AQUELLA TARDE FRÍA

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Aquella tarde fría,
en que acabó el invierno,
salistes a la calle,
quizás por un momento.
Salistes abrigada,
salistes en silencio,
un paso tras de otro,
mirando fija al cielo.
La sombras de la tarde
dejaban tu recuerdo,
en formas caprichosas,
trazadas en el suelo.
Mas tú no las veías,
llevabas tras un velo,
la carga vacilante
de días y de sueños.
La tarde terminaba
sin tinta en el tintero,
los labios suspirando
un nombre con un rezo.
El viento del nordeste
cortaba como el hielo,
rozaba tus mejillas,
besaba tus cabellos.
Más tú no lo sentías,
marchabas con el eco,
buscabas un destino
un rostro con un cuerpo.
Llegastes a la barra
con lágrimas y miedo,
temblabas simplemente
mirando el universo.
Las lágrimas saladas
dejaban mil reflejos,
herían tus pupilas
cual dardos sin veneno.
Más tú le suplicabas,
rezando un padrenuestro,
al Dios que en las alturas
guiara su velero.
Querías a tu amante,
el dulce marinero,
el hombre de tu vida
el niño de tus juegos.

...Aquella tarde fría
en que escuché un lamento,
llegó la primavera
y se marchó el inverno.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/03/10

ME OLVIDÉ DE OLVIDARTE

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Me olvidé de olvidarte
y volví tras tus pasos,
tú eras joven y bella,
salerosa y con garbo.

Caminabas deprisa
y seguías andando,
pero así te alejabas
más allá del ocaso.

Y de pronto, rendido,
me sentí muy cansado,
me faltaban las fuerzas
y quería tu abrazo.

Pero tú proseguías
sin temor al cansancio,
paso a paso adelante
susurrando tu canto.

Me quedé pensativo
y también descansando,
con la brisa divina
de la sombra del árbol.

Tú adelante marchabas
sin temor ni recato,
y mirabas el cielo
y el azul del verano.

Pero el roble bendito
me mandó tu recado,
ese canto de ensueño
que dejaban tus labios.

Y corrí presuroso
por desiertos y prados,
persiguiendo tus huellas
y ese cuerpo serrano.

Y la brisa traía
tu perfume encantado,
el olor de lavanda
con las rosas y nardos.

Me olvidé de olvidarte
esperando el milagro,
de leer tu mirada
y tus ojos castaños.

De leer en tu alma
ese libro sagrado,
esas letras divinas
que ha trazado tu mano.

De sentir a tu pecho
bombear sin descanso,
esa sangre que corre
como un beso enjaulado.

Ese beso precioso
con mi beso temblando,
y ese suave susurro
que te diga: "Te amo".

Rafael Sánchez Ortega ©
15/03/10

PASA EL TIEMPO Y CORREN LOS MINUTOS

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Pasa el tiempo y corren los minutos.
El silencio se masca lentamente.
Hay vacío y soledad,
hay quietud,
hay ruidos en la calle por los coches
que circulan;
se oyen voces de las gentes en los bares,
hay pisadas que resuenan entre risas y jolgorio.

Me refugio entre los pliegues de mi alma.
Tengo frío en esta noche,
tengo un algo que no sé cómo expresarlo,
tengo angustia contenida,
tengo sed y tengo hambre
de beber entre tus labios
ese líquido sagrado de los besos.

Sin embargo pasa el tiempo.
El reloj no se detiene ni se para,
continúa su tic-tac con parsimonia,
tan ajeno a nuestra vida
como un astro de los cielos ante el hombre.

En un acto irreflexivo me detengo.
Busco cerca ese contacto que no tengo,
busco abrigo y busco abrazo,
busco el cuerpo tan ansiado que preciso
y necesito,
como el mar en la rompiente de la costa.

Mis recuerdos a ti vuelven
como ola en la resaca,
a dormir entre la arena de la playa
y entre el eco que me dejan los momentos
que no olvido del pasado.
Siento frío nuevamente.

