ME VOY CON EL VACÍO ENTRE LAS MANOS
Me voy con el vacío entre las manos
y también con el alma dolorida,
se ahogan las palabras en el pecho,
quedando como perlas mortecinas.
Hay sombras que se ven por los caminos
y lunas estrelladas sin sonrisas,
hay vidrios y cristales por los suelos,
que cortan al viajero que transita.
Debemos caminar hacia adelante,
sin miedo, decididos y sin prisas,
sabiendo que aunque existan temporales
tras ellos llegan calmas y calimas.
Un día se nos rompen los proyectos,
se marchan simplemente de la vida,
se van hacia otros mundos siderales
volando hacia regiones infinitas.
Entonces nos quedamos pensativos
buscando la respuesta tan sencilla,
la eterna interrogante que devuelva
la paz que el alma ausente necesita.
Ya suenan los cohetes y la traca
estalla y nos enseña maravillas,
la dulce caracola de las luces,
colores que aparecen y palpitan.
Me voy, eso decía en el principio,
y marcho con el alma compungida,
me voy hacia los campos de lo eterno
allí donde los muertos resucitan.
No quiero que me lloren ni me recen,
si acaso que recuerden aquel día,
el mismo en que murieron tantos sueños
quemándome en el pecho aquella herida.
Me voy tras los caballos a otras tierras
en busca del nordeste y de la brisa,
no sé si mi partida es para siempre,
pues marcho con el alma dolorida.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/04/10
y también con el alma dolorida,
se ahogan las palabras en el pecho,
quedando como perlas mortecinas.
Hay sombras que se ven por los caminos
y lunas estrelladas sin sonrisas,
hay vidrios y cristales por los suelos,
que cortan al viajero que transita.
Debemos caminar hacia adelante,
sin miedo, decididos y sin prisas,
sabiendo que aunque existan temporales
tras ellos llegan calmas y calimas.
Un día se nos rompen los proyectos,
se marchan simplemente de la vida,
se van hacia otros mundos siderales
volando hacia regiones infinitas.
Entonces nos quedamos pensativos
buscando la respuesta tan sencilla,
la eterna interrogante que devuelva
la paz que el alma ausente necesita.
Ya suenan los cohetes y la traca
estalla y nos enseña maravillas,
la dulce caracola de las luces,
colores que aparecen y palpitan.
Me voy, eso decía en el principio,
y marcho con el alma compungida,
me voy hacia los campos de lo eterno
allí donde los muertos resucitan.
No quiero que me lloren ni me recen,
si acaso que recuerden aquel día,
el mismo en que murieron tantos sueños
quemándome en el pecho aquella herida.
Me voy tras los caballos a otras tierras
en busca del nordeste y de la brisa,
no sé si mi partida es para siempre,
pues marcho con el alma dolorida.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/04/10
YA NO BUSCO CORONAS NI LAURELES

Ya no busco coronas ni laureles
ni tampoco la copa plateada,
aquel tiempo pasó, hace muchos años,
ahora busco el silencio con su calma.
Las coronas con hojas de laureles
se pudrieron en fangos y batallas,
los laureles quedaron marchitados
aunque ahogados quizás por tanta lágrima.
Se despiertan de noche las estrellas
enviando su brillo en la distancia,
ese dulce reflejo de sus ojos,
con la luz parpadeante que nos llama.
Es entonces que busco en el silencio
el rumor de recuerdos y nostalgias,
como llegan las olas dulcemente
a dormir perezosas en la playa.
Hay un eco de tiempos que reviven
y que llegan también con la resaca,
es la vida y su eterno bamboleo,
es la luz vacilante que se apaga.
Ya no corro por campos ni caminos,
ni persigo princesas encantadas,
los caminos están abandonados
las princesas, volando, van muy altas.
Me detengo en la paz de los sepulcros
y el silencio recojo de sus lápidas,
allí estan tantos sueños resumidos,
y también las cenizas y las lágrimas.
¡Cuánta nota perdida de la vida!,
¡cuánta paz da el silencio en su palabra!,
es por eso que abrazo ese silencio,
y la paz que me ofrece tan sagrada.
Y me duermo sin gloria ni laureles
escuchando el latido de mi alma,
y su eco retumba en el silencio
en un canto de amor y de esperanza.
Se terminan así las ilusiones
y comienza de nuevo otra jornada,
un suspiro de vida ilusionante,
y con él, el cariño que me falta.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/04/10
ni tampoco la copa plateada,
aquel tiempo pasó, hace muchos años,
ahora busco el silencio con su calma.
Las coronas con hojas de laureles
se pudrieron en fangos y batallas,
los laureles quedaron marchitados
aunque ahogados quizás por tanta lágrima.
