SENTIR LA SOLEDAD ES ALGO TRISTE
Sentir la soledad es algo triste
vivir la soledad es un infierno,
en medio de la misma está tu alma
yaciendo en la agonía del silencio.
No sabes si te vence la nostalgia,
los cardos que has tomado sin saberlo,
por rosas y por lirios florecidos
creciendo en primavera por los huertos.
No sabes distinguir las emociones,
ni sabes controlar los sentimientos,
te envuelve la neblina del pasado,
la bruma de momentos y recuerdos.
Ahora que te encuentras solitario,
las lágrimas te ruedan por el pecho,
tus ojos son fontanas cristalinas,
los labios el jardín de los deseos.
Llevaste los suspiros contenidos
al tibio borrador de tu cuaderno,
trazaste con tus manos esas letras,
palabras y gemidos en los versos.
Un vómito acudió hasta tu garganta,
sentistes una arcada y no de miedo,
notaste soledad por el vacío,
quizás por estar vivo y no ya muerto.
Son noches en que sobran las palabras,
se ahogan en el pozo de los ciegos,
se van por las letrinas y retretes
al mundo dibujado por los lerdos.
Y quedas derrotado de antemano
con negra soledad junto a tu cuerpo,
te quedas con el alma abandonada
pidiendo la locura de los necios.
¡Ay dura soledad que nos rodeas
aparta ya tus sombras de mis dedos,
y deja que acaricien las cuartillas
la vida y la verdad que tanto anhelo!.
La noche ya nos cubre misteriosa,
temblando los cipreses sin remedio,
el alma que agoniza lentamente
se mezcla con la paz del cementerio.
Rafael Sánchez Ortega ©
13/04/10
vivir la soledad es un infierno,
en medio de la misma está tu alma
yaciendo en la agonía del silencio.
No sabes si te vence la nostalgia,
los cardos que has tomado sin saberlo,
por rosas y por lirios florecidos
creciendo en primavera por los huertos.
No sabes distinguir las emociones,
ni sabes controlar los sentimientos,
te envuelve la neblina del pasado,
la bruma de momentos y recuerdos.
Ahora que te encuentras solitario,
las lágrimas te ruedan por el pecho,
tus ojos son fontanas cristalinas,
los labios el jardín de los deseos.
Llevaste los suspiros contenidos
al tibio borrador de tu cuaderno,
trazaste con tus manos esas letras,
palabras y gemidos en los versos.
Un vómito acudió hasta tu garganta,
sentistes una arcada y no de miedo,
notaste soledad por el vacío,
quizás por estar vivo y no ya muerto.
Son noches en que sobran las palabras,
se ahogan en el pozo de los ciegos,
se van por las letrinas y retretes
al mundo dibujado por los lerdos.
Y quedas derrotado de antemano
con negra soledad junto a tu cuerpo,
te quedas con el alma abandonada
pidiendo la locura de los necios.
¡Ay dura soledad que nos rodeas
aparta ya tus sombras de mis dedos,
y deja que acaricien las cuartillas
la vida y la verdad que tanto anhelo!.
La noche ya nos cubre misteriosa,
temblando los cipreses sin remedio,
el alma que agoniza lentamente
se mezcla con la paz del cementerio.
Rafael Sánchez Ortega ©
13/04/10
LLEGÓ LA PRIMAVERA
Llegó la primavera,
preludio del verano,
llegó con su vestido
y el verde de los campos.
Llegó fiel a la cita
que cumple cada año,
llegó tras un invierno
muy duro que ha pasado.
Llegó con su sonrisa
al cielo azul lejano,
y pronto los jilgueros
sus trinos entonaron.
Llegó con sus poemas
al pecho enamorado,
y entonces los amantes
tomáronse las manos.
Llegó la primavera
al río tan menguado,
las aguas del deshielo
ya saltan los barrancos.
