domingo, 31 de julio de 2011

CAMINANTE QUE DESCANSAS...


Caminante que descansas
bajo la sombra del fresno,
no cierres solo los ojos,
saca el dolor de tu pecho.

Saca la espina clavada
de aquel rosal que está muerto,
deja que cure la herida
y que te cubra el silencio.

Puede que un día amanezca,
ante tus ojos inquietos,
y se estremezca la luna
ante el volcán de tus besos.

Puede que todo se pase
y hasta el dolor un recuerdo,
puede que lloren los mares
la sinrazón del deseo.

Ahora que presto descansas,
¡oh caminante sincero!,
haz con tu vida un camino
y una escalera hacia el cielo.

Pero si mucho lo piensas
y si el cansancio es eterno,
haz que el dolor no te agobie
y quede solo en recuerdo.

¡Recuerdo!, bella palabra,
todos la misma queremos,
y en los recuerdos buscamos
el agua fiel del sediento.

Ese frescor delicioso,
la bendición de los ciegos,
la que refresca los labios
y nos trasmite un secreto.

¡Ay caminante cansado!,
¿qué añorarás en tus sueños?,
quizás un sueño tan solo,
quizás vivir más despierto.

...De todas formas descansa,
no pienses más y sé bueno,
cierra tus ojos cansados
aunque tu sueño sea eterno.

Rafael Sánchez Ortega ©
31/07/11

sábado, 30 de julio de 2011

NO TE ARREPIENTAS NUNCA DEL PASADO...


No te arrepientas nunca del pasado
ni de aquellas palabras pronunciadas,
dijiste a las personas muchas cosas
pero eran sentimientos de tu alma.

Sentimientos nacidos y vividos
a lo largo del tiempo y las jornadas,
sentimientos que un día te enseñaron
el valor de vivir cada mañana.

Por eso te expresabas de aquel modo,
por eso les mostraste lo que guardas,
tratando de aprender los mil detalles
que a tu vida, sin duda le faltaban.

Por eso te repito que no dudes,
hiciste lo correcto y cara a cara,
mirando a las pupilas y a los ojos
diciendo lo que el pecho te dictaba.

Atrás quedó el pasado con sus gentes,
con la niebla y bruma en lontananza,
quedaron los amores primerizos,
las risas y latidos de alboradas.

Quedaron con el tiempo y enterrados
momentos y siluetas ya lejanas,
y con ellos quedaron los violines,
las cuerdas del piano con las arpas.

No sé si los recuerdos son correctos,
si surgen cual cenizas de la nada,
si vienen del volcán que está latente
tratando de surgir de las entrañas.

Más de algo estoy seguro, y te lo digo,
dijiste las palabras más sensatas,
dijiste todo aquello que sentías
tratando con respeto a quien amabas.

Por eso sé sincero y no lo dudes,
no busques la tristeza con su carga,
amaste en el pasado y eso es cierto,
y fuiste el perdedor de tu batalla.

Amaste la ilusión y fantasía,
la eterna Dulcinea de la Mancha,
amaste como aman los poetas,
llevando la ternura en tus palabras.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/07/11

viernes, 29 de julio de 2011

QUIZÁS UN DÍA, CUANDO ME BUSQUES...


Quizás un día, cuando me busques
y llames a mi puerta,
ésta esté silencio y no conteste.
Es posible que veas telarañas
y un pasado con mil sombras
colgado en el dintel y en las ventanas.
Quizás las golondrinas se marcharon,
partieron a un lugar más agradable.
Quizás las mariposas de colores
volaron a un jardín con sol y rosas.


Quizás veas la huella de mi paso,
allí donde las almas suspiraron;
y entonces es posible que tu entiendas
al poeta y su mensaje,
es posible que veas a la muerte
y te estremezcas.


Entonces buscarás en la distancia
mi figura
y sólo encontrarás las piezas del futuro,
la eterna interrogante de mi ausencia,
las letras olvidadas en el cielo,
las nubes que acarician los cipreses,
la tierra removida que se asienta
y que descansa.


Y tú me buscarás en las estrellas
y en la noche,
y puede que también en los cometas,
y entonces gritarás a Dios,
haciéndole preguntas,
y puede que no entiendas.


Ya sé que nunca aprobarás la ausencia
de un cobarde,
y no te lo reprocho.
Juramos ayudarnos,
juramos compartir las risas y los llantos,
juramos caminar mirando hacia el futuro
en busca de la tierra prometida;
más ahora tú te encuentras una puerta
y su silencio,
una puerta sin respuestas,
una puerta con un drama,
una puerta condenada y mal cerrada,
porque su dueño huyó y marchó
hacía esas tierras del olvido.