Se despiertan de noche las estrellas
enviando su brillo en la distancia,
ese dulce reflejo de sus ojos,
con la luz parpadeante que nos llama.
Es entonces que busco en el silencio
el rumor de recuerdos y nostalgias,
como llegan las olas dulcemente
a dormir perezosas en la playa.
Hay un eco de tiempos que reviven
y que llegan también con la resaca,
es la vida y su eterno bamboleo,
es la luz vacilante que se apaga.
Ya no corro por campos ni caminos,
ni persigo princesas encantadas,
los caminos están abandonados
las princesas, volando, van muy altas.
Me detengo en la paz de los sepulcros
y el silencio recojo de sus lápidas,
allí estan tantos sueños resumidos,
y también las cenizas y las lágrimas.
¡Cuánta nota perdida de la vida!,
¡cuánta paz da el silencio en su palabra!,
es por eso que abrazo ese silencio,
y la paz que me ofrece tan sagrada.
Y me duermo sin gloria ni laureles
escuchando el latido de mi alma,
y su eco retumba en el silencio
en un canto de amor y de esperanza.
Se terminan así las ilusiones
y comienza de nuevo otra jornada,
un suspiro de vida ilusionante,
y con él, el cariño que me falta.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/04/10
UNA TARDE GRIS Y FRÍA...
Una barca que regresa,
unas olas en la playa,
ellas mecen los recuerdos
al compás de la resaca.
Una Virgen se pasea
con su manto azul de gala,
retornando a la capilla
mientras cantan las picayas.
Hoy es día de Folía
de verbena y de jarana,
pero es día de oraciones
y pedir por nuestras almas.
Esa Salve marinera
sube al cielo limpia y clara,
va hasta el brazo de la Virgen
a dejarle una plegaria.
Un Mozucu complaciente
nos ofrece su mirada,
sus manitas extendidas
a las nuestras traen la calma.
El regresa con la Virgen,
La Folía ya se acaba
va contento y complacido
a la ermita que lo aguarda.
Una tarde gris y fría,
con las nubes que pasaban,
me trajeron los recuerdos
de Folías ya lejanas.
Una brisa marinera
rezumaba la nostalgia,
de momentos del pasado,
de rincones y de estampas.
...Una tarde gris y fría,
él salía en su chalana,
con su ropa de marino
de Folía por la barra.
Un cigarro entre sus labios,
un susurro en la garganta,
canta el remo en el tolete
a la Virgen tan galana.
Atrás queda San Vicente,
La Barquera y La Cabaña,
La Barrera y El Castillo
y la Villa engalanada.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/04/10
unas olas en la playa,
ellas mecen los recuerdos
al compás de la resaca.
Una Virgen se pasea
con su manto azul de gala,
retornando a la capilla
mientras cantan las picayas.
Hoy es día de Folía
de verbena y de jarana,
pero es día de oraciones
y pedir por nuestras almas.
Esa Salve marinera
sube al cielo limpia y clara,
va hasta el brazo de la Virgen
a dejarle una plegaria.
Un Mozucu complaciente
nos ofrece su mirada,
sus manitas extendidas
a las nuestras traen la calma.
El regresa con la Virgen,
La Folía ya se acaba
va contento y complacido
a la ermita que lo aguarda.
Una tarde gris y fría,
con las nubes que pasaban,
me trajeron los recuerdos
de Folías ya lejanas.
Una brisa marinera
rezumaba la nostalgia,
de momentos del pasado,
de rincones y de estampas.
...Una tarde gris y fría,
él salía en su chalana,
con su ropa de marino
de Folía por la barra.
Un cigarro entre sus labios,
un susurro en la garganta,
canta el remo en el tolete
a la Virgen tan galana.
Atrás queda San Vicente,
La Barquera y La Cabaña,
La Barrera y El Castillo
y la Villa engalanada.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/04/10
QUISE ROBAR A LA LUNA
Quise robar a la luna
esa blancura que guarda,
pero la luna coqueta
se deslizó sobre el agua.
Entonces vi su reflejo
y quise presto atraparla,
pero la bruma del lago
me la cubrió con su capa.
Fueron minutos eternos
los que buscó mi mirada,
tras la cortina de niebla
buscando esa luz tan blanca.
Porque su luz, que es eterna,
lleva blancura dorada
y hasta la nieve se funde
para besar las montañas.
Quise robar a la luna
un corazón sin nostalgia,
unos suspiros divinos
y una canción de esperanza.
Pero la luna menguante
ganas tenía de cama,
y sus ojitos tan lindos
con pena ya los cerraba.
Estaba el lago en silencio,
dormían quietas las barcas,
y la lunita lunera,
una canción musitaba.
Era el arrullo del viento
como una brisa preciada,
besos que van a la luna,
luna que busca mi alma.
