ACUDO HASTA TU LADO...



Acudo hasta tu lado, en esta noche,
y dejo atrás, porque así quiero,
muchos miedos y la voz de la conciencia. 
Te quiero o no te quiero,
esa es la pregunta
y trataré de que respondan tus pupilas.

Me acerco hasta tu lecho, muy despacio,
te miro con mis ojos soñadores
y busco en ese fondo de los tuyos
el verso desprendido de tu alma,
las letras que han surgido de tu pecho,
las lágrimas vertidas en las tardes
y mezcladas con suspiros agridulces de canela.

Y veo que allí están, esas luciérnagas coquetas,
las estrellas que, del cielo,
se han posado en tu mirada,
las respuestas que yo busco
esperando a que los dedos temblorosos
las desgranen una a una
y las lleven a mis labios.

Y te abrazo en el silencio de la noche
con mis manos que rodean tu cintura.
Luego subo por tus brazos,
en un roce imperceptible,
hasta tus hombros.
De allí paso hasta tu cuello
que acaricio con ternura.

Te estremeces y me abrazas
y yo sigo con los dedos ese dulce recorrido
por tu cuerpo.
Ahora busco tu barbilla y la garganta.
Desabrocho tu camisa
y mis manos se introducen bajo ella
para andar y recorrer esos caminos invisibles
que me lleven a tus senos,
a esa piel tan delicada y tan sublime
que deseo y que me espera.

Acaricio sin reservas tus pezones
y dibujo con los mismos
unos signos en mis manos.
Tú suspiras y me dejas que lo haga.
Tienes sed y tienes hambre
y compartes mi locura en este acto.
Ahora sientes que mis labios
han bajado hasta tus senos y los besan
lentamente,
que mi lengua se desliza, sin dudar,
a tus pezones
y los lame y los succiona con mil besos,
que mis dientes los recorren y acarician
y los muerden levemente
y hasta escucho que tú lanzas
ese grito de pasión mientras me abrazas
y me arañas.

Me detengo en un instante
mientras tomo tu carita entre mis manos
y mis labios y tus labios entremezclan
sus salivas en un beso irreverente
de pasión y de locura.
Nuestras lenguas se acarician entre ellas
y mis dedos se deslizan por tu espalda
a tus caderas
recorriendo la cintura lentamente
y bajando hasta tus nalgas.
Allí trazan más figuras invisibles,
las que brotan de los sueños,
las que ansían y desean tus sentidos.

Y te abrazo fuertemente
y hasta siento el cosquilleo
de tus piernas y tus muslos
que precisan mil caricias,
y eso hago con mis dedos nuevamente.

Ellos buscan los caminos que conducen a tu sexo
y que parten de tus pies hasta tu vientre
y recorren, como hormigas,
esas pìernas tan preciosas,
esos muslos tan hambrientos,
esas ingles seductoras.
Y me acerco con sigilo a tu entrepierna.
La recorro muy despacio.
La acaricio suavemente,
y allí quedan,
mientras tú muerdes mis labios
y te aprietas a mi pecho,
me desnudas con tus manos
y me pides que te ame
y te haga mía para siempre.

Al final es tu respuesta en esa súplica,
es el grito tan profundo que me llega
y que me obliga a replicarte con más besos,
con caricias prolongadas,
con susurros en tu oído,
con suspiros que me arrancas
al contacto de tus manos en mi cuerpo,
con deseos de tenerte y de tomarte,
de cruzar esa barrera de los miedos
y de entrar con mi pasión
en las entrañas de tu sexo.

Y eso hago y tú lo sabes.
Lo presientes y lo esperas.
Me acompañas y me animas,
e iniciamos ese juego de los cuerpos
y las almas
donde gritan los sentidos libremente
y se expresan como quieren,
donde surgen las palabras más hermosas
e inocentes,
donde brotan los sudores
y se unen en un néctar invisible
que seduce y que emborracha
alcanzando el paraíso.

Hay un grito desgarrado y silencioso
que nos sale desde dentro.
Es el grito del amor bien consumado
y compartido,
es la eterna melodía de las almas
que han llegado hasta la cima del Olimpo,
es el canto de la mar y las estrellas
que han vencido las galernas.

Y allí estamos tú y yo,
en un abrazo irrepetible.
Los dos cuerpos tan unidos
y cubiertos de sudores y caricias
en la noche.
Las dos almas tan inquietas
que buscaron el amor entre los sueños
y alcanzaron el descanso prometido,
mientras laten nuestros pechos
y se duermen ambos sexos,
doblegada su lujuria
y esperando la caricia de los cielos
y el mañana.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/01/15

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