Llegó tras dura espera
en nuevo aniversario,
las fuentes cantarinas
renuevan hoy sus cantos.
Llegó hasta la ribera,
el bosque del Parnaso,
las Hadas y los Elfos
contentos saludaron.
Llegó muy dulcemente,
los musgos se animaron,
brotaron margaritas
cubriéndonos su manto.
Llegó la primavera
al mar de mi Cantábrico,
rugió con nuevas olas
y besos renovados.
Llegó a los marineros
el yodo tan preciado,
salitre de los mares
que llevan en sus labios.
Llegó con la gaviota
y el vuelo del albatros,
llegó con los corales
y océanos lejanos.
Llegó junto a la brisa
que sopla sin descanso,
hurgando por los cuerpos
secretos muy guardados.
Llegó la primavera,
los miedos se han calmado,
los sueños cobran vida,
se vive sin descanso.
Llegó la compañera
de niños y de ancianos,
llegó junto a la rosa
y el lirio deseado.
Llegó cual Cenicienta
vestida con andrajos,
y pronto cobró vida
cubriendo los tejados.
Llegó la fiel amiga,
subió hasta el campanario,
cerrando allí sus ojos
mandándome su abrazo.
...Llegó la primavera
vestida con su encanto,
y me quedé dormido
sintiéndola a mi lado.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/04/10
preludio del verano,
llegó con su vestido
y el verde de los campos.
Llegó fiel a la cita
que cumple cada año,
llegó tras un invierno
muy duro que ha pasado.
Llegó con su sonrisa
al cielo azul lejano,
y pronto los jilgueros
sus trinos entonaron.
Llegó con sus poemas
al pecho enamorado,
y entonces los amantes
tomáronse las manos.
Llegó la primavera
al río tan menguado,
las aguas del deshielo
ya saltan los barrancos.
Llegó tras dura espera
en nuevo aniversario,
las fuentes cantarinas
renuevan hoy sus cantos.
Llegó hasta la ribera,
el bosque del Parnaso,
las Hadas y los Elfos
contentos saludaron.
Llegó muy dulcemente,
los musgos se animaron,
brotaron margaritas
cubriéndonos su manto.
Llegó la primavera
al mar de mi Cantábrico,
rugió con nuevas olas
y besos renovados.
Llegó a los marineros
el yodo tan preciado,
salitre de los mares
que llevan en sus labios.
Llegó con la gaviota
y el vuelo del albatros,
llegó con los corales
y océanos lejanos.
Llegó junto a la brisa
que sopla sin descanso,
hurgando por los cuerpos
secretos muy guardados.
Llegó la primavera,
los miedos se han calmado,
los sueños cobran vida,
se vive sin descanso.
Llegó la compañera
de niños y de ancianos,
llegó junto a la rosa
y el lirio deseado.
Llegó cual Cenicienta
vestida con andrajos,
y pronto cobró vida
cubriendo los tejados.
Llegó la fiel amiga,
subió hasta el campanario,
cerrando allí sus ojos
mandándome su abrazo.
...Llegó la primavera
vestida con su encanto,
y me quedé dormido
sintiéndola a mi lado.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/04/10
ARRIBA, EN LO MÁS ALTO
En lo alto de la cumbre,
busqué asiento,
entre rocas pedruscos
muy bañados por la lluvia,
busqué el abrazo en la distancia
de la brisa inexistente,
busqué el canto de las aves
que no había,
busqué al cielo con su manto
azul celeste,
busqué la bruma y la calima
que subían desde el mar,
busqué la paz, cerré los ojos.
Y allí estaba simplemente
mi persona,
allí estaba mi proyecto
detenido y descansando,
allí estaban tantos sueños
concebidos en la infancia,
allí estaban los recuerdos
del pasado,
allí estaba un corazón un tanto viejo,
recogido sin palabras.
