VÁMONOS ALLÍ...


Vámonos allí, donde los cielos se esconden,
sigamos tras el sol que ahora se marcha,
llevando los latidos y las rosas
y el beso enamorado de la tarde.


Vámonos con él, mi amada,
sigamos a sus pasos vacilantes
que firmes y seguros nos preceden
en busca de la noche,
las sombras tan sutiles de las calles,
la bruma de los fondos de los mares
que llega y que rodea la bahía.


Dejemos con el día que se muere
la flor de los almendros,
la linda primavera florecida,
el árbol de cerezos que despierta
y el mirlo y el gorrión tan juguetones.


Dejémonos, también aquí, la carga
de la duda y la conciencia,
dejemos que se olviden para siempre
los días del rencor de aquel pasado.


Sigamos al amor, que ahora se escapa,
allá donde los dioses se recrean,
al lindo paraíso sin fronteras,
al cielo y al olimpo que soñaron
los hombres, los creyentes y poetas.


Sigamos presurosos y sin miedo,
tomados de la mano, como siempre,
sintiendo los latidos en el pecho,
la sangre que palpita y que nos grita,
la lava del volcán que se desborda
y el beso enamorado de unos labios.


Vayamos a la noche vida mía,
hagamos una fiesta en esa nada,
soltemos las palabras sin sonidos,
dejemos que se hablen las miradas.
Sintamos el amor profundamente,
el suave terciopelo de las manos
que escriben,
que acarician y se aman,
y hagamos todo eso en el silencio,
allí donde la noche nos protege
cubiertos por las sombras como sábanas.


Vayamos sin temor, querida niña,
saquemos el amor de nuestras almas,
bailemos en el baile de los ciegos,
bailemos en el mar y en el ocaso,
el vals maravilloso de la noche
que suena sin final desde las aguas.


Volemos al edén donde los locos
nos dicen que la vida no es un sueño,
que estamos en el reino de los dioses
en medio de poemas y cuartillas escritas
por las manos vacilantes del joven trovador
y el fiel poeta, amable y soñador
que hablaba solo,
buscando entre las flores del almendro
los ojos tan queridos y soñados,
y en ellos la figura de tu cuerpo,
las manos deliciosas y tus senos,
las curvas dibujadas tantas veces...


...Y hagamos el amor con desenfreno,
que gocen nuestros cuerpos hasta el alba,
que duerman las pasiones agotadas
y llegue el labio amado a tus oídos
diciendo que te quieren y te aman.


Rafael Sánchez Ortega ©
22/04/11

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