ERA UN BESO FELIZ, DE CARAMELO,
Era un beso feliz, de caramelo
y unos labios que dulces lo esperaban,
al llegar aquel beso hasta los labios
las estrellas brillaron con más gracia.
Un temblor, de la luna a los luceros,
se extendió más allá de las galaxias,
y la noche fue noche más serena
con su embrujo de azahares y de magia.
Se pararon de pronto los relojes
y también se durmieron las campanas,
y hasta el viento cesó por un momento
al candor de ese beso en la distancia.
¡Cuánta nota vivía en ese beso!,
¡Cuánta paz enviada hasta ese alma!,
porque al fin, ese labio que suspira
es el labio ardoroso del que ama.
Se podrán describir estos momentos
a través de unas letras hoy trazadas,
sin embargo la esencia de ese beso
no podrán transmitirla las palabras.
Era un beso feliz de caramelo
a unos labios que ardientes lo buscaban,
y al sentir aquel beso entre sus labios
se encontró con el reino de las hadas.
Y allí estaba, feliz aquella noche,
sin pensar, tan siquiera en el mañana,
transportada por olas y sirenas,
a dormir en la arena de la playa.
¡Cuánta paz desprendía esa presencia,
en su faz y pureza inmaculada!,
y los ojos preciosos, y castaños,
una nota dejaban con su calma.
Es difícil decir lo que se siente,
y es difícil hablar cuando se ama,
simplemente se besa en el silencio
a los labios que esperan tu llamada.
Y al final, todo ocurre en un susurro,
como nota arrancada de aquel arpa,
como suave caricia seductora,
que a tus labios sedientos los atrapa.
"...Era un beso feliz de caramelo
y unos labios de niña que rezaban,
al llegar aquel beso hasta sus labios
comprendió que otros labios ya la amaban..."
Rafael Sánchez Ortega ©
05/05/10
y unos labios que dulces lo esperaban,
al llegar aquel beso hasta los labios
las estrellas brillaron con más gracia.
Un temblor, de la luna a los luceros,
se extendió más allá de las galaxias,
y la noche fue noche más serena
con su embrujo de azahares y de magia.
Se pararon de pronto los relojes
y también se durmieron las campanas,
y hasta el viento cesó por un momento
al candor de ese beso en la distancia.
¡Cuánta nota vivía en ese beso!,
¡Cuánta paz enviada hasta ese alma!,
porque al fin, ese labio que suspira
es el labio ardoroso del que ama.
Se podrán describir estos momentos
a través de unas letras hoy trazadas,
sin embargo la esencia de ese beso
no podrán transmitirla las palabras.
Era un beso feliz de caramelo
a unos labios que ardientes lo buscaban,
y al sentir aquel beso entre sus labios
se encontró con el reino de las hadas.
Y allí estaba, feliz aquella noche,
sin pensar, tan siquiera en el mañana,
transportada por olas y sirenas,
a dormir en la arena de la playa.
¡Cuánta paz desprendía esa presencia,
en su faz y pureza inmaculada!,
y los ojos preciosos, y castaños,
una nota dejaban con su calma.
Es difícil decir lo que se siente,
y es difícil hablar cuando se ama,
simplemente se besa en el silencio
a los labios que esperan tu llamada.
Y al final, todo ocurre en un susurro,
como nota arrancada de aquel arpa,
como suave caricia seductora,
que a tus labios sedientos los atrapa.
"...Era un beso feliz de caramelo
y unos labios de niña que rezaban,
al llegar aquel beso hasta sus labios
comprendió que otros labios ya la amaban..."
Rafael Sánchez Ortega ©
05/05/10
SILENCIO Y SOLEDAD, TODO SE JUNTA
Silencio y soledad, todo se junta,
es una sinfonía inacabada,
un cúmulo de cosas imprevistas
que llevan a tu alma hacia la nada.
Existen los silencios en silencio
y existe soledad junto a la calma,
existen las tormentas sin sonidos
que llegan con sus rayos y esperanzas.
