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RUMOR DE HOJAS...
¡Qué bonito es el rumor de las hojas, al caer,
impulsadas por el viento!
Sinfonía indescriptible de una música sublime
que nos deja la surada.
Cuchicheos y suspiros que se quedan en el aire
y que vuelan al oído.
Una tierna melodía cuyo nombre no me importa.
Se relajan las neuronas y hasta el alma
se me ensancha, lentamente.
Llueven hojas de los árboles y parece que es la nieve,
quien anuncia su llegada, en los copos tan dorados.
Te recuerdo Cenicienta, en este instante,
y hasta pienso si estarás escuchando estos acordes.
Es el viento y es el árbol. Son los plátanos altivos
que dan sombra a la calzada.
Por su lado transitaron nuestros sueños muchas veces
y hasta fuimos a su lado, tras las nubes
que escapaban de las ramas.
Quizás oigas los rumores y susurros de mis pasos
que se mezclan con la lluvia y esa nieve que te cuento
tan dorada y tan hermosa.
Fue algo tierno que creamos "sin palabras"
y que luego compartimos en silencio.
Yo era un pobre Peter Pan caminando por los bosques
y añorando mil caricias de la vida.
Y te vi en aquella tarde tan callada y silenciosa
que venías a mi encuentro.
Me miraste, y nos miramos, con los labios
esbozando una sonrisa.
Nuestras manos se enlazaron y sintieron
el calor con que la sangre bombeaba
nuestros pechos.
Yo te dije, en mi silencio, "si era un sueño"
y tú, también, con tu sonrisa seductora
respondiste "sin palabras".
...¡Qué bonito es el rumor de los recuerdos
como hojas desprendidas que regresan
y acarician nuestras almas!
Es otoño y tú no estás, aunque pervives
y te quedas, para siempre, entre mis sueños.
Rafael Sánchez Ortega ©
04/12/16
EN REALIDAD...
En realidad tenía necesidad de huir
y así lo hice.
Mis pasos eran lentos.
Sabían el camino.
La cuesta, muy empinada, invitaba a pensar
y con cada pisada mis pensamientos volaban
a espacios infinitos.
Momentos del pasado,
retazos y proyectos inconclusos
que yacían en el alma,
latidos ocultados en momentos tan precisos,
susurros escuchados en la vida y a personas,
suspiros con mensajes en los mismos.
(Y todo iba saliendo con mis pasos...)
Ascenso prolongado sorbiendo la victoria.
Si huía de mí mismo lo hacía con razón y por la vida.
Debía proseguir ese camino.
Debía continuar esa batalla y no caer rendido
en las primeras escaramuzas de la misma.
La esencia de la vida es la poesía y yo la quiero,
la deseo, la busco.
Trato de acercarme hasta su lado para poder soñar
eternamente.
Quizás esté en un sueño que acabe sin mañana.
No sé, pero aunque sea un iluso e inocente,
(un pardillo, como dicen),
y se rían de mí, y se burlen de mis versos,
yo debo continuar y continúo en esa búsqueda,
en ese caminar y peregrinar hacia el regazo de los dioses.
Allí estará la poesía, (sin duda), y entonces el iluso sonreirá,
y tomará de la mano al niño que va a su lado,
para repartirla entre todos los que les rodean.
Sí, poesía, esencia de la vida, regalo inmerecido
para el hombre que caminaba, sin saber, hacia la nada.
Y ahora puede compartirla, puede escucharla en otros labios,
puede saborearla en cuartillas escritas,
puede vivirla en las mil y una escenas de la propia vida.
***
...Estaba huyendo del pasado pero debía regresar.
Volví a la realidad, volví a ser el hombre cansado,
envejecido, el que huía de sí mismo, como tantas veces.
Sin embargo el corazón latía de una manera especial.
Quizás era la mirada de la capilla. Quizás aquella imagen.
Quizás aquella escena podía ser el principio de un sueño
más importante.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/10/16
SÉ QUE UN DÍA DORMIRÉ...
Sé que un día dormiré y me sumiré, sin más,
en un gran sueño.
Es por eso que ahora velo en mi vigilia
y hasta escribo de la luna y las estrellas.
