jueves, 31 de julio de 2014

YO APENAS SOY MARINO...



Yo apenas soy marino y el aprendiz de hombre,
el niño y el grumete, camino de la mar,
capricho que, divino, surgido de unos labios
buscando por la tierra otros labios que besar.
Y apenas soy marea regando, con las olas,
las costas y los muelles con nubes de cristal,
Y soy la fina estera, colgada, que en los cielos
cubría la escalera con flores de verdad.
Y soy la mariposa con alas de colores
surgiendo de los pechos con aire sin igual.

Yo apenas ya respiro y sigo caminando,
buscando los senderos y no mirando atrás,
las nubes me adelantan, el viento me acaricia,
la brisa me susurra y no preciso más.
Saludo con un gesto al gato que me mira,
al hombre en la ventana y al niño del lugar,
no quiero ser esquivo, ni menos un farsante,
prefiero ser sincero y nunca ser truhán;
por ello me detengo y me sobo la barbilla
evito las palabras vacías y sin sal.

Yo apenas he sentido el beso de unos labios,
la mano en mis mejillas limpiándome la faz,
la bella caracola dejando mil sonidos,
con sueños transparentes llegados de alta mar,
la música sin nombre que dejan las resacas,
las olas caprichosas que vienen con su paz,
el verso inacabado de manos inocentes,
los ojos turbulentos y a punto de llorar,
la tierna melodía sin música y palabras,
que suena y que me invita a dar pasos de vals.

Yo apenas he querido y amado como hoy amo,
a nadie de este mundo, así en la realidad,
los niños solo quieren aquello que les gusta,
la mano que les deja regalos sin pensar,
los hombres, al contrario, sí piensan lo que quieren
y piden, temerosos, el néctar del panal,
los ojos que les miren, los labios vacilantes,
el beso que les haga del sueño eternidad,
y así, sin más pamplinas, los hombres serán libres,
los niños más felices y todos sonreirán.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/07/14

miércoles, 30 de julio de 2014

NO TE PARES Y MIRES AL PASADO...



No te pares Amor, ni mires al pasado.
No estoy ahí, viajo contigo,
en ese carrusel de tus latidos
y en el tren que te acerca hasta la nada.

Soy esa brisa fresca del nordeste
que a tu lado se acerca y que te abraza.
Soy esa luz que llega de los cielos,
y te inunda y te llena de hermosura.
Soy el rumor del mar y las mareas,
que llega y que te envuelve
con aromas de salitre y de salmuera.
Soy el suspiro ahogado de los robles,
que cortejan a las hayas en los bosques.
Soy el candor del río en la bahía,
que se extiende por sus aguas
bajo el manto protector de la luna
y las estrellas.

Soy para ti, el niño y el poeta,
que un día te escribió, sin que supieras,
los versos del amor y la esperanza,
con letra estremecida de sus dedos,
y luego los guardó, quizás nervioso,
en el cuaderno gris de sus entrañas.

"...No te pares Amor, ni mires al pasado
porque sigo viviendo, con mis sueños,
y lo hago para ti, aunque haya muerto..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/07/14

martes, 29 de julio de 2014

QUIZÁS...



Quizás somos más los que lloramos silenciosamente
y buscamos a esa persona,
esa "madre" y esa "amiga", entre comillas,
a quien confiar lo que nos pasa,
a quien nos escuche en silencio,
a quien nos diga solamente, con caricias,
que lo que pasa es cosa de la vida y del hoy,
que mañana será otro día
y que de nuevo volverá a salir el sol
y las nubes reirán con sus formas caprichosas
y las estrellas bailarán por la noche
en un acto irreverente,
y nosotros, seguiremos en nuestra locura,
y borraremos esas lágrimas traidoras
que se quedarán olvidadas en la playa
del recuerdo.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/07/14

lunes, 28 de julio de 2014

¿POR QUÉ NO...?



¿Eso me digo, ¿por qué no?...
¿Por qué no dejar volar la imaginación
y volar y soñar?,
¿por qué no cerrar los ojos,
parar en la lectura y dejar que los dedos
digan todo aquello que la mente piensa?,
¿por qué no hacer versos en esta hora sagrada
y tratar de sustraer un poco de uno mismo
y convertirlo en un suspiro que intentarías
llevar al ser amado,
que puede dormir cerca o lejos, según se mire,
o estar en ese duerme vela impaciente
y desasosegado por el calor...?

Sí, es así,
si puedes parar en la lectura,
si eres capaz de centrarte en lo que haces,
entonces no lo dudes y ve hasta el teclado.
Allí deja a tus dedos que hablen,
que sigan los dictados de tu alma
y que expresen todo aquello que guarda la misma.
Que fabriquen versos
y que renazcan los besos de antaño,
que junten las margaritas y las rosas
de una tarde con las estrofas balbuceantes
que puedan surgir de ese pecho.
Y si aún tienen fuerzas, al final,
quizás logren recuperar y redactar
aquel suspiro velado y arrancado
que unos labios emitieron una noche junto a tu oído
y aquel nombre sagrado: "tu nombre",
que tanto te hizo estremecer.

Porque la vida es así de sencilla,
quizás como ese poema que la mano traza lentamente,
y que los dedos van depositando
en el cuaderno con las letras nerviosas
y ese miedo irreverente
a dejar una palabra mal colocada,
una sílaba deforma y sin rima asonante
y un ritmo desmedido y chirriante,
cuando lo que se buscaba
era la palabra exacta y sensible,
la mirada tierna que llegara al corazón,
el roce preciso y sublime
que acariciara el cuerpo amado
y le arrancara mil suspiros
y el beso interminable dejado
en una frente soñadora que dormía a tu lado.

Así que me digo nuevamente:
¿y por qué no intentarlo?,
¿a qué tengo miedo?,
¿quizás a pronunciar la palabra sagrada del amor?,
¿a decir te amo a quien de verdad amas?,
¿a refrenar los latidos del corazón acelerado
que lo proclama una y otra vez constantemente?

