FECHA HERMOSA Y FECHA TIERNA
Fecha hermosa y fecha tierna
en que acudo a saludarte
con mi pluma y con mis versos
con mi cuerpo y con mi sangre.
Ha pasado mucho tiempo
tú naciste en otros valles,
Quintanilla fue tu cuna
y en la Venta te criaste.
Con amigos y con primos
tú jugaste en los maizales,
y atropaste fina hierba
que pisaste en los pajares.
Arreaste los ganados
por cañadas e invernales
de Labarces a Cudaña
en veranos singulares.
Poco a poco pasó el tiempo
y de pronto te acercaste,
a Hortigal con tu familia
y a la hacienda de tus padres.
Una tarde, la recuerdo,
yo te vi y me miraste,
y se hablaron nuestros ojos
y bailamos en un baile.
Bien recuerdo aquel momento,
que fue en Celis, un instante,
una linda romería
y un suspiro mandé al aire.
Yo no sé lo que te vi,
pero si latió mi sangre,
y mi pecho y mis sentidos
me mandaron a buscarte.
Desde entonces fuiste amiga,
fuiste amor y fuiste amante,
y te hablé con mis palabras,
con mis dedos en tu talle.
Tu animaste mi vacío
siendo esposa y luego madre,
y me diste tus caricias
y tu apoyo en muchos trances.
Compartiste mis secretos,
mis proyectos singulares,
y leiste los poemas
y en mis sueños tú soñaste.
Hace tiempo que no grito
ese nombre que me sale
y en la punta de mis labios
tengo un beso para darte.
Hoy te abrazo en este día
y te pido que me ames,
y que aceptes mi cariño
que es sincero y sin retales.
Pues la barca en que navego,
mascarón lleva esa nave,
con tu cuerpo y tu figura
para amarnos sin cansarse.
"Aun os queda mucho tiempo,
-dice el eco en esta tarde-
caminar con vuestros pasos,
vuestros sueños y cantares.
Caminar pasito a paso
a buscar bellos lugares,
y beber de sus delicias
el licor tan agradable.
Teneis vida y teneis tiempo,
no dudeis en disfrutarle,
y saciad en vuestros labios
esos besos adorables".
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/10
en que acudo a saludarte
con mi pluma y con mis versos
con mi cuerpo y con mi sangre.
Ha pasado mucho tiempo
tú naciste en otros valles,
Quintanilla fue tu cuna
y en la Venta te criaste.
Con amigos y con primos
tú jugaste en los maizales,
y atropaste fina hierba
que pisaste en los pajares.
Arreaste los ganados
por cañadas e invernales
de Labarces a Cudaña
en veranos singulares.
Poco a poco pasó el tiempo
y de pronto te acercaste,
a Hortigal con tu familia
y a la hacienda de tus padres.
Una tarde, la recuerdo,
yo te vi y me miraste,
y se hablaron nuestros ojos
y bailamos en un baile.
Bien recuerdo aquel momento,
que fue en Celis, un instante,
una linda romería
y un suspiro mandé al aire.
Yo no sé lo que te vi,
pero si latió mi sangre,
y mi pecho y mis sentidos
me mandaron a buscarte.
Desde entonces fuiste amiga,
fuiste amor y fuiste amante,
y te hablé con mis palabras,
con mis dedos en tu talle.
Tu animaste mi vacío
siendo esposa y luego madre,
y me diste tus caricias
y tu apoyo en muchos trances.
Compartiste mis secretos,
mis proyectos singulares,
y leiste los poemas
y en mis sueños tú soñaste.
Hace tiempo que no grito
ese nombre que me sale
y en la punta de mis labios
tengo un beso para darte.
Hoy te abrazo en este día
y te pido que me ames,
y que aceptes mi cariño
que es sincero y sin retales.
Pues la barca en que navego,
mascarón lleva esa nave,
con tu cuerpo y tu figura
para amarnos sin cansarse.
"Aun os queda mucho tiempo,
-dice el eco en esta tarde-
caminar con vuestros pasos,
vuestros sueños y cantares.
Caminar pasito a paso
a buscar bellos lugares,
y beber de sus delicias
el licor tan agradable.
Teneis vida y teneis tiempo,
no dudeis en disfrutarle,
y saciad en vuestros labios
esos besos adorables".
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/10
NO ENTIENDO LOS QUEJIDOS DE LA TIERRA
No entiendo los quejidos de la tierra
y el azote que manda a los sembrados,
los hombres suplicamos a los cielos
y el cielo nos responde con sus rayos.