Ellas fueron compañeras de este viaje,
las amigas silenciosas de la noche,
que dejaban su cariño entre mis letras,
acercándome a su luz y su silencio.
Hoy repaso brevemente mi pasado
y hasta escucho los reflejos que me envían.
Hay en ellos multitud de pentagramas
con sus notas apagadas y dormidas,
hay esquirlas con figuras indiscretas
que provienen de personas muy cercanas
que no están a nuestro lado porque hicieron
su camino.
Y es aquí donde me paro mientras pienso
y reflexiono en ese tiempo ya pasado.
Analizo los instantes y minutos,
aquel bar y aquella pista para el baile,
una mesa y unas copas esperando,
un cigarro que vacila entre los dedos,
unos ojos que me miran y que buscan
a los míos,
una mano que se mesa los cabellos
y unos labios que murmuran, en silencio,
unas palabras.
Hay trambién otros instantes que me vienen
a la mente y la retina,
como aquel, alrededor de una capilla.
Fue una tarde, como tantas, en que hicimos
el paseo hasta la barra.
Nos paramos en la puerta y rezamos una Salve.
Aún recuerdo aquel momento, como ahora,
ya que unimos nuestros dedos en el acto,
y después nuestras miradas se cruzaron
y allí mismo, ante la Virgen,
nuestros labios se besaron
en un acto de cariño muy sencillo.
¡Es difícil olvidar algo tan noble
y tan hermoso, y por eso lo recuerdo!
Eran días de una eterna y principiante primavera
y se oían y escuchaban las cigarras, en la noche,
en un coro indescriptible y sin orquesta.
Yo escuchaba los latidos de otro pecho enamorado
que temblaba de emoción ante los míos,
(principiantes revoltosos e incipientes juveniles,
mis latidos),
que pugnaban ver la vida y conquistar el universo.
Es por eso que ese tiempo lo recuerdo con nostalgia,
aunque sea ya pasado, porque es parte de la vida
y un retal, entre retales, con su luz parpadeante
y sus gotas de rocío.
...Hoy estamos en otoño y se acerca ya el invierno.
Es por eso que recojo los aperos de los campos
y la siembra que ha quedado ya muy lejos
y me vuelvo hacia la tierra, con mis manos;
la acaricio con mis dedos
y la esparzo suavemente entre los surcos
invisibles de otros campos y otros sueños.
Sé que un día dormiré y me sumiré, sin más,
en un gran sueño
pero, al fin, despertaré en otro mundo y otras tierras
sin saber quién soy y quién he sido
ya que el sueño del pasado está pasado
y allí empieza, y da comienzo, otro sueño:
El gran sueño, del presente y del futuro
tan ansiado.
Rafael Sánchez Ortega ©
05/07/16
ENTRE LAS REJAS...

Entre las rejas del aire y del ayer
se pierde tu recuerdo y mi nostalgia.
Es algo que se escapa de mi alma, poco a poco,
que lleva en sus entrañas la esperanza,
el miedo, la ilusión, el desaliento
y todo va cubierto con la bruma de un amor,
ya marchitado y caducado, y un sentimiento
que se apaga y que se agota.
...Porque la vida es aire y tienes frío,
al contacto de ese viento tan helado.
Porque las rejas del ayer están abiertas
y el beso de ese aire te estremece.
Porque sin duda vives y también sonríes
Porque en algunos ratos lloras sin saber por qué,
o si acaso, si lo sabes, te lo ocultas y lo guardas.
Porque eres libre para ser tú mismo
y por eso no cuestionas el pasado
ni te paras a pensar en el futuro.
Porque vives el presente que te abraza
y hasta sientes a sus dedos
como buscan a los tuyos cada día,
en este instante.
Porque las rosas tiemblan cuando tú las miras
y luego se marchitan cuando marchas.
Porque la mar tranquila se enfurece
cuando siente tu presencia
y te invita y desafía a nadar entre sus olas.
Porque la lluvia cae y tú la sientes
deslizarse por el cuerpo,
desnudarte poco a poco y mezclarse
con las lágrimas furtivas de tus ojos...
