DEBÍAMOS SACIAR...



Debíamos saciar nuestros instintos,
buscando en los escombros los claveles,
mirar en el silencio de los campos
las graves consecuencias de la muerte.

La guerra que produce mil desgracias
desgarra corazones que perecen,
mutila de las almas, ilusiones,
y cambia los veranos por la nieve.

Es una sinrazón lo que se vive
y es una oscuridad lo que se siente,
palabras y palabras para necios
y pura propaganda del que vence.

Existe el ganador de la batalla
y el claro perdedor en esta suerte,
apura el vencedor su cobardía
odiando a quién llevó hasta los cipreses.

Debíamos dejar que las pasiones
dejaran claridad en tantas frentes,
logrando que las brumas y calimas
quedaran superadas para siempre.

Pero es el corazón del egoísta,
el hombre y semidiós, decía Nietzsche,
eterno inconformista del destino
a cambio de la guerra y de las gentes.

Vivimos en un bucle de promesas
que emiten los profetas como leyes,
eterna sinrazón de una locura
que lleva a los delirios de la mente.

Y el ciclo no se cierra ni se acaba,
seguimos caminando haciendo eses,
en una borrachera interminable
de voces y de coros por la fiebre.

"...Debíamos dejar que nuestras almas
gritaran con amor qué es lo que quieren,
la paz y la armonía entre los hombres,
sería la respuesta más coherente..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/08/17

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