lunes, 31 de octubre de 2011

¿A QUIÉN...?


De antes, preguntaba a las estrellas
por mis cosas, por aquellos sentimientos
que afloraban,
por los miedos y las dudas
que venían y llegaban,
como el mar y las mareas...
De antes, me acercaba hasta las olas, en la barra,
susurrando todo aquello que embargaba mis sentidos
y tomando su respuesta
entre el salitre y el nordeste.


Luego, más tarde, y con el tiempo,
preguntaba a los amigos, por mis cosas,
les hablaba de mis sueños infantiles,
de los pasos de gigante que crecían
en la isla diminuta e inaccesible
de un océano sin nombre.


Pero ahora me pregunto:
¿a quién me acerco con mis dudas?,
¿dónde dejo las espinas que me causa mi conciencia?,
¿dónde puedo reponerme, de este largo caminar,
en mi derrota hacia la nada...?


Es otoño y ya no miro a las estrellas.
Ahora miro en el espejo de la vida
ese mapa de mi cara que reflejan sus arrugas.
Allí veo tantas sendas recorridas,
tanto tiempo con su sístole y su diástole continuo
y sin descanso,
allí veo ese grafismo de la vida
con sus rasgos sinuosos que no saben de fronteras.


Ahora busco los caminos en mis manos
y en sus venas,
mientras siento que la sangre acelerada,
de hace tiempo,
no recorre por mis venas.
Hay un hielo en esas manos,
hay un frío que penetra hasta los huesos,
hay un miedo lacerante que se nota y que se palpa
y que brota en unas lágrimas furtivas
que se pierden por el pecho hacia los suelos.


Ahora observo mis pisadas vacilantes
que se estiran en la playa,
y tras ellas no me veo como antaño,
ya no existe ese recuerdo ni tampoco la nostalgia
del pasado.
Una niebla me rodea,
una bruma me atenaza con su abrazo,
un susurro silencioso del otoño
que me habla sin saber lo que me dice.


Ahora grito en el silencio,
con la voz enronquecida,
al vacío que me abraza
y me devuelve su silencio
en esta tierra inalcanzable.


...Pero queda la pregunta sin respuesta:
¿A quién pregunto por mis cosas?,
¿a quién hablo del amor y del rocío de mi alma?,
¿a quién sonrío con su risa entre mis labios?,
¿a quién recojo entre mis brazos
y acaricio dulcemente,
mientras siento un corazón, en su latir apresurado
entre mis dedos?,
¿a quién leo mis poemas y mis versos?,
y ¿a quién le cuento mis secretos y le hablo
en mis silencios sin palabras?...


¿A quién Amor?, ¿a quién...?


Rafael Sánchez Ortega ©
31/10/11

domingo, 30 de octubre de 2011

ES HERMOSO SENTIR QUE POR LAS VENAS...


Es hermoso sentir que por las venas
hay un río de lava que renace,
una fuente que alegra los sentidos,
un latido que llega con la sangre.

Pero el río que baja poderoso,
lleva el agua y la tierra hacia los valles,
de la frente sudada en las labores
y la espalda doblada en los trigales.

Ese río que nace en las entrañas
es la nieve tan pura y elegante,
es el dulce rumor de los sentidos
de los pechos y almas admirables.

Son los tonos pausados de la vida
con las huellas de gnomos y gigantes
es el tierno y feroz escalofrío
con los ecos de historias imborrables.

Un sopor se apodera lentamente
y se cierran ventanas y cristales,
ya se apaga la lámpara del día
y la noche comienza su placaje.

Es entonces que el río suena fuerte,
un crescendo de música y de ángeles,
una bella y hermosa sinfonía
que nos calma las ansias y saudades.

Tiembla el pecho doliente del poeta
y suspira la mano del amante,
es el río que llega en su crecida
y que besa sus labios virginales.

Más los sueños son sueños, solamente,
es el simple sopor del caminante,
el cansancio y el tiempo transcurrido
va también, con el río, en este viaje.

Sin embargo es hermoso todo esto,
aunque luego despiertes en la calle,
y te encuentres desnudo y solitario
con el alma esperando que la salven.