Tras él quedaron las huellas de un pasado
sin futuro,
quedaron los presentes mal vividos
y quedaron las promesas incumplidas.


Y allí quedó, tras esa puerta,
la voz gritando en los trigales,
la voz clamando en el desierto,
la voz que suplicaba una caricia,
la voz de aquel poeta y escritor,
buscando en el amor,
la sangre y el latir de su existencia.


Por eso si ese día en que me busques,
no me encuentras,
no te extrañes de mi ausencia,
pero no me juzgues, por favor,
no quiero eso.


Recuerda simplemente al hombrecillo soñador,
que un día conociste,
recuerda la sonrisa que arrancaste
de sus labios,
recuerda los suspiros que salieron
de su alma,
recuerda los latidos que se unieron
a los tuyos,
recuerda simplemente aquellos ojos
que buscaban y leían en tu alma,
recuerda aquellas lágrimas traidoras
que secaste de su cara,
recuerda al niño y al poeta
escribiendo en su cuaderno para ti.


...Recuérdale y reza por su alma,
tú no lo juzgues, por favor,
deja que sea Dios el que lo haga.
Y si ese Dios existe ya lo perdonará
pues quizás el amor que buscó no estaba aquí,
en la tierra,
y debió buscarlo en la playa y de noche,
con la antorcha que decían los poetas.


Rafael Sánchez Ortega ©
29/07/11

jueves, 28 de julio de 2011

HAGO UN ALTO EN MI SOLEDAD...


Hago un alto en mi soledad
y me vuelvo a ti, Ciudad Recuerdo.
Me pongo a escribir estas letras,
ya que en ellas quiero darte los buenos días,
desearte una feliz jornada
y que el día ilumine tu cara
con una sonrisa amplia y sincera en tus labios.


Pero hoy hago un paréntesis
y no quiero seguir el rumor del pasado
y sí buscar la copa del néctar
entre los jardines de la vida.
También quiero pasear, hablar, compartir,
amar lo que me rodea, así como a sus gentes
y a las pequeñas cosas
en las que los demás mortales no se fijan,
ya que ese es quizás nuestro objetivo como poetas.
Reflejar en el cuaderno las imágenes,
como hacen los pintores,
pero dándo ese tono y calor especial y diferente
en las letras que las diferencie
del pincel y la paleta.
Hablar de todo y escuchar el silencio.
Hablar con todos y escuchar los susurros
de los corazones.
Hablar con las piedras, con el agua,
con el fuego, con la nieve...
Hablar contigo, Ciudad Recuerdo,
en un monólogo sin pies ni cabeza,
pero hacerlo de una manera serena y firme,
buscando en los cruces de palabras
los pasos del baile inacabado,
aquel que quizás nunca iniciamos
o aquel otro que un día soñamos
y en el que seguimos los primeros compases,
mientras a nuestro alrededor se encendían
las luces y candilejas del alma,
para acabar con aquellos fuegos de artificio
que nos hacían cerrar los ojos y lanzar un suspiro.


¡Reir, soñar, amar...!
¡Bendita soledad que ahora descubro!,
¿por qué has estado oculta tanto tiempo?,
¿por qué no me dejaste compartirte?,
¿por qué te me escondías en los mares
y fundías con los vientos del nordeste?...


Es posible que te viera allí,
en un rincón del tiempo, tan sagrado,
en esa Ciudad Recuerdo que no olvido,
en ese mundo imaginario donde viven los poetas
y en ese soliloquio de rumores y de espuma
con el sístole y el diástole continuo
que renuevan nuestra sangre.
Es posible que allí fuera donde un día
se cerraron las ventanas de las casas
y también donde los juglares condenaran
a los libros en la hoguera.
Es posible que allí nacieran la ignorancia,
el recelo y la nostalgia,
en las calles olvidadas por las gentes,
entre ortigas y desechos de basuras.
¡Es posible...!