Parece que la tierra se estremece,
que tiemblan edificios y los barcos,
que hay grietas en calzadas y autopistas
y hay hombres tras paredes sepultados.
No entiendo los temblores que han sufrido
ni entiendo la injusticia de este acto,
yo veo solamente a las personas
en busca de los seres tan amados.
El mundo se convierte en un pañuelo,
quizás en la noticia de un teatro,
y vemos a los hombres y mujeres
que pasan con la lágrima y su llanto.
Hoy lloran por los seres que han perdido,
amigos, familiares y hasta hermanos,
pues todos son un duelo en esta sangre,
sintiendo ese sabor bastante amargo.
Con tanta destrucción elevo al cielo
un rezo por los seres que han llorado,
y rezo por familias y por niños
y elevo mi plegaria hasta lo alto.
A ti te rezo Dios, a ti te pìdo,
que tengas compasión y no hagas daño,
que veas en los hombres de este pueblo
un pueblo que te ama sin pecado.
Un pueblo y la nación que a ti te clama,
que lucha con sudor y con trabajo,
para ir sobreviviendo día a día
y darte su cariño tan honrado.
...No entiendo los quejidos de la tierra,
ni entiendo que los dejes de tu mano,
a tantos habitantes que allí viven
y andan con el pecho destrozado.
Espero tu clemencia y tu justicia,
y mando mi plegaria hasta tu lado,
quisiera que calmaras tantas penas
y dieras a los hombres un regalo.
La dulce fantasía de los sueños
es algo muy comun en los humanos,
concédeles Señor esto que piden
y dales el amor que te han clamado.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/10
y el azote que manda a los sembrados,
los hombres suplicamos a los cielos
y el cielo nos responde con sus rayos.
Parece que la tierra se estremece,
que tiemblan edificios y los barcos,
que hay grietas en calzadas y autopistas
y hay hombres tras paredes sepultados.
No entiendo los temblores que han sufrido
ni entiendo la injusticia de este acto,
yo veo solamente a las personas
en busca de los seres tan amados.
El mundo se convierte en un pañuelo,
quizás en la noticia de un teatro,
y vemos a los hombres y mujeres
que pasan con la lágrima y su llanto.
Hoy lloran por los seres que han perdido,
amigos, familiares y hasta hermanos,
pues todos son un duelo en esta sangre,
sintiendo ese sabor bastante amargo.
Con tanta destrucción elevo al cielo
un rezo por los seres que han llorado,
y rezo por familias y por niños
y elevo mi plegaria hasta lo alto.
A ti te rezo Dios, a ti te pìdo,
que tengas compasión y no hagas daño,
que veas en los hombres de este pueblo
un pueblo que te ama sin pecado.
Un pueblo y la nación que a ti te clama,
que lucha con sudor y con trabajo,
para ir sobreviviendo día a día
y darte su cariño tan honrado.
...No entiendo los quejidos de la tierra,
ni entiendo que los dejes de tu mano,
a tantos habitantes que allí viven
y andan con el pecho destrozado.
Espero tu clemencia y tu justicia,
y mando mi plegaria hasta tu lado,
quisiera que calmaras tantas penas
y dieras a los hombres un regalo.
La dulce fantasía de los sueños
es algo muy comun en los humanos,
concédeles Señor esto que piden
y dales el amor que te han clamado.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/10
ME PUSE A CONTAR ESTRELLAS

Me puse a contar estrellas
mientras mis sueños dormían,
hacía frío en la noche,
y era muy larga la lista.
Y cuando ya muy cansado
cerró mis ojos la brisa,
quedé dormido, en silencio,
mientras el alba venía.
Recuerdo bien esa noche,
aquella estampa sencilla,
con los suspiros del cielo
y las estrellas tan lindas.
Pero recuerdo mas cosas,
otras que eran distintas,
una figura a mi lado,
un corazón que latía.
Una mirada profunda,
una ardorosa pupila,
el beso fiel de unos labios
y aquella dulce caricia.
Me puse a contar estrellas
y me dejaron prendidas,
hablaban quedo en la noche
y se contaban mil cuitas.
Así aprendí sus secretos,
esos que ocultan al día,
los que recogen de gentes
que por la vida caminan.
Había estrellas mayores
y había estrellas muy niñas,
todas hablaban al tiempo,
todas a hablarme salían.
