TÚ ESCUCHA A LA NOCHE...



Tú escucha a la noche, querida mía,
no pienses en relatos y novelas,
entiende que las sombras son un muro
tejido por las brumas y las nieblas.

Quizás en el silencio esté la clave,
la llave que permita abrir la puerta,
el broche perseguido desde siempre
y el brillo que reluce en la diadema.

Tú tienes solución a las preguntas,
la nota para oír esas respuestas,
la brisa que acaricia los sentidos
y el leve ronroneo que las deja.

Pero es la soledad la que traspasa
el frío palpitar de las tinieblas,
fragmentos de un adagio surrealista
y sendas de caminos sin fronteras.

No sé dónde se esconden las palabras,
es fácil que no existan las ideas,
tampoco entre los labios temblorosos
del hombre que camina con linterna.

Porque es el corazón, tan remendado,
el faro que deslumbra y que destella,
el mismo que te llama en esta noche
y lleva tus pisadas a la arena.

Escucha sus palabras, dulcemente,
y piensa, sin dudar, en lo que encierran,
la noche tiene encanto y fantasía
y siempre te dará lo que deseas.

No temas a las sombras y las dudas,
remueve tus cenizas y despierta,
atiende a los latidos de tu alma
y escucha entre las mismos el poema.

"...Te pido, por favor, querida mía
que atiendas a la noche y las estrellas,
recojas del silencio tantos sueños
y duermas, junto a mí, con tu inocencia..."

Rafael Sánchez Ortega ©
01/06/16

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