AÚN RECUERDO AQUEL BESO EN LA MEJILLA...

Aún recuerdo aquel beso en la mejilla,
fue una hora de amor desenfrenado,
un reflejo del pecho enamorado,
y la mano posada en la rodilla.
Pero el mar y pasión llegó a la orilla,
cabalgando cual potro desbocado
sin saber que otro pecho acalorado
esperaba también la zancadilla.
Se juntaron con furia abrasadora,
los dos cuerpos ansiados y queridos,
y gozaron gimiendo en esa hora.
Al final los dos pechos, aturdidos,
desplegaron su ansia pecadora,
y saciaron la sed de sus sentidos.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/02/11
fue una hora de amor desenfrenado,
un reflejo del pecho enamorado,
y la mano posada en la rodilla.
Pero el mar y pasión llegó a la orilla,
cabalgando cual potro desbocado
sin saber que otro pecho acalorado
esperaba también la zancadilla.
Se juntaron con furia abrasadora,
los dos cuerpos ansiados y queridos,
y gozaron gimiendo en esa hora.
Al final los dos pechos, aturdidos,
desplegaron su ansia pecadora,
y saciaron la sed de sus sentidos.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/02/11
TIEMPO ATRÁS YO MIRABA EL CALENDARIO...

Tiempo atrás yo miraba el calendario
y restaba del mismo día a día,
esperando la fecha y la alegría
que faltaba por ver tu poemario.
Pero ahora que el tiempo es propietario,
del otoño en su paz y su folía,
solo busco en el mismo su amnistía
y ese halo que tiene centenario.
Tus poemas llegaron dulcemente
y con ellos los rasgos de tu mano,
procedentes de un alma diferente.
Hoy te veo feliz y campechano,
-dulce otoño de rostro complaciente-,
y por eso te siento tan cercano.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/02/11
y restaba del mismo día a día,
esperando la fecha y la alegría
que faltaba por ver tu poemario.
Pero ahora que el tiempo es propietario,
del otoño en su paz y su folía,
solo busco en el mismo su amnistía
y ese halo que tiene centenario.
Tus poemas llegaron dulcemente
y con ellos los rasgos de tu mano,
procedentes de un alma diferente.
Hoy te veo feliz y campechano,
-dulce otoño de rostro complaciente-,
y por eso te siento tan cercano.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/02/11
RECUÉRDAME QUE ESCRIBA...

Recuérdame que escriba tibiamente
los versos de mi alma sin promesas,
que rompa las cadenas y grilletes
y surjan los compases y cadencias.
Viajamos por el mundo sin destino,
cruzando por los campos y las heras,
bajamos a la playa susurrante
a ver como se duermen las mareas.
La vida es una eterna paradoja,
nacemos y morimos en la tierra,
vivimos y surgimos de la nada,
para ir a descansar en las tinieblas.
Recuérdame te hable de las rosas
surgidas en la eterna primavera,
las rosas las tomaron unas manos,
con mimo, con fervor y con paciencia.
Al lado se encontraban unos lirios
pegados a una linda enredadera,
los lirios y las rosas se abrazaron
unidos con candor a las estrellas.
Abajo, las miraba tiernamente,
un niño con el alma de poeta,
un hombre con el pecho enamorado,
buscando entre las rosas sus esencias.
Recuérdame que escriba de la torre,
del viejo campanario de la iglesia,
de lindas golondrinas y vencejos
que llegan con sus besos y promesas.
La iglesia de paredes renegridas
tenía mil secretos en sus piedras,
allí donde las aves se juntaban
en nidos de rendijas y de hiedra.
Las bellas golondrinas, sorprendidas,
trazaban en el aire su silueta,
volaban los vencejos con su gracia
en dulce algarabía siempre eterna.
"...Recuérdame mi amor, que yo te escriba,
que deje en estas letras su presencia,
¡los versos que nacieron en el alma
con besos que te mando en un poema!..."
Rafael Sánchez Ortega ©
01/02/11
los versos de mi alma sin promesas,
que rompa las cadenas y grilletes
y surjan los compases y cadencias.
Viajamos por el mundo sin destino,
cruzando por los campos y las heras,
bajamos a la playa susurrante
a ver como se duermen las mareas.
La vida es una eterna paradoja,
nacemos y morimos en la tierra,
vivimos y surgimos de la nada,
para ir a descansar en las tinieblas.
Recuérdame te hable de las rosas
surgidas en la eterna primavera,
las rosas las tomaron unas manos,
con mimo, con fervor y con paciencia.
Al lado se encontraban unos lirios
pegados a una linda enredadera,
los lirios y las rosas se abrazaron
unidos con candor a las estrellas.
Abajo, las miraba tiernamente,
un niño con el alma de poeta,
un hombre con el pecho enamorado,
buscando entre las rosas sus esencias.
Recuérdame que escriba de la torre,
del viejo campanario de la iglesia,
de lindas golondrinas y vencejos
que llegan con sus besos y promesas.
La iglesia de paredes renegridas
tenía mil secretos en sus piedras,
allí donde las aves se juntaban
en nidos de rendijas y de hiedra.
Las bellas golondrinas, sorprendidas,
trazaban en el aire su silueta,
volaban los vencejos con su gracia
en dulce algarabía siempre eterna.
"...Recuérdame mi amor, que yo te escriba,
que deje en estas letras su presencia,
¡los versos que nacieron en el alma
con besos que te mando en un poema!..."
Rafael Sánchez Ortega ©
01/02/11
SE ALEJA, LENTAMENTE, LA FIGURA...