...Supongo que se puede amar de muchas maneras,
igual que ayer, igual que ahora
y puede que como mañana,
pero siempre con la fe y la esperanza
de saber que alguien te escucha,
que alguien te espera
y que alguien, sencillamente,
cuando recibe unas letras parecidas,
siente un pequeño cosquilleo en su alma
y esa coraza que tiene puesta,
se resquebraja un poquito
y se hace más humana y más mortal,
a la vez que se humedecen sus ojos
sin darse cuenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/07/14

domingo, 27 de julio de 2014

"SIN PALABRAS"


 
Si un niño me hace daño
en su inocencia, no le riño,
le perdono,
pero si es un adulto el que lo causa
entonces me convierto en niño
y lloro.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/07/14

sábado, 26 de julio de 2014

HE SALIDO A PASEAR...


He salido a pasear
y voy libre, como el viento,
con la brisa a mis espaldas
y el recuerdo de tus besos.

Llevo hiel en mi costado
y la sangre cae al suelo,
y un suspiro se desgrana
con tu nombre y un te quiero.

Porque fuiste mariposa
y el susurro de los cielos
que volaste hasta mi frente
temblorosa y sin remedio.

Y lograste conmoverme
con tus dulces aleteos,
y la luz y el colorido
que ofrecías con tu vuelo.

He salido a pasear
y voy libre, lo confieso,
con la pipa entre los labios
de un tabaco más bien negro.

Pero nacen filigranas
en la punta de los dedos,
sutilezas infantiles
que precisan un cuaderno.

Y allí van las emociones
y también los sentimientos,
las sonrisas contenidas
y los llantos de otros tiempos.

Allí van, entre las letras,
tantos versos incompletos,
tanta rima mal sonante
que nacieron bajo un fresno.

He salido a pasear
y voy solo con tu aliento,
que me embruja y que me embriaga
cada vez que lo recuerdo.

Tengo celos de la tarde,
del ocaso soñoliento,
del barquito que ahora pasa
y que rompe este silencio.

Porque tú eres poesía,
Amor mío, y eso siento,
y preciso tus latidos
y la fuerza de tus versos.

Eres sangre y eres rima,
dejas ritmo con tus sueños,
y adormeces los sentidos
que se paran a leerlos.

Porque vida y poesía
se han unido con un sello,
y en un lazo de bramante
para ser sus prisioneros.

"...He salido a pasear
y soy libre y estoy cuerdo,
a pesar de mi locura
por amarte como un ciego..."

Rafael Sánchez Ortega ©
17/07/14

viernes, 25 de julio de 2014

AQUELLA TARDE TRISTE...


Aquella tarde triste
la llevo en el recuerdo,
prendida en alfileres
que ondean en mis sueños.

Quedaron las palabras
colgadas del espejo
precisas y crueles
carentes de tus besos.

Ay besos calcinados,
celosos y con miedo,
temblando como niños
carentes de paseo.

Carentes de mil cosas
de risas y de versos,
quizás amordazados
por labios incruentos.

Por labios que suspiran
y ocultan los "te quiero",
los muerden y murmuran
y ocultan en su pecho.

Aquella tarde triste
temblaron sí, mis dedos,
temblaron mis rodillas
y casi toqué el suelo.

Lloraron las estrellas
sus lágrimas de invierno,
rasgando las entrañas
de un nuevo firmamento.

Quedaron mis pupilas
absortas y no viendo,
mojadas por la lluvia
traída por el viento.

El aire de tus labios,
la brisa que deseo,
pasión irreverente,
en busca de mis besos.

¡Ay besos que suspiran
un tanto soñolientos,
en busca de otros labios
que vienen a tu puerto...!

Rafael Sánchez Ortega ©
17/07/14

jueves, 24 de julio de 2014

REMINISCENCIAS XIX



XIX

Esta noche me he sentado en la colina del recuerdo,
con los ojos entreabiertos,
y abrazado, ¡cómo no!, por los reflejos de la luna
que bajaban de su lado con un lazo irresistible
de ternura hasta mi alma.

Y esta noche, una vez más, he aspirado
el aroma del salitre que dejaban las resacas
con las olas en la playa,
y he sentido el hormigueo que producen
las estrellas cuando brillan en los ojos,
la caricia inconfundible que nos mandan,
los suspiros y susurros de un idioma
que acelera los sentidos
y me acerca la razón a la locura.

Esta noche yo he escuchado ese canto singular
de las cigarras,
y no pude sustraerme a soñar con sus
arpegios infantiles,
a volar, con las gaviotas trasnochadas,
que volvían a la costa,
a sentir el suave roce de la hiedra, entre mis manos,
y ese pétalo sublime de la rosa
de unos labios que tomaba entre los míos.

Porque fue la poesía, nuevamente,
la que vino a rescatarme en su conjunto,
en un cuadro irrepetible de emoción y colorido.

Esta noche me he sentado en la colina del recuerdo
pero no para añorar viejas pasiones,
ni buscar a las princesas y sirenas encantadas
de los cuentos,
ni tampoco deshojar las margaritas como antaño.

Esta noche simplemente fui feliz en esa entrega,
y ese acto, donde tanto me contaron las estrellas,
con sus guiños y silencios,
y también con esa luna plateada
que no quiso que volviera a los recuerdos
y me dio, con su reflejo, un abrazo singular
de poesía y de ternura.

Esta noche comprendí cuánto te amo
y fue allí, en la colina del recuerdo,
cuando vi la desnudez de nuestras almas,
cuando pude comprender porqué los niños son felices
cuando ríen,
cuando buscan una estrella y una concha,
en las arenas de la playa,
cuando juegan con sus barcos en los pozos de los cuentos,
cuando elevan los cometas intentando que se escapen
a la nada.

Esta noche comprendí porqué el amor,
es el motor y es el rubor que nos alienta sin descanso,
es la emoción que nos embriaga
y acelera los sentidos de las almas,
y es el embrujo que subyuga
y nos hace comulgar, con nuestros labios,
en los labios tan amados.

"...Esta noche me he sentado en la colina del recuerdo
y no pude contener tanta emoción
en mis pupilas,
porque vi como la vida continúa
y una luna y las estrellas me decían:
"que adelante", que siguiera mi camino,
y buscara entre las sombras esa luz
con el mensaje del Amor entre sus pliegues..."

Rafael Sánchez Ortega ©
14/07/14

martes, 22 de julio de 2014

EN UNA TARDE FRÍA...


En una tarde fría
de un junio soñoliento,
sentí que te marchabas
dejándome en silencio.

Sentí que te perdía,
así como a tus besos,
la risa de tus labios
y el roce de tus senos.