Mi mirada temblorosa se estremece,
no te veo ni distingo tu llegada,
no te escucho ni tampoco los latidos
de tu pecho,
no te siento entre mis dedos
ateridos por el frío
y por los años del otoño.

Sin embargo estás muy cerca y me acaricias.
Es tu mano la que roza mis mejillas
cuando duermo,
cuando cierro ya mis ojos muy cansados,
cuando ceso en esta lucha por la vida,
cuando busco entre las sombras y tinieblas
esa luz con la esperanza de tu nombre.

Y allí estás y yo te siento,
es el cáliz de tu copa
el que me entregas con tus manos,
son tus dedos tan preciosos
los que rozan mis cabellos,
son tus ojos los que hablan sin palabras
y me dicen tantas cosas,
son tus labios los que besan a mis labios
y es tu boca la que deja en mis oídos
esa frase que estremece y que acalora,
que me hace sentir vivo y no en un sueño.

Y me duermo en el silencio con el tiempo,
con tu cuerpo en mi costado,
con tus manos en mis manos,
compartiendo los suspiros y los sueños,
mientras lindas mariposas parpadean
y hacen guardia en este acto,
del amor entre dos cuerpos
y dos almas,
bajo el manto de la noche y las estrellas
que vigilan nuestros sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/03/13

IN MEMORIAM

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(A Miguel Delibes)

Trotador de caminos en Castilla,
con la pluma paciente y la mirada
persiguiendo cual viejo Don Quijote,
los trigales, las eras y la caza.

¡Cuánta fé derramaste en las cuartillas
describiendo a los hombres que trabajan!,
¡cuánta nota de música celeste
nos dejaron tus letras tan premiadas!

Pero tú, soñador impenitente,
el Delibes del "Mario" y la "Parábola",
transitabas en paz "Por esos mundos"
aunque hacías "escala en las Canarias".

Forjador de "Diarios" y "Partidas"
con "Cipreses de sombras alargadas",
fuiste fiel al "Camino" de aquel "Loco"
a pesar de "Emigrantes" y de "Ratas".

Ahora duermes por siempre en el silencio,
la "escopeta en el hombro" está callada,
tus "amigas las truchas" te recuerdan
en "El último coto" de tu "España"

Es difícil decirte lo que siento,
soy "Hereje" y lo dice mi palabra,
pero tú, caminante de "esos mundos"
te has cubierto por fin con "la mortaja"

Aquí quedan "Tres pájaros de cuenta",
"Bicicletas", "Censuras" enlazadas
y estarán para siempre en mi recuerdo
inspirando mis versos en la calma.

Conociste el cantábrico y sus costas,
y escribiste de Tinas y del Nansa,
aún recuerdo tus líneas tan sencillas
y mi tierra en las mismas reflejada.

Para ti estas letras que me nacen,
estos versos de pluma mancillada,
que recuerdan tu garbo y tu figura,
y la gleba y tu tierra castellana.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/02/10

AMANECIÓ DE REPENTE UN NUEVO DÍA

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Amaneció de repente un nuevo día
bajo un cielo con nubes clareado,
tenía tanta fuerza y hermosura
que no pude por menos que admirarlo.

Es posible, pensé, que en otras tierras,
aún la noche la cubra con su encanto,
y hasta puede que tiemblen las estrellas
y también los cometas a su paso.

Pero pienso en los hombres que amanecen,
en las placas que chocan suspirando,
en las olas que llegan a la costa
en la tierra que tiembla mientras tanto.

Desde lejos se escucha todo esto
y se ven las escenas de este cuadro,
sin embargo se vive la tragedia
en el centro preciso de aquel acto.

Sólo soy un testigo que amanece
escuchando noticias y recuadros
de la vieja emisora que transmite
y que manda sus ondas por la radio.

Allí cuenta detalles del suceso,
del temblor, de las muertes y el espanto,
y la piel se estremece levemente
con la tierra lejana sin dudarlo.

Sin embargo recuerdo a las personas,
esas caras y cuerpos tan preciados,
esos seres que sufren día a día
y que viven la furia y el espanto.