Pero por todo esto y mucho más,
tengo que amarte, Poesía,
y hasta seguir, sin vacilar, a los dictados
que me dejas en tus letras y en tus rimas,
tengo que ver el fondo de ese néctar agridulce
de la vida y conseguir saciar la copa que me brindas,
con su carga de utopía, entre mis sueños,
tengo que ser y estar aquí,
tras esta reja de aire y de nostalgia
para tomar el rumbo deseado,
para sentir ese latido que me lleve a las estrellas,
para buscar a Dios y al hombre en cada paso,
para saber que sí, que estás ahí,
en todo lo que veo y me rodea,
en todo lo que existe y deja huella,
en todo lo que late y que palpita,
incluso hasta en la roca inaccesible
de la cima y la montaña más lejana.
¡Tengo que amarte, sí, mi Poesía!,
aunque la vida escape y se me nuble la conciencia,
aunque la herida sangre y la vista me vacile,
aunque te sienta y no, a medida que se apague
mi linterna y la noche avance
y se apodere de mi alma.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/16
HOY QUIERO...
Hoy quiero abrazarte, acariciarte
y apretarte contra mi
para decirte así, cuánto te quiero.
Con los ojos cerrados buscaré tu cuerpo
con mis manos,
dejaré que mis dedos dibujen unos versos
por tu piel
y les diré que vayan plasmando, letra a letra,
el mensaje imborrable del cariño
y el amor que quisiera transmitirte.
Es hermoso sentir tu presencia entre mis brazos,
y no quiero despertar, ni despertarte,
de este sueño.
Quiero que siga y que prosiga cada día
y que su latido fortalezca nuestras almas
para que la mía sienta a la tuya gritar,
sentir, pedir y rogar que la bese,
que la abrace, que la ame
y que la mire profundamente a esos ojos maravillosos
que están pidiendo simplemente una caricia,
un beso y una "nana".
Porque tu abrazo es un latido impetuoso,
una transfusión de vida,
una corriente con mil resacas en la playa,
un huracán deshilvanado que desata
las pasiones,
un volcán a la deriva deslizándose
por una montaña nevada,
y tú, allí, en medio,
mirando y gritando mi nombre,
y yo, aquí, extendiendo mi mano para tomar la tuya,
para sentir tus dedos con los míos
en una comunión irreversible.
...Te abrazo, sí, y te digo "buenos días".
Abro los ojos y te saludo con un beso interminable,
para luego recorrer tu piel con mis labios
y hacerla estremecer eternamente.
Por eso quiero abrazarte y apretarte,
para sentirte a mi lado y tan cerca,
que esa unión sea indivisible
y haga que nuestros cuerpos se junten
en un solo sentimiento, en una sola pasión,
en un solo segundo, hasta el fin de los tiempos.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/05/16
ES CIERTO...
Es cierto que hoy me siento mejor,
aunque con la sensación de cansancio en el cuerpo.
Pero la vida sigue
y también hay que seguir adelante,
vivir sin miedo o con él en el alma,
avanzar para buscar la sonrisa de la tierra
y de la persona amada,
sentir el roce inclemente de la brisa
y también de esa mano que busca la tuya.
Vivir, amar, seguir...
Pero la vida es un camino lleno de obstáculos
a los que hay que sortear en cada instante.
Evitarlos unas veces y otras apartarlos con suavidad.
Al final puede que esté esa luz, esa palabra,
ese faro y lo más importante, esa persona
que tiembla esperando tu llegada
y que se resiste a ser un espectador impasible.
Porque ella y, en ella está el amor,
la vida, la ilusión, la luz, la esperanza.
Y entonces sigues, avanzas, luchas
y peleas con todas tus fuerzas.
Incluso contra el destino que te marcan
porque deseas amar, sentir, soñar
y gozar de ese cuerpo que tiembla y se te ofrece,
de ese alma que siente como tú sientes
y de esos ojos que se iluminan con el brillo
de los tuyos y que son, a la vez,
como unas pequeñas linternas o faros
para que tu sigas adelante,
para que no te pierdas en el camino,
para que sigas ese sonido inaudible de un corazón,
que en su tic-tac, va diciendo y desgranando
una sola frase: "te amo..."
Rafael Sánchez Ortega ©
17/05/16
VEO UNA IMAGEN...
