida,
sentir esa llamada tan constante,
sentir la poesía en su pureza
y su tragedia,
sentir como los hombres nacen libres
y buscan cada día ese algo
de su alma que está lejos,
que se esconde, que les huye,
que se oculta entre las nubes
y que juega con sus sueños.

¡Vivir, vivir, vivir!,
vivir cada momento en esa nube,
vivir cada segundo de la vida
vivir para sentir como renacen
las cenizas de las almas
y surgen margaritas en el pecho.

¡Vivir para sentir, para apreciar y
para amar la poesía!.

Rafael Sánchez Ortega ©
18/12/10

ESCRIBIR A...

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Me gustaría cerrar los ojos
y escribir...

Escribir largo y tendido,
escribir sin pausas, ni cortes,
sin intromisiones de nadie.

Escribir a la vida, a los hombres,
escribirme a mí mismo.

Escribir a los niños que juegan,
a los mayores que buscan el banco
en el parque,
escribir a las gaviotas que pasan
a los barcos que regresan al puerto,
escribir a las nubes tan blancas
y escribirte a ti,
a tus ojos tan lindos que ni conozco,
a tu alma serena,
a tu sonrisa cálida,
a tu corazón palpitante
y escribir a ese suspiro
que se escapa de tus labios...

...Pero estoy temblando,
los dedos vacilan en el teclado,
no saben siquiera lo que escriben,
los ojos se humedecen,
la lágrima corre por la mejilla
y simplemente me abandono,
cierro las pupilas,
guiño a ese espejo de mi alma
y digo que si,
que la vida continúa
que más allá del espacio está un ángel,
una luz esperando.

Y me quedo soñando
como aquellos niños que antes jugaban
o como los viejecitos del parque.

La vida es un sueño
y a veces ni siquiera sabemos si soñamos
o estamos despiertos,
pero es bonito escribir,
aunque el escrito no tengo nombre,
dirección, ni remitente.

Escribir a...

Rafael Sánchez Ortega ©
13/12/10

CANTO AL MAR.

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Derramas paz en tu distancia seductora;
las olas duermen con la brisa,
las algas balancean levemente su figura,
pero tú, Mar, sigues ahí, presente,
contemplando como pasan las gaviotas,
cómo marchan a sus nidos en la costa
tras el sol que ya se esconde.

Pero tras esa paz tan sugerente
está la lucha por la vida.
La fuerza por crear esos latidos
que se escuchan en la tierra,
la sangre tan caliente de animales
y personas,
la esencia de la cédula viviente,
el alma retenida entre el salitre
de las aguas.

Y así surgió la vida en el principio,
en un suspiro tenue y floreciente,
en una madrespora que extendía
sus tentáculos tan llenos de vigor,
con sabia nueva,
con fuerza e inteligencia entre sus genes,
con llamas y con fuegos en la lucha
por la vida.

******

Ahora estoy aquí con este canto,
con esta sinfonía de palabras
reunidas a lo largo de tu nombre.

¡Oh, Mar, mi mar!...
No es la primera vez que yo te grito,
que suspiro con tu nombre,
que me sumo entre tus aguas tan saladas
y que busco los recuerdos de la vida,
y de mi vida,
entre los yodos y el salitre de las mismas.

Porque para saber de mi he de buscarte,
he de volver la vista y el recuerdo,
hacia tus mares,
a ese tiempo ya lejano de mi infancia,
para encontrarme allí con la silueta
inconfundible de aquel hombre,
con su cara tan curtida,
el cigarro entre sus labios,
la sonrisa siempre fresca
a pesar del infortunio,
con su ropa de mahón tan remendada
y en la misma, ¡tantas manchas de pescado
y del trabajo!

Pero también mi Mar,
vuelvo a la lucha dura y sin descanso
entre los hombres y tus aguas.
Veo las manos empuñando aquellos remos,
los cuerpos arqueados,
las palas en la boga,
el avance milimétrico de las traineras
luchando en la bocana,
con resacas y corrientes.

Y veo también las manos malheridas
lanzando los palangres,
las gotas de sudor en unas frentes,
las miradas muy nerviosas hacia el agua
y los sedales
en busca de esa pieza que no llega,
que se escapa, que no pica.
Y también la pacienca seductora
cuando halaban esos peces capturados
con temor a que escaparan
en el último segundo;
el suspiro retenido que lanzaban los marinos,
el tabaco que juntaban con sus dedos
en un blanco papelucho y que fumaban
satisfechos.

******

Todo esto lo recuerdo y lo contemplo.
Todo esto yo lo vivo ahora de nuevo,
porque sé lo que se siente estando enfermo,
estando loco,
en esa larga búsqueda incesante
de preguntas sin respuesta.

¡El Mar, y siempre el Mar...!
Esa era la pregunta.

¿Por qué, por qué...?

¿Por qué los hombres nacen libres
cuando el mar tanto los ata y condiciona?

¿Por qué la mar a unos da riquezas
y a otros la pobreza?

¿Por qué hay viudas que dejaron a sus
hombres en tus brazos?

¿Por qué se los arrebataste
y arrastraste hasta tu lecho?

¿Por qué, si eres el origen de la vida,
la fuente del amor,
también llevas la muerte en tus entrañas?

