jueves, 19 de julio de 2018

CASI SEGURO...



Casi seguro tenías prisa
y te olvidaste que las estrellas,
en esa noche, nos esperaban,
con el suspiro de sus linternas,
por eso entonces quedaron tristes
y hasta lloraron con mucha pena,
las compañeras, tan silenciosas,
de las cigarras y las palmeras,
porque las unas cantan de noche
bajo los cielos con luna llena,
mientras las otras, sin el nordeste,
quieren la brisa de las mareas,
y es que los faros que el cielo esconde,
tras los retales de fina seda,
son ese puerto que el barco busca
y al marinero el hogar espera...

De todas formas hubo otros días
con otras noches que fueron nuestras
y por desidia, tal vez vagancia
ambos pasamos de estar con ellas,
y las dejamos con su silencio
en la ventana que da a la tierra,
y allí lloraron y allí rieron,
noche tras noches, sin darse cuenta,
y es que nosotros, tan concentrados,
con nuestros versos y nuestras letras,
nos olvidamos de estos gusanos
que por las noches dejan sus huellas,
y que nos llaman y que nos quieren
sabernos vivos, tenernos cerca
para entregarnos la luz ansiada
con la esperanza de amor eterna...

"...Casi seguro, tenías prisa,
y no me diste la fiel respuesta,
a la pregunta que yo te hice
y que olvidaste por una fiesta..."

Rafael Sánchez Ortega ©
12/07/18

miércoles, 18 de julio de 2018

VA PASANDO LA VIDA...



Va pasando la vida lentamente
y el niño del ayer, vive el futuro,
basado en un presente tan oscuro
que duda en caminar correctamente.

El hombre, (y niño ayer), que ve el presente,
se muestra como el ser ante un conjuro,
reniega por su fe de tanto muro
e intenta resistirse a la corriente.

Quisiera rescatar aquella mano,
surgida en una infancia, ya lejana,
tan llena de cariño y de ternura.

Quisiera en esta etapa, del verano,
vivir de una manera más cercana,
la eterna primavera, en su locura.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/18

martes, 17 de julio de 2018

SE NOS PASA LA VIDA...



Se nos pasa la vida
y se marcha el verano,
con el alma impaciente
y los cuerpos cansados;
tiene arrugas la cara,
perlesía las manos,
y los ojos vivaces
su fulgor han cerrado,
atrás queda ese tiempo,
tan fugaz y lejano,
de la infancia perdida
y el candor de los labios,
ese tiempo sublime,
juvenil y sin cardos,
donde tantos proyectos
en palabras quedaron...

Se nos pasa la vida
y por ella marchamos,
en etapas de sueños
y en jornadas de llantos,
porque nada es perfecto
en el mundo en que estamos,
y gozamos de risas
y por ellas pagamos,
atrás quedan amigos,
sentimientos y abrazos,
de la sangre que un día
compartió nuestro ocaso,
y es que el tiempo transcurre,
y se pasan los años,
la pasión se sosiega
y el amor es lejano...

"...Se nos pasa la vida
y quedamos rezando,
en la tarde y la noche
por los tiempos pasados..."

Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/18

lunes, 16 de julio de 2018

HUBO UN TIEMPO...



Hubo un tiempo en que escribía,
por la noche, a las estrellas.
Les hablaba de mis sueños,
de las cosas de la tierra,
de los guiños de las olas
al dejar, con las mareas,
esos rizos extendidos
por la playa y en la arena,
y es que todo era posible
en el verso y el poema
que nacían, en la noche,
con la luna de linterna
y salían, indecisos,
los escritos con mis letras
pero llenos de ilusiones
y queriendo ser viajeras...

Hubo un tiempo en que los niños
sí querían cosas ciertas.
Por ejemplo el aguinaldo,
traducido en sus pesetas,
y también las caracolas
que escuchaban las sirenas,
o los cuentos de castillos
que ocultaban a princesas,
y es que el tiempo de la infancia
pasa pronto y bien se aleja
descubriendo que esos días
son instantes sin respuesta,
porque queda la nostalgia
de esa vida tan intensa,
que marcó nuestros destinos
de una forma tan maestra...

"...Hubo un tiempo, me pregunto,
en que amaba los poemas,
que la vida nos dejaba
cada día en la alacena;
pero ahora es otro tiempo
en que miro a las estrellas
y la infancia, ya lejana,
acrecienta mi tristeza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/18

domingo, 15 de julio de 2018

HE AVANZADO EN EDAD...



He avanzado en edad y, sin embargo, 
los miedos permanecen.

Es el miedo a vivir y a soñar,
a despertar un día y comprobar
que nada te rodea
y solo permanecen las tinieblas
en este mundo indeciso de personas
y de cosas,
que no sabes definir 
y parece te persiguen.

