4.231 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 13
Me gustaría poder cerrar los ojos
y hacer realidad algún sueño
de los muchos que pasan por mi cabeza.
Me gustaría poder llevarte a esa montaña
que describía la otra tarde.
Caminar por la playa,
ir hasta el faro,
asomarnos a la balconada de la barra,
sentarnos junto a las rocas
para escuchar el murmullo del mar,
aspirar el olor del salitre e impregnar el cuerpo
con el yodo de la orilla,
volver paseando y entrar en la capilla
a rezar una Salve a la Virgen,
mirar el pueblo, a lo lejos,
y contemplar como sus luces
parecen diminutas luciérnagas
que se estiran por las aguas,
caminar y escuchar nuestros pasos
mientras las manos se buscan
y se unen para llevar el compás de nuestros corazones.
...Me gustaría repetir ese paseo
y volver a revivirlo una y mil veces más,
hasta que el sueño se hiciera realidad,
y los sentidos sintieran el trasplante
y los corazones volvieran a latir
para salir de la oscuridad y el silencio de ahora,
para volver a ese mundo de la infancia y la inocencia,
tan añorado...
Me gustaría volver a amar,
sentir erizarse la piel al notar tu presencia,
buscar tu mirada en las letras
y los versos que has escrito,
vibrar, el corazón, en un escalofrío
al llegarme tus palabras
envueltas en esos versos de plata
escanciados desde lejos.
Me gustaría escuchar el latido de tu alma
y limpiar una lágrima de alegría, en tus ojos,
con un beso de mis labios.
¡Me gustaría...!
Rafael Sánchez Ortega ©
27/03/20
4.230 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 12
Ahora vamos tú y yo.
Somos dos y nos miramos de vez en cuando.
Sonreímos y unas veces hablamos
y otras no decimos nada.
Son momentos en que sobran las palabras.
Quizás nos preocupamos más de respirar bien,
que no nos falte el aire.
Y así, cuando subimos un pequeño repecho,
hacemos alguna parada para coger fuerzas,
para tomar aire, para no cansarnos
y, también, para mandar con nuestros labios
un soplo de brisa a la cara que tenemos cerca,
y así, abrir una sonrisa en sus labios.
Pero ya queda poco.
Estamos casi llegando.
Merece la pena el esfuerzo, ya lo verás.
Con suerte, vamos a llegar antes de atardecer
y así podremos ver como se marcha el sol
y como se despide,
dejándonos sus últimos rayos en las rocas de la montaña.
Es un espectáculo maravilloso.
Yo le conozco.
Le he visto y le he vivido,
pero tú lo vas a ver por primera vez.
Igual que luego,
una vez que el sol se ha marchado y despedido
podrás ver y contemplar como salen las estrellas,
como el cielo se puebla de infinitas luces pequeñitas
que mandan mensajes,
que se hablan entre ellas
y seguro que te vas a quedar mirándolas
y hasta hablándolas,
pidiéndolas que te digan algo
y que te confíen sus secretos.
Entonces buscarás mi mano
y yo tomaré la tuya.
Viviremos ese momento y ese instante,
intensamente.
Sentiré como te estremeces,
y tú sentirás mi sangre acelerada
mientras acaricio tu mano,
mientras te miro,
mientras veo a través de tus pupilas,
a ese cielo y a las estrellas.
¡Mientras te beso!
Rafael Sánchez Ortega ©
26/03/20
4.229 - CON GRAN SILENCIO...
Con gran silencio,
llegaste primavera
y estás callada.
No nos molestas,
tampoco nos agobias
con tu ternura.
Aunque extrañamos
el bello colorido
de las praderas.
La flor que nace,
en árboles y arbustos,
y en las macetas.
Las recordamos,
afuera, por las plazas
y los caminos.
Y mientras tanto
prosigue en un invierno
esta añoranza.
La de mirarte,
sentirte en los latidos
del corazón.
En el saludo
y el canto de las aves
por los jardines.
Y en ese baile
que ansían los sentidos,
de la pasión.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/03/20
4.228 - VEO LOS PÁJAROS...
Veo los pájaros
volar en la alameda,
y voy con ellos.
Sigo su vuelo,
contigo de la mano,
cierro los ojos.
En un instante
subimos a los cielos
a descansar.
Allí miramos,
la tierra y las estrellas
que nos rodean.
Luego buscamos
la sombra de la luna
con su candor.
Y le pedimos
un beso y un abrazo
para seguir.
Y proseguimos
un viaje inolvidable
por un poema.
Letra tras letras,
los versos se componen
y cobran vida.
Es nuestra vida,
llegando hasta el cuaderno,
lo que se escribe.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/03/20
4.227 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 11
Día 11 por la tarde.
Hoy quiero salir de paseo
y para ello nada mejor que cerrar los ojos.
Cerrar los ojos y dejar volar la imaginación.
Decirte "que si te animas",
"que si quieres venir a dar ese paseo y una vuelta".
Mira, podemos ir hasta "la península",
sí, aquella península, con los pinos,
por la que tantas veces hemos paseado.
Bueno, tampoco fueron muchas, quizás unas poquitas,
pero se han quedado muy grabadas, ¿verdad que sí?.
