QUISIERA QUE EL SONIDO DE ESTA MÚSICA...

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Quisiera que el sonido de esta música
llegara a tus oídos
y que penetrara en tu cuerpo haciéndote
estremecer.
Quisiera que las notas del piano
sustituyeran a tu sangre,
para que siguieran la cadencia
y ese baile de la música melodiosa
que se escapa en la noche.
Quisiera que tú la recogieras,
que bebieras esa néctar,
el de estos momentos inolvidables
para que nunca se borre de tu recuerdo.
Quisiera que con la música
sintieras mi cuerpo estrechando a tu cuerpo
y mis labios buscando a los tuyos
para entregarles un beso sincero.
Quisiera tu abrazo y tu cariño
y a la vez, poder tomarte entre mis brazos,
mirar en tus pupilas
y darte mi cariño sin palabras y en silencio.
Quisiera que este sueño no acabara,
que la música continuara sin cesar
desgranando estas notas tan hermosas...


...Pero ahora soy yo el que cierra los ojos,
el que suspira y el que sueña
entre los acordes de esa fuerza mágica
que surge del piano.
Me siento trasportando hacia otras tierras,
a un mundo diferente
y allí te veo y camino a tu lado de la mano.
Cruzamos desiertos y pisamos las arenas de la playa,
subimos montañas y recorremos caminos diversos
entre valles y colinas, con el monte cercano.
Escuchamos la berrea de los corzos y rebecos
y sentimos su llamada en esta noche.
Ese grito tan ahogado de pasión y celos
que desgranan sin cesar.


El torbellino de la música nos envuelve nuevamente
y las piezas suenan y suenan sin cesar,
ofreciéndos, en un amplio repertorio su belleza.
Suspiro y busco tu latido con mi mano.
Toco tu seno palpitante
y mis dedos van hacia tus labios temblorosos.
Los recorro mientras tú también buscas los míos.
Quieres mis labios,
quieres mis besos,
quieres mis manos y yo...


También te quiero, amor.
Te quiero y te deseo
y busco el líquido sagrado de tu fuente
para calmar en ella la pasión que me desborda,
que me ahoga,
mientras escucho de tus labios esa frase:
"Te amo, amor, te amo..."


Rafael Sánchez Ortega ©
20/10/11

A LA ORILLA DE LA CHARCA...

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A la orilla de la charca
un poeta se inspiró
de una rana muy coqueta
que soñaba bajo el sol.

"Duerme, duerme, mi ranita",
le cantaba un moscardón,
y la rana sin oírlo
proseguía su labor.

El poeta con su pluma
anotaba la canción,
esas letras y romances
del moscón tan cantador.

No es posible, se decía,
este acto tan felón,
pues la rana solo duerme
con el sauce por farol.

Y apartaba con sus manos
al moscón galanteador,
ya que quiere que la rana
sueñe en paz y sienta a diós.

Sienta el agua de la charca,
y ese beso sin color,
que del cielo y a sus labios
manda el sol en su pasión.

Por el río pasa un ganso,
va pendiente de su honor,
con el cuello tan altivo
sin tener invitación.

Y de pronto ve a la rana
y a su lado va veloz,
pues desea en ese sueño
ir con ella de pastor.

El poeta ve con ira
este acto tan atroz,
y le pide que se aparte
a este ganso pescador.

Que no altere y no moleste
a la rana del guiñol,
que la deje con sus sueños,
se lo pide por favor.

"¡Ay ranita de mi vida,
-el poeta suspiró-,
duerme pronto y sueña presto
que a tu lado sueño yo!"

Rafael Sánchez Ortega ©
20/10/11

QUIEN MEZCLA PAN Y FORTUNA...

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Quien mezcla pan y fortuna
no sabe lo que se pierde,
hay prados de color verde
y ranas en la laguna.

Aunque la luz de la luna
nos regale su alegría,
con su danza y armonía;
no se arruga nunca el traje
cuando sale y va de viaje,
ni de noche ni de día.