Hay hombres que predican en silencio
y dan sus oraciones cara a cara,
y hay otros solitarios que transmiten
el fondo siempre fiel de su mirada.
No guardes tu silencio mucho tiempo,
es malo retenerlo cuando se ama,
ni busques soledad por los jardines
hay alguien que te espera y que te aguarda.
A veces nuestros sueños nos conducen
a reinos de ilusiones y de magia,
a eternas fantasías de colores
que vuelan a otras tierras ignoradas.
Entonces nos quedamos pensativos,
buscando más allá de la distancia,
la música sin voces y sonidos,
la tierra primorosa que nos habla.
Y puede que los campos y viñedos
nos dejen con el trigo y con las jaras,
la dulce melodía de la vida,
el canto silencioso de las hadas.
Ya suenan los timbales a lo lejos,
se estiran los corales y las algas,
las olas van llegando perezosas
dejando mil caricias por la playa.
Se palpa la alegría del silencio
buscando soledad para tomarla,
resuenan silenciosos los violines
y notas arrancadas de las arpas.
Por eso te sugiero que adelante,
ve en busca del amor y de tu amada,
silencio y soledad, allí te esperan
con besos y caricias, sin palabras.
Rafael Sánchez Ortega ©
04/05/10
es una sinfonía inacabada,
un cúmulo de cosas imprevistas
que llevan a tu alma hacia la nada.
Existen los silencios en silencio
y existe soledad junto a la calma,
existen las tormentas sin sonidos
que llegan con sus rayos y esperanzas.
Hay hombres que predican en silencio
y dan sus oraciones cara a cara,
y hay otros solitarios que transmiten
el fondo siempre fiel de su mirada.
No guardes tu silencio mucho tiempo,
es malo retenerlo cuando se ama,
ni busques soledad por los jardines
hay alguien que te espera y que te aguarda.
A veces nuestros sueños nos conducen
a reinos de ilusiones y de magia,
a eternas fantasías de colores
que vuelan a otras tierras ignoradas.
Entonces nos quedamos pensativos,
buscando más allá de la distancia,
la música sin voces y sonidos,
la tierra primorosa que nos habla.
Y puede que los campos y viñedos
nos dejen con el trigo y con las jaras,
la dulce melodía de la vida,
el canto silencioso de las hadas.
Ya suenan los timbales a lo lejos,
se estiran los corales y las algas,
las olas van llegando perezosas
dejando mil caricias por la playa.
Se palpa la alegría del silencio
buscando soledad para tomarla,
resuenan silenciosos los violines
y notas arrancadas de las arpas.
Por eso te sugiero que adelante,
ve en busca del amor y de tu amada,
silencio y soledad, allí te esperan
con besos y caricias, sin palabras.
Rafael Sánchez Ortega ©
04/05/10
PASITO A PASO
Pasito a paso
se va muy lejos,
pasito a paso
se llega al cielo.
Tú te lo guisas,
tú te lo comes,
ahora trabajas
duermes de noche.
Canta que canta,
canta la Virgen,
Canta a los cielos,
y ellos sonríen.
Ella te canta,
ella te anea,
marcha contigo,
va muy contenta.
No tengas miedo,
toma su mano,
mira sus ojos,
pega ese salto.
Sopla la brisa,
ruge el nordeste,
saltan las olas
el mar se duerme.
Canta la luna
lindas tonadas,
cantan tus ojos
vibran las llamas.
Una cigarra
canta y saluda,
una gaviota
deja su pluma.
Pasito a paso
anda un ratito,
anda y no temas
que voy contigo.
Voy a tu lado,
voy a tu vera,
vamos deprisa,
mi niña, ¡ea!
Ya son las doce
vamos llegando,
una posada,
sopa en los platos.
Más si no quieres
tomar la sopa,
toma la leche
con pan de torta.
Fin de la historia,
fin del romance,
todo se acaba,
termina el viaje.
"...Pasito a paso
se va muy lejos,
toma mi mano
no tengas miedo..."