Veo una imagen, un árbol,
detrás un cielo azul,
verde y borrascoso,
quizás amenazando tormenta.
El árbol se mantiene firme,
con sus ramas retorcidas,
pero buscando el cielo.
Quizás trata de penetrar entre las nubes,
acariciarlas con sus dedos,
rozarlas como si fueran un suave suspiro.
También yo,
(pequeño espectador), me quedo contemplando
esa figura.
Acaricio a una persona en la distancia.
Tomo su mano,
busco sus ojos,
me dejo penetrar por su mirada
y quiero que llegue al fondo de mi alma.
Luego suspiro, cierro los ojos
y susurro unas palabras en silencio.
La tarde avanza,
el cielo se vuelve más oscuro,
la oscuridad nos envuelve en un abrazo
interminable.
Abro los ojos y le digo lo que siento,
que no quiero perderla,
que me ha costado mucho tiempo encontrarla
y que ahora no es el momento de los reproches
y de las nostalgias,
porque la vida se vive y pasa,
pero el presente está latiendo aquí y ahora
y yo preciso de su voz,
de su silencio,
de sus latidos y de su mirada.
Siento sus besos como respuesta en mi cara
mientras sus labios me dicen algo
que me estremece:
"nunca te fuiste de mi corazón,
aunque tú no lo supieras".
Rafael Sánchez Ortega ©
14/05/16
FUE AQUEL BESO...
Fue aquel beso sin querer,
un leve roce
y por algo se callaron las cigarras
porque luego, en el silencio, se extasiaron
con el beso.
Quizás aquel detalle, repentino, de la brisa,
las olas ondulando su melena,
el viento que buscaba y desnudaba,
sin descanso,
los pechos y las almas.
Entonces unos labios suspiraron.
Querían y pedían otros besos,
ansiaban la caricia humedecida
y el néctar que dejaba su regalo.
Los ojos se cerraron dulcemente
y luego las imágenes volvieron
cargadas de recuerdos.
Imágenes de tiempos
y de fechas guardadas, y mimadas,
con nombres de personas,
con sitios visitados,
con días relativos de castillos en el aire,
con noches y paseos desgranando sentimientos,
y otros, en que el tiempo se paraba
a través de las caricias de los duendes.
"Un beso" suplicaban, esos labios temblorosos,
en la puerta del palacio abandonado,
en la esquina de la iglesia,
en la calle centenaria de la aldea,
en la plaza solitaria con su fuente,
y en la puerta que otras veces le esperaba
con las manos, impacientes, hoy ausentes,
que cerraban la ventana.
Fue aquel beso, sin querer,
una sorpresa.
Una bella sensación, una caricia,
un instante de enmarcar en el recuerdo,
una chispa de glamour y de alegría
una gota de rocío en el desierto,
y un clavel con gran candor,
en unos labios infantiles,
aunque fuera en el silencio
y en los besos encantados,
de ese viento,
que robaron las estrellas.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/04/16
¿ES EL HOMBRE...?
¿Es el hombre ese pájaro herido,
que yace en el suelo, con alas quebradas
lamiendo sus penas?
...No lo sé, la tristeza que emana su torpe figura
me hace ver ese cuadro quebrado,
ese rostro crispado y dolido,
ese cuerpo temblando y sufriendo
por causas extrañas.
Yo quisiera ayudar a ese hombre doliente,
sacudir a sus nieblas del alma,
restañar las heridas que sangran
y aplicar ese ungüento capaz de aliviar
los dolores y penas.
Pero sé que es difícil tarea y lo asumo.
Como sé que hay un niño que, oculto,
me espera y estira su mano,
intentando tomar a la mía.
¿Otro pájaro herido ese niño
con sus ojos, color agridulces,
que apenas me miran, por razones ajenas,
y parecen dormidos, a pesar de su llanto
y su hambre?
...No lo sé. Hay tristeza también en su rostro,
en la dulce mirada que dejan las frías pupilas,
en la cara y las manos tan blancas
que ocultan mil miedos,
y en el cuerpo que tiembla de frío,
quizás, sin saberlo.
Yo quisiera atender a ese niño tan bello.
Acercar a su rostro la brisa y abrazarle
sin miedo.