Recuerdo una vez que fuimos y,
andando por los caminos que tiene,
por aquellas sendas,
encontramos un rincón,
un rincón apartado allí,
junto a los acantilados.
Había una senda de pescadores que bajaba abajo,
a las rocas desde donde pescaban,
bien con cañas o, algunos,
incluso hasta percebes.
Pues nos sentamos allí, en un rinconcito.
No molestábamos a nadie,
aunque también nadie nos molestaba a nosotros.
Podíamos hablar de nuestras cosas,
podíamos quedarnos en silencio,
podíamos mirar el mar que, en la distancia,
se mostraba firme, magestuoso, sereno,
con ese azul que parecía un manto
y quería cubrirnos de paz.
También veíamos los barcos.
Barquitos que salían.
Barcos grandes.
Petroleros algunos, incluso hasta de pasaje.
Podíamos ver, también, la playa,
las grandes playas con gente, paseando,
tomando el sol, caminando por la orilla del agua.
Y tal vez lo hacíamos desde esa complicidad que teníamos,
en esa charla sin palabras,
ese mirarse nuestros ojos, de vez en cuando,
en ese acercarse nuestras manos
de modo tímido, pero buscándose,
llevando la caricia,
hablando, de vez en cuando, de alguna cosa
que nos había sucedido,
por la que mostrábamos interés.
Preguntándonos y, sobre todo,
sintiéndonos tan cerca.
Es verdad, ¡sobraban las palabras!
Y eso lo hacía la unión.
Estábamos libres.
Libres, iba a decir como ahora, pero no,
ahora no estamos libres,
ahora estamos volando en un sueño
largo y profundo.
...Y recuerdo que aquellas veces,
que nos encontrábamos así,
también soñábamos y también volábamos
con nuestros sueños
porque unas veces nos trasladábamos a las montañas,
otras a los ríos,
incluso aquella cueva donde nos metimos alguna vez.
Parecíamos aventureros,
pero quizás era la edad.
Tampoco medíamos el riesgo.
No éramos espeleólogos, por supuesto,
ni siquiera montañeros.
Teníamos ganas, quizás de...
correr una aventura y eso hicimos.
Nos metimos en ella. Salió bien.
También nos jugamos la vida
y así me lo dijiste alguna vez,
pero bueno...
Al final hoy lo contamos,
también, lo recordamos,
incluso con la sonrisa en los labios.
...Sí, aquella tarde fue muy bonita
y en aquella península
era toda la vida para nosotros.
No sé si era otoño o era invierno,
¡no, no lo sé!,
sé que apenas había gente. Paseamos por ella.
Sí, luego nos levantamos de aquel rincón
que antes describí.
Fuimos a dar una vuelta entre los pinares
y por allí nos sentamos,
no sé si fue en unas escaleras que había,
bajando, o en otro rincón.
Hacíamos muchas pausas,
quizás queríamos llenarnos
de aquellos momentos
para inmortalizarlos en el alma,
para que quedaran allí grabados para siempre
y para que pasara lo que pasara, en el futuro,
nadie los pudiera romper ni mancillar.
Hoy quiero volver allí pero sin nostalgia.
Quiero volver con la misma sonrisa de entonces.
Quiero que vengas conmigo,
quiero enseñarte todo aquello,
quiero reír con tu risa,
quiero mirar con tus ojos,
quiero estar contigo y estar en ti,
quiero que estés en mi corazón
y yo quiero estar en el tuyo.
¡Volemos entonces,
no lo dejemos para mañana!
¡Hagámoslo hoy...!
Rafael Sánchez Ortega ©
25/03/20
4.226 - SI CIERRAS LOS SENTIDOS...
Si cierras los sentidos,
no olvides un consejo,
mantén abierta el alma
precisa de los cielos,
los rayos que le envían
el sol y los luceros,
son fuerza y son latidos,
de barca con sus remos,
que marcha por la vida
en medio del silencio,
y arriba está la luna
mirando todo esto,
el día que amanece,
las calles en silencio,
los hombres encerrados
en casas y conventos...
No encierres los sentidos,
el alma está con ellos,
precisa de caricias
y el roce de unos dedos,
el labio sinuoso
que lleve a ti unos besos,
haciendo que suspires
y vuelvas a los sueños,
la sangre de la infancia
corriendo sin recuerdos,
haciendo que palpiten
campanas en tu pecho,
igual que mariposas
que surgen, con su vuelo,
quizás de las entrañas
de un mundo que ya ha muerto...
"...Si cierras las ventanas
no olvides que está dentro,
un hombre con el alma
cargado con sus miedos..."
Rafael Sánchez Ortega ©
24/03/20
4.225 - LOS CORAZONES...
Los corazones
quedaron enredados
sin darse cuenta.
Fueron mil lazos
de sueños y quimeras
y hasta utopías.
Pero supieron
desenredar sus alas
para volar.
Volaron lejos,
por cielos y por mares
con su tic-tac
Y esos relojes,
tan bien sincronizados,
dieron las horas.
Así bailaron
un vals en los jardines
y junto al tilo.
¡Qué bello sueño,
cargado de ternura,
el que vivieron!
Hoy, dos poemas,
se esconden en sus almas,
buscando luz.
Y, en esos versos,
igual que en aquel baile
se encontrarán.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/03/20
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