Quise robar a la luna
ese rasgar de guitarras,
esa canción al silencio
y ese rumor de las plantas.
Pero la luna del cielo
era una luna gitana,
linda melena tenía,
blanca su faz y su cara.
Y me quedé fascinado,
con esa luna lejana,
con esos ojos preciosos
que mis pupilas buscaban.
Hubo un suspiro de nuevo,
era el rumor de una nana,
la que cantaba la luna
mientras mi cuerpo aneaba.
"...Quise robar a la luna,
pero la luna tan sabia,
llevó mi alma a su lado
y me quedé sin palabras..."
Rafael Sánchez Ortega ©
17/04/10
esa blancura que guarda,
pero la luna coqueta
se deslizó sobre el agua.
Entonces vi su reflejo
y quise presto atraparla,
pero la bruma del lago
me la cubrió con su capa.
Fueron minutos eternos
los que buscó mi mirada,
tras la cortina de niebla
buscando esa luz tan blanca.
Porque su luz, que es eterna,
lleva blancura dorada
y hasta la nieve se funde
para besar las montañas.
Quise robar a la luna
un corazón sin nostalgia,
unos suspiros divinos
y una canción de esperanza.
Pero la luna menguante
ganas tenía de cama,
y sus ojitos tan lindos
con pena ya los cerraba.
Estaba el lago en silencio,
dormían quietas las barcas,
y la lunita lunera,
una canción musitaba.
Era el arrullo del viento
como una brisa preciada,
besos que van a la luna,
luna que busca mi alma.
Quise robar a la luna
ese rasgar de guitarras,
esa canción al silencio
y ese rumor de las plantas.
Pero la luna del cielo
era una luna gitana,
linda melena tenía,
blanca su faz y su cara.
Y me quedé fascinado,
con esa luna lejana,
con esos ojos preciosos
que mis pupilas buscaban.
Hubo un suspiro de nuevo,
era el rumor de una nana,
la que cantaba la luna
mientras mi cuerpo aneaba.
"...Quise robar a la luna,
pero la luna tan sabia,
llevó mi alma a su lado
y me quedé sin palabras..."
Rafael Sánchez Ortega ©
17/04/10
SE VAN SEMBRANDO CLAVELES
Se van sembrando claveles
a lo largo del camino,
se toman en primavera
y se dan a los amigos.
El clavel es una flor
que tiene gracia y estilo,
tiene perfume y fragancia
con unos pétalos finos.
¡Cuántas veces el clavel
permanece en el olvido!,
hasta que llega una mano
que lo lleva a su destino.
A ese pelo primoroso,
que se ondula con los rizos,
al escote sugerente
de ese borde del vestido.
Hay claveles en las bodas
y también en los bautizos,
hay claveles en las ramblas
que se unen a los libros.
Sin embargo, el sembrador,
siembra avena y siembra trigo,
y semillas de claveles
en jardines escondidos.
No hay jardín mas sugerente
que Castilla y sus castillos,
y allí crece entre la gleba
con la jara y los suspiros.
Los claveles toman forma,
van buscando el infinito,
ya se alzan a los cielos,
temblorosos, compungidos.
Han nacido de una mano
que los riega con cariño,
sembrador, así le llaman,
al paciente campesino.
Le legaron sus mayores
este encargo desde niño,
y lo cumple presuroso
a pesar del duro estío.
Los claveles son cortados
para ir hacia el Olimpo,
a unos labios ardorosos
que musitan un suspiro.
"Ay claveles tan hermosos,
tan cuidados y tan lindos
venid pronto hasta mi lado,
que estais llenos de cariño.
Venid pronto hasta mi alma
abrazándola con mimo,
que mi cuerpo tan cansado
quedará pronto dormido"
Rafael Sánchez Ortega ©
16/04/10
a lo largo del camino,
se toman en primavera
y se dan a los amigos.
El clavel es una flor
que tiene gracia y estilo,
tiene perfume y fragancia
con unos pétalos finos.
¡Cuántas veces el clavel
permanece en el olvido!,
hasta que llega una mano
que lo lleva a su destino.
A ese pelo primoroso,
que se ondula con los rizos,
al escote sugerente
de ese borde del vestido.
Hay claveles en las bodas
y también en los bautizos,
hay claveles en las ramblas
que se unen a los libros.
Sin embargo, el sembrador,
siembra avena y siembra trigo,
y semillas de claveles
en jardines escondidos.
No hay jardín mas sugerente
que Castilla y sus castillos,
y allí crece entre la gleba
con la jara y los suspiros.
Los claveles toman forma,
van buscando el infinito,
ya se alzan a los cielos,
temblorosos, compungidos.
Han nacido de una mano
que los riega con cariño,
sembrador, así le llaman,
al paciente campesino.
