4.268 - VOY CAMINANDO...

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Voy caminando

en medio de un sendero

que no conozco.


Y en él te veo,

paloma, muy cansada, 

mientras descansas.


Vienes de lejos

de tierras y de costas,

desconocidas.


Hay un mensaje

colgado de tu pico

para mi pecho.


El corazón

me late, desbocado,

cuando lo leo.


En él se juntan

caricias y ternura

que alguien me manda.


Son como estrellas

con guiños de colores

para mis ojos.


Yo las recojo.

Las guardo en mis pupilas

para soñar.


Y le contesto,

de vuelta, a la paloma,

con unos besos.


"...Porque te quiero..."

(Los versos son testigos

en un poema).


Rafael Sánchez Ortega ©

18/04/20

4.267 - TE ESPERARÉ...

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 Te esperaré,

vestido de esperanza,

mi capitán.


Y sonreiré,

contigo en la distancia,

con un café.


Seremos unos

amigos que se buscan

bajo la luna.


Veremos luces

bailando entre las aguas

de las estrellas.


Serán los besos

de arcángeles perdidos

que nos invitan.


A dar el paso

que arranque nuestros miedos

del corazón.


Y gritaremos,

al mundo en que vivimos,

que nos queremos.


Que nos amamos,

bogando en una barca

hacia el destino.


Y lograremos

ganar esta batalla

con nuestros sueños.


Rafael Sánchez Ortega ©

16/04/20

4.266 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 33

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El tiempo sigue.
Los días continúan en este encierro. 
A veces, las mañanas, parece que despiertan 
con otra luz. 
Es como si quisieran animarnos, 
decirnos que estamos en primavera, 
que asomemos los ojos y miremos al fondo, 
a los prados y a los campos,
que busquemos los árboles que el viento 
cimbrea en sus ramas, 
que escuchemos el río que baja juguetón
besando los meandros, 
que sintamos la brisa que llega 
y que nos besa los cabellos...

Pero luego la soledad y el silencio 
rompen esa imagen que la mañana ofrece 
y nos vuelve a la realidad.
La imagen se rompe, se transforma en mil retales 
y fragmentos por el suelo. 
La primavera silenciosa aparece muy lejana, 
como si estuviera, invisible, en alguna parte, 
esperando. 
Los prados son como una acuarela inmóvil 
en el fondo de la retina, 
los árboles no danzan ni se mueven con el viento 
y son espigas de algún cuadro gris y sucio, 
el río es una legaña, en este lienzo, 
que ha perdido la paleta de un autor desconocido 
y el viento, con la brisa, no me llega 
y me sofoco en un abrazo insoportable 
del encierro involuntario.

¡Creo que pesa el cansancio y mucho!

Creo que tengo necesidad de amar 
y de sentirme amado. 

Siento que debo decirlo, de gritarlo,
pero no puedo. 
Mi corazón es como un reloj de sol,
que en su, tic-tac, 
lleva un monólogo invisible 
que se apaga lentamente.

¡Te quiero, te quiero...!

(Sonríe la paloma mientras se enjuaga una lágrima...)

Rafael Sánchez Ortega ©
16/04/20

4.265 - SENTIR AL VIENTO...

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Sentir al viento,
rozarme los cabellos,
es algo hermoso.

Es un suspiro
que llega de los mares
con el nordeste.

En él encuentro
los besos y los sueños
que tanto ansío.

Y son los besos,
retazos de la vida,
con sus latidos.

Y son los sueños
que vienen a mi lado
entre la brisa.

Por eso, el viento,
abona la esperanza
en que confío.

Y así camino
y salgo de esta celda
que yo no quiero.

Vuelvo a la vida,
recobro los sentidos
y tengo fe.

Sonrío al viento,
recojo sus caricias.
Cierro los ojos.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/04/20

4.264 - DICEN QUE DUELE...

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Dicen que duele
sentirse abandonado
en estos tiempos.

Fechas de llantos,
de encierros y silencios.
De soledad.

Pero yo tengo
la linda mariposas
que me acompaña.

Ella es mi amiga,
mi amante y confidente,
"mi poesía"

Por eso río
con ella, cuando vuelo
por los cuadernos.

Trazamos versos,
con letras desiguales,
llenos de amor.

Y sus latidos
se mezclan con los míos
en un tic-tac.

Beso sus alas
que dulces, me acarician,
con gran ternura.

Beso su alma
que guarda y que me entrega
con devoción.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/04/20

4.263 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 31 - (Tarde)

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Tarde.

He pensado en ti, mariposa del alma. 
He pensado en la gaviota del puerto,
en la paloma del parque, 
en el mar y la playa de mi costa, 
he pensado en la iglesia de mi pueblo, 
en el campario inmenso por el que corría de niño, 
en el reloj de sol de su patio, 
en el viejo cementerio que había en la parte sur, 
en aquel rincón que llamábamos Ronda 
con su peña sobre la marisma, 
he vuelto a ver los Picos y montañas 
reflejados en las aguas, 
la barra del puerto, 
el faro con sus luces, 
los barcos entrando, 
las aguas hablándome en la tarde, 
he sentido al viento del nordeste
acariciar mi cabello, 
he aspirado el aroma de los robles, 
el perfume de las algas, 
he encontrado las largartijas dormilonas 
que surcaban las baldosas,
he oído los susurros de los árboles 
contándome sus penas y alegrías, 
he visto a los niños jugar en los recreos 
y me he unido a sus voces 
persiguiendo una pelota, 
unas canicas 
y un saleo...

En definitiva, "he vuelto a la vida" 
en un sueño, "mi sueño..."

Rafael Sánchez Ortega ©
14/04/20

4.262 - FRAGMENTO DE UN DIARIO - DÍA 31 - MAÑANA

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Día 31 - (Mañana)

Hoy me he escapado del encierro. 
En realidad fue quería hacerlo,
quería caminar y estirar las piernas 
sin darme cuenta. 
Estaba calzado con las playeras 
y sentía ganas de andar. 
Las piernas, impacientes, precisaban estirarse 
pero en "serio". 

Entonces abrí la puerta. 
Bajé las escaleras del jardín. 
Me encontré en el camino 
que conduce a la aldea 
y empecé a caminar. 
Me sentía como un niño pequeño 
que da sus primeros pasos. 
Mis manos abrazaron a mi cuerpo,
como si quisieran transmitirle el calor de la vida. 

Cerré los ojos y comencé a dar unos pasos vacilantes. 
Uno, 
dos, 
tres... 

En un instante llegué a la orilla de la carretera. 
No había circulación. 
Nadie venía por ella. 
Todo era silencio y soledad. 
Solamente estaba yo, 
como un espectador que rompía 
aquel marco de cristal. 

Me detuve y llené los pulmones con el aire 
que me llegaba.
Era algo fresco, 
algo que me llenaba el alma, 
algo que calmaba mi sed 
y deseos de libertad.

Con pena volví sobre mis pasos. 
Los perros vecinos ladraban sin parar. 
Siempre lo hicieron y más ahora, 
que no pasa casi nadie. 

Pensé en la vida y sonreí. 
Seguro que un día, cuando sea, 
la sonrisa volverá a nuestros labios 
y hablaremos de este encierro, 
de estas largas cadenas que nos aprietan y ahogan, 
de este tiempo con el reloj del alma parado, 
con esta sensación de amor congelado 
en el corazón, 
y con la voz y el grito 
estrangulado en la garganta.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/04/14