Preguntas sin respuesta, como digo,
palabras y vacío simplemente.

******

Pero me quedas tú, mi mar,
Mar de mis sueños,
Cantábrico dorado tan repleto de leyendas.
Me quedas con tus largas singladuras,
con tus viajes incesantes
por los puertos y las costas,
con los faros que te observan,
que te miran y vigilan
y te alumbran en tus sueños.

Me quedas con el baile de tus olas,
con la música que llega a la escollera,
en el escorzo y el adagio de tus playas,
y la eterna sinfonía en que se bañan
las estrellas.

Yo desde aquí te mando un beso.
Un beso que canjeo por tu abrazo,
un beso de mis labios tan sedientos,
un beso simplemente sin palabras
mientras miro tu figura,
te contemplo con agrado
y recibo los latidos de tus olas.

Rafael Sánchez Ortega ©
18/11/11

LA VIEJA CASA

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¡Oh "vieja casa" que estás abandonada!,
ya vuelvo a ti,
voy a tu lado,
quisiera buscar las fibras más sensibles,
que se esconden y que duermen,
limpiar el polvo y telarañas
y recibir ahí, de nuevo, tus silencios.

Me gustaría saber escribir,
poder plasmar en unas letras
lo que siento,
decir en pocas palabras aquello
que brota en mi alma,
lo que arde en mis labios
y galopa en las venas.

Quisiera poner en orden los
muebles y rincones de esa
"vieja casa" de la aldea.
Aquellas paredes robustas,
curtidas por los vientos y las lluvias;
pintar sus ventanas oscuras,
abrir los balcones y las puertas,
dejar que el aire entre y se ventilen
los recuerdos y las sombras.

Qusiera tener la habilidad
de los artistas,
para poder cuidar aquel jardín abandonado,
en que busqué la rosa tanto tiempo,
para verlo crecer en primavera
y, nuevamente,
cortar allí la flor de la esperanza.

Quisiera desempolvar aquellos sueños.
Las viejas fantasías de la infancia,
los cientos de recuerdos apilados,
en el desván y entre las sombras,
junto a las sonrisas y los llantos
que ahora duermen allí,
solitarios y abandonados.

Quisiera abrir esas ventanas
y que la luz llegara hasta la cocina,
que penetrara en la biblioteca
y que las letras de los libros murmuraran,
como entonces,
aquellas viejas historias y leyendas,
aquellos cuentos que escuchaba y que vivía
mientras mi mirada se perdía entre las brasas
y los leños de la oscura chimenea.

Y quisiera sentir la vida y tu presencia.
Sentir ese latir medio alocado,
y roto de mi pecho,
buscando tu figura invisible,
la risa cantarina de tus labios,
tus manos tan preciosas,
el brillo de tus ojos, eternos y sin sombras.

¡Oh "vieja casa" del jardín de invierno!,
¡cuánto daría por poder hablarte,
por poder decirte todo esto con mis letras!,
¡por poder sentir tus muros
y fachadas con mis dedos!.

...Pero no sé escribir y lo lamento.
No puedo ofrecerte la flor
y la rosa como antaño,
ni puedo darte los besos que yo quiero.
Me queda sólo el recurso de los niños,
me queda simplemente la huella
profunda de tu abrazo
y ese candor inmenso de tu alma
y de tu vida, entre mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/11/10

LA MENTIRA DE SEPTIEMBRE

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Son sesenta y dos años de mi vida
caminando y renaciendo día a día,
resurgiendo de la nada
y volando al infinito,
entre sueños y esperanzas,
entre globos de colores
y cometas de la infancia,
entre lindas mariposas
que venían a mi encuentro.

Es un tiempo del pasado de mi vida,
con sus luces y sus sombras,
con sonrisas y con llantos,
con amores y con odios,
con promesas y palabras
recogidas por el eco,
con el miedo hacia lo eterno
y otro miedo renaciente y siempre vivo
hacia mi mismo.

Uno a uno se pasaron estos años,
este tiempo interminable de la infancia
en que soñaba con ser hombre,
ese otro más cercano,
en que rompiendo los esquemas,
fui un joven muchos años,
un muchacho simplemente
con el alma de un poeta,
un osado aventurero de la pluma
y la palabra,
un extraño entre los míos
persiguiendo Dulcineas que no existen,
enfrascado en las leyendas,
(y también en mi cuaderno),
a través de los poemas.

Fueron años de locura y de delirio
persiguiendo las miradas misteriosas
y las voces susurrantes
de personas sin un nombre
y sin un rostro
que ofrecían mil promesas,
entre risas y entre llantos
y enjuagando muchas lágrimas.

Año a año yo he sentido esos latidos,
ese canto de mi sangre,
ese grito de mi alma,
ese eterno escalofrío y su llamada
deseando ver la vida,
disfrutarla intensamente
sin temor ni restricciones
mientras pasan los septiembres lentamente,
uno a uno,
como cuentas de un rosario
entre los dedos de un creyente.

...Casi acaba este septiembre,
este último latido que me ofrece
ahora el destino,
esta fecha señalada que me indica
tantas cosas;
por ejemplo,
que he cumplido ya otro otoño,
que la suma de los mismos
pesa mucho en las espaldas
mientras siento en la mañana
como el sol ya se despierta,
como manda nuevamente
sus caricias con el alba,
entre el humo de las fábricas
y la niebla en las montañas.