Rafael Sánchez Ortega ©
03/05/10
se va muy lejos,
pasito a paso
se llega al cielo.
Tú te lo guisas,
tú te lo comes,
ahora trabajas
duermes de noche.
Canta que canta,
canta la Virgen,
Canta a los cielos,
y ellos sonríen.
Ella te canta,
ella te anea,
marcha contigo,
va muy contenta.
No tengas miedo,
toma su mano,
mira sus ojos,
pega ese salto.
Sopla la brisa,
ruge el nordeste,
saltan las olas
el mar se duerme.
Canta la luna
lindas tonadas,
cantan tus ojos
vibran las llamas.
Una cigarra
canta y saluda,
una gaviota
deja su pluma.
Pasito a paso
anda un ratito,
anda y no temas
que voy contigo.
Voy a tu lado,
voy a tu vera,
vamos deprisa,
mi niña, ¡ea!
Ya son las doce
vamos llegando,
una posada,
sopa en los platos.
Más si no quieres
tomar la sopa,
toma la leche
con pan de torta.
Fin de la historia,
fin del romance,
todo se acaba,
termina el viaje.
"...Pasito a paso
se va muy lejos,
toma mi mano
no tengas miedo..."
Rafael Sánchez Ortega ©
03/05/10
DÉJAME QUE RESTAÑE TUS HERIDAS
Déjame que restañe las heridas
y que limpie tus párpados manchados,
la sangre ya circula por tus venas
sin miedo de perderse entre tus labios.
Deseo que suspires dulcemente,
que tiembles como nunca hayas temblado,
y sientas las caricias y los beso,
y el tierno escalofrío de mi abrazo.
Es hora de que vuelvas a la vida
y marches por la misma paso a paso,
buscando entre los cielos a las nubes,
la ruta con su estela y con su faro.
Es hora de partir hacia el destino,
sin miedo del presente y del pasado,
un día llevarás hasta ese puerto
al rudo marinero con su barco.
Ya salen las estrellas en la noche
buscando muy coquetas su regalo,
el vals con esa música sublime,
el baile y su reflejo por el lago.
Los lirios y las rosas se detienen,
no duermen porque esperan un milagro,
esperan que tú pases y los tomes
y beses a sus pétalos sagrados.
Repica la campana de la torre,
resuena como un eco su badajo,
diciendo que las sombras ya nos velan,
y cubren a los cuerpos con su manto.
Por eso pierden fuerza las fogatas,
las luces temblorosas de los astros,
quizás porque en la noche tienen frío,
y apaguen sus linternas suspirando.
Mas creo que es la hora de tu marcha,
que salgas a la vida en tu pegaso,
que trotes por la tierra y por los cielos
y encuentres el abrazo deseado.
Es hora de partir, amada mía,
es hora de volar con el ocaso,
es hora de fundirse con la noche,
y es hora de dormirme entre tus brazos.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/05/10
y que limpie tus párpados manchados,
la sangre ya circula por tus venas
sin miedo de perderse entre tus labios.
Deseo que suspires dulcemente,
que tiembles como nunca hayas temblado,
y sientas las caricias y los beso,
y el tierno escalofrío de mi abrazo.
Es hora de que vuelvas a la vida
y marches por la misma paso a paso,
buscando entre los cielos a las nubes,
la ruta con su estela y con su faro.
Es hora de partir hacia el destino,
sin miedo del presente y del pasado,
un día llevarás hasta ese puerto
al rudo marinero con su barco.
Ya salen las estrellas en la noche
buscando muy coquetas su regalo,
el vals con esa música sublime,
el baile y su reflejo por el lago.
Los lirios y las rosas se detienen,
no duermen porque esperan un milagro,
esperan que tú pases y los tomes
y beses a sus pétalos sagrados.
Repica la campana de la torre,
resuena como un eco su badajo,
diciendo que las sombras ya nos velan,
y cubren a los cuerpos con su manto.