Temblé como los niños
que sienten tanto miedo,
quizás por tantas causas
y acaso sin saberlo.

Temblé como los tontos
amantes y locuelos,
románticos perdidos
que forjan muchos sueños.

En una tarde fría
lloré ya, sin remedio,
tus huellas se alejaban
y yo quedaba quieto.

Parado en el camino,
mi mano en el pañuelo
los ojos destilando
dos lágrimas y un verso.

Un verso que tenía
la sangre y el recuerdo,
de días y de noches
vividos y riendo.

...Que fuimos muy felices
es algo que yo asiento,
y digo más que nunca
que fuiste quien yo quiero.

En una tarde fría
te fuiste con el viento,
quizás para otros mares
o puede que a otros puertos.

No sé cómo el destino
trazó tal desafuero,
ni sé bien las razones
de irte así, muy lejos.

Muy lejos de mi vida
y acaso del infierno,
donde estará mi alma
mirando y ya no viendo.

No viendo la alegría,
la vida en los alberos,
ni viendo a tu figura
rozada por mis dedos.

En una tarde fría
murieron tantos sueños,
siguiendo tus pisadas
marchando hacia el destierro.

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/14

lunes, 21 de julio de 2014

LA NOCHE SABE...



La noche sabe, y entiende,
descifrar tantos misterios
y comprender a los hombres
y consolar a los necios.

Porque los niños precisan
muchas sonrisas y besos,
con los abrazos sin nombre
que hagan vibrar a sus cuerpos.

Y es que los niños son niños
con su inocencia y misterios,
con su carita asustada
y su especial embeleso.

Por eso buscan los labios
y la sonrisa entre ellos,
de la figura querida
que entrega paz y consuelo.

La noche sabe de amores
y de fracasos y sueños,
siendo un conjunto de escenas
donde se pierden los cuerdos.

Porque al llegar la mañana
pronto despierta al silencio,
la madrugada y la brisa,
con el nordeste violento.

Y es el que roza la cara,
es el que besa sin freno,
el que desnuda sin prisas
los corazones sedientos.

Y así comienzan los ciclos
de peregrinos sin miedo,
de los Quijotes en marcha
con los molinos de viento.

La noche sabe a petunias
y a caracoles sin dueño,
a Peter Panes altivos
y a Rocinantes sin freno.

Pero yo ansío tu risa,
el palpitar de tu seno,
ese temblor de tus labios
y hasta el candor de tus dedos.

Porque preciso tu vida
y yo sin ella me muero,
ya que tu sangre es mi sangre
y tus caricias mi aliento.

No me abandones mi niña,
en este duro desierto,
porque yo quiero ir contigo
para dormir en el cielo.

"...La noche sabe a la noche
y yo con ella me quedo,
con tu sonrisa divina
y esos ojitos tan tiernos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
15/07/14

VOLVÍ A BUSCAR...



Volví a buscar las huellas de mi vida
para encontrar en ellas lo que quiero,
la dulce sensación de las mañanas,
el tibio escalofrío del invierno,
las páginas sin voz de los diarios
las letras con noticias y sucesos,
el niño que jugaba por el parque
el banco y las palomas del abuelo,
la tierna sinfonía de las olas
y el hombre que escribía en su cuaderno.

Volví a buscar al hombre entre los dioses
y recogí temblando sus anhelos,
la fina partitura y el poema
el cuadro surrealista del recreo,
la voz y la palabra seductora,
la bella mariposa de los cuentos,
la magia, sin igual, de los payasos
trazando filigranas con sus dedos,
el vuelo singular de las gaviotas
haciendo coqueteos por el puerto.

Volví a buscar, de nuevo, tu mirada
entre el azul celeste de los cielos,
y conseguí llegar hasta tu lado
para vivir allí, mi Amor, un sueño.
Un sueño sin princesas ni castillos,
sin claveles, ni rosas en el pelo,
un sueño sin finales agridulces
y con olor a jara y a romero,
porque así yo quisiera recordarte
mientras suspira con pasión mi pecho.

Volví a buscar de noche las estrellas
y me encontré a la luna y su reflejo,
que me esperaba allí, tras la ventana,
de un viejo caserón con sus recuerdos.
Y entonces comprendí lo que decían
tus ojos en la noche, entre mis besos;
hablaban del amor y las personas,
del cáliz de la vida y sus tropiezos,
y hablaban con ternura tus pupilas
gritando a un corazón que estaba atento.

Volví a buscar tu mano entre mis manos
y me encontré a tus ojos sonriendo,
tus labios se expresaban sin palabras
en una comunión de miel y besos.
La noche discurría lentamente,
las sombras contenían sus jadeos,
las hadas nos miraban recelosas
acaso con temor y hasta con miedo.
porque el amor nacía y revivía
acaso sin saberlo, en nuestro lecho.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/14

domingo, 20 de julio de 2014

NO ME DIGAS ADIÓS...


No me digas adiós,
dime hasta luego,
porque ansío tu vuelta
desde muy lejos.

Esa vuelta y tu risa
de amor sincero,
escapar de los labios
con aire nuevo.

Una brisa distinta
y un aire fresco,
el candor presuroso
de dos luceros.

Esos ojos que brillan
y tanto anhelo,
y las tiernas pestañas
que rozo y veo.

Porque son tus pupilas
como dos besos,
dos caricias sublimes
de lava y fuego.

Dos eternas canciones
que dan sosiego,
y estimulan las almas
del niño hambriento.

Porque son fantasía,
lugar de ensueño,
y rincón de los dioses
y tanto ciego.

Es el hombre nervioso,
el niño inquieto,
corazón embrujado
cristal de hielo.

No me digas adiós
Amor, que vuelvo,
a buscar tus caricias,
tu beso fresco.

Es la bella esperanza
de amor eterno,
y ese suave murmullo
que tanto pienso.

Porque quiero tus manos
aquí, en mi pecho,
con el roce sublime
que dan tus dedos.

Esos dedos de plata,
nerviosos ellos,
con caricias sin nombre
que yo deseo.

"...No me digas adiós,
ni marches lejos,
pues te quiero a mi lado
Amor, sin miedo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
10/07/14

sábado, 19 de julio de 2014

QUIERO ESCAPAR DEL POZO EN QUE ME HUNDO...