Que la salve este río caudaloso,
esta agua que borra los pesares,
este grito que corre por las venas
y que hace a los hombres inmortales.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/10/11

sábado, 29 de octubre de 2011

ES LA VIDA UN MOMENTO Y UN INSTANTE...


I

Es la vida un momento y un instante,
una gota de lluvia en el vacío,
es la brisa y el aire tan constante
del amor que estremece, y no de frío.

Más la vida es el tiempo subyugante,
la locura total y el desvarío,
esa voz que nos grita que adelante
que sigamos marchando junto al río.

...Y prosigue la vida paso a paso
y nos marca los tiempos y el camino.
Avanzamos con ella hacia el Parnaso
tras la sombra indolente del destino.
Pero yo me resisto en el ocaso
porque quiero ser dueño de mi sino.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/10/11

ES LA VIDA UNA ETERNA MARIONETA...


II

Es la vida una eterna marioneta,
un clavel desprendido desde el cielo,
es la cola preciosa del cometa
que se muestra con gracia y con revuelo.

Más la vida es la cruz y la etiqueta,
es la cara feliz del caramelo,
la guadaña que pende en la libreta
y hasta el verso fundido con el hielo.

...Y la vida en otoño se termina
y se acaban las tardes y el verano.
Y aquí estoy, pensativo, con la encina
recordando otro tiempo muy lejano.
Otro tiempo de euforia parlanchina
cuando aún, aquel peso, era liviano.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/10/11

ES LA VIDA UN SUSPIRO QUE SE PASA...


III

Es la vida un suspiro que se pasa,
un susurro que llega de la luna,
es la luz que buscamos, tan escasa,
y que siempre se esconde, inoportuna.

Más la vida es la llama y es la brasa,
es el fuego y el ansia del que ayuna,
es la fe vacilante torpe y lasa,
y la voz que te empuja a la laguna.

...Y la vida se acaba con el verso,
consumida del fuego por su quema..
Es el tiempo de invierno tan diverso
que culmina por fin ese dilema.
Pero tú, soñador del universo,
seguirás con tu amor y tu poema.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/10/11

viernes, 28 de octubre de 2011

EN UN RINCÓN FELIZ DEL UNIVERSO...


En un rincón feliz del universo
había dos galaxias pequeñitas,
tenían muchas luces y colores
de estrellas que en la noche refulgían.

En ellas se encontraban dos princesas
viviendo en esos reinos muy tranquilas,
tenían muchos niños a su cargo
y a todos entregaban sus sonrisas.

Un día se cruzaron en la noche
buscando por los cielos manzanillas,
querían esas plantas deliciosas
por causa de sus dotes curativas.

Con ellas se aliviaban los dolores,
se hacían infusiones y bebidas,
que luego se tomaban en las noches
en medio del susurro y de la brisa.

Un día las princesas se enfadaron
por causa de una estrella fugitiva,
ansiaban que quedara para ellas
la cola del cometa tan bonita.

Querían a su estela como colcha,
que fuera su bandera preferida,
querían dormilarse entre sus pliegues
de sueños, de ilusión y fantasías.

Más nada retenía a aquel cometa,
(estrella primorosa y tan bonita),
y el mismo proseguía con su marcha
ajeno a las princesas presumidas.

Al ver que se escapaba de las manos
perdieron las princesas sus sonrisas,
lloraron con dolor por su egoísmo
soñando con amor su despedida.

Perdían una estrella y un cometa,
ganaban en nostalgias y semillas,
en forma de ilusiones y proyectos
luchando por los mismos día a día.

Entonces comprendieron el mensaje,
la luz con el susurro tan querida,
la música llegada de otros mundos
en forma de caricia y sinfonía.

De pronto las princesas se miraron
y vieron unas lágrimas cautivas,
estaban en los labios y cabellos,
y estaban en la luz que recibían.

"...En un rincón feliz de nuestro mundo
había dos princesas muy sencillas,
soñaban con galaxias de colores,
¡soñaban, sin saber, que estaban vivas...!"

Rafael Sánchez Ortega ©
28/10/11

jueves, 27 de octubre de 2011

UNA TARDE DE OTOÑO EN UN PASEO...