Pero ahora te recojo nuevamente
y te rescato de las garras de la vil indiferencia,
te hago mía y te acaricio.
Yo te hablo como se hablan los amantes
y te cuento mis historias del pasado y del presente
y hasta hago que mis sueños se adormezcan
en tus brazos y en tu seno,
para luego acariciarte con mi voz engatusada,
que te envuelva, que te llene,
que te arranque mil suspiros
y te diga que "adelante soledad,
no tengas miedo,
no le temas al pasado ni al presente
y comparte la solera del futuro y de tu alma,
allí está lo que tú quieres y tú anhelas,
allí está la mariposa de colores esperando
que la llames,
que la busques, que la mires y la atiendas,
allí está la golondrina del otoño
con su vuelo multiforme,
deseando que la esperes en su vuelo,
allí está la margarita floreciente
que ha surgido en primavera,
allí están las iniciales con tu nombre
que musitan y murmuran unos labios en sus sueños..."


Y si fue así, que allí te vi
y allí te busco ahora nuevamente,
en ese lugar tan lindo y tan hermoso de la vida,
y en ese altar de la colina;
en la Ciudad Recuerdo que ahora yo pretendo rescatar
para detener y emborracharme de ese tiempo
y arañar cada minuto de la vida,
paladeando los segundos que transcurran
y sintiendo la caricia de la brisa,
con tus manos en mis manos,
con tus labios en mis labios,
con mis dedos percibiendo los latidos de tu pecho,
con mi alma suspirando y recibiendo las caricias
y el perfume de tu alma...


Ya quiero dejar atrás el tiempo y la nostalgia,
quiero reir contigo y caminar sin prisas
junto al lago de los cisnes
para acudir de nuevo a buscar la rosa roja,
inmaculada, que plasmó nuestros destinos,
que llevamos en el alma tanto tiempo
y que un día alguien intentó quitarnos,
confundirnos y hasta hacer que nos perdiéramos
en medio de la jungla y laberinto
de la vida y las pasiones..."


Rafael Sánchez Ortega ©
27/07/11

miércoles, 27 de julio de 2011

EL PIANO Y EL MAR...


(Dedicado a Alexandra Vaduva y Daria Goremykina que hicieron nacer
estos versos mientras escuchaba sus conciertos de piano.)

La locura de las olas
con su magia encadenaba,
levantando mil suspiros
desde el fondo de las aguas.

El susurro del piano,
con sus notas, desgranaba
el lamento de los dioses
y el abrazo de las algas.

Eran gargantas profundas
de las corrientes mezcladas,
con el rumor de gaviotas
que en las olas se bañaban.

La desnudez de los mares,
con el verde azul en calma,
mostraba las cicatrices
de mil galernas sin cara.

Como fondo a los remeros,
los toletes nos dejaban,
el salitre de los mares
con leyendas de piratas.

Más las notas proseguían
con su ritmo y su esperanza,
en un baile sin descanso
de mareas y resacas.

Una voz surge de pronto,
una voz que grita y habla
descorriendo la cortina
del poeta que descansa.

"¡Saca, saca y nunca temas,
rompe amarras en tu alma!,
no permitas que el vacío
te conduzca hacia la nada"

Y es entonces, que en la popa
cobra vida la mesana
y los remos se aceleran
y la brisa nos abraza.

Unas notas del piano,
hábilmente rescatadas,
nos trajeron el nordeste
y la brisa de las playas.

Se mezclaron con dulzura
con las gotas tan sagradas,
que escapaban de los ojos
hacia el cáliz con sus lágrimas.

...Pero el alma se dormía
y el piano descansaba
de los dedos de dos ángeles
en sirenas reencarnadas.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/07/11

martes, 26 de julio de 2011

NUNCA PENSÉ QUE LOS LOCOS...


Nunca pensé que los locos
cantaran a las estrellas,
si acaso que mirarían
a su brillo que nos dejan.

Los locos van murmurando,
dicen palabras inciertas,
son balbuceos sin nombre
al igual que los poetas.

Dicen que el loco y el cuerdo
han surgido de una entrega,
pero yo opino, que ambos,
han nacido de la tierra.

El loco, por estar loco,
ha perdido la chaveta,
aunque conserve mil luces
y un clavel en la cabeza.

El cuerdo busca la fama
y una mano que le atienda,
aunque su mano, temblando,
va buscando una cadera.

Nos queda sólo otro hombre,
el que escribe los poemas,
el que traza fantasías
en sus versos y sus letras.

Quizás sea loco y cuerdo
este hombre que así reza,
el que roba corazones
el que mide las mareas.

Quizás en esa locura
una mano se halle presta,
y revuelva sus cabellos
y acaricie su cabeza.

Más puede que en su cordura
esté el centro con la esencia,
y el camino de la vida
que nos conduzca hasta ella.

No importa lo que otros piensen,
si descansan o pasean,
tampoco lo que murmuren
otras lenguas muy inquietas.