Quiero escapar del pozo en que me hundo
y retornar al mundo de los cuerdos,
para dejar atrás tantos grilletes
y las cadenas grises del recuerdo.

Quiero sentir la sangre acelerada
y ese latido ardiente de mi pecho,
cuando te vea a ti, con tu vestido
y el escote bajando por tu cuello.

Quiero pintar de sepia los maizales
y el corazón del mar que está muy negro,
tratando de inundarles de alegría
y de la brisa fresca de los vientos.

Quiero sentir tus labios en mis labios
y ese candor inmenso de tus besos,
para gritar de nuevo, por las calles,
y decir en tu oído lo que siento.

Quiero escuchar del río los murmullos
con el rumor de robles y de hayedos,
para embriagarme sí, con su sonido,
y la locura y miel de tu tormento.

Quiero beber el agua de la fuente
que baja cristalina del nevero,
y quiero ser la rosa perfumada
que lleves y acaricies con tus dedos.

Quiero vivir de nuevo, intensamente,
uniendo la pasión con el deseo,
para tener la suerte y la fortuna
de ser el Peter Pan de los hambrientos.

Quiero soñar sin fin, aquí contigo,
hasta rozar tu cuello y tus cabellos,
y quiero amarte, así, sin cortapisas
en esta comunión de nuestros cuerpos.

"...Quiero escapar del pozo de la muerte
y remontar caminos y senderos,
hasta llegar al fin, hasta tu lado
para decirte Amor, ¡cuánto te quiero!..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/14

viernes, 18 de julio de 2014

NUNCA LLORES AMOR...


Nunca llores amor
ni tengas miedo,
ven conmigo, si acaso,
para perdernos.

Para andar por la vida
buscando sueños,
y estirar nuestras manos
para cogerlos.

Porque somos gaviotas
y no vencejos,
volaremos muy alto
para ir tras ellos.

Volaremos sin prisa
cruzando cielos,
y praderas de arena
sobre el desierto.

Nunca llores amor,
yo te lo ruego,
porque quiero entregarte
hoy lo que tengo.

Esta carta infinita
de luz y fuego,
que palpita en el alma
con los silencios.

Hay silencios que duelen
y otros eternos,
los primeros son llantos,
no te lo niego.

Los segundos altivos
con sal y viento,
y que deja en los labios
la miel con versos.

Nunca llores amor,
sé mi consuelo,
la sonrisa indeleble
que tanto quiero.

La tormenta en la calle
y aquí, en mi pecho,
el suspiro sin pausa
y el lirio tierno.

El clavel perfumado
que va en tu seno,
el jazmín de tus ojos
que alcanzo y beso.

Porque quiero, mi vida,
seguir sintiendo,
esas suaves caricias
que dan tus dedos.

"...Nunca llores amor,
mi amor sincero,
porque voy a tus labios
ya con mis besos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/14

miércoles, 16 de julio de 2014

HOY QUISIERA SOÑAR...


Hoy quisiera soñar y volar
y mezclarme con el viento
en una comunión interesada,
para llegar deprisa hasta tu vida
y allí rozar mis labios con tus labios,
para robar tus besos poco a poco,
para sentir tu cuerpo estremecerse
y para amarte amor,
en un delirio de pasión y de lujuria.

...Porque la brisa fresca del nordeste
y ese salitre del mar y las mareas,
serían sí, los dedos primorosos,
que nerviosamente te fueran desnudando
y así sentir ese jardín de seda y piel estremecerse
y a ese volcán, ardiente y sin palabras,
decir y amar hablando su mirada.

Hoy quisiera soñar y volver hasta tu lado,
para tomar tu mano
y caminar despacio, junto al río,
recibiendo la luz y la alegría de tus ojos
y aquel mensaje entregado no sé cuando.

...Porque al abrigo del chopo, en la ribera,
buscaríamos ese rincón precioso que allí existe,
para darte y recibir,
ese montón de besos retenidos
y ese clavel que guardo en mi costado
para robarte así, si tú me dejas,
del corazón, el néctar deseado.

Hoy quisiera soñar y dormir en una nube
y que tú te durmieras en mi pecho,
descansando en ese lugar de paz y amor,
para escuchar sin prisa mis latidos,
para contar las veces que ellos dicen que te amo,
para sentir las brumas de la noche
que llegarían a cerrar tus ojos
con una nana que te hiciera estremecer.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/14

VENDRÁS CONMIGO, AMOR...



Vendrás conmigo, amor, en mi trainera,
con el rumor del mar y con la estrella,
por laberintos de pasión y besos
donde el candor navega a barlovento,
las aguas ya destilan su ternura,
con la atenta mirada de la luna,
y escapan las sirenas con su lira
para cantar al mar que las cobija.

Vendrás conmigo amor, en mi navío,
para sentir la paz de tus latidos,
el renacer del fuego de tus labios,
y hasta el temblor ardiente de tus brazos,
en una comunión casi perfecta
donde uniré el salitre y la galerna
a la sangre de espuma idolatrada
que me lleve a la arena de tu playa.

Vendrás conmigo amor, hasta mi muerte,
cuando el nordeste abrace los cipreses,
y la luz de ese cielo se diluya
en un ocaso tierno y sin fisuras,
donde sin prisas, yo diré tu nombre,
y bajaré la tela de tu escote,
robando de tus labios la sonrisa
para dejar la mía en tus pupilas.

Vendrás conmigo amor, no tengas miedo,
y sentirás lo mismo que yo siento,
la luz de la pasión y la galerna
guiando nuestros pasos con su estela,
a sitios y rincones ignorados,
allí donde reposen nuestras manos,
temblando de emoción y de alegría
y oyendo el palpitar de nuestras vidas.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/07/14

martes, 15 de julio de 2014

UN LICOR...


Un licor beberé de tus labios
que me llene de miel y de jara,
que refresque y alivie mi pecho
y a mi alma de brumas amargas.

Porque quiero en tus labios temblando
rezumar el almíbar sin pausa,
de esa dulce bebida gloriosa
con que embriaga el candor a las almas.

Y serás la que mira la estrella,
la que baila en las ondas de plata,
la que busca a la luna en silencio
y en las aguas tranquilas se baña.

¡Cuánta nota dejaban las olas
con rumores de música sacra!,
¡Cuántos dulces arpegios perdidos
se estiraban así por la playa!