Pero recuerdo a una de ellas
con una trenza prendida,
marchaba sola en el cielo
hacia lejanas campiñas.
Era una estrella preciosa,
una fugaz fantasía,
era un susurro del cielo
que hasta mis ojos venía.
Me puse a contar estrellas
en una cuenta perdida,
por eso cerré los ojos
para dormir enseguida.
Para dormir a su lado,
para sentir su sonrisa,
para acallar los latidos
del corazón que palpita.
Entonces quedé dormido
noté que el alma quería,
que ansiaba volar muy alto
a las estrellas de arriba.
A los luceros del cielo
para besar sus mejillas,
para escuchar los susurros
y sus murmullos y risas.
Y se cerraron mis ojos,
quedó mi alma tranquila,
tu mano quedó en mi mano
con las estrellas dormidas.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/02/10
mientras mis sueños dormían,
hacía frío en la noche,
y era muy larga la lista.
Y cuando ya muy cansado
cerró mis ojos la brisa,
quedé dormido, en silencio,
mientras el alba venía.
Recuerdo bien esa noche,
aquella estampa sencilla,
con los suspiros del cielo
y las estrellas tan lindas.
Pero recuerdo mas cosas,
otras que eran distintas,
una figura a mi lado,
un corazón que latía.
Una mirada profunda,
una ardorosa pupila,
el beso fiel de unos labios
y aquella dulce caricia.
Me puse a contar estrellas
y me dejaron prendidas,
hablaban quedo en la noche
y se contaban mil cuitas.
Así aprendí sus secretos,
esos que ocultan al día,
los que recogen de gentes
que por la vida caminan.
Había estrellas mayores
y había estrellas muy niñas,
todas hablaban al tiempo,
todas a hablarme salían.
Pero recuerdo a una de ellas
con una trenza prendida,
marchaba sola en el cielo
hacia lejanas campiñas.
Era una estrella preciosa,
una fugaz fantasía,
era un susurro del cielo
que hasta mis ojos venía.
Me puse a contar estrellas
en una cuenta perdida,
por eso cerré los ojos
para dormir enseguida.
Para dormir a su lado,
para sentir su sonrisa,
para acallar los latidos
del corazón que palpita.
Entonces quedé dormido
noté que el alma quería,
que ansiaba volar muy alto
a las estrellas de arriba.
A los luceros del cielo
para besar sus mejillas,
para escuchar los susurros
y sus murmullos y risas.
Y se cerraron mis ojos,
quedó mi alma tranquila,
tu mano quedó en mi mano
con las estrellas dormidas.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/02/10
ME PREGUNTO SI EL CIELO ES INDULGENTE
Me pregunto si el cielo es indulgente
y si cumple promesas y palabras,
pues no entiendo que pasen muchas cosas
como el hambre, las guerras y batallas.
Y me quedo mirando las estrellas,
esas luces inquietas y lejanas,
que parece que tiemblan en el cielo
como faros ausentes que se apagan.
Es entonces que pienso en tu figura,
ese rostro tan lindo y tu mirada,
en los labios que piden temblorosos,
esos besos que lleguen a tu cara.
Y me alejo de vanos pensamientos,
del Quijote andariego de la Mancha,
el que quiso lidiar con los molinos
en los sueños caducos de su infancia.
Sin embargo no puedo reprimirlo
hay en mi esa nota de nostalgia,
ese grito que sube hasta los cielos
a pedir la clemencia a nuestras almas.
Porque el hombre es humano y nada tiene,
se alimenta buscando la esperanza,
con la fé en el mundo y el futuro
y esa paz renuente que le falta.
Esa paz que alimenta corazones,
y a los hombres distintos les iguala,
esa paz que no sabe de fronteras
y que viene a nosotros con el alba.
Me estremezco de pronto, y no de frío,
es mi cuerpo a tu cuerpo que le llama,
es la fuente sediente de mis labios
reclamando ese beso en la distancia.
Y respondo que sí a mi pregunta,
indulgente es el cielo y el mañana,
pues del cielo ha venido hasta nosotros
ese Dios generoso que nos ama.
Y a pesar de tormentas y de dudas,
a pesar de la brisa y la resaca,
marcharé con mi barca hasta los cielos,
a dormir en los mismos con mi amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/02/10
y si cumple promesas y palabras,
pues no entiendo que pasen muchas cosas
como el hambre, las guerras y batallas.
