DEJÉ DORMIR EL ALMA EN EL OTOÑO...


Dejé dormir el alma en el otoño
soñando con mis globos de colores,
tenía mucho sueño retenido
mezclado con promesas e ilusiones.

Tenía entre los labios los recuerdos,
de besos y caricias en la noche,
sentía su cabello entre mis manos
bajando por la piel a sus pezones.

El alma no quería más batallas,
luchaba por dormir entre las flores,
quería descansar en el silencio
dejando en el pasado los reproches.

Quería conservar en las pupilas
la dulce campanada de las doce,
aquella que arrancó tantos suspiros
del alma inmaculada de una joven.

Atrás quedaban tiempos y miserias,
momentos de migajas y favores,
segundos suplicando una caricia
y el aire del nordeste con su azote.

Quedaban enterrados para siempre
los miedos, amenazas y sanciones,
las dudas de los pasos y caminos
la eterna encrucijada en los alcores.

Quería que mi alma descansara
ajena a las galernas y estaciones,
buscando entre las sábanas del lecho
la paz de los eternos soñadores.

"...¡Los niños que buscaban a princesas,
la bella Dulcinea y Don Quijote,
los héroes de los cuentos y relatos
en forma de poemas y canciones..."

Los sueños se mezclaban con los sueños
ajenos a este mundo y sus dolores,
nacían y morían sin saberlo
pidiendo la limosna de los pobres.

Más yo me contentaba con muy poco,
el alma no quería más prisiones,
ansiaba el dulce soplo de la vida
y el beso de unos labios seductores.

"...Dejé dormir el alma en el otoño
para sentir temblar los corazones,
quería rescatar de ese silencio
tu grito del amor y en él, mi nombre..."

Rafael Sánchez Ortega ©
27/09/11

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