Pero el hombre perdido en la noche,
el poeta de estrofas extrañas,
el amante sincero y silente,
no podía ocultar tantas lágrimas.

Y te amaba mi amor, en silencio,
y sentía a la vez tus palabras,
que llegaban también con caricias
y con besos cubiertos de nácar.

Y te amaba temblando y nervioso
musitando, su lengua temprana,
esas letras que llevan tu nombre
con su voz tan serena y tan clara.

Porque amaba también tu figura,
la hermosura sutil de tu cara,
y a ese pecho que late sin freno
y que busca romper sus amarras.

"...Un licor beberé de tus labios
si tú quieres que embriague mi alma,
para amarte quizás, para siempre,
y entregarte el amor que me embarga..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03 y 14/07/14

lunes, 14 de julio de 2014

EN UNA SILLA ROTA...


En una silla rota
quedaron los recuerdos,
la niebla cristalina
y el labio con mis besos.

También en esta huida
quedaron los enebros,
erguidos en sus matas
mirando hacia los cielos.

Las notas de discordia,
las lágrimas y miedos,
quedaron bien guardadas
y a salvo de los vientos.

La brisa y el salitre
llegando hasta los cuerpos,
sacando escalofríos
de pechos más bien neutros.

En una silla rota
quedaron muchos sueños,
las risas contenidas
y el roce de tus dedos.

Quedaron para siempre
suspiros y desvelos,
palabras con destino
y un nombre descubierto.

Aquellas viejas alas
que un día nos cubrieron,
los campos y caminos
plagados de senderos.

En ellos los susurros
hablaban, sin saberlo,
decían mil palabras
rompiendo los silencios.

"...En una silla rota
dejé cuanto yo quiero,
la rosa perfumada
y el llanto de mis versos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/07/14

domingo, 13 de julio de 2014

YA SÉ...


Ya sé que puede parecer que los poetas
son como todo el mundo
y que sus deseos son los mismos que todas
las personas desean,
pero hay algo diferente en su forma de ser,
en su mirada y en su manera de sentir
y eso no sé si es bueno o malo
y es que, en mi caso,
quizás como ese poeta que puedo ser
y llevar en el alma,
me gusta soñar cada instante del día
y tratar de hacerlo realidad.

Lo bueno y lo malo de mis sueños es, que en ellos,
estás tú, desde hace tiempo,
y por eso es inevitable que cuando sueñe
vengas conmigo y vueles si yo vuelo,
que navegues por el mar si voy en mi velero
o que contemples la distancia desde una cumbre
si yo estoy allí, mirando al infinito.

Por eso, cuando te hablo,
con esa voz semiapagada de las tardes soñolientas,
y en las noches, entre el humo del cigarro
que se apaga,
yo te digo lo que me gustaría hacer y no hacer
cuando estemos juntos,
y trato de envolverte en esa "magia"
que desearía nos cubriera entonces,
para ser nosotros mismos,
esos niños que en el fondo del alma
están y existen en ella,
esperando quizás poder salir a la luz.

Y es entonces cuando te hablo de escribir
y compartir un poema
y un relato entre los dos,
pero no lo hago para emular ni recordar
viejas historias de mi vida,
sino para crear y tejer un sueño contigo,
una nueva vivencia, una gestación inédita
que sepamos concebir, procrear y dar forma
y hacerlo realidad.

De la misma manera te hablo de que me gustaría
que leyeras mis poemas
para escuchar tu voz infantil
y llena de ternura
y que los sintieras profundamente,
para darlos vida y forma, a tu manera,
aunque ya sé que es así y que lo haces
en tu interior,
pero me gustaría verlos cobrar vida en tus labios
para poder ir robando letra a letra, de los mismos,
las cerezas y fresas compartidas
y, con ellas, confeccionar nuevos versos
que conseguirán estremecerme mientras te escucho
y te contemplo,
desnuda, en cuerpo y alma, sobre una nube de cristal,
en nuestros sueños.

Es entonces cuando una sacudida recorrerá mi cuerpo
y una voz me dice y me pide que la luz
llegue hasta lo oscuro del alma
y que me ciegue,
para que extienda las manos
y busque entre las sombras tu imagen
y tu cuerpo,
para que palpe y sienta el calor de tu piel
entre ellas,
el escalofrío sutil de tus senos,
y el suspiro silente que sale de tus labios,
y cuando esto suceda note el abrazo envolvente
de esa luz, con tu amor,
que penetre por mis venas.

Rafael Sánchez Ortega ©
02/07/14

sábado, 12 de julio de 2014

HAY DÍAS...


Hay días en que siento
la negra oscuridad de la ventana
y entonces aparecen las tormentas
y crujen los cristales de mi alma.

Parece que ese miedo
extiende sus tentáculos y garras
y ahoga los sentidos poco a poco
que mueren sin luchar en las entrañas.

Se rinde el corazón
en esta situación extraordinaria
y aguanta los suspiros de las olas
que dejan el salitre por la playa.

No vuelan mariposas por los cielos
ni hay rosas ni violetas en las plazas,
se funde la ilusión con el aullido
que evoca la razón, en esta farsa.

Parece que la mano de los dioses
huyera con Caronte en esa barca,
marchara más allá del infinito
rompiendo sentimientos con sus garras.

Hay lágrimas furtivas en los ojos,
pupilas que se quedan sin palabras,
y labios resecados con mil besos
que esperan el cariño que les falta.

Me duele el corazón,
y el pecho se resiente y no reclama
la risa cantarina de unos labios
y el canto de la alondra allá en la infancia.

Pero he de contener estos sollozos
ahogar las ilusiones en la nada,
la vida y el amor son un misterio
que atrapan al poeta con sus alas.

"...Hay días en que siento
la negra desazón de las arañas,
la mente se confunde con la bruma
y tiembla el corazón y se desarma..."

Rafael Sánchez Ortega ©
01/07/14

jueves, 10 de julio de 2014

SE PIENSA DEL POETA...


Se piensa del poeta
que es alguien diferente,
el hombre que disfruta
mirando los cipreses,
el niño que se entrena
con barcas y bateles,
la chica que ahora pasa
y lleva unos claveles,
la madre que cocina
y el joven que está ausente.

Y todos son poetas
escriben lo que tienen
guardado en su alacena
la noche de los viernes,
igual que los suspiros
del cine de los jueves,
y narran las escenas
vividas con la gente,
mezcladas con silencios
que asustan y estremecen.