Y de pronto tuve miedo de la vida,
(fue un instante
y tuve miedo del vacío de mi alma,
tuve miedo de las gentes,
de las prisas,
del trabajo,
de los niños que me miran,
de los hombres que me hablan,
de aquel pobre vagabumdo
que me pide una limosna).
Quizás fue la fantasía
alimentada por la fiebre,
la que hizo todo eso.
...¡No lo sé!.
Lo que pude comprender
es que el amor estaba cerca
y a mi lado,
en los riscos de los montes
que veía perezosos,
en los campos y praderas
que subían a las brañas,
en los árboles lejanos
que dejaban su figura perfilada,
en canales sinuosas
con las rocas y paredes
que se pierden monte abajo.
...Y el amor, es esa eterna paradoja,
es la chispa que alimenta los sentidos,
es la llama de la estrella vacilante,
es el dulce escalofrío
que producen las mareas,
es la sangre que ahora corre por las venas
y que marcha acelerada,
es el nombre que retienes en tus labios,
es la cara que alimenta tus pupilas,
y es el beso que recuerdas
y que buscas nuevamente...
...Me encontraba tan a gusto en ese sitio
que busqué la compañía del ocaso.
Ya empezaba ese momento del adiós
y despedida,
ese instante tan sublime
en que el día ya se apaga
por la noche que se acerca,
ese instante en que las almas
se recogen con el manto y el abrigo
de los astros,
ese instante en que los miedos se superan
y te enfrentas a la vida con tus sueños
a pesar de los rumores y las críticas,
a pesar de tantas dudas,
a pesar de que estén lejos las caricias
o a pesar de que estén cerca y no las veas...
...¡Me encontraba tan a gusto en aquel alto
que no hubiera descendido hasta la tierra!.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/04/10
busqué asiento,
entre rocas pedruscos
muy bañados por la lluvia,
busqué el abrazo en la distancia
de la brisa inexistente,
busqué el canto de las aves
que no había,
busqué al cielo con su manto
azul celeste,
busqué la bruma y la calima
que subían desde el mar,
busqué la paz, cerré los ojos.
Y allí estaba simplemente
mi persona,
allí estaba mi proyecto
detenido y descansando,
allí estaban tantos sueños
concebidos en la infancia,
allí estaban los recuerdos
del pasado,
allí estaba un corazón un tanto viejo,
recogido sin palabras.
Y de pronto tuve miedo de la vida,
(fue un instante
y tuve miedo del vacío de mi alma,
tuve miedo de las gentes,
de las prisas,
del trabajo,
de los niños que me miran,
de los hombres que me hablan,
de aquel pobre vagabumdo
que me pide una limosna).
Quizás fue la fantasía
alimentada por la fiebre,
la que hizo todo eso.
...¡No lo sé!.
Lo que pude comprender
es que el amor estaba cerca
y a mi lado,
en los riscos de los montes
que veía perezosos,
en los campos y praderas
que subían a las brañas,
en los árboles lejanos
que dejaban su figura perfilada,
en canales sinuosas
con las rocas y paredes
que se pierden monte abajo.
...Y el amor, es esa eterna paradoja,
es la chispa que alimenta los sentidos,
es la llama de la estrella vacilante,
es el dulce escalofrío
que producen las mareas,
es la sangre que ahora corre por las venas
y que marcha acelerada,
es el nombre que retienes en tus labios,
es la cara que alimenta tus pupilas,
y es el beso que recuerdas
y que buscas nuevamente...
...Me encontraba tan a gusto en ese sitio
que busqué la compañía del ocaso.
Ya empezaba ese momento del adiós
y despedida,
ese instante tan sublime
en que el día ya se apaga
por la noche que se acerca,
ese instante en que las almas
se recogen con el manto y el abrigo
de los astros,
ese instante en que los miedos se superan
y te enfrentas a la vida con tus sueños
a pesar de los rumores y las críticas,
a pesar de tantas dudas,
a pesar de que estén lejos las caricias
o a pesar de que estén cerca y no las veas...
