QUIZÁS LA NOCHE CIERRE SU PUPILA...


Quizás la noche cierre su pupila
y se lleve con ella los recuerdos,
es posible que duerma muy tranquila
sobre el mundo silente de los cuerdos.

Puede ser que nosotros, los mortales,
sintamos ese miedo irreverente,
el mismo que nos clava sus puñales
con las dudas sembradas por la gente.

Más el miedo es el signo de los niños
el que cambia el color de su alegría;
es por eso el abrazo con mil guiños
que le ofrece la madre cada día.

Es posible que duerma la esperanza
y se olvide del mundo tan ansioso,
aunque puede que vuelva la bonanza
tras vencer este tiempo borrascoso.

Pero el alma intranquila del poeta,
la que busca en los cielos sus misterios,
es la cola perdida del cometa
la que arrastra, hasta Dios, sus adulterios.

Y la noche se marcha a su destino
y allí queda, desnuda, nuestra luna,
ha bebido la copa con el vino
tras perder en la vida la fortuna.

Yo no sé el contenido de la copa,
si tenía cicuta ó hierbabuena,
más sentí aquel zarpazo, a quemarropa,
y el dolor producido por la pena.

...Cerraré mis pupilas con la noche,
y anclaré mis recuerdos en el cielo,
para ir a tu lado con el broche
de ese beso, sin fin, "de caramelo".

Rafael Sánchez Ortega ©
14/10/11

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