Soy poeta simplemente
y recorro la ribera,
y paseo en las montañas
y describo lo que muestran.

"...Soy poeta y no estoy loco
aunque cante a las estrellas;
pues mi cordura es la sangre
que galopa por mis venas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
25/07/11

lunes, 25 de julio de 2011

NO QUIERO TUS REPROCHES POR MI AUSENCIA...


No quiero tus reproches por mi ausencia
y prefiero tan solo tu silencio,
las preguntas prefiero te las guardes,
pues contesto las mismas a los cielos.

La maroma que sabe mi destino
es la cuerda preciada de los vientos,
ella templa y ajusta la distancia
con su guía segura y sin recelo.

Atrás quedan las costas escarpadas,
los cantiles con faros y fareros,
sobre ellos volaban las gaviotas
y también planeaban los recuerdos.

Yo quería de niño con ser hombre,
cabalgar por el mundo de los cuentos,
navegar por los mares más lejanos
y encontrar la princesa de mis sueños.
 
Pero el tiempo, tozudo y cabezota,
trastocó mis proyectos y deseos
y crecí entre nieblas y entre brumas
olvidado de abrazos y de besos.

¡Cuánta nota sincera y de nostalgia
se perdió por caminos y senderos,
sin saber que la música querida
arrancaba una lágrima al desierto!

Una voz me decía, desde el alma,
que siguiera adelante en mi proyecto,
que luchara con sombras y molinos
y rompiera ese mundo de los miedos.

Y viví primaveras y veranos
y sentí los rigores del invierno,
aunque guardo recuerdos de un otoño
con sus notas doradas y sus flecos.

Una estela brillante y luminosa
me ofreció mil suspiros y destellos,
y también las arenas de la playa
arrancando a las olas sus jadeos.
 
Yo sufrí los susurros del destino
con su voz acuciante por mi cuerpo,
y sentí la caricia de las llamas
con el fuego sagrado del infierno.

Es por eso que pienso en el pasado,
porque el fin perseguido estaba lejos,
aunque ahora lo veo y me sonrío
con la risa templada de los tiempos.

"...No quiero tus reproches, te decía,
y si acaso que sigas a mis dedos,
ellos trazan, allí, entre las nubes,
ese nombre sagrado que venero..."

Rafael Sánchez Ortega ©
25/07/11

viernes, 22 de julio de 2011

ALMA ARRUGADA...



Alma arrugada que lloras
saca tu genio y tu fuerza,
seca despacio esa lágrima
busca en el cielo una perla.

Pero si el llanto prosigue
y la tormenta no cesa,
toma la luz de la luna
para sentirla más cerca.

Siente la mano de plata
y su caricia sincera,
siente ese beso dorado,
el que tu alma desea.

Alma arrugada que sufres
con tus recuerdos y penas,
sal a mirar a las olas
busca en el mar sus mareas.

Llena de sal tus entrañas,
siente el salitre en tus venas,
cierra tus ojos despacio,
haz que tus labios se muevan

y que reciban despacio
esa caricia tan bella,
para que el alma reviva
con el latir de la tierra.

Alma arrugada que vagas
con tus pesadas cadenas,
suéltate ya tus grilletes
vive y disfruta de veras.

Deja fantasmas anclados
en las oscuras veredas,
y que el olvido las cubra
entre la bruma y tiniebla.

Sal a cantar a los vientos,
bebe la vida y su néctar,
y si al final te emborrachas
deja dormir al poeta.

"...Alma arrugada que clamas
y día a día cincelas,
no labres más tu destino,
y búscalo en las estrellas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
21/07/11

jueves, 21 de julio de 2011

HOY VEO COMO LA VIDA...



Hoy veo como la vida
se la lleva la corriente,
sin defensas y sin lucha
y sin dimes ni diretes.

La vida que me fue dada
pasó pronto, siendo breve,
como un soplo de la brisa,
azuzado de nordeste.

No me arrepiento de nada,
vida nace y vida muere,
vida que llega florida,
vida que inverna y se duerme.

Ahora que llega el otoño
y que se acercan las nieves,
miro hacia atrás un momento,
seco en silencio la frente.

Pienso en los años pasados,
veo las aguas muy verdes,
siento los mares azules
y el palpitar de los peces.

Siento que el tiempo se acaba
y que al final anochece,
aunque mi alma suspire
por una herida que duele.

Pero el dolor se soporta
y las heridas se vencen,
aunque se apague la llama
y aunque sin ella tropieces.