Por eso pierden fuerza las fogatas,
las luces temblorosas de los astros,
quizás porque en la noche tienen frío,
y apaguen sus linternas suspirando.
Mas creo que es la hora de tu marcha,
que salgas a la vida en tu pegaso,
que trotes por la tierra y por los cielos
y encuentres el abrazo deseado.
Es hora de partir, amada mía,
es hora de volar con el ocaso,
es hora de fundirse con la noche,
y es hora de dormirme entre tus brazos.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/05/10
CUANDO LO ABSURDO...
Cuando lo absurdo viene y te arrebata
la respuesta tan clara de la vida,
es entonces que surgen las preguntas,
con palabras y voces encendidas.
Todo pasa, te dices, todo pasa,
brotarán en el campo margaritas,
volarán las coquetas mariposas,
y también las alegres golondrinas.
Pero tú, espectador enamorado,
el autor de poemas y de rimas,
el que afila los versos con su pluma
dejarás tu tristeza en la cuartilla.
Dejarás tantas cosas simplemente
que saldrás con el alma muy vacía,
pues habrás suspirado con tus letras
y curado con ellas tus heridas.
Puede ser que te juzguen por tus actos
y también que te llamen egoísta,
más no temas las voces que murmuran
ni tampoco las otras que te gritan.
Por supuesto no atiendas a razones,
son palabras cubiertas con envidia,
es igual que aquel simple caramelo
que te dieron un día en una rifa.
Te pedían con él que te callaras,
que calmaras tu lloros y tus prisas,
sin embargo tu ahora ya no lloras,
solo pides un poco de alegría.
Y que marche muy lejos ese absurdo,
que se funda y se vaya con la brisa,
para al fin encontrar tanta respuesta,
y las dudas se queden mas tranquilas.
Al final, entre el tiempo y el pasado,
robarán una perla a tus pupilas,
y quizás una lágrima traidora
regará con su agua tus mejillas.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/05/10
la respuesta tan clara de la vida,
es entonces que surgen las preguntas,
con palabras y voces encendidas.
Todo pasa, te dices, todo pasa,
brotarán en el campo margaritas,
volarán las coquetas mariposas,
y también las alegres golondrinas.
Pero tú, espectador enamorado,
el autor de poemas y de rimas,
el que afila los versos con su pluma
dejarás tu tristeza en la cuartilla.
Dejarás tantas cosas simplemente
que saldrás con el alma muy vacía,
pues habrás suspirado con tus letras
y curado con ellas tus heridas.
Puede ser que te juzguen por tus actos
y también que te llamen egoísta,
más no temas las voces que murmuran
ni tampoco las otras que te gritan.
Por supuesto no atiendas a razones,
son palabras cubiertas con envidia,
es igual que aquel simple caramelo
que te dieron un día en una rifa.
Te pedían con él que te callaras,
que calmaras tu lloros y tus prisas,
sin embargo tu ahora ya no lloras,
solo pides un poco de alegría.
Y que marche muy lejos ese absurdo,
que se funda y se vaya con la brisa,
para al fin encontrar tanta respuesta,
y las dudas se queden mas tranquilas.
Al final, entre el tiempo y el pasado,
robarán una perla a tus pupilas,
y quizás una lágrima traidora
regará con su agua tus mejillas.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/05/10
ES POSIBLE QUE CANTEN LAS ESTRELLAS
Es posible que canten las estrellas
al compás de los grillos y cigarras,
y la luna se estire caprichosa
en el lecho tranquilo de las aguas.
Sin embargo quisiera las canciones
que nos dejan las olas y las algas,
el rumor cantarino de la brisa
que acaricia los cuerpos y las almas.
Y quisiera ese grito que se ahoga,
el que queda silente en la garganta,
el que pide con lágrimas cautivas
esa luz que devuelva su mirada.
Es posible que canten las estrellas
y su canto se pierda en lontananza,
más allá de trigales y de campos
esperando la helada en la mañana.
Más quisiera ese canto soterrado,
el rumor de la nube que ahora pasa,
la cadencia de carros y carretas,
la tormenta que llega apresurada.
