TENÍA QUE MARCHAR A UN LARGO VIAJE...



Tenía que marchar a un largo viaje
llevando de equipaje la alegría,
dejando atrás momentos y recuerdos
con juventud caduca y ya vencida.

Tenía que partir, soltar amarras,
navegar con las olas y la brisa
en busca de otros puertos y destinos
que alberguen a la nave enmohecida.

Pero salir, bogar, cruzar la barra,
mirar a las estrellas que titilan,
sentir la sensación de los marinos
temblando ante la tarde que agoniza.

Quizás el alma vuela sin saberlo,
por las regiones altas e infinitas,
cruzando entre las nubes solitarias
en medio de floridas praderías.

Quizás resuenen solo los tambores
preludio de batallas ya perdidas
y se funda la sangre con el lodo
por culpa de una lágrima maldita.

¡Quizás, quizás!, el eco te responde
a ti poeta y soñador que ahora suspiras,
y te envuelva el salitre y la nostalgia
de las olas que van hasta tu orilla.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/11

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