...¡Me encontraba tan a gusto en aquel alto
que no hubiera descendido hasta la tierra!.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/04/10
NO ES POSIBLE SEGUIR A LAS ESTRELLAS
No es posible seguir a las estrellas
cuando van a cambiarse su vestido,
ni tampoco a la luna cuando marcha
hacia el lecho y el alba tras su brillo.
Nos quedamos entonces silenciosos
contemplando la ausencia y el vacío,
y sentimos latir al firmamento
y también las canciones de los grillos.
Hay embrujos que marchan con la noche
y se nublan de sueño los sentidos,
esperando la mano con la antorcha
y la luz que ilumine los caminos.
Se marcharon la luna y las estrellas,
nos dejaron temblando y no de frío,
nuestras manos se alzaron a los cielos
a buscar esa luz del infinito.
Pero hallamos tan solo las tinieblas,
ese velo tan gris y ennegrecido,
ese duro silencio por respuesta
y la ausencia de dioses y testigos.
No hay palabras ni ecos en la noche,
hay carencia de sangre y de latidos,
nuestros cuerpos curtidos se estremecen
como hojas abiertas de los libros.
Sin embargo buscamos las estrellas,
como buscan limosna los mendigos,
precisamos la luna que se marcha
y a ese beso en el lago recibido.
Hay nostalgia de abrazos y caricias,
de momentos pasados y suspiros,
con recuerdos que vuelven a nosotros
añorando la paz de los sentidos.
Pero el viaje que hacen las estrellas,
y la luna persigue con sigilo,
no se para por nada ni por nadie
y prosigue su rumbo definido.
Y así vemos sin ver a las estrellas,
y a la luna también en su retiro,
con el alma que sueña temblorosa,
en el pecho tan tierno de los niños.
Rafael Sánchez Ortega ©
10/04/10
cuando van a cambiarse su vestido,
ni tampoco a la luna cuando marcha
hacia el lecho y el alba tras su brillo.
Nos quedamos entonces silenciosos
contemplando la ausencia y el vacío,
y sentimos latir al firmamento
y también las canciones de los grillos.
Hay embrujos que marchan con la noche
y se nublan de sueño los sentidos,
esperando la mano con la antorcha
y la luz que ilumine los caminos.
Se marcharon la luna y las estrellas,
nos dejaron temblando y no de frío,
nuestras manos se alzaron a los cielos
a buscar esa luz del infinito.
Pero hallamos tan solo las tinieblas,
ese velo tan gris y ennegrecido,
ese duro silencio por respuesta
y la ausencia de dioses y testigos.
No hay palabras ni ecos en la noche,
hay carencia de sangre y de latidos,
nuestros cuerpos curtidos se estremecen
como hojas abiertas de los libros.
Sin embargo buscamos las estrellas,
como buscan limosna los mendigos,
precisamos la luna que se marcha
y a ese beso en el lago recibido.
Hay nostalgia de abrazos y caricias,
de momentos pasados y suspiros,
con recuerdos que vuelven a nosotros
añorando la paz de los sentidos.
Pero el viaje que hacen las estrellas,
y la luna persigue con sigilo,
no se para por nada ni por nadie
y prosigue su rumbo definido.
Y así vemos sin ver a las estrellas,
y a la luna también en su retiro,
con el alma que sueña temblorosa,
en el pecho tan tierno de los niños.
Rafael Sánchez Ortega ©
10/04/10
YA VIENEN POR EL CAMPO LOS VAQUEROS
Del puerto y del invierno tan temido,
ya vienen por el campo los vaqueros,
caminan con albarcas y escarpines
y ropas maltratadas por el tiempo.
Zagalas les esperan en el porche,
las manos recogidas sobre el pecho,
hay notas de ilusión y de esperanza
con cantos que desgranan los jilgueros.