Y me quedo mirando las estrellas,
esas luces inquietas y lejanas,
que parece que tiemblan en el cielo
como faros ausentes que se apagan.
Es entonces que pienso en tu figura,
ese rostro tan lindo y tu mirada,
en los labios que piden temblorosos,
esos besos que lleguen a tu cara.
Y me alejo de vanos pensamientos,
del Quijote andariego de la Mancha,
el que quiso lidiar con los molinos
en los sueños caducos de su infancia.
Sin embargo no puedo reprimirlo
hay en mi esa nota de nostalgia,
ese grito que sube hasta los cielos
a pedir la clemencia a nuestras almas.
Porque el hombre es humano y nada tiene,
se alimenta buscando la esperanza,
con la fé en el mundo y el futuro
y esa paz renuente que le falta.
Esa paz que alimenta corazones,
y a los hombres distintos les iguala,
esa paz que no sabe de fronteras
y que viene a nosotros con el alba.
Me estremezco de pronto, y no de frío,
es mi cuerpo a tu cuerpo que le llama,
es la fuente sediente de mis labios
reclamando ese beso en la distancia.
Y respondo que sí a mi pregunta,
indulgente es el cielo y el mañana,
pues del cielo ha venido hasta nosotros
ese Dios generoso que nos ama.
Y a pesar de tormentas y de dudas,
a pesar de la brisa y la resaca,
marcharé con mi barca hasta los cielos,
a dormir en los mismos con mi amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/02/10
MIS POEMAS SE FUERON CON EL VIENTO
Mis poemas se fueron con el viento
a dormir en el mundo del olvido,
tenían tanto sueño entre sus alas
que buscaban con prisa el infinito.
Eran versos nacidos en la tarde,
con mañanas bañadas de rocío,
y con luz cantarina de la aurora
que dejaba sus besos con sigilo.
Pero ellos, pacientes, desgranaban,
todo aquello que siento y que medito,
aventuras surgidas en la infancia
y las horas pasadas con los libros.
¡Cuántas letras salieron de esa pluma
y llegaron al mundo como un río,
a dejar el tesoro más preciado,
ese texto que calma los sentidos!
Mis poemas marcharon a la nada,
adornados con rosas y con lirios,
y llevaron con ellos tu recuerdo
y también impacientes mis suspiros.
Aquel tiempo pasado entre la bruma,
aquel otro de sueños y castillos,
o quizás los momentos juveniles
y los días tan largos del estío.
Una mezcla confusa de las letras
ha buscado la paz en esos signos,
y por ello se han ido con el viento
los poemas del mundo de los vivos.
Ahora llegan al mundo de los dioses,
al jardín tan dorado del Olimpo,
a encontrar esa calma tan ansiada,
y a dormir ese sueño que ya ansío.
Mis poemas marcharon a tu lado,
sin patrón, tripulantes ni marinos,
en un globo con velas de colores
y en el alma impaciente de aquel niño.
Se han perdido quizás unos poemas,
y con ellos momentos que he vivido,
esos sueños nacidos en la mente,
esa tierra de infierno y paraíso.
Pero no, nada importa, en este caso
los poemas tan sólo son escritos,
aunque lleven el sello de las almas
y también sus sonrisas y gemidos.
Volverán a nacer nuevos poemas,
volverán a plasmarse mis latidos,
y la vida preciosa de sus versos
gritarán lo que amo y lo que ansío.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/02/10
a dormir en el mundo del olvido,
tenían tanto sueño entre sus alas
que buscaban con prisa el infinito.
Eran versos nacidos en la tarde,
con mañanas bañadas de rocío,
y con luz cantarina de la aurora
que dejaba sus besos con sigilo.
Pero ellos, pacientes, desgranaban,
todo aquello que siento y que medito,
aventuras surgidas en la infancia
y las horas pasadas con los libros.
¡Cuántas letras salieron de esa pluma
y llegaron al mundo como un río,
a dejar el tesoro más preciado,
ese texto que calma los sentidos!
Mis poemas marcharon a la nada,
adornados con rosas y con lirios,
y llevaron con ellos tu recuerdo
y también impacientes mis suspiros.
Aquel tiempo pasado entre la bruma,
aquel otro de sueños y castillos,
o quizás los momentos juveniles
y los días tan largos del estío.
Una mezcla confusa de las letras
ha buscado la paz en esos signos,
y por ello se han ido con el viento
los poemas del mundo de los vivos.