Se aleja, lentamente, la figura
y con ella se borra la añoranza,
el acuerdo sin firma y alianza
que brindaron un cuerpo y su hermosura.
Una brisa me llega con frescura,
desde el mar y me ofrece su esperanza,
son las olas alegres, en su danza,
las que besan mis labios con ternura.
A ese mar que yo miro con encanto
le dedico una humilde poesía
por su amor, su cariño y por su manto.
Ese manto es el beso día a día,
el abrazo bendito y sacrosanto,
del salitre del mar que yo quería.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/02/11
y con ella se borra la añoranza,
el acuerdo sin firma y alianza
que brindaron un cuerpo y su hermosura.
Una brisa me llega con frescura,
desde el mar y me ofrece su esperanza,
son las olas alegres, en su danza,
las que besan mis labios con ternura.
A ese mar que yo miro con encanto
le dedico una humilde poesía
por su amor, su cariño y por su manto.
Ese manto es el beso día a día,
el abrazo bendito y sacrosanto,
del salitre del mar que yo quería.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/02/11
LOS POEMAS NO ESCRITOS SE GUARDAN EN EL ALMA

Los poemas no escritos se guardan en el alma,
allí van resistiendo el paso de los tiempos,
los duros temporales con lluvias y tormentas,
y luego quedan solos, sumidos en silencios.
Yo quiero ver las letras, los rasgos y suspiros,
la tinta inmaculada que guarda los recuerdos,
el viejo pergamino de tapas cuarteadas,
y quiero esos susurros con risas y lamentos.
Poemas retenidos con ecos del pasado,
estrofas y palabras salidas a los versos...
¡Venid en buena hora, recuerdos de mi infancia!
¡venid hasta mi lado, llevadme con el viento!
Yo sé que las estrellas escuchan los poemas,
reciben sus suspiros, sus llantos y sus rezos,
recojen las caricias, devuelven las miradas,
y ofrecen en sus labios el cáliz de sus besos.
Por eso estos poemas quedaron en las almas,
guardados con las llaves en un viejo cuaderno;
un día los poetas vendrán hasta su lado,
vendrán para llevarlos al reino de los cielos.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/02/11
allí van resistiendo el paso de los tiempos,
los duros temporales con lluvias y tormentas,
y luego quedan solos, sumidos en silencios.
Yo quiero ver las letras, los rasgos y suspiros,
la tinta inmaculada que guarda los recuerdos,
el viejo pergamino de tapas cuarteadas,
y quiero esos susurros con risas y lamentos.
Poemas retenidos con ecos del pasado,
estrofas y palabras salidas a los versos...
¡Venid en buena hora, recuerdos de mi infancia!
¡venid hasta mi lado, llevadme con el viento!
Yo sé que las estrellas escuchan los poemas,
reciben sus suspiros, sus llantos y sus rezos,
recojen las caricias, devuelven las miradas,
y ofrecen en sus labios el cáliz de sus besos.
Por eso estos poemas quedaron en las almas,
guardados con las llaves en un viejo cuaderno;
un día los poetas vendrán hasta su lado,
vendrán para llevarlos al reino de los cielos.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/02/11
A VECES LAS ESTRELLAS...