Una tarde de otoño en un paseo,
una imagen del día que se marcha,
unas gentes que van por las aceras
y la luz que en el agua se derrama.

Es un cuadro que llena los sentidos,
una paz recibida para el alma,
una flor y el preludio de una noche
que promete luceros y guirnaldas.

Pero yo, que sonrío en esta tarde,
miro absorto a su cielo de naranja,
a ese rojo mezclado con las nubes
que acaricia la rosa y la retama.

Es igual que ese beso de los cuentos
rescatado de páginas sin habla,
un instante que embriaga y da suspiros
con la sangre, de nuevo, renovada.

Hay un banco que mira a la laguna
al que llega la tenue llamarada,
de ese sol que se marcha y que se aleja
y que deja la noche a sus espaldas.

Pero el cuadro tan vivo y tan hermoso
con el cielo cubierto por las llamas,
el que cierra los ojos de la tarde
es aquel que nos llega y nos abraza.

Es el cielo y el sol que se despiden,
en la lengua ardorosa de una brasa,
que nos ciega y nos llena de mil sueños
y nos lleva a ese reino de las hadas.

Y allí fue, donde un día, siendo niños,
aprendimos los pasos y palabras,
y crecimos al son de la ribera
persiguiendo las luces tan doradas.

Ahora llega el otoño de colores,
y aquí estoy, en la tarde, con mis canas,
recibiendo ese beso de los cielos
que acaricia mis sienes plateadas.

Yo susurro estas letras, en silencio,
unas letras que llevo en mis entrañas,
y que nacen contigo y en tu nombre
y que quieren dejarte tanta calma.

"...Una tarde de otoño en el paseo,
vi una imagen del día que marchaba
y las gentes pasaban por su lado
contemplando sus luces en el agua..."

Rafael Sánchez Ortega ©
27/10/11

miércoles, 26 de octubre de 2011

ESTOY PONIENDO FLORES EN EL LECHO...


Estoy poniendo flores en el lecho
para que sustituyan a las sábanas,
así tendré sus pétalos floridos
y, el aroma, tan dulce de sus ramas.

Serán como la eterna primavera
que viene con sus besos y te embriaga,
que surge cual milagro del invierno
y pronto sus colores desparrama.

Serán esas hermosas golondrinas
que vuelan sobre el mar y la distancia,
que llegan a mi pecho y enloquecen
y anuncian a mi alma su llegada.

Yo quiero ya dormirme entre las flores,
vivir su primavera sin tardanza,
sentir esa llamada de las aves
y el bosque con los robles y las hayas.

Pero quiero esas flores en el lecho
compartirlas contigo, niña amada,
quisiera que escucharas mis poemas,
y leyeras en el fondo de mi alma.

Quisiera con las flores recorrerte,
sentir escalofríos en tu espalda,
notar esos suspiros de tus labios
y luego conjugar esa llamada...

Quisiera contener tantos latidos
del pecho tan ardiente, sin palabras,
quisiera palpitar junto a tu cuerpo
y luego navegar hacia la nada.

Por eso pongo flores en el lecho
y vuelven con las flores las campanas,
la bella letanía de las horas
que anuncian que la noche ya se acaba.

Se quedan con los sueños y las sombras
las risas y las lágrimas calladas,
y quedan tantas dudas y recuerdos,
de pronto, iluminadas por el alba.

Y allí se quedará, junto a las flores,
el lecho con las sábanas sagradas,
los pétalos que oyeron tus suspiros,
las letras que mis dedos escanciaran.

"...Estoy poniendo flores en el lecho
con los versos pacientes que reclaman,
y piden esa eterna primavera
desde el dorado otoño en que se hallan..."

Rafael Sánchez Ortega ©
26/10/11

martes, 25 de octubre de 2011

YA NO JUEGO CON SUEÑOS Y PALABRAS...


Ya no juego con sueños y palabras
y prefiero la calma de los álamos;
junto al río de piedra, de la vida,
miro el agua y lo sigo cauce abajo.

Hubo un tiempo de sueños y promesas,
de buscar las estrellas en lo alto,
en el cielo de gasa y fantasía,
que formaban mis noches de verano.