Es cierto que, el poeta,
es alguien que entretiene,
que enseña sus romances
a todo el que los quiere,
y charla con la luna,
allí, desde los muelles,
y busca las estrellas
del cielo, que ya duermen,
y sueña con piratas,
corsarios y bajeles.

Hay algo en los poetas
que no se les entiende,
cuando hablan en sus versos
y dicen lo que sienten,
entonces las galernas,
que vienen del oeste,
azotan el cuaderno,
las letras se revuelven,
se vuelven misteriosos
zafiros del oriente.

Y empieza el sinsentido
del hombre que amanece,
del niño que ya es hombre
y llora cuando llueve,
quizás sin darse cuenta
sus lágrimas son nieve,
copitos blanquecinos
del alma que sostiene,
del pecho que suspira
y expresa lo que siente.

"...Se piensa del poeta
que es alguien que no crece,
que sigue allí, en su infancia,
jugando con los trenes,
pero es la gran envidia
que surge muchas veces,
y odiamos a poetas
que piensan diferente,
y asumen las pasiones
de hombres y mujeres.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/14

NO SE PRECISA MECÁNICO...



No se precisa mecánico
ni tampoco un fontanero,
para arreglar estas letras
y convertirlas en versos.

Sí, acaso sí, la paciencia,
de los poetas aquellos,
los que inundaron las plazas
con su ilusión, hace tiempo.

Aquel saber de memoria,
tantos pronombres y verbos,
tanta metáfora sabia
y el colofón de sus besos.

Porque tenían mesura
y hasta el candor de los cielos,
para llegar a su lado
y estimular a los dedos.

Y fabricaban aviones
en su taller de los sueños,
para volar por los mares
como pequeños veleros.

Y construían castillos
en recipientes y cuentos,
con las princesas azules
y su perfil quijotesco.

Y el escritor de palabras
solo dejaba silencios,
entre sus telas marinas
como incipientes bocetos.

Porque, al final, sus poemas
eran aromas e inciensos,
que desprendían sus labios
y hasta el rumor de su pecho.

"...No se precisa mecánico
ni tampoco un ingeniero,
para escribir un poema
y en él plasmar lo que siento..."

Rafael Sánchez Ortega ©
30/06/14

miércoles, 9 de julio de 2014

BUSQUÉ TU ADIÓS, EN UNA DESPEDIDA...



Busqué tu adiós, en una despedida,
y me encontré la risa de tus labios,
tenía la frescura cristalina
y la ilusión que emana de los astros.

No pude comprender tanta alegría,
en medio del dolor y de aquel fango,
si acaso adivinar, tras la neblina,
tu rostro singular y muy cansado.

Pero encontré el abrazo de la brisa
y un frío muy intenso, y sin pensarlo,
crucé al otro lado, de esa orilla,
donde el agua se funde con el barro.

Entonces comprendí lo que es la vida,
mezclada con dolor y con el llanto,
con tenues claroscuros de alegría
y cielos mortecinos y morados.

Busqué tu adiós, temblando por las prisas,
y me ofreciste tu pañuelo blanco,
para secar mis labios con caricias
y llevarte mis besos de regalo.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/06/14

martes, 8 de julio de 2014

LA BATALLA...



La batalla ha terminado,
y los cuerpos, nuestros cuerpos,
ya descansan, agotados,
y rendidos en la cama.

Es verano y es de noche.
El cuarto está a oscuras,
la habitación rezuma calor por los cuatro costados.
Es como si las llamas de un fuego
intenso estuvieran caldeando el ambiente;
como si un brasero siguiera
animando la estancia.

Los cuerpos, tras amarse, descansan.

Pero son nuestros cuerpos,
brillantes de sudor,
los que están en la penumbra del cuarto.

Los latidos se van espaciando
después de ese tiempo vivido
en que los corazones rompieron el ritmo
y corrieron desbocados.
Un aroma sensual nos abraza con celo
y nos hace sentir los momentos
robados mintutos atrás.

Yo te miro y te observo, acostada en la cama,
con tu cuerpo desnudo que apenas se agita.
Y te miro y te hablo en silencio
y te digo que sí, que te amo,
que preciso tu abrazo de seda,
tus labios de fuego,
tus manos de niña mimada,
tus ojos perlados de añil por la noche,
el débil suspiro que vino a tus labios,
tus senos sensibles que vi estremecerse,
tus piernas temblando buscando las mías.

Aunque quizás tendría que definirte
y calificarte
como la gata impulsiva miagando en la noche,
la loba que aulla, lejana, a la luna,
la tierna sirena escapada de un cuento,
la corza, quizás saltarina, que va por el bosque,
la dulce y servil cenicienta que tanto he soñado.

...Porque soñar es bonito y lo hago
y comparto contigo
y tú sabes y sé,
que me gustan los cuentos azules,
aquellos que vi y que leí hace tiempo,
en la infancia.

Por eso bendigo esta noche pasada,
este tiempo sublime en que un Dios
permitió que se unieran dos almas,
y en que fuimos, tal vez, animales
y humanos,
y así nos portamos,
como todos los hombres que viven,
que sienten, que gozan y aman,
en el tierno ritual de una danza sin nombre,
donde amor y deseo se juntan,
donde busca la mano otra mano,
y los labios se inquietan y gimen,
y los pechos se excitan y claman,
y los cuerpos se juntan y alcanzan
ese clímax que eleva sus almas,
el acto sublime que asfixia la mente,
y la gran realidad del monólogo sordo,
donde solo es amor,
el Amor, sin palabras.

Sin embargo no quiero terminar esta escena
sin antes llevar mis manos a tus mejillas.
Quiero rozar tu cara,
quiero leer tus ojos,
quiero sentir tus besos,
quiero escuchar el eco apagado de tu risa
y quiero ver a Dios en esa gruta inaccesible.

Porque de nuevo el fuego vuelve a mí
y a mis entrañas,
y mi cuerpo se rebela en este invierno
como un niño que amanece sin estrellas,
y se encuentra contemplando
el volcán que va creciendo y se desborda
en la ladera de su pecho,
como un dios arrepentido de su obra
que quisiera ser el hombre que ha creado,
y es así porque el Amor es más que eso
y está ahí, entre la lava
que ahora surge nuevamente,
y aletea entre tus labios y los míos.