Le legaron sus mayores
este encargo desde niño,
y lo cumple presuroso
a pesar del duro estío.
Los claveles son cortados
para ir hacia el Olimpo,
a unos labios ardorosos
que musitan un suspiro.
"Ay claveles tan hermosos,
tan cuidados y tan lindos
venid pronto hasta mi lado,
que estais llenos de cariño.
Venid pronto hasta mi alma
abrazándola con mimo,
que mi cuerpo tan cansado
quedará pronto dormido"
Rafael Sánchez Ortega ©
16/04/10
TU NOMBRE
He oído silbar al viento
y menear los balcones,
era un sonido precioso
como un lamento sin voces.
El viento pasa deprisa,
es invisible a los hombres,
pero nos deja sus besos
entre caricias y sones.
He visto pasar las nubes
con sus vestidos mejores,
con ese blanco tan lindo,
y con el gris que se pone.
Pero las nubes tan altas
cruzan los cielo sin noche,
van a otros mundos y tierras,
como pegasos veloces.
He oído de los ancianos
narrar leyendas feroces,
mientras sus ojos buscaban
mirando tras los balcones.
Quizás buscaban los días
y ese pasado del joven,
ese soñar sin sentido
temblando sus corazones.
He visto como los niños
juntan la arena en montones,
en esa playa dorada
donde las olas se esconden.
Cómo construyen castillos,
cómo levantan pasiones,
con su paciencia infinita
mientras el sol se recoge,
He oído voces y risas,
cantos de ricos y pobres,
pero quedaron perdidos
entre caminos y alcores.
Atrás quedaron palabras
cubiertas con ilusiones,
y ahora es el eco el que habla,
mientras musita tu nombre.
He visto como la brisa
pone tu pelo en desorden,
como acaricia tu cara
como tus poros recorre.
Cómo te besa los labios
entre silbido y acorde,
cómo a tus pies se arrodilla
y dá promesas y amores.
He oído silbar al viento
entre la encina y el roble,
y he visto en ellos grabados
tu nombre en dos corazones.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/04/10
y menear los balcones,
era un sonido precioso
como un lamento sin voces.
El viento pasa deprisa,
es invisible a los hombres,
pero nos deja sus besos
entre caricias y sones.
He visto pasar las nubes
con sus vestidos mejores,
con ese blanco tan lindo,
y con el gris que se pone.
Pero las nubes tan altas
cruzan los cielo sin noche,
van a otros mundos y tierras,
como pegasos veloces.
He oído de los ancianos
narrar leyendas feroces,
mientras sus ojos buscaban
mirando tras los balcones.
Quizás buscaban los días
y ese pasado del joven,
ese soñar sin sentido
temblando sus corazones.
He visto como los niños
juntan la arena en montones,
en esa playa dorada
donde las olas se esconden.
Cómo construyen castillos,
cómo levantan pasiones,
con su paciencia infinita
mientras el sol se recoge,
He oído voces y risas,
cantos de ricos y pobres,
pero quedaron perdidos
entre caminos y alcores.
Atrás quedaron palabras
cubiertas con ilusiones,
y ahora es el eco el que habla,
mientras musita tu nombre.
He visto como la brisa
pone tu pelo en desorden,
como acaricia tu cara
como tus poros recorre.
Cómo te besa los labios
entre silbido y acorde,
cómo a tus pies se arrodilla
y dá promesas y amores.
He oído silbar al viento
entre la encina y el roble,
y he visto en ellos grabados
tu nombre en dos corazones.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/04/10
NOTÉ LA BRISA FRESCA POR LA CARA
Noté la brisa fresca, por la cara,
y mi cuerpo sintió un escalofrío,
pasaba por delante de aquel río,
muy cerca del tomillo y de la jara.
Entonces recordé a la alquitara
durmiendo en el desván del caserío,
soñando con los meses del estío
y con el agua cristalina y clara.
Aquel agua era un líquido preciado.
era el néctar con sabor a embrujo,
que en mi tierra le llaman el orujo.
Más la brisa bebió de mi costado,
otro néctar sin uva ni fermento,
dejándome sus besos y su aliento.
Rafael Sánchez Ortega ©
14/04/10
y mi cuerpo sintió un escalofrío,
pasaba por delante de aquel río,
muy cerca del tomillo y de la jara.
Entonces recordé a la alquitara
durmiendo en el desván del caserío,
soñando con los meses del estío
y con el agua cristalina y clara.
Aquel agua era un líquido preciado.
era el néctar con sabor a embrujo,
que en mi tierra le llaman el orujo.
Más la brisa bebió de mi costado,
otro néctar sin uva ni fermento,
dejándome sus besos y su aliento.
Rafael Sánchez Ortega ©
14/04/10
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