Hubo otro de escritos y poemas,
donde letras y versos se formaron,
para dar más sentido a las palabras
y trazar ese libro con mis manos.

Pero el libro de hermosos sentimientos,
el cuaderno de páginas en blanco,
el que alienta mi alma y mis sentidos
se quedó, con el tiempo, muy callado...

...Y pararon mis sueños y palabras,
y paré, prisionero de mis pasos,
me quedé en un cruce de caminos
con el sueño y palabras en mis labios.

Se quedaron dormidas las estrellas
y también los luceros se borraron,
se durmieron también los adjetivos
en la sombra perdida de aquel acto.

Porque el viento soplaba muy deprisa
con sus rachas feroces azotando,
susurrando en mi oído que ese viento
era el tiempo y la vida en su letargo.

Hoy la vida me enseña sus puñales
con su acero tan firme y afilado
atraviesa mi pecho en un suspiro
y secciona mis venas con su tajo.

Ya no quiero más sueños y palabras
ni tampoco más juegos ni otros dardos,
hoy prefiero mirarte fijamente
mientras duermes y sueñas en mis brazos.

"...Ya no juego con sueños, ¡niña mía!,
pues los sueños al cielo se volaron,
y marcharon con ellos las palabras
mientras yo me quedé con tu retrato..."

Rafael Sánchez Ortega ©
25/10/11
YA NO

lunes, 24 de octubre de 2011

ES POSIBLE QUE BUSQUE EN EL SILENCIO...


Es posible que busque en el silencio
la limosna pedida del mendigo,
la palabra sencilla que me entregue
esa sangre que aumente mis latidos.

Porque suenan mejores las respuestas
de los labios sinceros de un amigo,
y la brisa y el aire tienen eso
con la paz y el silencio que preciso.

Hay silencios de hombres muy cansados
y también de mujeres y de niños,
hay silencios que son como las sombras
y que van tras mis pasos, y conmigo.

Es por eso que busco en el silencio
el abrazo sin pausa y el cariño,
y también esas luces de colores
que alimentan el alma y mis sentidos.

Unas veces escucho en el silencio
el sonido silente de los ríos,
otras veces escucho a las montañas
y hasta siento el susurro de los pinos.

Pero es el silencio de los bosques
el que llega a mi lado con su grito,
el que quiere romper esas cadenas
y salir de su cárcel de testigo.

Yo me siento feliz con el silencio
ya que mueve la mano con que escribo,
él me dicta las letras y palabras,
que trasmito al cuaderno blanquecino.

Y allí quedan sus frases seductoras
con las dudas y miedos esparcidos,
y también con anhelos y promesas
que añoraron mil sueños y zafiros.

Sin embargo el silencio que yo busco,
el que quiero sin pausa en cualquier sitio
es aquel que me habla de tu cuerpo
y susurra tu nombre en mis oídos.

"...Es posible que busque en el silencio
algo más que unas rosas y unos lirios,
porque es el silencio simplemente,
el que acerca tus labios a los míos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
24/10/11

domingo, 23 de octubre de 2011

SOY TAN SÓLO UN PEQUEÑO SENTIMIENTO...


Soy tan sólo un pequeño sentimiento,
una línea sutil en la distancia,
un actor que palpita sobre el mundo
y que saca del pecho lo que guarda.

Los suspiros son notas silenciosas
cual repique de voces sin palabras,
ellos vienen pacientes a mis labios
con un poso inconsciente de nostalgia.

Se me escapan con ellos muchas cosas,
los recuerdos, los sueños y esperanzas,
pero surge mas tarde la tormenta
y la eterna galerna de mi alma.

Soy también esa eterna mariposa,
la que vuela y que busca entre las ramas,
esa gota invisible del rocío
con que cubra la sed de su garganta.

Pero el vuelo radiante y primoroso,
el que tanto mi cuerpo me reclama,
es aquel perseguido desde niño
el que a veces se cobra su venganza.

Porque vuelo tan alto con mis sueños
que mis alas están ya muy cansadas,
y deseo que el reino de la noche
me devuelva la calma que me falta.