Pienso en los hombres ancianos
y en el temblor de sus sienes,
mientras contemplo a lo lejos
el temporal de poniente.

Miro a los niños que juegan
sin emplear los juguetes,
ellos sí viven la vida,
ellos jugando la sienten.

"...Hoy veo como la vida
ya se marcha y desvanece;
"vivimos mientras amamos",
dice un refrán brevemente.

Pero la vida es un eco,
un susurro fiel y leve,
una brizna desgajada
del pasado que no vuelve.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/07/11

miércoles, 20 de julio de 2011

NOCHE DE JULIO...


Noche de julio, es verano.
Noche de aguas y vientos,
noche que esconde rumores,
noche que llega en silencio.

Sólo se escucha un sonido:
el minutero del tiempo,
es el reloj de la sala
con su tic-tac y lamento.

Suenan ventanas arriba
que no respetan el lecho,
ni las personas que duermen,
ni las que sueñan despiertos.

En el país de los locos
hasta los cuerdos son ciegos;
ciegos con ojos vacíos,
y que carecen de sueños.

Yo le pregunto a la noche
por los susurros y el eco,
por los suspiros velados
de marineros sedientos.

Yo le pregunto a la lluvia
cuándo se marcha ya lejos,
cuándo nos deja tranquilos,
cuándo renuncia a sus besos.

Porque la noche discurre
y el temporal va en aumento;
rugen las olas bravías
claman los robles y fresnos.

Todo se vuelca en el alma,
todo se mezcla en el pecho,
mientras el viento y la lluvia
siguen, sin más, su concierto.

Pero yo quiero que acabe,
quiero la paz de los muertos,
quiero ese beso robado,
el que mis labios te dieron.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/07/11

martes, 19 de julio de 2011

VOY A ESCONDER EL AMOR PARA SIEMPRE...



Voy a esconder el amor para siempre
en un rincón olvidado del alma,
allí estará y dormirá entre las nubes
sin esperar las caricias del alba.

Ya no vendrán los claveles y versos
para alegrar las nacientes mañanas,
ni soplará como antaño el nordeste
con esa mezcla de brea y de algas.

Me guardaré los suspiros ahogados
y secaré para siempre mis lágrimas,
ya no merecen salir a la vida
para enseñar las heridas causadas.

Me quedaré contemplando a las olas
y soñaré por viajar en sus aguas,
aunque los sueños se queden en eso,
en ilusión, sin amor y sin nada.

Aunque es posible que llegue el otoño
mandando versos sin voz ni palabras,
en esas hojas alegres de antaño
con su cadencia sutil y dorada.

Pero no importa la voz de los versos
como tampoco el poema que clama,
mientras suscriba el amor como meta
en esa cárcel que exige y que ata.

Para el amor no es preciso fronteras
ni superar fatigosas montañas,
sólo se debe mirar a los ojos
para encontrar la respuesta buscada.

Pero ya sé de locuras sin nombre
por conseguir la victoria en batalla,
aunque al final el laurel sea el premio
y nunca el beso que ansioso reclamas.

Por eso escondo el amor en mi pecho
con la cordura y la fe trastornadas,
voy a contar el latir de la vida
porque estoy loco y los locos no aman.

Rafael Sánchez Ortega ©
18/07/11

PENSÉ GRITAR ENB MEDIO DEL DESIERTO...



Pensé gritar en medio del desierto,
pensé en dormir encima de las nubes,
pensé y pensé contigo, ¡tantas veces...!
que hasta soñé aspirando tu perfume.

Un día, despertando de mis sueños,
ya no pensé en otoños ni en octubres,
tampoco en mañanitas candorosas
ni en besos y en abrazos de peluches.

Entonces comprendí cuánto te amaba
y entonces me invadió la pesadumbre,
salieron de mi pecho mariposas,
susurros de domingos y de lunes.

No quise los lamentos de los vientos,
tampoco las nevadas de las cumbres,
quería tu mirada solamente
y el beso de tus ojos sin tabúes.

Por eso yo pensaba y repensaba,
pensaba en los marinos y sus buques,
pensaba en tus ojitos soñadores
y el rizo de tu frente con su bucle.

Pensaba en esas olas tan bravías,
en tonos y colores agridulces,
en vuelos de gaviotas presurosas
y en algas que dejaban sus apuntes.

Pensaba que el amor es sentimiento,
un cruce de alamedas y abedules,
un fresco laberinto de emociones
con mezcla de pasión e incertidumbre.

