APRENDÍ A VIVIR DESCALZO...


Aprendí a vivir descalzo
entre llantos y suspiros
y una vez, mirando al cielo,
tuve un sueño muy bonito.

Allí estaba con mis ojos,
soñolientos y de niño,
destilando las pupilas
gotas agrias de rocío.

Yo buscaba simplemente
unos besos prometidos,
unos dedos cariñosos
que rozaran mis carrillos.

Mas, tan solo, fue el silencio
el que vino como amigo,
con su abrazo solitario
y también con su quejido.

Aprendí a vivir descalzo,
hoy de nuevo lo repito,
entre arenas y entre el polvo
recorriendo mil caminos.

Yo buscaba, como tantos,
la delicia de los libros,
en los cuentos y leyendas
y en sus versos con sentido.

Y soñé con Blanca Nieves
y jugué con enanitos,
persiguiendo a los corsarios
y piratas berberiscos.

En la orilla de las fuentes
he probado de sus grifos,
y he calmado la secura
con el agua que he bebido.

Aprendí a vivir descalzo
a pesar de tener frío,
en invierno, con el hielo,
caminando hacia el molino.

Allí fueron soledades
y susurros de los grillos,
al amparo de una causa
y unos sueños con cariño.

Porque estaba enamorado,
y eso tengo que admitirlo,
de unos ojos muy preciosos
subyugantes y ladinos.

Mas también me apasionaban
el placer de tus latidos,
y unos labios suspirando
que quería fueran míos.

"...Aprendí a vivir descalzo
y temblé como un bendito,
cuando vi que tus sandalias
no eran parte de  mi sino..."

Rafael Sánchez Ortega ©
23/10/13

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