Soy por ello el eterno vagabundo,
el que sigue a la luna plateada,
el que cuenta de noche a las estrellas
y el que luego en su fiebre las abraza.

Es el mundo sin nombre de los locos
donde viven dos fuerzas encontradas,
donde unos ahogan lo que sienten
mientras otros lo escriben y lo cantan.

Y aquí estoy, peregrino de mis sueños,
con las alas del alma tan atadas
que se pierden mis dedos en sus letras
como el eco y la voz de mis entrañas.

"...Soy tan sólo un pequeño pensamiento,
que ha brotado a la vida y ya se marcha,
mientras suena la música sin nombre
de ese templo del cuerpo y sus campanas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
23/10/11

sábado, 22 de octubre de 2011

COMTEMPLO CON TRISTEZA TANTOS LIBROS...


Contemplo con tristeza tantos libros
que tienen que partir sin dejar huella,
me queda la nostalgia de su marcha
unida a los recuerdos que me dejan.

Quizás en otro tiempo, ya lejano,
los libros acabaran en la hoguera,
por culpa de la fé de unas personas
siguiendo los dictados de la iglesia.

Pero ahora la partida es diferente,
se van porque acabaron mis reservas,
los últimos espacios de mi casa
contemplan librerías siempre llenas.

Me duele desprenderme de los mismos
porque ellos son la sangre de mis venas,
el grito y la llamada de mi vida,
la savia incontenible de mis fuerzas.

Recuerdo, sin dudar, la hermosa compra,
el sitio y librería de la venta,
recuerdo los motivos que impulsaron
hacerme con sus páginas y letras.

Por eso mi dolor es más profundo
y siento escalofríos por mi pena,
me apena que se vayan de mi lado
los fieles compañeros sin reserva.

Por ellos yo he buscado la alegría,
corrido tras las hadas y princesas,
con ellos yo he viajado por el mundo
tratando de encontrar la vida eterna.

Y ahora que se alejan de mi lado
suspiro con pesar por esa ausencia,
recuerdo los minutos de silencio
leyendo sus autores y novelas.

Con ellos intenté saciar mis dudas,
las horas juveniles y las nieblas,
la brisa sugerente de sus versos
llenaba de dulzura mi cabeza.

Buscaba la respuesta y esperanza
nacida de las mentes tan inquietas,
los sueños que añoraban los amantes,
el beso singular de las estrellas.

"...Contemplo con tristeza tantos libros
que lloro, sin querer, en su presencia,
pues tengo que elegir entre sus lomos
aquellos que se marchan y se quedan..."

Rafael Sánchez Ortega ©
22/10/11

viernes, 21 de octubre de 2011

ESCRIBÍ UNOS VERSOS EN LA NOCHE...


I

Escribí unos versos en la noche,
pero no, no me gustan, lo confieso,
unas lentras sin aire de reproche
con el tono iracundo que profeso.

En principio traté que fuera un broche,
un abrazo profundo y muy travieso,
un suspiro surgido en medianoche
y el candor de tus labios con un beso.

Pero pronto mis letras me cansaron
con su oscura y profunda fantasía.
Otra vez las campanas repicaron
anunciando dolor y no alegría.
Ahora intento dejar lo que intentaron
unos versos de amor y algarabía.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/10/11

UNOS VERSOS QUE VUELVAN AL PASADO...


II

Unos versos que vuelvan al pasado,
que se acerquen al alma de la gente,
que describan la huella que han dejado
y el sudor recogido de su frente.

Unos versos del hombre enamorado,
del gentil, del sincero y el valiente,
del que amó, como nunca había amado,
y guardó en su pecho lo que siente.

Porque amar, si se ama en esta vida,
es sentir el amor desde la infancia,
es vivír cada día la partida
que nos marca, sin duda, la distancia
y es curar ese pecho de la herida
con un beso cargado de fragancia.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/10/11

PERO NO, NO RENUNCIO A MI FUTURO...


III

Pero no, no renuncio a mi futuro
ni al presente que surge de la nada,
aunque el techo sea alto de ese muro
lograré que lo alcance tu mirada.

Tu mirada que llevo, te lo juro,
en el alma precisa y descansada,
con los ojos cerrados al conjuro
de una niña feliz y enamorada.