Y quisiera también, en esta hora,
esa voz que me hable sin palabras,
esa mano que venga hasta las mías,
y que roce mis sienes plateadas.
Es posible que canten las estrellas
en un canto de luz y de esperanza,
y que siembren la tierra de alegría,
y el amor se desborde por las casas.
Pero quiero ese canto tan sincero,
el que deja la alondra en la alborada,
el que grita mi pecho tan nervioso
el que deja en la noche las campanas.
Al final todo duerme en el silencio,
entre abrazos y besos que se cantan,
mientras siento a tu cuerpo entre mis brazos
y mis labios te besan y te aman.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/05/10
al compás de los grillos y cigarras,
y la luna se estire caprichosa
en el lecho tranquilo de las aguas.
Sin embargo quisiera las canciones
que nos dejan las olas y las algas,
el rumor cantarino de la brisa
que acaricia los cuerpos y las almas.
Y quisiera ese grito que se ahoga,
el que queda silente en la garganta,
el que pide con lágrimas cautivas
esa luz que devuelva su mirada.
Es posible que canten las estrellas
y su canto se pierda en lontananza,
más allá de trigales y de campos
esperando la helada en la mañana.
Más quisiera ese canto soterrado,
el rumor de la nube que ahora pasa,
la cadencia de carros y carretas,
la tormenta que llega apresurada.
Y quisiera también, en esta hora,
esa voz que me hable sin palabras,
esa mano que venga hasta las mías,
y que roce mis sienes plateadas.
Es posible que canten las estrellas
en un canto de luz y de esperanza,
y que siembren la tierra de alegría,
y el amor se desborde por las casas.
Pero quiero ese canto tan sincero,
el que deja la alondra en la alborada,
el que grita mi pecho tan nervioso
el que deja en la noche las campanas.
Al final todo duerme en el silencio,
entre abrazos y besos que se cantan,
mientras siento a tu cuerpo entre mis brazos
y mis labios te besan y te aman.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/05/10
¡Por qué, por qué...!
Era una mañana preciosa
y me levanté con la sensación
de haber descansado,
de volver a la vida de nuevo
y con la sonrisa recuperada
en los labios.
Instintivamente, llevé mi mano al pecho,
a esa prenda íntima
que cubre el corazón
donde guardo tantas sensaciones,
tantas alegrías y desesperaciones
en esa marcha y esa huída hacia adelante,
en el fragor de una juventud
llena de esperanzas
y expectativas desbordadas.
Sabía que el tiempo pasaba
y con él mi juventud,
que el amor que buscaba no llegaba,
pero seguía buscando allí,
en esos rincones de la vida,
en las personas que me rodeaban,
en las que me presentaban
y también ¡cómo no!,
en la misma naturaleza
con tanta sabiduría retenida.
Por dentro, una voz
me decía que adelante,
que quizás la sorpresa que esperaba
estaba allí cerca,
y que si no era así
sería el destino el que me la daría
un día, una noche ó cuando fuera,
en forma de persona,
lugar y momento determinado.
Tenía una corazonada este día,
era quizás como un ramo de ilusiones
brotadas en el alma en forma de margaritas,
que como símbolos mágicos,
de esta primavera,
me hablaban de los diferentes amores,
de las quimeras e ideales que todo joven
lleva en esa edad
y trata de hacer realidad
para vencer su soledad.
Sin embargo la realidad,
la que buscaba en ese espejismo,
quizás estaba en la rutina diaria.
En saludar a la vecina del primero
con la que me tropezaba cada mañana,
en atender cortesmente al viejecito
que venía a la ventanilla a reclamar
la falta del recibo de la luz
asentado en su cuenta,
en no decir nunca jámás a esa voz
que desde mi interior me gritaba
"por qué la rechazaste si te quiso,
¡por qué, por qué...!"
