HE VISTO CAER LA NIEVE...

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He visto caer la nieve
mientras mi cuerpo temblaba,
el suelo se puso blanco
y parecía una sábana.

Recuerdo muchas escenas,
siendo niño, allá en mi casa,
y miraba todo esto
a través de las ventanas.

Conservo aquellas escenas
con otras muchas mezcladas,
allí se juntas los meses
con unas largas jornadas.

Tiempo de infancia remota
que está grabado en el alma,
tiempo de risas y llantos
que a veces llega y me alcanza.

Y entonces con mucho celo
una voz repite y clama,
recordando aquel pasado
de traineras y de barcas.

Recordando a los marinos
que salían por la barra,
y escuchando aún los remos
que se hundían en el agua.

Y la barca silenciosa
por los mares navegaba,
al compás de los toletes
y las manos que los mandan.

"...He visto caer la nieve,
nieve pura, nieve blanca,
sobre los blancos cabellos
de una figura encantada..."

Entonces yo la he pisado,
la he hablado sin palabras,
y la dejé en un susurro
el nombre de quien me ama.

"...He visto caer la nieve
en la ciudad encantada,
en los parques y jardines,
y en los bancos de la plaza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/09/11

NO ES PRECISO...

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No es preciso que repiquen las campanas,
ni que griten las estrellas buenos días,
ni que apaguen las farolas las linternas,
ni que jueguen las sirenas con la brisa.

No es preciso que soñemos hoy despiertos,
que manchemos nuestras manos con la tiza,
que busquemos Dulcineas en la Mancha
ni que corran Rocinantes sin la silla.

No es preciso que libremos hoy batallas,
que mezclemos nuestros llantos con sonrisas,
que contemos mil secretos a los cielos
ni que queden marchitadas tantas vidas.

No es preciso que reniegues del pasado,
ni que temas a la sombra de la encina,
ni que busques un septiembre muy florido
cuando pides la limosna en una ermita.

No es preciso que te mientas como antaño,
ni que sufras y que sangres por tu herida,
ni que sientas el susurro de las hayas
cuando cantan a las Hadas tan bonitas.

No es preciso que se fundan dos pasiones,
ni que crezcan en el campo margaritas,
ni que vuelen por el aire las alondras,
ni que queden las miradas embebidas.

No es preciso renunciar a ser amado,
ni que dejen en tus labios mil caricias,
esos labios que te buscan y te encuentran,
deseosos de tu sangre compartirla.

No es preciso que se tracen estos versos
y con ellos lo que siento se transmita;
sólo quiero que el silencio los acoja
y que alegren tu mirada y tu pupila...

...No es posible contener tantos suspiros
sin que el alma del poeta esté dolida,
y quizás por eso mismo se confiesa
y nos deja en el dolor, su poesía.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/09/11

HOY UN PÁJARO TORDO...

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Hoy un pájaro tordo
ha doblado la esquina;
me he quedado mirando
para ver si volvía.

Pero el pájaro tordo
se marchó con la brisa,
a buscar los trigales
y doradas espigas.

Y aquel pájaro alegre,
de mirada perdida,
con sus alas graciosas
me sacó una sonrisa.

Y mis labios temblaron
y también mis rodillas,
al compás de su vuelo
que a mi encuentro venía.

Pero el pájaro tordo
no detuvo la brida,
ni tampoco su vuelo
y marchó muy deprisa.

Yo esperaba y miraba
con sonrisa fingida,
manteniendo el suspense
y unas notas de intriga.

Más el pájaro alegre
no volvió por las migas,
ni buscó mis palabras,
ni me dió sus caricias.

Y quedé en el silencio
con los versos y rimas,
reducidos a polvo
por la oscura ceniza.

Una nube muy negra
ha soltado morriña,
con la fina garúa
y la luz mortecina.

Y aquel pájaro tordo,
que siguió mi barbilla,
me dejó para siempre
una imagen prendida.

Una imagen sin nombre,
simplemente sencilla,
una imagen que duerme
en mi humilde retina.

Desde entonces contemplo
este mundo que gira,
y que marcha sin rumbo
a la eterna deriva.

Es posible que espere
en la alegre campiña,
a que broten las flores
y renazcan los días.

"...Hoy un pájaro tordo
me sacó una sonrisa,
para luego quedarse
en mi blanca cuartilla..."

Rafael Sánchez Ortega
07/09/11

HUELE A FRESAS Y A LAVANDA...

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Huele a fresas y a lavanda,
a colonia de azucenas,
a jazmines desprendidos
con perfumes de gardenias.

Es la carne sonrosada
de una nueva primavera,
en la niña que ha nacido
con sonrisa siempre eterna.

Sus manitas inocentes
por el aire ya gatean,
dibujando filigranas
y buscando las estrellas.

Yo la miro y la remiro
y la vista se me alegra,
cuando veo su carita
sonriente y siempre tierna.