Ahora llegan al mundo de los dioses,
al jardín tan dorado del Olimpo,
a encontrar esa calma tan ansiada,
y a dormir ese sueño que ya ansío.
Mis poemas marcharon a tu lado,
sin patrón, tripulantes ni marinos,
en un globo con velas de colores
y en el alma impaciente de aquel niño.
Se han perdido quizás unos poemas,
y con ellos momentos que he vivido,
esos sueños nacidos en la mente,
esa tierra de infierno y paraíso.
Pero no, nada importa, en este caso
los poemas tan sólo son escritos,
aunque lleven el sello de las almas
y también sus sonrisas y gemidos.
Volverán a nacer nuevos poemas,
volverán a plasmarse mis latidos,
y la vida preciosa de sus versos
gritarán lo que amo y lo que ansío.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/02/10
NO ME ES FÁCIL OLVIDARTE
No me es fácil olvidarte
aunque el tiempo de ahora pase
sin sonrisas ni lamentos,
aunque sienta que la brisa
en mi costado deja un beso
cariñoso e incipiente,
aunque escuche mil canciones
de sirenas y corales,
aunque cambie aquellos
cromos de guerreros
por la tele.
Tú Sembraste la sonrisa
en mi costado
y jugamos a los juegos
inocentes de la infancia,
y bebimos en la fuente
de aquel parque
donde estaban las palomas
y los cisnes,
y soñamos con vaqueros
y con indios,
y llevamos a los mares
los veleros y galeras,
y subimos en la noche
a dormir con las estrellas
y vivimos simplemente
nuestros años infantiles.
Es por eso
que no es fácil olvidarte
a pesar de tanto tiempo transcurrido,
a pesar de la distancia
entre el hombre y entre el niño,
aunque ahora ya no tenga
la figura tan gallarda
y tan altiva,
ni aunque cubran la vergüenza
de mis piernas unos largos pantalones,
ni aunque vea en el espejo una cara
muy distinta con un rostro envejecido
con arrugas en la frente y poco pelo
en la cabeza.
No me es fácil olvidarte
y no lo intento.
Simplemente me limito a recordarte,
a mirar hacia el futuro día a día
con tu sombra en mi costado,
con tu paso junto al mío,
con tus huellas tras mis huellas,
con tu risa y mi sonrisa,
con mis sueños y tus sueños,
en un dúo de canciones entonadas
y cantadas al unísono.
Fue un momento de la vida
que es pasado,
fue un momento de la infancia
que aún perdura en la memoria
y el recuerdo,
fueron tiempos de alegría
y de bonanza,
fue el momento más hermoso
de mi vida
porque estaba enamorado
y te quería,
te buscaba,
te anhelaba,
te soñaba y susurraba
tantos versos y poemas
sin decirte nunca nada.
...Te miraba simplemente,
vida mía ya pasada en esa infancia.
Es por eso que no es fácil de olvidarte
y no lo intento, ni deseo.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/02/10
aunque el tiempo de ahora pase
sin sonrisas ni lamentos,
aunque sienta que la brisa
en mi costado deja un beso
cariñoso e incipiente,
aunque escuche mil canciones
de sirenas y corales,
aunque cambie aquellos
cromos de guerreros
por la tele.
Tú Sembraste la sonrisa
en mi costado
y jugamos a los juegos
inocentes de la infancia,
y bebimos en la fuente
de aquel parque
donde estaban las palomas
y los cisnes,
y soñamos con vaqueros
y con indios,
y llevamos a los mares
los veleros y galeras,
y subimos en la noche
a dormir con las estrellas
y vivimos simplemente
nuestros años infantiles.
Es por eso
que no es fácil olvidarte
a pesar de tanto tiempo transcurrido,
a pesar de la distancia
entre el hombre y entre el niño,
aunque ahora ya no tenga
la figura tan gallarda
y tan altiva,
ni aunque cubran la vergüenza
de mis piernas unos largos pantalones,
ni aunque vea en el espejo una cara
muy distinta con un rostro envejecido
con arrugas en la frente y poco pelo
en la cabeza.
No me es fácil olvidarte
y no lo intento.
Simplemente me limito a recordarte,
a mirar hacia el futuro día a día
con tu sombra en mi costado,
con tu paso junto al mío,
con tus huellas tras mis huellas,
con tu risa y mi sonrisa,
con mis sueños y tus sueños,
en un dúo de canciones entonadas
y cantadas al unísono.