"...A veces las estrellas eclipsan a la luna..."
Hay veces que la luna, tan bella y reluciente,
parece que se borra, parece que enmudece,
entonces esa luna se queda indiferente,
se oculta tras la niebla y pronto palidece.
Si miras las estrellas, verás que están ardientes,
verás que su blancura desprende una sonrisa...
¡Son cosas del destino, delirios de las mentes,
locuras de poetas tocados por la brisa...!
Recuerda la mañana de un día diferente,
un día con la luna marchando en la alborada;
temblabas un poquito de frío simplemente,
buscabas esa luna y en ella su mirada.
Más solo las estrellas, de forma coherente,
sus guiños te enviaron y un beso renovado,
mandaron un suspiro y un beso hasta tu frente,
te dieron su mirada con brillo adamascado.
Recuerda aquella tarde, con luna ya creciente,
marchabas por la playa buscando las sirenas,
de pronto, entre las olas, tú viste tristemente,
la niebla que surgía sin cantos ni novenas.
Tus pasos se pararon y luego, lentamente,
surgieron las estrellas con puntos luminosos,
salieron tras la niebla de forma sedicente,
y rezos de tus labios mandaste temblorosos.
Por último recuerda la noche tan ardiente,
un baile en la escollera y la luna y su reflejo...
De pronto fue la bruma quien vino tan hiriente,
rompiendo la ternura y dejándote perplejo.
Más prestas, como siempre, surgieron diligentes,
llegaron las estrellas al baile de las doce,
vinieron a bañarse, coquetas, relucientes,
contigo compartieron el baile en aquel goce.
A veces las estrellas se baten febrilmente
pelean con la luna, sus bailes y vestidos,
y ofrecen sus caricias, sus rayos dulcemente,
con besos y suspiros que estaban escondidos.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/01/11
Hay veces que la luna, tan bella y reluciente,
parece que se borra, parece que enmudece,
entonces esa luna se queda indiferente,
se oculta tras la niebla y pronto palidece.
Si miras las estrellas, verás que están ardientes,
verás que su blancura desprende una sonrisa...
¡Son cosas del destino, delirios de las mentes,
locuras de poetas tocados por la brisa...!
Recuerda la mañana de un día diferente,
un día con la luna marchando en la alborada;
temblabas un poquito de frío simplemente,
buscabas esa luna y en ella su mirada.
Más solo las estrellas, de forma coherente,
sus guiños te enviaron y un beso renovado,
mandaron un suspiro y un beso hasta tu frente,
te dieron su mirada con brillo adamascado.
Recuerda aquella tarde, con luna ya creciente,
marchabas por la playa buscando las sirenas,
de pronto, entre las olas, tú viste tristemente,
la niebla que surgía sin cantos ni novenas.
Tus pasos se pararon y luego, lentamente,
surgieron las estrellas con puntos luminosos,
salieron tras la niebla de forma sedicente,
y rezos de tus labios mandaste temblorosos.
Por último recuerda la noche tan ardiente,
un baile en la escollera y la luna y su reflejo...
De pronto fue la bruma quien vino tan hiriente,
rompiendo la ternura y dejándote perplejo.
Más prestas, como siempre, surgieron diligentes,
llegaron las estrellas al baile de las doce,
vinieron a bañarse, coquetas, relucientes,
contigo compartieron el baile en aquel goce.
A veces las estrellas se baten febrilmente
pelean con la luna, sus bailes y vestidos,
y ofrecen sus caricias, sus rayos dulcemente,
con besos y suspiros que estaban escondidos.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/01/11
NO RECHACES LA ROSA QUE TE DEJA...

No rechaces la rosa que te deja
la mano temblorosa en tu ventana;
la rosa fue tomada tan lozana,
del rosal y el jardín, sin una queja.
Esa mano curtida ya se aleja,
va a buscar otra rosa más cercana,
una rosa nacida muy temprana,
para darte con ella su pareja.
Son dos rosas entonces las que tienes,
esperando la luz de tu mirada,
con un beso enviado sin vaivenes.
No rechaces amor, la luz ansiada,
ni rechaces el beso hacia tus sienes
de las rosas y mano tan amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/01/11
la mano temblorosa en tu ventana;
la rosa fue tomada tan lozana,
del rosal y el jardín, sin una queja.
Esa mano curtida ya se aleja,
va a buscar otra rosa más cercana,
una rosa nacida muy temprana,
para darte con ella su pareja.
Son dos rosas entonces las que tienes,
esperando la luz de tu mirada,
con un beso enviado sin vaivenes.
No rechaces amor, la luz ansiada,
ni rechaces el beso hacia tus sienes
de las rosas y mano tan amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/01/11
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