NO PROVOQUES LA CÓLERA DEL VIENTO

No provoques la cólera del viento
si es la brisa quien roza tu costado,
ten presente ese beso y la caricia,
ese suave murmullo de unos labios.

Puede ser que el nordeste silencioso
ahora agite las proas de los barcos,
y que azote las aguas de los mares
y a las olas las haga mil pedazos.

Pero es ese canto de la vida,
ese eterno lamento de los años,
es en fin, la impaciente sinfonía,
que nos llega de mares muy lejanos.

"No provoques la cólera del viento",
se les dice a los niños desde antaño,
es mejor ser pacientes con el aire
que sufrir vendabales y arrebatos.

Pero el niño es el hombre del mañana
el doncel que camina paso a paso,
el juglar con cuartillas presuroso
que recita sus versos por los campos.

Y se siente invadido por la brisa,
y la misma le aferra en un abrazo,
sus cabellos se ondulan levemente
mientras rozan sus ojos muy castaños.

"No provoques la cólera del viento",
eso dicen pacientes los ancianos,
esos hombres curtidos por la brisa
los marinos que viven jubilados.

Pero el viento que sopla en los alcores
es también tramontana de secano,
es el aire que llega hasta la gleba
el que seca viñedos centenarios.

Hay leyendas que cuentan estas cosas,
peregrinos que van para Santiago,
carreteros que paran en las ventas,
caminantes que marchan muy despacio.

"No provoques la cólera del viento",
y si puedes y sabes adularlo,
aprovecha la brisa que te llega
y el amor que te manda con su canto.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/03/10

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