Rafael Sánchez Ortega ©
25/06/14

lunes, 7 de julio de 2014

LA CORTINA DE HUMO...


La cortina de humo se elevaba hacia los cielos
y el alma suspiraba con angustia y rebeldía.

Es posible que ahora salgan muchas lágrimas
traidoras de mi pecho
y es posible que el recuerdo de los años
y sucesos ocurridos me devuelvan la nostalgia.

Y allí estaba contemplando todo aquello,
con un nudo en la garganta,
con el ánimo nervioso de un chiquillo quinceañero
que se asoma por las plazas,
con la tez ruborizada por la brisa
de un nordeste inexistente.
Porque todo es poesía en esta vida
y tú lo sabes, como yo, que ahora te escribo.
Y encontramos todo eso y verso a verso
en los minutos y segundos
de los días que vivimos,
intentando incorporarlos al poema personal,
que con paciencia,
van formando nuestros pasos
en el lento caminar por esta playa sin fronteras.

Es inútil detener a las corrientes del amor
que con fervor y con pasión
nos van prestando sus abrazos y caricias.
Es inútil dar la vuelta a la ternura
de unos ojos que te miran
y te hablan sin palabras
y te dicen tantas cosas que te embriagan
sin remedio.
Es inútil el negar la realidad de tus sentidos
cuando éstos te reclaman unos ojos
y una cara con un nombre
que se escapa de tus labios,
con mil besos de ilusión que tú concentras
en los mismos
y el deseo insuperable de agotar
y de embriagarte de ese líquido sutil
que tú me has dado dantas veces.

Porque todo es poesía en esta vida,
te decía, y te repito,
ya que tú eres ese verso tan preciado que persigo,
al que amo sin remedio,
al que quiero porque sí, sin darme cuenta,
y al que escribo, como ahora,
y le suplico una sonrisa de cristal,
en madrugada.

Rafael Sánchez Ortega ©
24/06/14

domingo, 6 de julio de 2014

DECIR ADIÓS...


Decir adiós siempre es difícil
y más cuando se rompen las amarras
que te atan a un círculo concreto,
a una vida seguida hasta ese instante,
a un cariño sincero y verdadero
que entregaste sin palabras.

Pero el adiós es algo necesario
y lo precisas, quizás sin darte cuenta.
Es algo que te viene golpeando en las entrañas
y te hace entristecer
cuando lo elevas al presente.

Decir adiós es siempre así,
como una despedida en la distancia,
como la mano de la novia que despide
al navegante en la novela,
o aquella otra que saluda con nostalgia, en la estación,
aquel vagón que ya se pierde por las vías.

Decir adiós es penetrar en las pupilas
y en el llanto,
es comprender que si se llora
es porque un tierno sentimiento sigue ahí, en ese pecho,
del que asoman unos ojos soñadores,
una risa proverbial y cristalina
troceada en mil pedazos
y unos sueños de ilusión
que ahora vuelan por el cielo.

Decir adiós es renunciar a amar
y a la batalla por querer y que te quieran,
es enjuagar nerviosamente unas lágrimas traidoras
que se asoman a los ojos y rebelan sentimientos.

Decir adiós es ser igual a quien se va
y a quien no quiere conseguir un objetivo perseguido,
aunque en esa lucha queden los sudores y la entrega
con la sangre derramada en la batalla.

Decir adiós es escuchar la música del viento
y ver cómo sacude, en la pelea,
esa orquesta irreverente de las ramas de los árboles,
es contemplar a las corrientes de los ríos,
bajando presurosas,
y trazando mil formas caprichosas en meandros y riberas.

Decir adiós es, algo así, como una triste despedida
que encoge el corazón en un instante
o quizás en poco tiempo
y lo eleva a los confines del invierno de la vida.

Decir adiós es apagar las voces de los hombres,
es renunciar a premios e imposibles
basados en los sueños y utopías,
es devolver al niño su mirada
y es entregar aquello que más quieres
sin una condición, ni pedir nada.

Decir adiós es ser igual a la verdad
que escapa presurosa de los dedos,
es admitir que un tiempo, ya pasado, se nos marcha,
que dejas en los labios la sonrisa de una infancia
y vuelas al otoño de tu vida,
buscando en esa alfombra tan dorada,
el sueño que te arrope y te proteja
de recuerdos y fantasmas del pasado.

Decir adiós es hilvanar ahora las palabras
y levantar la vista hasta unos ojos,
es pronunciar sin prisas un te quiero y un te amo
y es admitir que aquí, en el corazón,
existe la razón de tanta entrega generosa,
de tanto tiempo transcurrido con susurros y suspiros
y es el adiós de un curso que se acaba,
de un tiempo que termina,
de un cáliz que se apura y paladea con delicia.

Decir adiós es más y mucho más que todo esto
y yo sé bien que tú, mi corazón,
también lo sabes y comprendes,
como yo, en este instante,
en que escribo este poema para ti.

Rafael Sánchez Ortega ©
23/06/14

sábado, 5 de julio de 2014

PENSÉ QUE TE PERDÍA...


Pensé que te perdía, aquella noche,
por culpa del alcohol y la bebida,
marchabas de mi lado, sin remedio,
a un mundo de ilusión y fantasía.

Recuerdo las oscuras telarañas
y el beso tan cruel, con la sonrisa,
que apenas me llegaba, tan lejano,
cual soplo envenenado de la vida.

Fue un trago muy cruel, lo reconozco,
y el mismo quedó envuelto en la neblina,
de un tiempo juvenil, tal vez ausente,
y encanto sugerente de la brisa.

Las olas que llegaban a la playa,
la arena tan dorada y tan bonita,
el cielo verde azul, tras esos mares,
con nubes de tendencia blanquecina.

Descanso de los dioses, sin saberlo,
absortos y aburridos en su villa,
ajenos a problemas de los hombres
y amores de presencias infinitas.

Por eso se sacaron de la manga
auténticas historias, día a día,
que hablaban de leyendas y dragones
raptando a las doncellas y a las niñas.

Y yo las releía sin descanso
tratando de encontrar las margaritas,
aquellas que citaban los poetas
y luego las plasmaban en sus rimas.