Muchos años, en efecto, los vividos,
recibidos y aceptados
entre miedos, alegrías
y con llantos muy fugaces
de esta suma de septiembres,
que hacen ya sesenta y dos,
en que busco una esperanza,
que se escapa,
que resiste,
que me dice que otro año,
que otro otoño,
he de vivir para lograrla y conseguirla.

...Y me miente este septiembre
y lo creo y me resigno.

Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 28/09/10

TRAS TUS PASOS

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Quizás entre las sombras
del septiembre que se marcha
están tus huellas...

Por eso me refugio en tu recuerdo
y trato de seguirte.
Persigo paso a paso
los susurros de la brisa,
el viento que me llega del verano
ya pasado,
la luz inmaculada de un estío
que perdura en las pupilas,
la gracia y la ternura de las rosas
perfumadas con las gotas del rocío,
el vuelo señorial de las gaviotas,
por encima de las olas,
impulsadas por el viento...

¡Es septiembre, yo me digo!

...Y repito como un eco estas palabras
mientras miro hacia adelante,
aunque siento las raíces que me atan
a tu lado,
que me unen a la tierra
en que he nacido,
a la mar y a la ribera
en que he crecido,
a la iglesia que en lo alto
fue guardiana de mis sueños,
a las algas y al salitre
de este mar de mis ancestros,
a sus barcos descansando
junto al muelle,
con sus mallas y aparejos
que con mimo repasaban su rederas...

Y la voz inconfundible de la sangre
que me llama,
me despierta renovando
mis sentidos día a día,
ofreciendo a mi mirada
este mundo con sus gentes,
con sus lujos y miserias,
con sus prisas matinales,
con la jungla en que convierte
los paseos y las playas.

...Así veo y te descubro nuevamente,
con tu cara picaresca,
con los ojos que rezuman de alegría,
con el alma enamorada de tus letras
que se escapan, que me embriagan,
que me llenan y seducen,
que me abrazan, simplemente,
en un acto irreflexivo y expontáneo.

Tengo frío y amanece.
Atrás queda otra noche de septiembre,
con mis letras al cuaderno,
con el rítmo acompasado de tus labios,
con el beso que mis dedos
han llevado hasta el cuaderno
mientras veo, poco a poco,
como duerme tu sonrisa,
como avanza y se consume
esa llama de tu vela,
de tu vida y de tu alma...

Es septiembre, y es otoño,
y yo sigo tras tus pasos y tus huellas.

Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 24/09/10

¿CÓMO LE DIGO A MI CORAZÓN...?

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¿Cómo le digo a mi corazón, en un septiembre,
que antes de rendirse ha de luchar,
ha de buscar la luz,
y en ella el vuelo indiferente de la alondra,
en esas tardes con sus flecos de oro
que destila el sol cuando se esconde?

¿Cómo le digo al alma que prosiga,
que camine, a pesar de la agonía,
a pesar de que la sangre no circule
por las venas y destilen por las mismas
sólo el hielo y la amargura?

¿Cómo le digo al pecho que no sufra,
que no busque los latidos que precisa,
ni los ojos y mirada de su amada,
ni los labios temblorosos y esa voz,
que al escucharla,
le transporta hasta el Olimpo?

¿Cómo engañarte a ti, dulce septiembre,
haciendo que la hoja tan sagrada,
con tus días,
siga y siga cada mes en ese sitio,
hasta tu vuelta en otro año?

...Mil preguntas que me hago y que te digo
porque sabes mis secretos,
porque sabes de mi vida,
en esos ratos de la infancia
con mis juegos y oraciones,
de la larga juventud, que ahora es pasado,
con mis sueños de princesas
y castillos encantados,
de tertulias prolongadas
a la sombra de la luna
y mirando a las estrellas.

No hay respuesta a las preguntas sin sentido,
a momentos ya gastados y vividos,
a los sueños que quedaron en el arca
por los miedos y las dudas,
a la eterna fantasía por el baile
no bailado,
al abrazo, tan ansiado, de aquel cuerpo
que silente me llamaba,
a los besos de los labios
que dejaban un suspiro,
y aquel pelo que recuerdo,
que tomaba entre mis dedos
y paciente acariciaba...

Eran sueños de septiembre,
sólo sueños,
era un tiempo del pasado
que ahora vuelve y me golpea,
que reclama que lo mire frente a frente,
que no huya ni me esconda,
que no dude y que no tiemble,
pues septiembre fue el principio,
fue el inicio y fue la llama
entre un alma y la materia.

...Me despierto sudoroso y te contemplo;
no te has ido de mi lado y aún me sigues,
me acompañas y confortas,
me acaricias con el soplo de la brisa
del nordeste,
con el mar y la resaca que me hablan,
que me dicen y susurran,
que me animan a que vuelva,
a que mire hacia el futuro con presteza,
a que busque entre las zarzas ese rayo
que se esfuma y que se pierde
en el ocaso.

¡Es septiembre, y me estremezco...!

Rafael Sánchez Ortega ©
20/09/10

TUVO QUE SER EN SEPTIEMBRE

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Tuvo que ser en septiembre
y en un día especial y diferente
cuando todo sucediera.