Fue un momento de la vida
que es pasado,
fue un momento de la infancia
que aún perdura en la memoria
y el recuerdo,
fueron tiempos de alegría
y de bonanza,
fue el momento más hermoso
de mi vida
porque estaba enamorado
y te quería,
te buscaba,
te anhelaba,
te soñaba y susurraba
tantos versos y poemas
sin decirte nunca nada.
...Te miraba simplemente,
vida mía ya pasada en esa infancia.
Es por eso que no es fácil de olvidarte
y no lo intento, ni deseo.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/02/10
NUEVA NOCHE CON SOMBRA EN LOS CRISTALES
Nueva noche con sombra en los cristales
esperando que pase la tormenta
cae la lluvia pausada en la bahía,
veo rayos que rasgan las tinieblas.
Me apetece una taza de esperanza
con un poco de miel y con la menta,
y también con el beso de tus labios
que a los míos les deje tierna huella.
Me apatece salir bajo la lluvia
y mojarme buscando la ribera,
encontrar esa música sublime,
en el dulce compás de las mareas.
Me estremezco pensado en el paseo,
con las gotas templadas que me llegan,
y también recordando tu figura
y en aquella mirada tan sincera.
Aun recuerdo tu frase favorita,
aquel vuelo sin alas ni cometas,
aquel grito quizás desesperado
que decías silente en unas letras.
La escuché con el agua de la lluvia,
en los charcos formados en la tierra
y también me traía tu mensaje
la gaviota rompiendo sus cadenas.
Pero tú, bella nube de mis sueños,
te dormías quizás con las estrellas,
bajo el manto tan negro de la noche
arropada con luces y con velas.
Y sentías que si, que tu latido,
era el canto arrancado de las cuerdas,
era nota sacada de aquel arpa
que tus manos tocaban con presteza.
Y aceptaste mi voz y mi palabra
para ir a la lluvia muy ligera,
a mojar ese pelo tan bonito
y a sentir esa lluvia que te besa.
Contemplé, entre absorto y arrobado,
la figura empapada tras la tela,
con el dulce vestido que a tu cuerpo
anudaba la lluvia que no cesa.
Y fue entonces, quizás ese momento,
en que vi más allá de lo que eras,
pues sentí que mi pecho se agitaba
deseando tu amor y tu presencia.
Suspiraste tan sólo quedamente,
y enviastes al eco por respuesta,
con un beso que vino a mis oídos
en la noche que pasa y que se aleja.
Rafael Sánchez Ortega ©
22/02/10
esperando que pase la tormenta
cae la lluvia pausada en la bahía,
veo rayos que rasgan las tinieblas.
Me apetece una taza de esperanza
con un poco de miel y con la menta,
y también con el beso de tus labios
que a los míos les deje tierna huella.
Me apatece salir bajo la lluvia
y mojarme buscando la ribera,
encontrar esa música sublime,
en el dulce compás de las mareas.
Me estremezco pensado en el paseo,
con las gotas templadas que me llegan,
y también recordando tu figura
y en aquella mirada tan sincera.
Aun recuerdo tu frase favorita,
aquel vuelo sin alas ni cometas,
aquel grito quizás desesperado
que decías silente en unas letras.
La escuché con el agua de la lluvia,
en los charcos formados en la tierra
y también me traía tu mensaje
la gaviota rompiendo sus cadenas.
Pero tú, bella nube de mis sueños,
te dormías quizás con las estrellas,
bajo el manto tan negro de la noche
arropada con luces y con velas.
Y sentías que si, que tu latido,
era el canto arrancado de las cuerdas,
era nota sacada de aquel arpa
que tus manos tocaban con presteza.
Y aceptaste mi voz y mi palabra
para ir a la lluvia muy ligera,
a mojar ese pelo tan bonito
y a sentir esa lluvia que te besa.
Contemplé, entre absorto y arrobado,
la figura empapada tras la tela,
con el dulce vestido que a tu cuerpo
anudaba la lluvia que no cesa.
Y fue entonces, quizás ese momento,
en que vi más allá de lo que eras,
pues sentí que mi pecho se agitaba
deseando tu amor y tu presencia.
Suspiraste tan sólo quedamente,
y enviastes al eco por respuesta,
con un beso que vino a mis oídos
en la noche que pasa y que se aleja.
Rafael Sánchez Ortega ©
22/02/10
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