4.238 - ERA UN GORRIÓN...
Era un gorrión,
alegre y solitario,
en el jardín.
Allí escarbaba,
su pico, entre la yerba
y los granizos.
El prado verde,
de blanco moteado,
por la tormenta.
Yo le miraba,
atento y en silencio,
por la ventana.
Él era libre,
sin nadie que privara
su libertad.
Y yo mirando,
detrás de unos barrotes
casi invisibles.
...Ya volaré,
le susurré al gorrión,
iré contigo.
Iremos lejos
a ver otras praderas
y otros gorriones.
Y allí serás
el príncipe encantado,
mientras yo sueño.
Rafael Sánchez Ortega ©
30/03/20
4.237 - PASÓ EL DOMINGO...
Pasó el domingo.
Entró la primavera,
aunque hace días.
Volvió la lluvia
y el sol se adormiló
entre las nubes.
Dan muy mal tiempo
de vientos y de nieve
a baja altura.
Vamos a ver
como lo soportamos
sin pasar frío.
Frío en el cuerpo
que curte y estremece
si no te abrigas.
Frío en el alma
a causa de los miedos
del corazón.
Aguantaremos
que pase la borrasca
y vuelva el sol.
Y si es posible
disfrutaremos algo
la primavera.
Pero seguro
que el tiempo, como el miedo
se pasará.
Rafael Sánchez Ortega ©
29/03/20
4.236 -FRAGMENTOS DE UN DIARIO - DÍA 15
El día quince fue domingo.
Sí, hablo en pasado.
Fue un día bastante tonto, muy triste,
con mucho miedo,
diríamos que pánico o terror.
Miedo hacia la respuesta mía,
la de mi cuerpo ante todo lo que estaba pasando,
ante mis miedos.
No sé, y no sé por qué se produce,
o quizás sí lo sé,
lo que ocurre es que no soy capaz
de vencer esos miedos,
no soy capaz de dominarlos, mejor dicho.
Me abrazan, me aprisionan,
me aturden y confunden,
me ponen malo
y sucesos normales se convierten
en algo extraordinario en mi vida.
Es como si viera la muerte que está llegando,
que me está acechando.
Es un auténtico pánico.
Así pasó el domingo
y así se fue, diluyendo, también,
ese miedo con el paso de las horas,
mejor en la tarde-noche,
pero así transcurrió el domingo,
viendo películas y más películas.
En resumen:
"Día quince,
encerrado a la fuerza
con miedo y sin humor."
Rafael Sánchez Ortega ©
29/03/20
4.235 - FRAGMENTOS DE UN DIARIO - DÍA 14
Hay que animar el alma y animarse.
Encontrar esa palabra de aliento,
esa mirada que brille,
ese labio que musite una canción,
ese oído que escuche a la naturaleza
y al jilguero del vecino.
Por todo esto y mucho más
hay que animar el alma para que viva,
los labios para que hablen y charlen,
los ojos para que vean y busquen
más allá de las ventanas,
los oídos para que dejen de elaborar cera
y afinen las notas y voces que mandan las estrellas.
Hay que animarse y decir "que adelante",
que la vida prosigue,
que no se para,
que debo mirar con otros ojos lo que me rodea
y lo que nos rodea.
Que esto que pasa es un paréntesis,
un antes y un después, que es el presente,
pero éste presente, ahora ya es pasado
y luego será futuro,
y así sucesivamente.
Así que ¡ánimo chaval!, no tengas miedo y tú sonríe,
¿no ves que el miedo no existe?,
¿qué es producto de los nervios?...
Pues entonces a dejar los nervios en la nevera,
que se congelen y si no es suficiente
los pasamos luego por el microondas
para que tengan una doble ración.
...Pero hablando en serio.
Esto va a pasar y pasaremos, ya lo verás.
Hablo en primera persona, (como debe de ser),
y luego en segunda contigo. (Hay que ser egoísta),
Y cuando esto pase nos veremos,
no sé cuándo ni donde, pero nos veremos.
Daremos ese paseo soñado y cientos de ellos más,
aunque no me preguntes por qué sitios
ya que dejaremos que la barca vaya sin timón
a cualquier parte.
Veremos ríos,
subiremos montañas,
bajaremos barrancos,
caminaremos por ciudades,
recorreremos aldeas,
entraremos en iglesias
y luego, al atardecer de algún día,
nos sentaremos al borde de la cañada real
para ver pasar a las ovejas.
Y cuando pasen,
cuando se vayan alejando de nosotros,
te abrazaré en silencio,
tomaré tu cara con mis manos
y buscaré tus labios con mis labios para besarte,
y mientras, te sentiré estremecer,
cuando leas el poema que guardo en mis pupilas
y que dice que te quiero.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/03/20
4.234 - DEJA...
Deja que mire
la luz de la mañana
por la ventana.
Deja que vea
las olas en la playa
con las resacas.
Deja que aspire
el yodo de las algas
que da el nordeste.
Deja que busquen
mis ojos a la ardilla
que está en el parque.
Deja que nade,
y sueñe, con el cisne
en el estanque.
Deja que beba,
el agua, de la fuente
tan cantarina.
Deja que mire
de noche a las estrellas
para dormirme.
Deja que sienta
tus labios, en mis labios,
robarme un beso.
...Y si me dejas
gozar de estos detalles
seré feliz.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/03/20
4.233 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 13 (TARDE)
He visto llegar a la paloma y he sonreído.
Sí, en su patita venía...
Venían besos,
venían caricias y venía un abrazo.
Seguí sonriendo.
No hacía falta que me dijera nada.
Lo dejó en la ventana y yo me acerqué a tomarlos,
a recibirlos, a darles el "buenos días",
a sentirlos en mi cara, en mi cuerpo.
