martes, 4 de julio de 2017

PIENSO QUE HE PERDIDO EL TREN...



Pienso que he perdido el tren,
que ya no merece la pena seguir esperando
y que estoy cansado de la vida.

"...Pero debes vivir, te dices, seguir adelante,
no asumir la derrota que los demás
quieren ver en tus ojos.

Es cierto que prefieres la soledad
y que huyes de ese montón de gente
que te aplaude, que te habla por hablar
y hasta te saluda efusivamente
para luego crucificarte con sus juicios
y su crítica.

Sientes que piensas, y te digo, que es bonito hacerlo,
aunque lo mejor sería cerrar los ojos 
y deslizarte por ese mundo de los sueños,
allí donde el mar llega con sus olas,
donde la resaca deja los susurros
y donde una vez pudiste mirar la desnudez
del cuerpo amado bajo la luz de la luna.

Quisieras poder volver a revivir aquel momento,
poder oler su cuerpo, 
sentir los latidos de su corazón acelerado,
y ver en sus ojos reflejarse a las estrellas..."

Pero vuelvo a pensar que he perdido el tren,
que estoy cansado de todo lo que me rodea
porque yo, que tanto he soñado, 
necesito una mirada sincera,
un alma gemela que me entienda,
una sonrisa llena de alegría,
una mano que tome mi mano y sienta mis dedos,
y unos ojos que no me miren como si estuviera loco
y que, simplemente, comprendieran mis lágrimas.

Pienso en aquella noche con la luna de plata,
en el cielo, y la lluvia que vino después, 
con sus caricias, para besar nuestros cuerpos.

Pienso que bebo y fumo demasiado, 
que ahogo los sueños en el alcohol
para luego amanecer con una gran resaca,
en soledad y silencio y lleno de ese olor
a tabaco y lejos del aroma y el perfume de tu piel.

Así que allí me veo, como tantas veces,
hablando para ti, ante un espejo imaginario,
y hablando conmigo mismo, justificándome, 
y buscando soluciones a mi vida que nunca llegan.

Y otra vez más pienso que he perdido el tren,
que no merece la pena seguir así
y que la vida es un asco
porque he soñado por dos y he llorado por dos
y hasta he amado por dos,
sin encontrar nunca a ese otro personaje,
real o de ficción, de mi poema.

A veces pienso en la estulticia de los hombres,
en la interminable partida de ajedrez que sigo
disputando con mi conciencia,
en la fórmula matemática que ignoro y que trato
de conseguir para descorrer las cadenas de mi alma...

Pienso en ese verso incompleto que persigo,
en la fragancia de la rosa inmaculada,
en el vuelo tan sutil de los cometas en la playa, 
en el canto infantil de las cigarras,
en el suspiro inocente de las olas
y la mirada, cargada de ternura, 
de aquel niño que jugaba a ser mayor 
mientras leía, en el recreo, a Don Quijote.

Pero al final pienso que el tren ya ha pasado,
que estoy muy cansado,
que la vida me desborda y me ahoga
y que es tarde, ¡muy tarde ya!, para abrir los ojos
y despertar de nuevo.

Aunque también pienso,
(y esta es mi desgracia),
en que sigo sin poder olvidar, ni olvidarte,
en que hay cosas que he vivido que no he podido dejar atrás 
y siguen conmigo,
en que te quiero y en que te amo,
aunque ya no estés en mi vida,
a pesar de que haya perdido el tren
y me haya quedado solo en una estación
vacía y sin viajeros.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/17

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