Pero la luna y el pan
nada tienen en común,
aunque surjan al tuntún
sin timón ni capitán.

Cruza el cielo un cormorán
con plumaje muy mojado,
va a la playa atolondrado
a buscar una caricia,
y al sol pide su caricia
con el rayo acalorado.

Entonces, nuestro poeta,
el que escribe y no da abasto,
el que sueña y es un trasto,
nos escribe en su libreta.

Él nos habla de un cometa
con su cola luminosa,
con la luz que rasga y glosa
esa dulce llamarada,
que palpita con la rosa
y se duerme en la carpeta.

Ya el poema va naciendo,
va surgiendo letra a letra,
como el jugo de una metra
que los dedos van tejiendo.

Y así acaban, sin estruendo,
estos versos mal sonantes,
estas líneas mendicantes
que pedir no piden nada,
sólo acaso una mirada
y unos besos suplicantes.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/10/11

ES POSIBLE QUE MARCHES DE MI LADO...

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Es posible que marches de mi lado
y que incluso se acabe tu paciencia,
pero siempre estarás en mi costado
con el halo que imprime tu presencia.

Puede ser que el jardín abandonado
esté así, por mi culpa y por tu ausencia,
pero siempre sabré que mi pecado
fue creer en tu amor y en mi inocencia

Volverán otros sueños infantiles
como siempre, a fluir en primavera.
Volverán las sonrisas juveniles
a los labios rompiendo su barrera.
Pero siempre las sombras tan cerriles
marcarán con sus dudas la frontera.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/10/11

COMPAÑERA DE MIS SUEÑOS...

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Compañera de mis sueños
y que lees estas palabras,
ya sé que finges consuelo
para agradar mi jornada.

Me dices que las estrellas
lanzan suspiros y cantan,
mientras el mar se adormece
con sus reflejos de plata.

Arriba brilla, en lo alto,
una luna enamorada,
con su carita redonda
que busca el mar y las aguas.

Compañera que me pides
ese beso que te falta...
...No solo te doy un beso
sino el amor de mi alma.

Porque el amor es un grito,
un susurro que se escapa,
unos labios que suspiran
y una copa que se escancia.

Y es que el amor, niña mía,
es igual que una guitarra,
pues cuando pulsas sus cuerdas
se introduce dentro y habla.

Compañera de mi vida,
ven aquí de madrugada,
con tu vestido gitano,
serás la reina que falta.

Serás la reina que todos,
niños y ancianos reclaman,
y en su febril alegría
te cantarán una nana.

Te contarán sus secretos
como a la reyna de Saba,
y tú serás la princesa
en ese cuento de hadas.

Compañera y niña mía,
que estás en tierra lejana,
no tengas miedo al silencio,
pues el silencio te llama.

Porque el silencio profundo
se quebrará con el alba,
y volverán los olivos
con el tomillo y la jara.

Y volverán para verte
a ti, mi niña adorada,
para leerte mis versos
bajo la luna, en la playa.

"...Compañera de mis sueños,
ven a mí, si tú me amas,
para entregarte mis labios
y ese beso que reclamas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/10/11

BAJAMAR HACIA LAS OLAS.

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Amanece y sopla una ligera brisa
que da forma a la vida y a las aguas.
Unos ojos soñolientos se abren
surgiendo de la inmensidad de una noche gestada
hacia un día que ahora comienza.
Las olas rizadas, temblorosas, apenas palpitan,
aunque poco a poco van latiendo con más pulso
y estirando sus cabellos plateados.
La sangre caliente palpita alterada
y grita pidiendo ese trozo de vida que comienza,
esos minutos incipientes en que la marea sube
hacia los acantilados en ese camino invisible
de un tiempo que comienza.


Es preciso esperar y sentir intensamente
esos latidos de la mar que llega hasta nosotros,
ayudada por el viento de los mares,
que la empuja a la ribera y a la playa.
Es un lento recorrido sin descanso
con los cuerpos que se estiran y que crecen,
en un lento amanecer irreversible que comienza.


