ME SENTÉ PARA VER SI PASABAS

Me senté para ver si pasabas,
de camino, en la tarde a la iglesia,
era otoño y soplaba el oeste,
se movían ventanas y puertas.

...Se movían también en el alma
los recuerdos de tardes y fiestas,
los momentos quizás tan sublimes
del susurro detrás de la oreja.

¡Cuánta calma guardaba el pasado
como nota del arpa dispersa!,
¡Qué fragancia sutil y envolvente
me dejaba la brisa viajera!

...Y allí estaba esperando tu paso
peregrino buscando tus huellas,
impaciente, tal vez, como un niño,
oteando detrás de la niebla.

Pero el tiempo pasaba de prisa
y la sangre a mi pecho no llega,
ya quería sentir tu mirada
y también tu figura y presencia.

...Pero un soplo llegó hasta mi lado,
un perfume rosado y violeta,
eras tú con la eterna sonrisa,
y en los labios el beso de seda.

Me quedé silencioso y sin habla
observando tu cara risueña,
esos ojos castaños y tiernos,
y la dulce mirada que dejan.

...Y me hablaste no más, sin palabras,
pronunciando mi nombre muy queda,
y soñé como sueñan los niños,
con el hada, castillo y princesa.

Mil suspiros nacieron de pronto,
y querían volar a tu vera,
para darte el amor y cariño
y entregarte con ellos mis letras.

...Pero todo pasó en un instante
y la brisa volvió a la marea,
a ese mar tan profundo y lejano
más allá del otoño y la tierra.

"...Me senté para ver si pasabas,
noble brisa del mar y ribera,
la que empujas en popa las barcas,
la que guías mi alma y mis velas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
12/10/10

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