A esos hombres dedico este poema,
estos versos quizás deshilvanados,
y les digo que tengan esperanza
a pesar de sus lágrimas y llanto.

Esta vida es muy dura, y bien lo saben,
en la casa, en la calle y el trabajo,
los momentos se viven al segundo
y el futuro se mira muy lejano.

Sin embargo la fé nunca se pierde
y sé bien que sabrán de superarlo,
con esfuerzo y con grandes sacrificios
aunque pasen los días y los años.

Ya se apagan las luces y sirenas,
y las calles se animan con los pasos,
las ciudades y pueblos cobran vida
con deseos y sueños renovados.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/03/10

VOY A SEMBRAR DE ROSAS LOS PASEOS

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Voy a sembrar de rosas los paseos
para que pises en su fina alfombra,
así tus pies tan bellos y bonitos
podrán sentir la seda que los roza.

Caminarás despacio, lentamente,
despertarás al día con la aurora,
contemplaré tus pasos en la arena
y sentiré ese nudo que me ahoga.

Porque tomar las rosas es sencillo,
más separar sus pétalos en forma,
es la labor quizás mas delicada
del ser enamorado que las corta.

Voy a sembrar de rosas tus cabellos,
te dejarán perfumes y colonias,
enmarcarán las hebras plateadas
bajando hasta tu pecho sin demora.

Entonces notarás esos latidos,
ese volcán del pecho que galopa,
ese fluir de lava incandescente
del corazón amante que te implora.

Pero quizás la rosa esté marchita
y los pétalos y hojas estén rotas,
quizás la primavera esté pasada
y las espinas de la rosa afloran.

Voy a sembrar de rosas simplemente
aquel camino que soñé que tocas,
quizás mi sueños sean sólo eso,
la fantasía loca de unas horas.

Pero soñar, soñar, no quiero eso,
quiero vivir el sueño en tu persona,
quiero sentir tu mano entre mis manos,
quiero tener tus labios en mi boca.

Quiero notar tu dulce escalofrío,
quiero apartar la lágrima traidora,
quiero mirar tus ojos tan sinceros,
quiero leer sus letras amorosas.

Voy a sembrar de rosas los paseos,
para esperar que vengas y recojas
ese clavel que tengo para darte
con el amor del alma que te adora.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/03/10

VOLARÁS CON TUS ALAS POR EL CIELO

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Volarás con tus alas por el cielo
a poner en las nubes colorido,
y unas gotas de lluvia refinadas
a la tierra vendrán con gran sigilo.

Pero el beso tan fresco de la brisa,
ese beso invisible y tan distinto,
a tu cuerpo envolvió en aquel momento
y cambió para siempre tu destino.

¡Cuántas letras tus labios murmuraron,
cuántos besos pacientes recibidos,
cuántos sueñós llegaron a tus ojos
que a la vez, te arrancaron mil suspiros!

Es por eso que vuelas por el cielo
con un ramo de rosas y de lirios,
a buscar a ese ser, que tras la brisa,
fue el causante del vuelo repentino.

Las gaviotas saludan a tu paso,
y las tardes se tiñen de amarillo,
y se masca la paz entre las almas
en un marco de luz y colorido.

Pero tú, soñadora irreverente,
con tu vuelo te acercas a los niños,
a ese mundo tan tierno y delicioso
que acelera sin pausa los latidos.

Y te posas paciente en ese parque,
vas en busca del banco de los tilos,
aquel sitio tan dulce y sugerente
que del beso tan bello fue testigo.

Y te faltan entonces las palabras
y unos labios se acercan sin aviso,
unos besos del aire renovados
que la brisa te deja con cariño.

Es entonces que se alza tu mirada
contemplando al amor con tus ojitos,
y notando ese dardo entusiasmado
que atraviesa tu alma y tus sentidos.

Se producen entonces los silencios,
las palabras se quedan en los libros,
y los cuerpos se aman dulcemente
entre besos, abrazos y suspiros.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/03/10