Recuerdo esa otra edad,
la de la infancia,
y veo que, en la misma,
el miedo estaba allí,
en los rincones juveniles
de esos años,
en el respeto y seriedad
de los mayores,
en la influencia de los hombres,
y las gentes,
en una sociedad muy inmadura
que trataba de salir de sus complejos,
en la abundancia de unos pocos
frente a la pobreza y las carreras
por crecer, de una inmensa mayoría
en que yo estaba.

Quizás, por eso, aquellos miedos
fueron distintos,
y era el miedo de los cuerpos
y el destino,
de sufrir enfermedades,
suspender en los estudios,
no tener ese trabajo 
que ofreciera algún dinero,
y por fin no conseguir que te mirara
y respondiera,
la persona que llamaba tu atención.
Y es que el amor, en aquel tiempo,
conseguía aglutinar todo el esfuerzo
de luchar y superarte contra el miedo,
de soñar con imposibles,
de mirar y susurrar a las estrellas,
de escribir algún poema en el cuaderno,
de formar una familia en tus deseos,
de vivir, intensamente, cada día,
de enfrentarte al propio miedo,
combatiendo en su terreno...

Y es que ahora, con la edad,
el otoño de los sueños se agudiza
y se ven tantos proyectos marchitados,
tantas rosas y violetas por el suelo,
tantos labios olvidados con sus besos,
y hasta ahogan los latidos su frecuencia
y se pierde, en bajamar, aquel rumor,
con el suspiro que dejaban las resacas
y las olas.

No es momento de hacer cuentas,
ni tampoco de vencer o ser vencido,
es, si acaso, el propio instante de la vida
en que el miedo se agudiza, y es normal,
ya que todo nos asusta y nos aterra,
empezando por la simple soledad
y hasta el silencio,
y hasta sobran y empalagan muchas voces
que se acercan,
todo ello por el miedo y por los miedos,
y sin darnos cuenta que las dudas
y el suspense desembocan en el miedo,
y que éste es muy normal en cada vida
y debemos aceptarle,
no tratando de vencerle
y sí tomarle con respeto,
como eterno compañero de este viaje
en que ahora estamos, 
con su dosis de prudencia
y sin angustias.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/16

sábado, 14 de julio de 2018

CUÁNTAS VECES...



Cuántas veces estuve
esperando tus letras,
y el mensaje soñado
que viniera con ellas,
pero solo el silencio
golpeaba en mi puerta,
y pasaron los días
y las noches eternas,
yo pedía a los cielos,
y a la luna y estrellas,
que gritaran tu nombre
y que tú respondieras,
porque así me darían
las noticias completas,
aliviando mi angustia
y las fuertes ojeras,
por los sueños perdidos
en las tardes sin siesta
y en los días tan largos
persiguiendo quimeras...

Cuántas veces, sin rumbo,
he buscado tu reja,
y el balcón de tu casa
y el jardín de la huerta,
porque en ellos, quería,
encontrar lo que fuera,
que tuviera tu sello,
tu perfume y tus huellas,
aún recuerdo las rosas
y también las violetas,
que cubriste de besos
con tus labios de fresa,
y es que quise encontrarte
por paseos y aceras,
además del sendero
que conduce a la iglesia,
yo tenía esperanzas,
de una forma sincera,
de encontrarte y hablarte
y escuchar tu poema...

"...Cuántas veces los hombres
nos quedamos a medias,
al soñar, como niños,
con caritas de seda..."

Rafael Sánchez Ortega ©
07/07/18

viernes, 13 de julio de 2018

RECUERDO EL TREN AQUEL...



Recuerdo el tren aquel, en que llegaste,
al filo de una tarde de verano,
sonaron campanillas en las almas
de muchos compañeros que temblaron,
quedaron cautivados, sin remedio,
los ojos de los niños solitarios,
siguiendo, sin descanso, la figura,
del hada y la princesa de aquel cuadro;
ajena caminabas por la plaza
buscando la pensión, y en ella, el cuarto,
que había contratado tu familia
para ir a conseguir un buen descanso,
traías la maleta de los sueños
repleta de ilusiones, sin candados,
querías compartir lo que tenías
y luego despertar de tu letargo...

Recuerdo el tren aquel, y no le olvido,
llegaba a la estación y, sin retraso,
nos trajo un aire nuevo y diferente,
un verso sin pulir para las manos,
nacieron golondrinas y violetas,
volaron mariposas con abrazos
y luego renacieron las caricias
del fuego juvenil y tan dorado,
entonces comenzaron los suspiros,
se oyeron los susurros de los barcos
y puede que las olas murmuraran
extrañas a beodos y borrachos,
porque esta emborrachera intermitente,
nacía de los pechos embrujados,
seguía por los cuerpos tan sensibles
queriendo compartir ese regalo...

"...Recuerdo el tren aquel, y tu sonrisa,
llegaste a renovar nuestro cansancio,
y fueron unos meses deliciosos
que nunca olvidaré, porque te amo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/18