Poco a poco la marea va subiendo
y hasta cubre con sus aguas el desnudo de la playa.
Son minutos que se pasan
mientras vemos la corriente cómo empuja,
como sube por la ría,
como avanza sin descanso
mientras cambia el panorama y los colores,
que se vuelven ahora azules, como el cielo.
A su vez otra marea se desliza y cobra vida,
va pulsando y penetrando los rincones de las almas.
Una rosa se despierta temblorosa y suplicante
y una mano la recoge y la lleva
hacia unos labios con un beso.


Es curioso, que en apenas unas horas,
nuestras aguas han llenado la bahía
y una dulce melodía ya se extienda por el aire.
Unas barcas están quietas y se duermen
con el suave bamboleo de la brisa y el nordeste.
Otra dulce pleamar también se extiende
por los cuerpos,
mientras sudan y trabajan,
mientras lloran y sonríen,
mientras aman y suspiran
esperando la palabra y la respuesta que no llega.


Y de pronto aquella magia se evapora en un instante,
pues comienza ya el reflujo de las aguas
en su vuelta hacia los mares.
Ahora cobra más sentido la salida impetuosa,
el descenso hacia la barra,
el vagar por los andenes de autobuses y de trenes
intentando asir su estribo.
Pasa el tiempo y se vacía el estuario
y de nuevo las arenas de la playa
se despiertan desnudadas y mojadas.
Yo percibo el bajamar que se avecina
y que me arrolla,
que me abraza impetuoso
y deshoja esas ramas tan doradas
que cubrían a mi pecho.


Cuando miro a la bahía ya es muy tarde.
Han pasado muchas horas, casi doce,
con el flujo y el reflujo,
con subidas, pleamares y bajadas de marea.
Cuando miro a mi pasado veo huellas muy cercanas
que se pierden en el tiempo,
que se mezclan con recuerdos y con sueños.
Es la corta bajamar de los otoños
con sus días que decrecen y que llegan
con la sombra de la nube
y de la noche que se acerca.


Es entonces cuando veo y cuando siento
la figura que se marcha por los mares,
la que lleva en sus oídos mis palabras,
la que vino hasta mi lado a leer en mi mirada,
la que dijo en un susurro que me amaba,
la que hizo que sintiera ese latido
y ese amor que me desborda
y que marcha en bajamar
hacia las olas sin retorno.


Rafael Sánchez Ortega ©
17/10/11

NO ESTÁ MUDA MI PLUMA...

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No está muda mi pluma
ni tampoco hay silencio,
ella escribe nerviosa
y lo lleva al cuaderno.

A un cuaderno de plata
que yo guardo en el pecho,
a un cuaderno sin nombre
donde están mis secretos.

Ya mis dedos cansados
han perdido reflejos,
y la pluma vacila
pues precisa tus besos.

Tus caricias sencillas
que no midan el tiempo,
que recorran mi cara
mi cabello y mi cuerpo.

No está muda mi pluma,
de verdad, soy sincero,
ella ha escrito de luchas
y de sangre y de muertos.

Es por eso que oculto
el tenor de esos versos
pues no quiero que a nadie
les trasmitan mi miedo.

Letra a letra narraron
la verdad de los hechos,
esa historia profunda
que no sabe de cuentos.

Pero yo las resguardo
a las letras con celo,
y quizás algún día
ellas griten al viento.

No está muda mi pluma
no vacío el tintero,
mientras corra mi sangre
y suspire mi aliento.

Porque así se lo indico
de que siga escribiendo,
de que cuente y detalle
lo que está bajo el cielo.

Lo que vean mis ojos
lo que tejan mis sueños,
lo que anuncien las sombras
aunque pierda yo en ello.

Pero escribe valiente,
que rechinen mis dedos,
y que salgan tus letras
a posarse en buen puerto.

"...No está muda mi pluma,
ni mi grito está muerto,
mientras sepa mi alma
que es a ti, a quien quiero..."

Rafael Sánchez Ortega ©
17/10/11