Es por eso que busco ese diamante,
ese seno de enero y de febrero,
y lo quiero febril y palpitante
como luz recibida de un lucero,
más lo quiero ya aquí, y en este instante,
para ti, y para mí, porque te quiero.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/10/11

PRECISO SOLAMENTE QUE ME MIRES...


Preciso solamente que me mires,
y leas en mis ojos lo que guardan,
para eso necesito tu paciencia
y el candor que desgrana tu mirada.

Una gota de lluvia y de rocío
ha llegado por fin a mi garganta,
convertida de pronto, con tus labios,
en un beso sincero de esperanza.

Yo sé bien que vigilas a mis sueños
y mis pasos conduces por cañadas,
evitando colinas y senderos
que maltraten mis piernas con sus ramas.

Porque el fin primoroso de tus manos
es rozar con tus dedos a mi cara,
recorriendo las líneas sinuosas
de este cuerpo sediento que te llama.

Y por eso reclamo que me mires
y que leas paciente mis palabras,
con tus ojos preciosos y bonitos
que me dejen destellos de tu alma.

Es posible que mires las estrellas
y que veas luceros en el agua,
y también que contemples su reflejo
mientras vas caminando por la playa.

Pero puede que pares un momento
y que busques la luz tan deseada,
esa estela de sueño y fantasía
que nos presta el cometa con su marcha.

...Todo esto quisiera yo decirte
si me miras paciente y recatada,
y serán estos ojos que yo tengo
la cuartilla en que leas a mis lágrimas.

La cuartilla con letras descosidas
y que lleva la voz tan desgarrada,
del poeta que sufre su silencio
y prefiere el amor a decir nada.

"...Preciso solamente que me mires
y que llegue tu brisa a mi ventana,
para intentar, así, cerrar los ojos
y dormir para siempre, niña amada..."

Rafael Sánchez Ortega ©
21/10/11

jueves, 20 de octubre de 2011

QUISIERA QUE EL SONIDO DE ESTA MÚSICA...


Quisiera que el sonido de esta música
llegara a tus oídos
y que penetrara en tu cuerpo haciéndote
estremecer.
Quisiera que las notas del piano
sustituyeran a tu sangre,
para que siguieran la cadencia
y ese baile de la música melodiosa
que se escapa en la noche.
Quisiera que tú la recogieras,
que bebieras esa néctar,
el de estos momentos inolvidables
para que nunca se borre de tu recuerdo.
Quisiera que con la música
sintieras mi cuerpo estrechando a tu cuerpo
y mis labios buscando a los tuyos
para entregarles un beso sincero.
Quisiera tu abrazo y tu cariño
y a la vez, poder tomarte entre mis brazos,
mirar en tus pupilas
y darte mi cariño sin palabras y en silencio.
Quisiera que este sueño no acabara,
que la música continuara sin cesar
desgranando estas notas tan hermosas...


...Pero ahora soy yo el que cierra los ojos,
el que suspira y el que sueña
entre los acordes de esa fuerza mágica
que surge del piano.
Me siento trasportando hacia otras tierras,
a un mundo diferente
y allí te veo y camino a tu lado de la mano.
Cruzamos desiertos y pisamos las arenas de la playa,
subimos montañas y recorremos caminos diversos
entre valles y colinas, con el monte cercano.
Escuchamos la berrea de los corzos y rebecos
y sentimos su llamada en esta noche.
Ese grito tan ahogado de pasión y celos
que desgranan sin cesar.


El torbellino de la música nos envuelve nuevamente
y las piezas suenan y suenan sin cesar,
ofreciéndos, en un amplio repertorio su belleza.
Suspiro y busco tu latido con mi mano.
Toco tu seno palpitante
y mis dedos van hacia tus labios temblorosos.
Los recorro mientras tú también buscas los míos.
Quieres mis labios,
quieres mis besos,
quieres mis manos y yo...


También te quiero, amor.
Te quiero y te deseo
y busco el líquido sagrado de tu fuente
para calmar en ella la pasión que me desborda,
que me ahoga,
mientras escucho de tus labios esa frase:
"Te amo, amor, te amo..."