Yo quisiera cantar para él la mejor
de las nanas,
y llevarle, en mi barca, hasta el cielo
y la nube, donde él dormirá satisfecho.
¿Otro pájaro herido la vida
con sus campos ahogados de sed y tristeza,
con la muerte acechando en caminos
y la sangre vertida en cunetas desiertas?
...No lo sé. La tristeza que así se refleja
es un cuadro cruel que atenaza a las almas,
es la loca ambición de los seres
que buscan ser dioses,
a pesar de saberse cipreses, enanos,
y guardianes, sin fin, en la tierra,
de ese mundo intratable.
Yo quisiera aportar mi granito de arena
y decirles que sí, que es posible avanzar
y hasta andar por el recto camino,
sanear las heridas del ave,
restañar esas lágrimas tiernas del niño,
abonar esta tierra, de nuevo, y sembrar,
en la misma, el amor y esperanza.
"...Porque todo es Amor, si queremos,
poesía, sin fin, si la ansiamos,
y hasta verso el suspiro del ave,
con el beso del niño que enjuga su llanto
y la sangre que pide y que grita la vida,
y que engendra la tierra,
para ti y para mi,
como hoy, sin palabras..."
Rafael Sánchez Ortega ©
04/04/16
MIRO AL PÉNDULO...
Miro al péndulo del reloj que, en el pasillo,
va avanzando lentamente y desgrana
los segundos.
Sigo atento, a su tic-tac, tan juguetón,
y cuya música susurra en el silencio
de la tarde.
Hace un dúo, sin dudar, con el sonido
de la brisa del nordeste que penetra
en la ventana.
Aquí estoy, en esta tarde, contemplando
la fachada de tu casa y la ventana, sugerente,
donde muestras tu figura.
Pero hoy no estás y yo lo sé, aunque te busco
tras esas piedras revocadas de nostalgia
porque añoro tu presencia.
Una tierna golondrina se detiene en el alero
y contemplo su hermosura mientras sueño.
Hay instantes que perviven, y no mueren,
y que siguen floreciendo en las entrañas.
Hay rescoldos de otros fuegos y fogones
con las llamas crepitando y ofreciendo
sus lamentos.
Es el fuego y el amor que se producen
en la hoguera de las almas convirtiendo
la pasión en un incendio inenarrable.
De momento estoy despierto y voy siguiendo
el recorrido de esa aguja, del reloj,
en su camino hacia la nada.
Hay palabras que no dicen y que guardan sus secretos,
hay sonidos revoltosos de rincones y de niños,
hay pequeñas mariposas en sonrisas encubiertas,
hay cometas infantiles en los hombres ya maduros,
hay aromas de personas y de lechos,
hay preciosas margaritas que reflejan las pupilas,
hay castillos en el aire con un halo de cristal
y transparencia
y hay suspiros del que dicta estas palabras,
del que toma entre sus manos el cuaderno,
del que escucha en esta tarde al reloj
con ese péndulo, insensible,
que no para y continúa su camino
a no sé dónde...
...Y al final es un pasillo en una casa.
Son recuerdos personales que uno tiene,
sensaciones de un pasado,
pesadillas que te acosan y te abrazan
mientras sientes a la vida, y su tic-tac,
en ese lento deslizarse por el tiempo,
descontando los segundos de ese viaje al infinito.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/16
HAGO UN ALTO EN LA NOCHE...
Hago un alto en la noche
para acariciarte con mis letras,
para dejarlas, en silencio, a tu lado,
y que sean ellas las que te acaricien,
las que te besen y rocen tu cuerpo,
las que rescaten tus suspiros,
las que recojan los susurros de ese sueño
que te envuelve
y las que te digan, muy bajito, en tu oído,
que te quiero y que te amo.
Porque quiero construír este poema
mientras paso mis dedos por tu cuerpo
y siento ese escalofrío de tu piel
que vibra y que palpita a mi contacto.
Por eso me estiro y aspiro,
para tomar tu aliento,
para sentir tus latidos,
para encontrar tu abrazo,
para fundirme en tus sueños
y para estar, así, más cerca de tu lado
y vigilando que no se pierda nunca
tu sonrisa.