Quizás porque septiembre fue el principio,
quizás también, porque marcó la despedida
del verano recibiendo la llegada del otoño,
quizás, porque ahora, en un día tan concreto,
desde el vacío surgió la vida,
crecieron unos sueños,
vibraron cientos de ilusiones,
y se inflamaron las pupilas mirando al infinito
en una espera interminable.

Pero también este septiembre fue el final
de una larga etapa,
de otra vida,
de un absurdo incomprensible
al que en un tiempo idealicé,
en la figura y la persona ahora ausente.

Cuando pienso en ese tiempo me rebelo,
y me digo muchas veces que no es justo
que las sombras eclipsaran a la luz,
que las formas sinuosas de los sueños
me impidieran ver las manos que venían
a las mías,
y también, que mi mirada, cautivada,
no se diera cuenta, hasta otro septiembre,
de que había una persona que existía,
que gritaba y que pedía
ese trozo de cariño de mi alma,
ese vaso que yo puse entre sus labios,
esas manos temblorosas que tomé entre las mías,
esos ojos que buscaban lo que tanto deseaban,
esos labios susurrando, sin descanso
solamente un nombre que existía,
que vivía y que lloraba
no atreviéndose a venir hasta su lado
y negando aquel deseo tan postrero.

Ahora estamos en septiembre,
en un tiempo de descuento,
de paréntesis díria,
entre flores y oraciones,
casi estamos en otoño,
ya han pasado nueve meses de este año,
atrás quedan otros meses transcurridos,
otras sendas y caminos, otros pasos y personas,
otras gentes.

Sin embargo es un paréntesis,
una raya que divide
un pasado y un futuro que se alejan,
un presente día a día
desde hoy hasta la nada,
desde ayer hasta mañana,
y así pasan los segundos,
los minutos y las horas.

Ya no sé donde te escondes, mi septiembre,
aunque sé que estás muy cerca,
porque siempre lo has estado,
para bien o para mal,
desde el día de mi infancia,
hasta el día que llevaste de mi lado
a los seres más queridos.

Así eres tú, septiembre,
con las luces y las sombras,
con la música de fondo que
desgranan las cigarras en la noche,
y esa otra que se callan las guitarras
embobadas y cansadas que ya duermen.

Es septiembre, simplemente.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/09/10

NO SÉ POR QUÉ RAZÓN VOLVÍ A ESCUCHARTE...

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No sé por qué razón volví a escucharte,
volví a sentir tu voz en mis oídos,
y tuve que pararme.

No sé de dónde procedían tus palabras,
no era la llamada de un teléfono,
ni era un susurro de tus labios,
tampoco un mensaje con tu letra
en la cuartilla...

Pero allí estaba tu voz inconfundible,
esa voz alegre y cantarina con
su toque de nostalgia,
esa voz de primavera florecida
que alegraba la mañana,
esa voz que en el ocaso despedía con el eco
a la luz que se marchaba,
esa voz que estremecía los sentidos
con su encanto y con su infancia.

...Y detuve mi camino, intentando descifrar
lo que decían tus palabras.
Eran frases y retazos que alentaban
y dejaban esperanzas.
Me decías "que adelante,
que siguiera paso a paso caminando,
que llorara si es preciso sin parar y detenerme,
que dejara que mis lágrimas bajaran hasta el suelo
y con ellas esa rabia y la impotencia
por ser hombre simplemente,
que mirara hacia los cielos
y buscara entre las nubes esa mano que se asoma,
esa luz, que como un faro ilumina los caminos,
esa estrella con mi nombre que lo arrastra
al infinito".

No sabía qué decirte y tan sólo te escuchaba.
Te escuchaba en el silencio de la noche,
te escuchaba recitando aquel poema, tan sencillo,
que una tarde me leíste junto al faro,
te escuchaba en aquel rezo compartido
en la Capilla de la Virgen,
te escuchaba en aquel día jubiloso
en que ambos nos miramos y dijimos el "si quiero",
te escuchaba con tu voz que me envolvía y abrazaba...

Más de pronto tuve frío y me vi que estaba solo
en mi silencio,
con tu voz y tu recuerdo,
con la gracia y el encanto que surgían de tus labios,
con las frases y palabras que una a una me decías,
con el dulce recitar de tu mirada,
con la onda candorosa de tu pelo,
con tu embrujo y el perfume de tu cuerpo,
con el tierno escalofrío de tu alma,
con tu pecho tan ardiente y sus latidos,
con tus besos que llegaban de sorpresa,
con la mano que rozaba mis mejillas,
con tus dedos explorando mis sentidos...

...No sé por qué razón volví a escucharte,
pero estabas a mi lado en ese instante,
entre mis brazos y en mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/10

NUNCA ES TARDE

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Nunca es tarde si se tiene una esperanza,
si se escuchan en el cielo los saludos
de los astros,
si una luna parpadea y te ofrece su sonrisa,
si una playa y unas olas hoy te invitan a su baile,
si el salitre que te llega es perfume de las algas,
si la nieve en las montañas te da un beso y un abrazo,
si los ríos y los montes te susurran y te hablan...