Aún recordaba su figura,
la de aquella persona extraordinaria
que emanaba ternura,
a pesar de llevar tapado su pelo
con el velo negro de la misa,
y ese áura de credos y padrenuestros,
que la rodeaban,
formando un algo lúdico
con su presencia adorable y misteriosa.
Y era cierto lo que me gritaba la voz
de mi conciencia.
Era cierto que yo la había rechazado
cuando ella vino a mi,
a leer mi alma,
a leer mis ojos,
a buscar mi ayuda,
porque yo estaba entonces, simplemente,
ultimando un proyecto
con varios objetivos
y mi actitud y predisposición, hacia su persona,
fue verla como un simple objeto,
una figura de la vida
donde podía satisfacer mi vanidad
y desenfreno.
Ahora yo salía a la calle,
buscaba el camino del trabajo,
me tropezaba con la gente
a la que ni saludaba,
atendía de una manera mecánica
a los clientes
y ni siquiera hacía caso a esa voz interior,
que cada vez más lejana,
repetía como un eco:
"¡por qué, por qué, por qué...!"
Rafael Sánchez Ortega ©
01/05/10
y me levanté con la sensación
de haber descansado,
de volver a la vida de nuevo
y con la sonrisa recuperada
en los labios.
Instintivamente, llevé mi mano al pecho,
a esa prenda íntima
que cubre el corazón
donde guardo tantas sensaciones,
tantas alegrías y desesperaciones
en esa marcha y esa huída hacia adelante,
en el fragor de una juventud
llena de esperanzas
y expectativas desbordadas.
Sabía que el tiempo pasaba
y con él mi juventud,
que el amor que buscaba no llegaba,
pero seguía buscando allí,
en esos rincones de la vida,
en las personas que me rodeaban,
en las que me presentaban
y también ¡cómo no!,
en la misma naturaleza
con tanta sabiduría retenida.
Por dentro, una voz
me decía que adelante,
que quizás la sorpresa que esperaba
estaba allí cerca,
y que si no era así
sería el destino el que me la daría
un día, una noche ó cuando fuera,
en forma de persona,
lugar y momento determinado.
Tenía una corazonada este día,
era quizás como un ramo de ilusiones
brotadas en el alma en forma de margaritas,
que como símbolos mágicos,
de esta primavera,
me hablaban de los diferentes amores,
de las quimeras e ideales que todo joven
lleva en esa edad
y trata de hacer realidad
para vencer su soledad.
Sin embargo la realidad,
la que buscaba en ese espejismo,
quizás estaba en la rutina diaria.
En saludar a la vecina del primero
con la que me tropezaba cada mañana,
en atender cortesmente al viejecito
que venía a la ventanilla a reclamar
la falta del recibo de la luz
asentado en su cuenta,
en no decir nunca jámás a esa voz
que desde mi interior me gritaba
"por qué la rechazaste si te quiso,
¡por qué, por qué...!"
Aún recordaba su figura,
la de aquella persona extraordinaria
que emanaba ternura,
a pesar de llevar tapado su pelo
con el velo negro de la misa,
y ese áura de credos y padrenuestros,
que la rodeaban,
formando un algo lúdico
con su presencia adorable y misteriosa.
Y era cierto lo que me gritaba la voz
de mi conciencia.
Era cierto que yo la había rechazado
cuando ella vino a mi,
a leer mi alma,
a leer mis ojos,
a buscar mi ayuda,
porque yo estaba entonces, simplemente,
ultimando un proyecto
con varios objetivos
y mi actitud y predisposición, hacia su persona,
fue verla como un simple objeto,
una figura de la vida
donde podía satisfacer mi vanidad
y desenfreno.
Ahora yo salía a la calle,
buscaba el camino del trabajo,
me tropezaba con la gente
a la que ni saludaba,
atendía de una manera mecánica
a los clientes
y ni siquiera hacía caso a esa voz interior,
que cada vez más lejana,
repetía como un eco:
"¡por qué, por qué, por qué...!"
Rafael Sánchez Ortega ©
01/05/10
Suscribirse a:
Entradas (Atom)