La fuente cantarina de la plaza
se suma a los saludos y festejos,
el agua corre limpia y presurosa
llenando por completo el bebedero.
Las vacas se detienen un instante
y beben ese líquido tan fresco,
los hombres las contemplan mientras charlan
pensando en los rigores del invierno.
Recuerdan el otoño ya pasado,
la dulce sinfonía de los fresnos,
el aire acariciando las montañas
los ríos tan vacíos y resecos.
Recuerdan esas horas y los días,
las noches memorables junto al fuego,
el tierno tintineo del campano,
la vaca amamantando su becerro.
Hay cuadros que se graban en el alma,
imágenes que van a los cuadernos,
hay fiebre entre la gente de los campos
que surge de la gleba y los alberos.
He visto que poetas y escritores
trataron de acercarse a este momento,
más pocos consiguieron su objetivo
y menos los captaron en sus versos.
Se nace entre la tierra y la montaña,
teniendo que aprender el pastoreo,
llevar los animales a los prados,
volverlos a la hora del ordeño.
Segar la verde hierba en primavera,
dejando en el verano muy rellenos,
los silos de la aldea con las pacas,
las cuadras y pajares de alimentos.
Es esa la comida del ganado,
los niños ya lo aprenden de pequeños,
por eso van al puerto sin protesta
y olvidan las escuelas y colegios.
...Ahora, cuando veo que regresan,
los mozos tan curtidos y morenos,
percibo su mirada luminosa
y el eco de sus pasos tan eternos.
Ya vuelven los vaqueros a sus casas,
la cuna en que nacieron sus ancestros,
las cuadras de las vacas y ganados,
las mismas que labraron los canteros.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/04/10
ya vienen por el campo los vaqueros,
caminan con albarcas y escarpines
y ropas maltratadas por el tiempo.
Zagalas les esperan en el porche,
las manos recogidas sobre el pecho,
hay notas de ilusión y de esperanza
con cantos que desgranan los jilgueros.
La fuente cantarina de la plaza
se suma a los saludos y festejos,
el agua corre limpia y presurosa
llenando por completo el bebedero.
Las vacas se detienen un instante
y beben ese líquido tan fresco,
los hombres las contemplan mientras charlan
pensando en los rigores del invierno.
Recuerdan el otoño ya pasado,
la dulce sinfonía de los fresnos,
el aire acariciando las montañas
los ríos tan vacíos y resecos.
Recuerdan esas horas y los días,
las noches memorables junto al fuego,
el tierno tintineo del campano,
la vaca amamantando su becerro.
Hay cuadros que se graban en el alma,
imágenes que van a los cuadernos,
hay fiebre entre la gente de los campos
que surge de la gleba y los alberos.
He visto que poetas y escritores
trataron de acercarse a este momento,
más pocos consiguieron su objetivo
y menos los captaron en sus versos.
Se nace entre la tierra y la montaña,
teniendo que aprender el pastoreo,
llevar los animales a los prados,
volverlos a la hora del ordeño.
Segar la verde hierba en primavera,
dejando en el verano muy rellenos,
los silos de la aldea con las pacas,
las cuadras y pajares de alimentos.
Es esa la comida del ganado,
los niños ya lo aprenden de pequeños,
por eso van al puerto sin protesta
y olvidan las escuelas y colegios.
...Ahora, cuando veo que regresan,
los mozos tan curtidos y morenos,
percibo su mirada luminosa
y el eco de sus pasos tan eternos.
Ya vuelven los vaqueros a sus casas,
la cuna en que nacieron sus ancestros,
las cuadras de las vacas y ganados,
las mismas que labraron los canteros.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/04/10
TARDE GRIS Y TARDE TRISTE.