Por eso se encendieron las entrañas
la noche en que, creí verte perdida,
marchando con tus pasos lentamente
muy lejos, en la playa y por su orilla.

Tembló mi corazón por un instante,
y todo se nubló tras las cortinas,
mis ojos sollozaron débilmente
y luego recobraron la alegría.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/06/14

viernes, 4 de julio de 2014

MUY ALTIVO...


Muy altivo y reluciente
se pasea por las aguas,
un velero con sus velas
señoriales y escarlatas.

Se confunde con la tarde
y el ocaso que desgrana,
mil colores tan dorados
y unos rayos de esperanza.

Yo suspiro levemente
y me acerco hasta la playa,
intentando ver los mares
de ese sueño que ahora pasa.

Porque van, con el velero,
los latidos de  mi alma,
los anhelos de una vida
y ambiciones de la infancia.

Yo sé bien que el horizonte
fundirá la bella estampa,
animando a las mareas
a que formen sus resacas.

Mil recuerdos infantiles
con gaviotas muy galanas,
y con ellos los susurros
de unos labios ya de plata.

Porque fueron muchos besos
recibidos sin palabras,
los que abrieron las tinieblas
y avivaron nuestras llamas.

Y es así, como despido,
al velero que se marcha,
y que rasga el horizonte
con su quilla bien templada.

"...Muy altivo y reluciente,
con las velas desplegadas,
un velero, proa al  viento,
ya es recuerdo y añoranza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
22/06/14

jueves, 3 de julio de 2014

LA VERDAD...


La verdad es que hace un buen día,
que el calor aprieta,
que los cuerpos precisan la sombra,
incluso que se ahogan los suspiros en el alma
y se busca esa fuente fresquita que sacie la sed
y deje un alivio en las frentes.

Me gustaría estar en un lugar parecido
y tenerte a mi lado,
acariciar tu pelo
y sentir tu piel bajo mis dedos.
Me gustaría mirarte a los ojos
y quitarte esas gafas,
soplar en tus pupilas
y arrancar una sonrisa en los labios tan serios
que veo.
Me gustaría besarte y sentir tu lengua
enredarse con la mía
y escuchar el latir acelerado de tu pecho
uniéndose al mío en una carrera desenfrenada
y llena de suspiros y palabras sin sentido.
Me gustaría susurrar tu nombre en mi oído
y decirte que te quiero y que te amo
y escuchar en el mío esas palabras,
que espero y deseo,
con tu voz apagada por la emoción y el deseo.
Me gustaría, sí...

Pero levanto la cara y miro por la ventana.
Busco el azul del cielo más allá
del campanario de la iglesia.
Veo las copas de los árboles
mecerse suavemente por la brisa y sonrío.
Me gustaría ser ese viento
y tenerte entre mis brazos y acunarte así,
como hace el aire con las ramas
y las hojas,
para que durmieras y descansaras
mientras yo robaba la sonrisa de tus labios
con mis besos.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/06/14 (Madrugada)

miércoles, 2 de julio de 2014

HUBO UNA VEZ UN NIÑÓ DISTRAÍDO...



Hubo una vez un niño distraído
que intentaba jugar con las estrellas,
y en sus sueños hablaba con los mares
y también con los peces y sirenas.

Le creían un loco sus mayores
pero él perseguía las leyendas,
que dejaron poetas singulares
a través de la tinta de sus letras.

Y nacieron así mil fantasías
en el alma del niño, y los poemas
consiguieron llevar hasta sus labios
las sonrisas perdidas en la arena.

Pero nada sabía de batallas
y tampoco de envidias y peleas,
por latidos pidiendo una caricia
y susurros perdiéndose en la niebla.

Le llegaban tan solo las migajas
de aquel pan, revenido y con avena,
que tomaba en los bancos de los parques
a pesar de sus lágrimas sinceras.

Él quería la paz de la campiña,
el perfume sesgado de las fresas,
la dorada pasión de los ocasos
y el perfil singular de las cerezas.

Pero algo en su alma le gritaba
y le ardía la sangre de sus venas,
una daga llegaba a su costado
y cortaba sus sueños con presteza.

Y quedaban sus juegos detenidos
y sus dedos perdían el cometa,
que volaba, en lo alto, hacia los cielos,
sin que él, tras sus pasos, le siguiera.

"...Hubo, una vez, un niño distraído
que intentaba jugar con las mareas,
sin saber que las olas y el salitre
lograrían quebrar su fortaleza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
20/06/14

martes, 1 de julio de 2014

REMINISCENCIAS XVIII



XVIII

Aquella noche busqué entre los papeles
algunos con versos y poemas
que un día salieron de mi mano
para ella.

Quería rescatarlos y leerlos,
dejarlos sobre el marco incomparable
de la mesa, donde un día, se posaron
unas rosas especiales.

Las rosas y los versos formaron un poema
sin palabras.
Un cuadro inenarrable y bien preciso
que luego desvirtuaron los momentos
puntuales y vividos.

Recuerdo aquella tarde como nunca
y puedo asegurar que, en esas horas,
gozamos del amor intensamente,
oímos a la música del mar
llegando a nuestra playa,
sentimos un intenso escalofrío
quizás por el nordeste y el salitre
que hacía estremecer a nuestras almas.

Fue un antes y un después en nuestras vidas,
y así lo recogí en aquellos versos.

Teníamos la edad de los amantes
que tiemblan al tomarse de la mano,
que dudan si besar o ser besados
y se hablan empleando mil metáforas.

Estábamos viviendo un tiempo nuevo.
Un ciclo de emociones contenidas
desbordaba nuestros pechos,
haciendo que surgieran los suspiros,
incluso que durmieran las miradas
perdidas en los ojos
buscando el dulce almíbar que llevaban.

Y toda aquella escena fue plasmada
por mis dedos,
en letras muy nerviosas que luego
se perdieron por culpa de un olvido
involuntario.

Quedaron los recuerdos, solamente,
de unas rosas marchitadas por el tiempo,
también aquellos versos solapados
salidos, por amor, en un susurro,
y luego las cenizas de unas llamas
surgidas de unas venas juveniles.

Por eso aquella noche busqué entre los papeles
los versos y poemas que, un día,
salieron de mi mano.
Quería que me dieran la respuesta
a un tiempo ya pasado,
a un tierno sentimiento, llegado en primavera,
que luego se apagó sin saber cómo.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/06/14