HAY DÍAS COMO HOY...


Hay días como hoy, ¡benditos días!,
donde la sonrisa inunda el alma,
cuando llega por sorpresa una noticia,
que no esperas.

Es, entonces, cuando ves mucho más claro
todo aquello que tú tienes y que ignoras,
y hasta puede que valores las pequeñas
telarañas que acompañan a tu vida.

Es, quizás, cuando conoces tu persona
y la ves tan diminuta y caprichosa
que hasta miedo te produce su figura
y precisas recordar ciertos momentos.

Pero nada se detiene en tu camino
y es el sol de la mañana que aparece
con sus rayos temblorosos y te roza,
te acaricia y te murmura que adelante.

Y es tu Dios, el dios del niño avergonzado,
el que sale en tu defensa y te protege,
como siempre ha sucedido desde un día
en que naciste y te puso en su regazo.

Por eso digo que hay días, como hoy,
¡benditos días!, cuando el tiempo se detiene,
a pesar de que prosiguen los relojes
en su avance acelerado hacia el mañana.

Pero la vida, ¡hermoso don y primavera!,
sigue estando ahí, latiendo fuerte,
en un romance de promesas y de sueños,
donde los niños se hacen hombres.

Y los hombres dan mil gracias a los cielos
porque sienten hoy, más cerca, lo imposible,
el milagro de volver a ser la esencia
de una vida irrepetible y añorada.

"Yo nada tengo, pero quiero vivir",
dijo aquel niño en medio del desierto,
y el Dios que le cuidaba le escuchó
y le concedió aquel premio tan ansiado.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/09/16

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