Tarde gris y tarde triste
donde el alma se refugia en el silencio,
en mirar a las personas
que te cruzas en la calle,
en buscar en las miserias de la vida
ese algo que te diga que adelante,
que a pesar de las tragedias
hay un halo de esperanza,
una rosa temblorosa
que te espera y que te busca,
una brisa que enviada desde lejos
va besando tus cabellos y tu cara,
una suave melodía
que se escapa de las olas de la playa,
una luz inmaculada de la tarde que termina,
con su rojo y con su fuego,
con la llama incandescente que se apaga
y se consume por la noche venidera.
¡Es la vida!, tú te dices,
son momentos delicados
de preguntas sin respuesta,
de mirar hacia los cielos
esperando que te digan por qué pasan estas cosas.
¿Por qué vives un presente sin poder mirar atrás
y volver aquel pasado tan feliz y tan gozoso?,
¿por qué existen ataduras del presente
que te impiden corregir aquellos tiempos
y minutos tan lejanos?...
Pero todo son palabras
que se mueren en los labios,
que se quedan en el alma prisionera,
que se ahogan en el pecho y la garganta
mientras sientes esa lágrima cruel
que te moja la mejilla.
No hay respuestas en la tarde
y tú las buscas,
como buscas esa vida que se escapa
y que se marcha con la tarde de tu vida.
No hay respuestas
en el pozo en que te encuentras
y aunque ansías las estrellas y la noche,
aunque rezas la plegaria a ese Dios inalcanzable,
aunque gritas en los versos y las letras
no hay un eco que responda a tu llamada,
ni una mano que se extienda hasta la tuya,
ni siquiera una mirada que te diga que tú existes.
¿Por qué vives,
por qué tienes algo más
que la tristeza de una tarde pasajera,
por qué amas a los hombres,
por qué sufres por su causa,
por qué sientes los latidos de la tierra,
por qué lloras con las gentes
compartiendo sus tristezas?...
Tarde gris y tarde triste,
en que buscas el vacío y te rebelas
a pesar de este silencio,
a pesar de las preguntas sin respuesta,
a pesar de las sonrisas inocentes de los niños
y del paso acompasado del anciano por el parque.
Un suspiro se te escapa entre los labios,
una lágrima traidora cae rodando de tus ojos,
tienes frío y soledad,
tienes miedo...
Rafael Sánchez Ortega ©
07/04/10
donde el alma se refugia en el silencio,
en mirar a las personas
que te cruzas en la calle,
en buscar en las miserias de la vida
ese algo que te diga que adelante,
que a pesar de las tragedias
hay un halo de esperanza,
una rosa temblorosa
que te espera y que te busca,
una brisa que enviada desde lejos
va besando tus cabellos y tu cara,
una suave melodía
que se escapa de las olas de la playa,
una luz inmaculada de la tarde que termina,
con su rojo y con su fuego,
con la llama incandescente que se apaga
y se consume por la noche venidera.
¡Es la vida!, tú te dices,
son momentos delicados
de preguntas sin respuesta,
de mirar hacia los cielos
esperando que te digan por qué pasan estas cosas.
¿Por qué vives un presente sin poder mirar atrás
y volver aquel pasado tan feliz y tan gozoso?,
¿por qué existen ataduras del presente
que te impiden corregir aquellos tiempos
y minutos tan lejanos?...
Pero todo son palabras
que se mueren en los labios,
que se quedan en el alma prisionera,
que se ahogan en el pecho y la garganta
mientras sientes esa lágrima cruel
que te moja la mejilla.
No hay respuestas en la tarde
y tú las buscas,
como buscas esa vida que se escapa
y que se marcha con la tarde de tu vida.
No hay respuestas
en el pozo en que te encuentras
y aunque ansías las estrellas y la noche,
aunque rezas la plegaria a ese Dios inalcanzable,
aunque gritas en los versos y las letras
no hay un eco que responda a tu llamada,
ni una mano que se extienda hasta la tuya,
ni siquiera una mirada que te diga que tú existes.