Nunca es tarde para oir la sinfonía de los robles
en el bosque,
si es que llevas en el alma esa fibra tan sensible,
si te paras en la calle contemplando a los que pasan,
si disfrutas mientras ves a los pequeños con sus juegos
en el parque,
si te encoges y estremeces escuchando la plegaria
de aquel ciego suplicando que le compres los cupones
del sorteo,
si te acercas a los muelles a mirar como descansan
los veleros,
si caminas tras sus pasos escuchando tus latidos,
si suspiras cuando viene a tu recuerdo ese rostro
tan amado...

Nunca es tarde para amar cuando te aman,
si es que sientes esa sangre que discurre
acelerada por tus venas,
si la notas por tu cuerpo,
si te inflama,
si te eleva hacia los cielos,
si aceleras más tus pasos y hasta emprendes la carrera,
si renuncias a la caja de cigarros que fumabas en el día,
por tener tus labios frescos, esperando que los liben
y los besen...

Por lo tanto,
nunca es tarde, para nada, mientras haya poesía,
mientras sople con bravura el huracán del sudoeste,
mientras veas esa mano que te ofrecen
y la tomes con las tuyas,
mientras notes el calor de la mirada que se busca
en el espejo de tus ojos...

Nunca es tarde, para nada, amigo mío y tú lo sabes.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/08/10

DOS VISIONES

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Afuera el partido de fútbol
tenía a la gente pendiente de un campo.
Adentro un enfermo esperaba
en la cama de Urgencias.

¡Qué inquietud para ver el partido,
para ver esa bola rodar
y buscar una puerta!

¡Qué serena impaciencia
mostraba el enfermo,
con la vía en sus venas
y el oxígeno puesto!

Hay pasión en la gente que espera,
la que ansía que suene el silbato
y se mezcle el balón con la hierba,
entre botas y piernas.

Hay dolor en la cara que sufre,
la que espera en silencio
y ahoga un gemido,
la que tiene los ojos inquietos.

Sin embargo el partido se anima,
ya se saca una falta
en el borde del área,
pues se busca ese gol tempranero,
el que rompa las redes
y lleve hacia el triunfo.

Más el pecho que late deprisa
tiene miedo a los cables y cardios,
a la placa que harán de su cuerpo,
al siseo que deja el oxígeno
en la caja de plástico.

Hay un ¡ay!, que se escapa en al aire,
es un grito alargado y profundo
tras un tiro que sale rozando
el larguero.

Hay un ¡ay! en la cama
que escapa al enfermo,
es la nota profunda del hombre
y su pecho,
es un grito que sale
y que rompe el silencio.

...Y yo asisto impotente a este cuadro,
al partido que dan en la tele
y no veo,
al enfermo que duerme
y que espera,
a ese gol que se escapa rozando
y no llega
y también la sonrisa en la boca
de ese ser, que en urgencias,
aprecio de veras.

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/10

AÚN RECUERDO AQUELLA TARDE

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Aún recuerdo aquella tarde, por el puerto,
donde ambos paseábamos.
Tú venías cabizbaja y pensativa
con tus brazos muy cruzados sobre el pecho.
Mi mirada se cruzó con tu mirada,
que perdida, estaba lejos,
en confusos remolinos.

Una sombra de negrura me llegó de tus pupilas.
¿Dónde estaba aquella luz
que tantas noches me alumbrara?,
¿dónde estaba el bello faro de tus ojos,
los destellos indulgentes y precisos?,
¿De qué huías para ir tras las gaviotas
que volaban en la tarde?...

Te seguí con la mirada
hasta aquel muro de la barra,
pero entonces la impotencia
fue la dueña de mi vida.
Tú marchabas por el mar hacia el ocaso,
tu volabas simplemente con tus sueños de cristal,
hacia la nada.
Tú dormías dulcemente las pasiones
de aquel alma atormentada.
Tú sentías el tic-tac de los rejoles
en la sagre de tu pecho acelerada que latía,
que gritaba,
que pugnaba por salir de ese volcán,
incandescente,
hacia tus labios y tus ojos.

Yo no sé si fue tu imagen
o el nordeste el que trajo hasta mi lado
una brisa tan helada,
ese viento irreverente de los mares,
ese soplo que penetra en nuestras almas,
el que hurga en las heridas,
el que sabe los secretos más profundos
que guardamos,
el que toma y el que deja,
el que besa y el que azota
con un simple ramalazo por caricia.

Y mis sueños se juntaron a tus sueños
con el viento y con la brisa.

Yo fui viento en esa tarde,
fui la brisa del nordeste,
fui la mano que tomaba tu cintura,
fui aquel labio que buscaba, entre tus labios,
ese beso abandonado,
fui la luz y fui espejo
donde tú te reflejabas,
donde viste al fin tu alma,
donde el rostro conocido de tu cara
fue cubierto por mis besos.

No quisiera que dudaras de la vida
y de tu vida,
no quisiera que pensaras nunca más
en ese viaje,
no quisiera que volaras en la tarde
persiguiendo a las gaviotas
que se marchan a la costa,
no quisiera que temieras por la vida
y por tu alma...

...Recordaba aquellas frases y palabras
que te dije en el silencio,
que te dije con el viento en un susurro
en tus oídos,
que te dije en un abrazo
todo lleno de cariño con mis sueños.

Aún recuerdo aquella tarde,
en que entonces yo soñaba.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/06/10

QUISIERA...

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"Quisiera que tú me entendieras
a mi sin palabras..."