...Pensé en marchar entonces a tu lado
y hasta encender la noche con mil luces,
pensé en buscar tu abrazo simplemente
y hasta arrancar el llanto a los laúdes.

Pero te vi marchar y nada dije,
sólo pensé en el Gólgota y sus cruces,
y allí perdí al alma que yo amaba
en medio de los sueños de aquel puzle.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/07/11

DURANTE MUCHO TIEMPO...


I


Durante mucho tiempo
pude llegar a ti, Ciudad Recuerdo,
y sin embargo me quedé quieto y en
silencio,
tratando de olvidarte.


Sabía lo que había entre tus calles,
el fruto apetecible de mis sueños,
el mundo de los niños y los dioses,
la eterna primavera renacida
unida en un otoño inabarcable.


Sabía de lo mucho que tenías
que ofrecerme,
y por eso resistí la tentación,
llamándome cobarde mi conciencia.


Una parte de mi ser te deseaba
y otra parte resistía a la llamada
de la tierra,
al impulso de correr hasta tu lado,
de avanzar entre la noche sin linterna,
de sumirme entre las brumas y las nieblas
del recuerdo
y volver a revivir aquellos minutos
del pasado,
aquel tiempo ya lejano y tan cercano
en el recuerdo.


II


Pero aguanté el grito de la carne,
el suspiro inacabado de mi pecho,
la pasión ardiente de mi alma
y lloré,
lloré en las tardes que acababan,
en momentos de silencio y soledad,
en instantes en que regresaba tu figura
hasta mi lado
con aquella sonrisa encantadora,
con tus ojos profundos y castaños,
con tu cuerpo que fue mío,
y con las manos que abrazaron
y colmaron de caricias a mi cara...


III


...Pero te dije no, Ciudad Recuerdo,
y entonces te envolviste en tu silencio,
y dejaste que marchara por los campos
de Castilla con la soledad por compañía.


Así pude contemplar otras ciudades,
pero no eras tú,
ninguna tenía esa esencia maravillosa,
ese halo especial y en ninguna estaba
ese cuerpo y esa imagen de mi amada.


Es cierto que pude descansar algunos días
pero siempre volvía hasta mi lado
tu recuerdo,
y entonces proseguía la marcha,
seguía en mi camino sin destino,
en esa larga travesía de un desierto
cuyo nombre estaba escrito entre tus piedras.


IV


Y los meses pasaron sin descanso.
Pasaron inviernos y primaveras,
volaron veranos y otoños
y al final me vi de nuevo junto a las olas
de la playa,
allí, en ese rincón de mi cantábrico,
entre las rocas castigadas de la costa,
mirando al horizonte
y tratando de encontrar la forma tan borrosa
del recuerdo,
el dulce atardecer de aquella tarde
en que subimos a lo alto de una peña,
y el placer de aquel momento contemplando
la llanura,
con tu mano entre mis manos,
con tus labios en mis labios
y la entrega de aquel beso interminable
en una tarde que recuerdo y que no olvido.


V


...Todo eso recordaba con mis olas,
todo eso les decía y les contaba
en un susurro,
pero ellas proseguían con su música incansable,
con el ritmo que produce la resaca,
y ese olor inconfundible del salitre
y de las algas.


Y era entonces cuando más te recordaba a ti,
Ciudad Recuerdo,
cuando más te deseaba,
cuando hubiera dado una parte de mi vida
por haber podido correr hasta tu lado
nuevamente,
para poder volver a cerrar los ojos
en tu lecho
y en aquella cabañita tan soñada,
y despertar de nuevo, teniendo a mi lado
la figura adormecida de mi amada,
ese cuerpo tan cansado,
ese alma irreverente que pedía una caricia,
esos dedos enlazados a mis dedos
y aquel tibio corazón con su latir acelerado.


VI


...Pero al final la realidad ganaba la batalla
y me volvía a mis cuarteles y al invierno,
volvía a ese mundo intransigente y solitario
a buscar entre el silencio la respuesta
que no había,
encontrando solamente los barrotes
de mi cárcel,
y con ellos ese eco y el vacío
respondiendo día a día,
y la música sin nombre que cantaban
las cigarras del recuerdo,
entre fuegos de artificio,
entre prisas para el alma, que cansada,
se dormía entre sus lágrimas otro día
y otra noche,
recordándote y soñándote
para amarte así, aún más,
en la distancia.


Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/11

NO ES POSIBLE, ME DIJE PENSATIVO...