¿Por qué vives,
por qué tienes algo más
que la tristeza de una tarde pasajera,
por qué amas a los hombres,
por qué sufres por su causa,
por qué sientes los latidos de la tierra,
por qué lloras con las gentes
compartiendo sus tristezas?...
Tarde gris y tarde triste,
en que buscas el vacío y te rebelas
a pesar de este silencio,
a pesar de las preguntas sin respuesta,
a pesar de las sonrisas inocentes de los niños
y del paso acompasado del anciano por el parque.
Un suspiro se te escapa entre los labios,
una lágrima traidora cae rodando de tus ojos,
tienes frío y soledad,
tienes miedo...
Rafael Sánchez Ortega ©
07/04/10
SE DESCOLGÓ EL SILENCIO DE TU PECHO
Se descolgó el silencio de tu pecho
para ir a mirar por la ventana
esa dulce y preciosa primavera,
ese mar que llegaba por la playa.
Pero tú navegabas con tus sueños
entre olas y mares con sus algas,
con las olas y vientos tan bravíos
y la niebla abrazándote la espalda.
¡Cuánta nota quedaba en tus recuerdos
de momentos felices y de calma!,
...Mil susurros vertidos y velados
de la voz que te hablaba sin palabras.
Sin embargo sacabas el silencio,
y tu pecho un suspiro se dejaba,
con la miel agridulce del pasado
que buscaba nerviosa tu mirada.
Pero no, tu pasado estaba ausente,
no tenía cabida ni esperanza,
el pasado es pasado, y lo sabías,
y el futuro es el tiempo que te llama.
Quizás puede que quede en el silencio
esa brizna inocente de nostalgia,
aquel dulce y cruel escalofrío
con el beso y caricia que te daban.
Más la vida es andar por los caminos,
no es mirar al pasado y a sus páginas,
ni tampoco estancarse en los recuerdos,
ni quedarse mirando a la distancia.
Se descolgó el silencio de tu pecho
y escuchaste la nota de aquel arpa,
también viste la mano generosa
arrancando la música sin pausa.
Allí estaba el futuro de tu vida,
con sus pros y sus contras anotadas,
esperando tu pecho tan vacío
del silencio que ahora se alejaba.
Pero tú, soñador empedernido,
cubrirás el silencio que te falta
a través de la tierra que palpita
y en la voz que se encuentra en sus entrañas.
Rafael Sánchez Ortega ©
08/04/10
para ir a mirar por la ventana
esa dulce y preciosa primavera,
ese mar que llegaba por la playa.
Pero tú navegabas con tus sueños
entre olas y mares con sus algas,
con las olas y vientos tan bravíos
y la niebla abrazándote la espalda.
¡Cuánta nota quedaba en tus recuerdos
de momentos felices y de calma!,
...Mil susurros vertidos y velados
de la voz que te hablaba sin palabras.
Sin embargo sacabas el silencio,
y tu pecho un suspiro se dejaba,
con la miel agridulce del pasado
que buscaba nerviosa tu mirada.
Pero no, tu pasado estaba ausente,
no tenía cabida ni esperanza,
el pasado es pasado, y lo sabías,
y el futuro es el tiempo que te llama.
Quizás puede que quede en el silencio
esa brizna inocente de nostalgia,
aquel dulce y cruel escalofrío
con el beso y caricia que te daban.
Más la vida es andar por los caminos,
no es mirar al pasado y a sus páginas,
ni tampoco estancarse en los recuerdos,
ni quedarse mirando a la distancia.
Se descolgó el silencio de tu pecho
y escuchaste la nota de aquel arpa,
también viste la mano generosa
arrancando la música sin pausa.
Allí estaba el futuro de tu vida,
con sus pros y sus contras anotadas,
esperando tu pecho tan vacío
del silencio que ahora se alejaba.
Pero tú, soñador empedernido,
cubrirás el silencio que te falta
a través de la tierra que palpita
y en la voz que se encuentra en sus entrañas.
Rafael Sánchez Ortega ©
08/04/10
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