Era una prolongación de los rayos del sol
que hoy me saludaban,
era un saludo en la mañana.
La paloma se movía inquieta en el alfeizar,
quizás esperaba una respuesta.
Volví a sonreír y sí, si tenía respuesta.
Cerré los ojos.
Entonces empecé a soñar...
Era un paseo.
Largo, con muchos árboles,
por la orilla de un río.
No sabría decir donde,
pero había lugares con sombra.
Lugares de luz, con muchos...
muchos jardines también
y una gran diversidad de árboles.
Y allí, estaba, paseando.
Y allí te vi.
Estabas sentada en un banco.
Leías un libro.
Me acerqué.
Me miraste.
Sin decir nada me senté a tu lado.
Tú continuaste leyendo.
Entonces algo nos llamó la atención, a los dos,
y nos levantamos de pronto del asiento.
¡Ah, pero qué tontos!, había sido un ruido.
Nos volvimos a sentar.
Yo sabía que algo pasaba,
que algo estaba sucediendo y quería hablarte,
quería decirte "Hola, ¿qué estás leyendo?",
pero no me atrevía.
Tú levantaste la cabeza del libro,
miraste al río y me miraste a mí.
Sonreías.
Bajé la cabeza.
Entonces oí tu voz:
-Bueno, me vas a preguntar ¿qué estoy leyendo?
Me eché a reír.
-Sí, es cierto. Eso estaba pensando. Quería preguntártelo pero no sabía cómo.
-Pues no era tan difícil. Solamente tenías que decirlo.
Suspiré profundamente.
Habías sido tú, quien rompiera el hielo,
quien abriera esa puerta,
quien diera alas y esperanzas a mis sueños.
Iniciamos una conversación
acerca de lo que estabas leyendo, de ese libro.
Dijiste que, bueno,
que era un libro de poemas,
concretamente las "Rimas" de Bécquer.
-Uff... Las Rimas de Bécquer... ¡Muy romántico!
Sonreíste.
-Estaría bien dar una vuelta. ¿Quieres acompañarme?
-¡Pero bueno!, si ni siquiera sé tu nombre.
-¿Importan los nombres en este momento?
-Bueno, de alguna manera tendré que dirigirme a ti, o tendré que llamarte, o no sé...
-Entonces, si precisamos de nombres, yo te llamaré Esperanza.
-¿Esperanza?
Sonreíste.
-Bueno, ¿y tú?.
-No sé.
-Te puedo llamar don Juan.
-Oh, eso te parezco, ¿un don Juan?
-Es broma, no me hagas caso. Puede ser la influencia de las rimas que estoy leyendo.
-No tiene importancia.
-Pero ¿continúas aún con ganas de dar ese paseo?
-Sí, sí, ¿por qué no?, me encantaría, además.
-Pues venga, vamos a dar una vuelta. Vamos hasta el molino que está un poquito más abajo.
-No sabía yo que había un molino ahí.
-Sí, si, hay un molino, ya verás, bueno, mejor dicho, fue un molino, ahora ya solo quedan las cuatro paredes de piedra y el cauce por donde bajaba el agua.
-Pues vamos a verlo.
Empezamos a caminar río abajo
buscando ese lugar donde, presumiblemente,
debían estar los restos del molino.
Y comenzamos a hablar.
Intercambiamos frases y palabras,
atendiendo a lo que nos decíamos.
Que sí, que sí. Nos emborrachamos,
nos embriagamos y llegamos hasta el molino,
sin darnos cuenta.
-Esto es muy bonito, tiene hasta una especie de represa.
-Sí, ya te lo había dicho.
-No me imaginaba nada igual.
-Bueno, pues otra cosa que has visto, y que has conocido.
-Sí, si, por supuesto. Lo que menos esperaba yo, hoy, era algo parecido, bajar y encontrarme a alguien que me prestara atención.
-Y ¿por qué no?
-Normalmente, no suele suceder eso. Si hablas la gente se asusta. Te mira con desconfianza y es lógico. Vivimos en unos momentos y en una situación que se presta a ello.
-Pero también pueden suceder otras cosas, como ésta. Y es que te encuentras a alguien que te conteste, que te diga que sí, que eres más que una sombra que va a tu lado, que sigue tus pasos y tus huellas, que va contigo a todas partes, que piensa lo que tú piensas, que siente lo que tú sientes, que lée la misma novela o las mismas rimas que tú estás leyendo, porque formo parte de ti. Soy tu sombra y tu esperanza. Soy tú y estás en mí, sin que tú lo sepas, sin que te des cuenta. Por eso te quiero, sin decírtelo nunca. Te quiero desde mi silencio. Te amo con un... con sencillez, con respeto, de esa manera invisible y casi imperceptible, como puede hacerlo una sombra. ¡Así soy!
Entonces te miré.
Miré tus ojos y vi que estaban llorando.
Miré tus labios y me di cuenta
de que estaban temblando,
y, entonces, simplemente te besé.
Fundí mi sombra en tus labios
y sentí el candor intenso de ese beso.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/03/20
4.232 - CAMINA UN POCO...
Camina un poco,
pequeño saltamontes,
sigue adelante.
Hace buen día,
ya cantan las cigarras,
pacen las vacas.
Sal de paseo,
embriágate del día,
es primavera.
También, la alondra,
planea con sus alas
por los jardines.
Habrá gorriones
y alguna golondrina
te escoltará.
Que vuestro canto
nos traiga la alegría
en la mañana
Y para ti,
ardilla juguetona,
corre en el parque.
Sube a los robles,
desplázate en sus ramas,
salta por ellas.
"...Así, los sueños,
que ansían tantos niños
verán la vida..."
Rafael Sánchez Ortega ©
27/03/20
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