No es posible, me dije pensativo,
que yo amara y quisiera a esta persona,
ni que hubiera perdido la cabeza
escribiendo poemas a las rosas.

Pero si, el pasado es implacable,
y refleja momentos en sus notas,
son las huellas dejadas por nosotros
que regresan del tiempo con las olas.

Es el eco que vuelve con mensajes,
con suspiros que llegan a la borda,
en el viejo velero que navega
renqueante, y seguro con su proa.

Atrás quedan los años y el pasado,
las palabras un tanto seductoras,
el perfume de jaras y azahares
y los versos con frases tan hermosas.

Porque todo tenía un contenido,
un mensaje de viaje y de derrota,
hacia ti bella estrella, que iluminas,
en la noche con luz tan candorosa.

No es posible que amara, en el pasado,
decía la conciencia muy burlona,
ni que hubiera perdido la cabeza
escribiendo deprisa y a deshoras.

Pero fue y sucedió, yo no lo niego,
aunque sea una etapa nebulosa,
aunque ahora me asuste aquel pasado
y aunque tenga otra meta como norma.

No reniego del tiempo caducado,
que dispara sin más a quemarropa,
presentando personas y recuerdos
de una forma sutil y habilidosa.

Aquel tiempo pasado quedó escrito
y el poema cerrado con su cuota,
y sus versos descansan en silencio
en el libro y rincón de mi memoria.

Yo no quiero fantasmas del pasado
que me hablen de días y de horas,
sólo quiero soñar eternamente
y beber en el néctar de su copa.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/11

sábado, 9 de julio de 2011

TENÍA QUE MARCHAR A UN LARGO VIAJE...



Tenía que marchar a un largo viaje
llevando de equipaje la alegría,
dejando atrás momentos y recuerdos
con juventud caduca y ya vencida.

Tenía que partir, soltar amarras,
navegar con las olas y la brisa
en busca de otros puertos y destinos
que alberguen a la nave enmohecida.

Pero salir, bogar, cruzar la barra,
mirar a las estrellas que titilan,
sentir la sensación de los marinos
temblando ante la tarde que agoniza.

Quizás el alma vuela sin saberlo,
por las regiones altas e infinitas,
cruzando entre las nubes solitarias
en medio de floridas praderías.

Quizás resuenen solo los tambores
preludio de batallas ya perdidas
y se funda la sangre con el lodo
por culpa de una lágrima maldita.

¡Quizás, quizás!, el eco te responde
a ti poeta y soñador que ahora suspiras,
y te envuelva el salitre y la nostalgia
de las olas que van hasta tu orilla.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/11

viernes, 8 de julio de 2011

AHORA QUE EL TIEMPO HA PASADO...


I


Ahora que el tiempo ha pasado,
y te recuerdo nuevamente,
ahora que el calor del verano hace
que en las noches mire a las estrellas,
es ahora ¡sí!, cuando vuelvo de nuevo
hacia el pasado y pienso en ti,
Ciudad Recuerdo.


II


Me pregunto si existían azoteas
en tus casas,
y si en ellas paseaban las palomas,
me pregunto, si en las calles
circulaban bicicletas,
si las fuentes de los parques
daban agua,
si las nubes contemplaban a los niños,
si los cromos se cambiaban en los patios,
si las siestas acudían a los hombres,
si la sed y la codicia inundaba de lujuria
a los amantes.


III


Más no quiero tu respuesta a mis preguntas,
son latidos, solamente,
que florecen en mi pecho y en mi alma,
son el grito que me dice que la vida
continúa,
y que ahí, contigo,
entre tus piedras y en tus calles,
está la esencia que me llama,
el lirio florecido de tus labios,
las rosas que me dieron tus pupilas,
y el beso ¡sí!,
el beso de tus labios temblorosos
que encendió la llama en la linterna
de mi alma,
y con ella el renacer de la esperanza.


IV


Y no ¡querida mía!, no quiero tu respuesta,
ni quiero tus palabras,
prefiero tu silencio y tu respeto,
prefiero esta tortura que me ahoga,
prefiero amarte así, en la distancia
y en el eco del recuerdo inolvidable
que un día destapaste,
para hacerme compartir el néctar variopinto
de tu risa,
la lágrima furtiva que pude restañar
de tus mejillas
y la eterna compañía de tu cuerpo
y de tu abrazo en una noche
donde el tiempo se detuvo,
y detuvimos, sabiamente.