Ya sé que duermes y no quiero despertarte,
pero por eso hago este alto en la noche,
para mirar tu rostro,
para apartar el pelo que cruza tus mejillas,
para tomar tus manos y acariciar tus dedos,
para soplar en tus ojos y decirles que sigan cerrados,
para besar tus labios y dejar en ellos el mensaje,
que en silencio, he mandado a las estrellas.
Porque debes descansar y yo seguir, en mi vigilia,
procurando te relajes
y no lleguen hasta ti falsas tormentas,
que no crezcan las galernas ni borrascas,
y que sepas que hay un sol, cada mañana,
que sale para ti,
y tu corazón lo debe rescatar
e iluminar con él cada rincón de los senderos
que transites, desde el alba hasta el ocaso.
Hago un alto en la noche para decirte que sí,
que te quiero,
que te llevo en mi recuerdo y en mi alma,
y que estás en cada gota de mi sangre,
alimentado ese tic-tac del corazón,
que así bombea, con sus remos,
la trainera de mi vida en un poema inacabado.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/02/16
ME GUSTARÍA ENSEÑARTE ESTE MAR...
Me gustaría enseñarte este mar,
el que tengo tan cerca,
el que se desliza en la playa
con sus olas
que vienen a dormir a ella,
el que te hace cerrar los ojos
con el salitre
y empapa tu pelo llenándolo de magia.
Me gustaría que lo vieras y ver,
a mi vez, tus ojos centrados en las aguas,
en esos rizos ondulantes que llegan
y se vuelven con las resacas.
Quizás hasta restañaría una lágrima
de tus ojos alegres,
al contemplar tanta belleza.
Dicen que los sueños de los poetas
y los niños se confunden
y yo he perdido la cuenta de ellos,
pero el mar, ese mar, "mi mar",
con toda la tragedia que él encierra,
también tiene su belleza y hermosura
y precisamente esto es lo que nos invita a soñar,
a deslizarnos por sus aguas,
a remar en las viejas traineras,
a esperar en los muelles la llegada de los marinos,
a mirar aquellas figuras femeninas que aguardaban
y rezaban a sus seres más queridos,
a jugar con los niños que añoraban a sus padres
y a correr hacia los barcos
y a besar a aquellos hombres con su cara tan morena,
y quemada por el sol,
para alisarles sus arrugas y sacarles
la sonrisa de sus labios.
...Puedo hablar de las gaviotas,
de las playas, de los barcos,
de las redes, de los faros.
...Pero hablaré del mar con mi silencio
y con mis versos,
con el tic-tac de un corazón muy remendado,
dejando en los latidos ese aliento de las aguas,
el suspiro de las tardes cristalinas,
el susurro vacilante de esos vientos del nordeste
y aquel cuadro irrepetible, de la bruma,
que perdura en mi memoria.
Así es el mar, mi mar, la mar,
por eso yo te invito a que lo veas algún día,
forastero, y a que sientas todo esto,
porque estoy seguro de que tu pecho vibrará
con mil latidos diferentes y sentirá
mucho más de lo que cuento en estas letras.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/02/16
LA LLUVIA CAE.
La lluvia cae.
Resbala en los cristales y en las almas.
Se pierde por oscuros pasadizos de las calles.
Sortea alcantarillas y callejas
y llega hasta la mar con un remanso
de inocencia.
Las lágrimas, que brotan de los cielos,
son versos y retales de unos ojos invisibles,
fragmentos de un poema inacabado de los dioses
y notas de la pieza musical de un gran maestro.
Yo siento la caricia de la lluvia
y su mensaje.
La veo deslizarse por mi cuerpo.
Sus besos me estremecen los sentidos.
Hay algo de pasión indefinida en esas gotas,
que sin prisa, van pulsando los resortes de mi carne.
Hay salitre y humedad en el rocío que transmiten
esas lágrimas.
Un vendaval de sensaciones acompaña a la galerna
que se inicia, sin saberlo.
Y es entonces, cuando arrecia el temporal,
cuando clama la nostalgia y, la conciencia,
se abre paso entre las sombras y el recuerdo,
cuando sientes la dureza de esa lluvia,
convertida en chaparrón,
que bien te abraza y te golpea,
duramente, con sus gotas.