José Hierro


Quisiera que tú me miraras así sin palabras,
quisiera que tu me buscaras
los ojos del alma,
quisiera que allí repasaras
las líneas torcidas que forman mis versos,
quisiera que vieras
el tierno mensaje que hay en su fondo,
quisiera ser aire y ser brisa,
guiar a tu mano a ese sitio invisible
que late en el pecho,
quisiera ser fuego y ser sangre,
volcán con la lava que corre en tus venas,
quisiera ser beso lanzado a los cielos
buscando la imagen divina,
el pelo tan lindo, los ojos castaños,
la bella figura que marcha conmigo
cerrando los ojos.

Más lanzo un suspiro
y le grito a los dioses...

Reclamo mi parte,
la herencia del niño que vive y que sueña,
que no se resigna aunque pasen los días,
que busca la luz en la noche sombría,
que lleva a su alma la antorcha celeste,
que guía sus pasos,
que vive el otoño y que mira
las hojas doradas formando una alfombra,
que observa la lluvia
y las gotas que bajan por fin a los suelos...

Quisiera ser niño que ríe y que llora,
que canta sin voz tantas dulces canciones,
que escribe sin pluma en el tronco del árbol,
que marcha desnudo enseñando su alma,
que enseña sus versos al mundo,
las letras y estrofas cargadas de miedo,
que siente al gorrión y la alondra que pasa,
que escucha la grave campana
llamando al rosario,
que busca en los muros y piedras
la eterna respuesta
que libra su alma de dudas y miedos,
de argollas y celdas que así le atenazan.

Me preguntas amiga,
y estas cosas quisiera ofrecerte...

Estas cosas sencillas que salen de pronto,
las que ahora me vienen y van a mis dedos,
las que escribo nervioso pensando en pasado
y que quiero volver a vivirlas,
hacerlas presente contigo,
vivir a tu lado esos bellos momentos,
subiendo a las cumbres unidas las manos,
llevando ese lazo invisible que ata las almas,
buscando ese beso en tus labios
y en él la respuesta que llegue a los míos,
vivir ese amor en silencio,
pasar por la vida en puntillas allí,
en la arena y la playa,
mirando a lo lejos,
mandar a la brisa
un "te quiero"
y oir ese eco en tus labios
diciendo "te amo".

"...Quisiera que tú me miraras así, sin palabras,
como yo que te miro, te amo y te veo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
27/05/10

DÍA GRIS

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Día gris en un mal día,
día gris y ceniciento...

Deseos de cerrar definitivamente
las puertas y ventanas,
de correr tupidos velos
en la vida y en el tiempo
y poder cerrar los ojos
y no abrirlos nunca más.

Vacío, soledad, tristeza...
Lo tengo todo.

Pero sí, es mi problema,
es algo que no puedo compartir
y que a nadie debo transmitir,
así que sonreiré como un hipócrita;
beberé las hieles de la vida
aunque luego las vomite,
y tomaré ese vaso de cicuta
que me ofrecen.

Nada pido, nada tengo,
por lo tanto no me encuentro
en condición de recibir nada
si no puedo ofrecer ni una mirada,
ni un latido a las estrellas,
ni un suspiro hacia los mares...

...Nada, sólo sombras
simplemente.
Retales de una vida
que no ha sido,
fagmentos inconexos
e incompletos
de una música que pudo
y que no fue la causante del sonido
que esperaba.

...Más todo es soledad,
todo es silencio.
Y busco ese silencio para romperlo
en mil pedazos,
para llegar al fondo de su esencia,
para dormir en él profundamente,
sin miradas,
sin palabras,
sin abrazos,
sin palmadas en la espalda,
sin aplausos,
ajeno así, a la vida y a las gentes,
en un sueño profundo e inacabable.

¡Vivir, morir!...
La eterna paradoja de la vida.

"Si morir es vivir,
quisiera ya morir para vivir eternamente"...

Hermosa frase y pensamiento
nacida en esa infancia,
cuando las preguntas tenían
mil respuestas,
cuando el corazón temblaba,
y no de frío,
cuando la sangre circulaba acelerada
haciendo que brotaran
los suspiros en el pecho.

Hermoso corazón,
entonces tú soñabas con amores
de novela,
amabas sin razón,
con tu razón y con tus sueños.
Amabas simplemente a la vida
y a las gentes.

¿Qué sucedió para que ahora
ya no vivas,
para que ahora sólo quieras
ese mundo del vacío y de la nada?

¿Acaso ya no vives?
¿acaso ya no amas?...

...Silencio corazón,
es la razón que ha muerto
y se desangra.

Recogerán las aves la semilla,
en las gotas de esa sangre
que se escapa,
y llevarán las mismas a los campos
para sembrar las tierras
y las almas.

Rafael Sánchez Ortega ©
18/05/10

NOSTALGIA EN PRIMAVERA

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En la calle se oye el agua de la lluvia
que ahora cae;
un conjunto de sonidos
escapados de una dulce
sinfonía de los cielos.

Es de noche y primavera,
dos premisas, dos factores,
dos siluetas de la vida, simplemente.

