A VECES NUESTRAS MANOS, TAN CANSADAS...


A veces nuestras manos, ya cansadas,
se muestran temblorosas y efusivas.
Es fruto de la edad y del trabajo
y puede que también de mil caricias.

Nosotros nos fijamos en las manos,
buscamos las arrugas tan bonitas,
sentimos, sin saber, cierta nostalgia,
que borra de los labios la sonrisa.

Quizás en esas manos contempladas
esté la propia esencia de la vida,
quizás en esos dedos vacilantes
se encuentren los suspiros de la brisa.

No sé si he saludado muchas manos,
ni cuantas estrecharon a las mías,
más sé que la amistad ha estado siempre
presente entre mis dedos a la cita.

Los hombres se saludan por negocios,
por ventas que se compran y se firman;
a cambio de unos bienes materiales
se ofrecen otros bienes por su cifra.

Más hemos de buscar otros mensajes
trazados por las manos ya descritas,
en unos se refuerzan las pasiones
en otros los latidos y las prisas.

Por eso yo contemplo, en los ancianos,
sus manos con arrugas florecidas,
los dedos que han viajado por los sueños
tomando de otras manos sus espinas.

Es fácil sonreír cuando los niños
elevan a los cielos sus manitas
y dicen mil palabras con su lengua
que nadie les entiende todavía.

"...A veces nuestras manos, ya cansadas,
esperan que otras manos las reciban,
a veces nuestros labios tan sedientos
esperan la palabra tan querida..."

Rafael Sánchez Ortega ©
22/09/11

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