Pero buscas el paraguas que te ofrecen
unas manos inocentes y sensibles
y hasta puede, que al abrirlo, él te cubra
con su aroma diferente donde abunda la esperanza.
Das comienzo, sin saberlo, a un nuevo ciclo,
y la lluvia, pertinaz ya no te moja.
Cae al suelo y a tu lado
y tú la ves como se pierde por las calles.
Te estremeces un momento mientras piensas
en sus besos,
en los cientos de caricias recibidos,
en las gotas que cayeron por tu cuerpo,
en los versos y poemas desgranados e inconclusos
y en las notas de aquel dulce pentagrama
que trazaron unos labios.
Es enero, está lloviendo, y tú lo sabes.
Lo percibes y lo aceptas
y hasta buscas con tus dedos
las pestañas que ahora lloran,
y les robas ese beso que susurran,
esa rima sin palabras,
esa nota desprendida de los cielos
y el suspiro que se escapa de una boca
con tu nombre entre sus letras.
...Cae la lluvia, simplemente, en este día,
y la sientes resbalar, y discurrir,
por los cristales de tu alma.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/01/16
AL DESPERTAR...
Al despertar, una mañana, quise parar
el tiempo y el instante,
porque quería estar en el letargo
y proseguir durmiendo un rato más.
Quizás quería estar junto a tu lado
para escuchar ese susurro leve de tus labios,
esa respiración entrecortada
que clamaba por la vida
y ese latido imperceptible
que hacía, por tu pecho,
un oleaje de pliegues invisibles,
de dedos que susurran una música sin nombre,
de roces y caricias que llevan inherentes
la pasión desenfrenada y puede, que en el fondo,
esa oración al nuevo día que comienza.
Al despertar mis manos se estiraron, en la cama,
buscando tu presencia embriagadora,
para encontrarse allí, con el vacío
y la ausencia inesperada de ese cuerpo
que anhelaban mis sentidos.
Al despertar busqué la cajetilla de tabaco.
Saqué un pitillo y comencé a fumar
mientras pensaba en tus palabras.
Tus dedos delicados volvieron a mi mente
y recordé el uso y el abuso de los mismos
por mi cuerpo.
¡Eterna fantasía la del hombre
y mera expectación la de aquel niño,
volviendo hacia un pasado inalcanzable...!
Al despertar, de pronto, en aquel lecho
yo vi la soledad que me abrazaba,
igual que vi el pitillo que, en mis dedos,
temblaba y parecía una libélula encantada.
Miré su punta roja y encendida,
la nube de aquel humo basculante que oscilaba
y se perdía,
miré, sin ver, la soledad, mi compañera
y allí le hablé y la saludé,
en el nuevo día.
Al despertar abrí los ojos nuevamente
para tratar de ver si mi camisa y pantalón
estaban cerca y no tirados por el suelo,
en una calle de ciudad y sin esquinas.
Al despertar me vi desnudo ante el espejo de la vida
y comprendí que tú no estabas a mi lado,
que te habías alejado para siempre
sin decirme una palabra,
sin dejarme una cuartilla con tu letra
que dijera simplemente que lo sientes.
Al despertar cerré los ojos simplemente
para intentar dormir
y así escapar de la verdad
y realidad que me rodean.
Rafael Sánchez Ortega ©
21/01/16
HACE UNOS MESES...
Hace unos meses yo también volví
a ese país del "Nunca Jamás",
en unos versos, hoy ya olvidados.
Me atreví a volar y a suspirar con Peter Pan
y hasta recordar a una Pimpinela que no existe.
Quizás fue un suspiro,
quizás un tic-tac del corazón más alto que los demás,
quizás un sueño, simplemente, irrealizable.
Todos hemos navegado en esos barquitos de papel
y nos hemos bajado de ellos
cuando se acercaban al remolino o catarata del río.
Otras veces hemos bebido de la botella
hasta apurar la última gota de whisky
para luego introducir, en ella, las hormiguitas
que pululaban en nuestras almas y enviarlas lejos,
para que no volvieran, en un viaje de ida
y sin retorno, a través del ancho mar
que se veía desde la playa.
...Suspiro con el pasado y vuelvo al presente.
Rafael Sánchez Ortega ©
04/01/16
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