Y la noche con las sombras
nos cobija y nos envuelve,
nos transportan a ese mundo
de los niños,
esa etapa de la infancia,
con el eco de los cuentos
resonando en los oídos,
cuando íbamos al lecho
a soñar con nuestros héroes,
rescatados de los comics,
con las bellas princesitas
que ofrecían como gancho
los dibujos más osados
de cuadernos y novelas,
de aquel tiempo,
tan románticas.

Sin embargo ya no estamos en la infancia,
ya no somos esos niños soñadores
ni llevamos pantalón a media pierna,
ni salimos a jugar con los cometas,
ni saltamos las baldosas de la plaza,
ni bebemos en las fuentes,
por placer y con la risa...
Ni siquiera ya jugamos con las flores,
con las rosas y los lirios
del jardín abandonado,
entre bancos solariegos,
donde aún crece y se levanta
hacia los cielos,
la palmera tan pequeña
que plantaron siendo niños.

Hay un halo de nostalgia
en el ambiente.
Puede ser la primavera que nos falta
a pesar de estar en mayo,
puede ser la intensa lluvia
que hace días nos obsequia con sus gotas,
sin pedirlas,
sin llamarlas,
en ausencia de esa luz y el colorido
de este tiempo en el que estamos
y que pasa tan volando,
tan deprisa,
como el viento que no vemos
y los sueños que se fueron
con la infancia.

Es por eso que se palpa la nostalgia
en esta noche,
es por eso que se masca entre las sombras,
en la ausencia de una linda primavera
que no existe,
que no llega,
en la lluvia que atenaza los sentidos,
en el alma que se agita temblorosa,
en los sueños y latidos que germinan
por el pecho y por las venas
deseando ver la vida.

Estos sueños son de hombres,
de mayores,
de curtidos corazones
que han cruzado los desiertos,
de esos niños,
que hace tiempo se durmieron
con la vida,
con el tiempo
con los años,
y ahora vuelven en su otoño,
reclamando lo que es suyo,
lo que llega cada año
en la florida primavera,
la sonrisa de la tierra
y de la vida,
la caricia de los cielos,
la fraganciasde las flores,
y la bella sinfonía del amor
que trae consigo.

...Hay nostalgia y soledad, por todo esto,
que nos falta en esta noche,
¡hay silencio!...

Rafael Sánchez Ortega ©
15/05/10

¡Por qué, por qué...!

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Era una mañana preciosa
y me levanté con la sensación
de haber descansado,
de volver a la vida de nuevo
y con la sonrisa recuperada
en los labios.

Instintivamente, llevé mi mano al pecho,
a esa prenda íntima
que cubre el corazón
donde guardo tantas sensaciones,
tantas alegrías y desesperaciones
en esa marcha y esa huída hacia adelante,
en el fragor de una juventud
llena de esperanzas
y expectativas desbordadas.

Sabía que el tiempo pasaba
y con él mi juventud,
que el amor que buscaba no llegaba,
pero seguía buscando allí,
en esos rincones de la vida,
en las personas que me rodeaban,
en las que me presentaban
y también ¡cómo no!,
en la misma naturaleza
con tanta sabiduría retenida.

Por dentro, una voz
me decía que adelante,
que quizás la sorpresa que esperaba
estaba allí cerca,
y que si no era así
sería el destino el que me la daría
un día, una noche ó cuando fuera,
en forma de persona,
lugar y momento determinado.

Tenía una corazonada este día,
era quizás como un ramo de ilusiones
brotadas en el alma en forma de margaritas,
que como símbolos mágicos,
de esta primavera,
me hablaban de los diferentes amores,
de las quimeras e ideales que todo joven
lleva en esa edad
y trata de hacer realidad
para vencer su soledad.

Sin embargo la realidad,
la que buscaba en ese espejismo,
quizás estaba en la rutina diaria.
En saludar a la vecina del primero
con la que me tropezaba cada mañana,
en atender cortesmente al viejecito
que venía a la ventanilla a reclamar
la falta del recibo de la luz
asentado en su cuenta,
en no decir nunca jámás a esa voz
que desde mi interior me gritaba
"por qué la rechazaste si te quiso,
¡por qué, por qué...!"

Aún recordaba su figura,
la de aquella persona extraordinaria
que emanaba ternura,
a pesar de llevar tapado su pelo
con el velo negro de la misa,
y ese áura de credos y padrenuestros,
que la rodeaban,
formando un algo lúdico
con su presencia adorable y misteriosa.

Y era cierto lo que me gritaba la voz
de mi conciencia.
Era cierto que yo la había rechazado
cuando ella vino a mi,
a leer mi alma,
a leer mis ojos,
a buscar mi ayuda,
porque yo estaba entonces, simplemente,
ultimando un proyecto
con varios objetivos
y mi actitud y predisposición, hacia su persona,
fue verla como un simple objeto,
una figura de la vida
donde podía satisfacer mi vanidad
y desenfreno.

Ahora yo salía a la calle,
buscaba el camino del trabajo,
me tropezaba con la gente
a la que ni saludaba,
atendía de una manera mecánica
a los clientes
y ni siquiera hacía caso a esa voz interior,
que cada vez más lejana,
repetía como un eco:
"¡por qué, por qué, por qué...!"