V


Y todo sucedió allí, y tú lo sabes,
en una cabañita sin nombre,
en un lugar apartado,
en un rincón de esa hermosa Ciudad
Recuerdo,
que al pensar, de nuevo en ella,
una sombra de nostalgia la envuelve,
y envuelve también a mi alma.


VI


Porque allí te amé y me amaste.
Allí nos amamos sin palabras,
sin gestos,
sintiendo el calor de nuestras manos,
el candor de las miradas que leían
el libro sagrado del fondo de las almas,
sintiendo el temblor de los cuerpos
excitados
que se buscaban en la caricia,
en los dedos que dibujaban extraños
arabescos en la piel estremecida,
y buscando el amor en todo instante,
aspìrando el olor de los cuerpos,
mezclando los sudores,
intercambiando besos y suspiros
y quedando rendidos en un sueño
profundo e interminable.


VII


...Pero tenía que acabar,
(y lo sabíamos),
y lloramos por ello,
nos rebelamos y quisimos luchar
contra el destino,
en una batalla inútil y perdida
de antemano.


VIII


Nosotros éramos pequeñas piezas de plomo
en un panel de juguetes,
pequeños peones que el destino juntó
para que abrieran la ventana a la luz,
para que sintieran sus latidos,
para que aspiraran la brisa y contemplaran
las rosas.
¡Sí, eso éramos! y eso fuimos.


IX


Pero el destino no sabía que tras la ventana
abierta,
había una Ciudad que nos entregaba algo
diferente,
algo distinto y que no tenía precio,
y allí descubrimos el Amor con mayúsculas,
la entrega sin pedir nada,
el Amor en su más pura esencia,
y la raíz de la vida.


X


...Y allí te dejamos, Ciudad Recuerdo,
con lágrimas en los ojos,
con el corazón entristecido,
con la mente nublada por tanta injusticia,
con el paso cambiado y un dolor en el pecho...


XI


...Allí te dejamos y allí te dejé,
y ahora, cuando el tiempo ha pasado,
con nostalgia te recuerdo,
y sólo quiero pensar en que fui feliz,
y en que fuimos felices,
y eso es algo que nadie podrá nunca
arrebatarnos,
porque entre tus piedras y entre tus calles,
estará siempre la huella del cariño,
y el manto de los sueños
con que nos cubrimos.


Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/11

jueves, 7 de julio de 2011

AYER TE VI...


Ayer te vi, te vi y te hablé
y pronuncié tu nombre,
en un susurro.


Pero estabas ausente y concentrada,
ni te diste cuenta de que yo te saludaba,
y de que estaba cerca,
al otro lado de la valla
contemplando como regabas las flores.


Al verte, en la tarde, se enmudeció mi alma,
se pararon los sentidos,
como por golpe de magia.


Estuve un rato mirándote y proseguí
mi trabajo.
Apenas unos metros nos separaban
y ambos éramos unos perfectos desconocidos,
a pesar de ser vecinos desde meses.


Yo sabía de ti, de tu familia,
sabía de tus gustos y aficiones,
sabía de tu infancia y también de los
primeros pasos de tu juventud.


Ignoraba si tú habías reparado
en mi presencia,
si sabías que existía realmente,
si habías mirado alguna vez mi rostro,
y si sabías de mis letras...


Pero tampoco importaba.
No buscaba ninguna aventura en tu persona,
tan sólo era ese temblor del alma
al contemplarte,
ese fugaz suspiro de mis ojos
que buscaban tu figura.


Quizás estaba soñando.
¡Sí, eso era!, estaba en un sueño
y tú eras la protagonista,
la musa para quien debía escribir,
la mujer de pelo moreno, rizado y revuelto,
con esos rasgos inconfundibles en la cara,
con la sonrisa latente en tus labios,
con la mirada fija y sosegada,
con el alma en paz y en silencio.


¿Quién era yo para romper ese equilibrio,
para venir ahora a soñar con tu figura,
y para convertirte en la princesa y musa
de mis versos?


Un escalofrío me volvió a la realidad,
hacía frío en la calle,
miré a tu jardín y ya no estabas,
las flores mantenían un diálogo solitarias,
los juguetes de los niños se estiraban
por el césped,
los patos con su andar tan lindo salían
de paseo,
y al otro lado estaba yo, el eterno soñador,
el poeta de los ojos tristes,
-(con que alguien me bautizó)-,
mirando y esperando a que sucediera algo,
y estaba allí, con mis sueños
y también con mi utopía.


Rafael Sánchez Ortega ©
07/07/11