Esta niña que ha venido
es un ave que ya vuela,
cual gaviota por los mares
y las olas con sus trenzas.

Es la esencia de la vida,
con la magia que planea,
de su cuerpo y de su alma
que nos deja su presencia.

Su carita redondeada,
su boquita tan pequeña,
sus orejas incipientes
y esos dedos que aletean.

Es tan lindo este conjunto
que hasta el pecho se me altera,
porque sé que en ese cuerpo
corre sangre de mis venas.

Yo la sigo embelesado
mientras ella balbucea,
esas jergas sin palabras
de su lengua tan traviesa.

Hoy llegaron las alondras
y gorriones a la fiesta,
desgranando en sus canciones
una dulce duermevela.

"...Huele a fresas y a lavanda,
a una savia nueva y fresca,
en el cuerpo de una niña
que desprende su inocencia..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/09/11

ARREBATO DE MIELES Y FURORES...

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Arrebato de mieles y furores
hoy le ponen la rima al equipaje;
un conjunto de mates y colores
son la esencia del mar y su celaje.

Los corales se muestran receptores
como versos plasmados en un traje;
hay sirenas que dejan sus clamores
en las olas que rompen con coraje.

Al final un poema es sólo eso,
un conjunto de letras concebidas,
que saliendo del pecho en un proceso

acelera a las almas malheridas
cual resaca que vuelve, en retroceso,
a buscar otros mares y otras vidas.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/09/11

ME ENAMORÉ...

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Me enamoré de tu voz
y tu risa cristalina,
me enamoré de tus ojos
que me dieron la alegría.

Pero aquel tiempo pasó
y agradezco tanta dicha,
tantos minutos robados
en que sentí más la vida.

Reconozco que yo estuve
persiguiendo una utopía,
una alondra por los cielos
y una linda campanilla.

Pero también perseguí
a la luna en la bahía,
a la aurora en la mañana
y al nordeste con su brisa.

Era la vida un tesoro
con muchas gemas que brillan
un palpitar de la tierra
llegando a mi, día a día.

Me enamoré de tu cuerpo
y tu figura tan linda,
me enamoré de tus piernas
con esas curvas tan finas.

Pero aquel tiempo que evoco,
ese esa voz que suspira,
es el pasado que vuelve
con su resaca maldita.

Porque aquel tiempo es recuerdo,
tiempo de llanto y de dicha,
tiempo de amor y de lágrimas
para arañár mis mejillas.

Por eso yo lo rechazo,
no quiero ya mas mentiras,
no quiero ya sus palabras
con esa voz que me hechiza.

Quiero vivir el presente
de una manera tranquila,
quiero guardar del pasado
tantas escenas bonitas.

"...Me enamoré de tu alma
y me robaste la mía,
luego murieron mis sueños
y te alejaste deprisa..."

Rafael Sánchez Ortega ©
04/09/11

MIRO MIS MANOS YA CANSADAS...

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Miro mis manos ya cansadas,
el viejo cuaderno transparente de mi alma,
la pluma de mis dedos vacilante,
la tinta inescrutable de mis labios.


Miro y veo todo esto y me pregunto
si es posible que yo exista,
que yo viva en este mundo de los versos,
que yo sea el carcelero de mi vida,
y a la vez, el prisionero de los sueños
y utopías.


Hay un velo que me ciega y me confunde,
una niebla que traspasa los sentidos,
una bruma que adormece cuanto toca,
un vestido, desgarrado, que se pliega
a los caprichos del destino.


Sin embargo son mis manos las que gritan,
las que sienten el nervioso cosquilleo
de la sangre por las venas,
las que juntan las palabras y las unen,
las que llevan letra a letra, a la cuartilla,
con acierto o desacierto,
tantos ratos y momentos de ilusión y fantasía
y las hacen formar vida en el poema.


Son mis manos las que miro,
manos viejas, casi ancianas,
manos firmes y robustas que han bailado,
con sus dedos,
al compás de aquella música en la tarde,
agotando los suspiros de los mares.


Fueron ellas las que un día, en una noche,
señalaron las estrellas,
las que hicieron lentamente el recorrido
por un valle sinuoso e incitante,
con desiertos y colinas,
en la tierra tan vibrante de aquel cuerpo
estremecido que gemía y suspiraba
suplicando mil caricias.


Fueron ellas, esas manos, las que un día,
en una tarde,
apoyaron a otras manos en la larga despedida,
de aquel viaje sin retorno.
Fueron ellas las que luego restañaron
unas lágrimas traidoras que rodaron de los ojos
y bajaron por la cara.


Fueron ellas, esas manos ya cansadas,
las que amaron y sintieron el suspiro de la vida.


...Y por eso ahora las miro y las remiro
mientras hago este poema,
estos versos vacilantes que planean en mi alma
cual gaviotas en el puerto deseando ver la vida.


Rafael Sánchez Ortega ©
03/09/11