Rafael Sánchez Ortega ©
01/05/10

SILBA EL VIENTO

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Silba el viento
y suenan los cristales;
pasa la noche,
pasa el tiempo,
pasa la vida simplemente
como una sinfonía inacabada,
un crescendo en movimiento,
dirigido por la mano divina
mezclando sinfonías espectrales,
susurros invisibles
con nubes que ahora pasan.

Me dirigo hacia ese viento
que no veo,
a la fuerza inalcanzable
que me besa,
que me roza,
que acaricia mi cabello,
que penetra por los poros
de mi cuerpo,
que me dice mil susurros
que no entiendo,
y le pido simplemente
que me hable con palabras
que me lleguen al oído,
que me muestre lo que oculta
tras la fuerza que demuestra,
produciendo esos gemidos,
esos gritos en la noche.

Quiero ver si son sus lágrimas,
si es el llanto
lo que corre por su cara,
si es el miedo
el que atenaza sus sentidos.

Silba el viento y no lo veo.

Sólo sé que me domina,
que me embriaga,
que me excita,
que me lleva hasta su mundo de locura,
y que hace de mi vida
una simple interrogante,
una duda con preguntas
sin respuestas.

Silba el viento y en él busco,
como buscan los sedientos esa fuente,
como busca el peregrino la posada,
ó el mendigo esa dávida y limosna
a la entrada de la iglesia.

Silba el viento desgarrado del amor
y la tormenta se acelera por mi alma.

Tengo frío, tengo miedo,
tengo ganas de correr hacia la nada,
de buscar esa ilusiòn y fantasía
de dormirme sin palabras,
con la música que suena,
de entregarme a los placeres
más diversos,
de mirar por la ventana
y ver tu paso,
ver tu cara y ver tu rostro
dulce viento enamorado,
de mi vida,
de mi alma,
de mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/04/10

PENSAR EN LAS PALABRAS

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Me dicen y sugieren, que ahora piense
en algo nuevo;
en esa delicada fantasía,
de la "prenda íntima"
de un alma renovada.

Me estrujo y me devano la cabeza
en busca de respuesta,
es una "desesperación",
es una "huída",
es un "fragor" que estalla
y que se siente.

Me falta "expectativas" para ello
y el "tiempo" "no llegaba",
me faltaban los segundos tan precisos.
"Por dentro", se asomaba la "sorpresa",
y el "destino" buscaba su coraza.

Un alma con coraza, corazón,
"corazonana"...
repleta de "ilusiones", "amores" y "quimeras",
tan llena de "ideales" y "rutina"
que "nunca" alguien la "quiso" para si,
ni hacerla suya.

Los "credos" se quedaron en la calle,
lo "lúdico" entre globos de colores
y los niños "ultimando" sus proyectos
y "objetivos".

Y yo, querido amigo, aquí me tienes,
escribiendo como un loco,
desbocada mi "actitud", sin "desenfreno",
con el alma ya sin brida,
galopando por los campos
de la vida y de los sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/04/10

ARRIBA, EN LO MÁS ALTO

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En lo alto de la cumbre,
busqué asiento,
entre rocas pedruscos
muy bañados por la lluvia,
busqué el abrazo en la distancia
de la brisa inexistente,
busqué el canto de las aves
que no había,
busqué al cielo con su manto
azul celeste,
busqué la bruma y la calima
que subían desde el mar,
busqué la paz, cerré los ojos.

Y allí estaba simplemente
mi persona,
allí estaba mi proyecto
detenido y descansando,
allí estaban tantos sueños
concebidos en la infancia,
allí estaban los recuerdos
del pasado,
allí estaba un corazón un tanto viejo,
recogido sin palabras.

Y de pronto tuve miedo de la vida,
(fue un instante
y tuve miedo del vacío de mi alma,
tuve miedo de las gentes,
de las prisas,
del trabajo,
de los niños que me miran,
de los hombres que me hablan,
de aquel pobre vagabumdo
que me pide una limosna).

Quizás fue la fantasía
alimentada por la fiebre,
la que hizo todo eso.

...¡No lo sé!.

Lo que pude comprender
es que el amor estaba cerca
y a mi lado,
en los riscos de los montes
que veía perezosos,
en los campos y praderas
que subían a las brañas,
en los árboles lejanos
que dejaban su figura perfilada,
en canales sinuosas
con las rocas y paredes
que se pierden monte abajo.

...Y el amor, es esa eterna paradoja,
es la chispa que alimenta los sentidos,
es la llama de la estrella vacilante,
es el dulce escalofrío
que producen las mareas,
es la sangre que ahora corre por las venas
y que marcha acelerada,
es el nombre que retienes en tus labios,
es la cara que alimenta tus pupilas,
y es el beso que recuerdas
y que buscas nuevamente...

...Me encontraba tan a gusto en ese sitio
que busqué la compañía del ocaso.

Ya empezaba ese momento del adiós
y despedida,
ese instante tan sublime
en que el día ya se apaga
por la noche que se acerca,
ese instante en que las almas
se recogen con el manto y el abrigo
de los astros,
ese instante en que los miedos se superan
y te enfrentas a la vida con tus sueños
a pesar de los rumores y las críticas,
a pesar de tantas dudas,
a pesar de que estén lejos las caricias
o a pesar de que estén cerca y no las veas...

...¡Me encontraba tan a gusto en aquel alto
que no hubiera descendido hasta la tierra!.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/04/10