Rafael Sánchez Ortega ©
20/10/11

A LA ORILLA DE LA CHARCA...


A la orilla de la charca
un poeta se inspiró
de una rana muy coqueta
que soñaba bajo el sol.

"Duerme, duerme, mi ranita",
le cantaba un moscardón,
y la rana sin oírlo
proseguía su labor.

El poeta con su pluma
anotaba la canción,
esas letras y romances
del moscón tan cantador.

No es posible, se decía,
este acto tan felón,
pues la rana solo duerme
con el sauce por farol.

Y apartaba con sus manos
al moscón galanteador,
ya que quiere que la rana
sueñe en paz y sienta a diós.

Sienta el agua de la charca,
y ese beso sin color,
que del cielo y a sus labios
manda el sol en su pasión.

Por el río pasa un ganso,
va pendiente de su honor,
con el cuello tan altivo
sin tener invitación.

Y de pronto ve a la rana
y a su lado va veloz,
pues desea en ese sueño
ir con ella de pastor.

El poeta ve con ira
este acto tan atroz,
y le pide que se aparte
a este ganso pescador.

Que no altere y no moleste
a la rana del guiñol,
que la deje con sus sueños,
se lo pide por favor.

"¡Ay ranita de mi vida,
-el poeta suspiró-,
duerme pronto y sueña presto
que a tu lado sueño yo!"

Rafael Sánchez Ortega ©
20/10/11

miércoles, 19 de octubre de 2011

QUIEN MEZCLA PAN Y FORTUNA...


Quien mezcla pan y fortuna
no sabe lo que se pierde,
hay prados de color verde
y ranas en la laguna.

Aunque la luz de la luna
nos regale su alegría,
con su danza y armonía;
no se arruga nunca el traje
cuando sale y va de viaje,
ni de noche ni de día.

Pero la luna y el pan
nada tienen en común,
aunque surjan al tuntún
sin timón ni capitán.

Cruza el cielo un cormorán
con plumaje muy mojado,
va a la playa atolondrado
a buscar una caricia,
y al sol pide su caricia
con el rayo acalorado.

Entonces, nuestro poeta,
el que escribe y no da abasto,
el que sueña y es un trasto,
nos escribe en su libreta.

Él nos habla de un cometa
con su cola luminosa,
con la luz que rasga y glosa
esa dulce llamarada,
que palpita con la rosa
y se duerme en la carpeta.

Ya el poema va naciendo,
va surgiendo letra a letra,
como el jugo de una metra
que los dedos van tejiendo.

Y así acaban, sin estruendo,
estos versos mal sonantes,
estas líneas mendicantes
que pedir no piden nada,
sólo acaso una mirada
y unos besos suplicantes.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/10/11

ES POSIBLE QUE MARCHES DE MI LADO...


Es posible que marches de mi lado
y que incluso se acabe tu paciencia,
pero siempre estarás en mi costado
con el halo que imprime tu presencia.

Puede ser que el jardín abandonado
esté así, por mi culpa y por tu ausencia,
pero siempre sabré que mi pecado
fue creer en tu amor y en mi inocencia

Volverán otros sueños infantiles
como siempre, a fluir en primavera.
Volverán las sonrisas juveniles
a los labios rompiendo su barrera.
Pero siempre las sombras tan cerriles
marcarán con sus dudas la frontera.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/10/11

martes, 18 de octubre de 2011

COMPAÑERA DE MIS SUEÑOS...


Compañera de mis sueños
y que lees estas palabras,
ya sé que finges consuelo
para agradar mi jornada.

Me dices que las estrellas
lanzan suspiros y cantan,
mientras el mar se adormece
con sus reflejos de plata.

Arriba brilla, en lo alto,
una luna enamorada,
con su carita redonda
que busca el mar y las aguas.

Compañera que me pides
ese beso que te falta...
...No solo te doy un beso
sino el amor de mi alma.

Porque el amor es un grito,
un susurro que se escapa,
unos labios que suspiran
y una copa que se escancia.

Y es que el amor, niña mía,
es igual que una guitarra,
pues cuando pulsas sus cuerdas
se introduce dentro y habla.

Compañera de mi vida,
ven aquí de madrugada,
con tu vestido gitano,
serás la reina que falta.

Serás la reina que todos,
niños y ancianos reclaman,
y en su febril alegría
te cantarán una nana.

Te contarán sus secretos
como a la reyna de Saba,
y tú serás la princesa
en ese cuento de hadas.

Compañera y niña mía,
que estás en tierra lejana,
no tengas miedo al silencio,
pues el silencio te llama.

Porque el silencio profundo
se quebrará con el alba,
y volverán los olivos
con el tomillo y la jara.

Y volverán para verte
a ti, mi niña adorada,
para leerte mis versos
bajo la luna, en la playa.

"...Compañera de mis sueños,
ven a mí, si tú me amas,
para entregarte mis labios
y ese beso que reclamas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/10/11

BAJAMAR HACIA LAS OLAS.


Amanece y sopla una ligera brisa
que da forma a la vida y a las aguas.
Unos ojos soñolientos se abren
surgiendo de la inmensidad de una noche gestada
hacia un día que ahora comienza.
Las olas rizadas, temblorosas, apenas palpitan,
aunque poco a poco van latiendo con más pulso
y estirando sus cabellos plateados.
La sangre caliente palpita alterada
y grita pidiendo ese trozo de vida que comienza,
esos minutos incipientes en que la marea sube
hacia los acantilados en ese camino invisible
de un tiempo que comienza.


Es preciso esperar y sentir intensamente
esos latidos de la mar que llega hasta nosotros,
ayudada por el viento de los mares,
que la empuja a la ribera y a la playa.
Es un lento recorrido sin descanso
con los cuerpos que se estiran y que crecen,
en un lento amanecer irreversible que comienza.


Poco a poco la marea va subiendo
y hasta cubre con sus aguas el desnudo de la playa.
Son minutos que se pasan
mientras vemos la corriente cómo empuja,
como sube por la ría,
como avanza sin descanso
mientras cambia el panorama y los colores,
que se vuelven ahora azules, como el cielo.
A su vez otra marea se desliza y cobra vida,
va pulsando y penetrando los rincones de las almas.
Una rosa se despierta temblorosa y suplicante
y una mano la recoge y la lleva
hacia unos labios con un beso.


Es curioso, que en apenas unas horas,
nuestras aguas han llenado la bahía
y una dulce melodía ya se extienda por el aire.
Unas barcas están quietas y se duermen
con el suave bamboleo de la brisa y el nordeste.
Otra dulce pleamar también se extiende
por los cuerpos,
mientras sudan y trabajan,
mientras lloran y sonríen,
mientras aman y suspiran
esperando la palabra y la respuesta que no llega.


Y de pronto aquella magia se evapora en un instante,
pues comienza ya el reflujo de las aguas
en su vuelta hacia los mares.
Ahora cobra más sentido la salida impetuosa,
el descenso hacia la barra,
el vagar por los andenes de autobuses y de trenes
intentando asir su estribo.
Pasa el tiempo y se vacía el estuario
y de nuevo las arenas de la playa
se despiertan desnudadas y mojadas.
Yo percibo el bajamar que se avecina
y que me arrolla,
que me abraza impetuoso
y deshoja esas ramas tan doradas
que cubrían a mi pecho.


Cuando miro a la bahía ya es muy tarde.
Han pasado muchas horas, casi doce,
con el flujo y el reflujo,
con subidas, pleamares y bajadas de marea.
Cuando miro a mi pasado veo huellas muy cercanas
que se pierden en el tiempo,
que se mezclan con recuerdos y con sueños.
Es la corta bajamar de los otoños
con sus días que decrecen y que llegan
con la sombra de la nube
y de la noche que se acerca.


Es entonces cuando veo y cuando siento
la figura que se marcha por los mares,
la que lleva en sus oídos mis palabras,
la que vino hasta mi lado a leer en mi mirada,
la que dijo en un susurro que me amaba,
la que hizo que sintiera ese latido
y ese amor que me desborda
y que marcha en bajamar
hacia las olas sin retorno.


Rafael Sánchez Ortega ©
17/10/11