viernes, 29 de diciembre de 2017

SE FUE LA LUZ...



Se fue la luz
y volvieron las penumbras,
como en los viejos tiempos,
aquellos, que recuerdo con nostalgia
y con recelo.

Viejos días ya olvidados
de una infancia,
con bombillas que dejaban
unos hilos de esperanza
en la luz artificial que nos llegaba
cual milagro.

Se me viene a la memoria
los tremendos temporales
de esos años,
con las idas y venidas de la luz
en tantos cortes, sin aviso,
y que a veces se extendían
en las horas que pasaba,
lentamente, desgranando
los minutos,
los segundos,
y ese tiempo que se hacía
casi eterno.

Hoy he vuelto a recordar
aquellos días, ya lejanos,
en un siglo diferente
y unos años de pobreza
y de trabajo en los mayores
intentando recobrar la dignidad
en ese pan y su trabajo por los mares
y los campos,
con que calmar
a nuestras tripas revoltosas
y algo hambrientas.

Yo creía que ese ciclo estaba atrás,
y sin retorno, 
en un pasado ya caduco,
cuando anoche, sin aviso y sin pensarlo,
nos cortaron la energía,
en esta luz que nos alumbra,
en la fuerza que precisa la caldera
para darnos su calor,
en la plancha silenciosa
de la vitrocerámica, sin vida,
en la ducha que ofrecía, solamente,
el agua fría,
en los cables del pecé que parecían
telarañas dormitando,
en las velas y linternas
que tuvimos que buscar
y habilitar para poder andar
por casa.

Se fue la luz durante más de doce horas
y ya estamos en el siglo veintiuno.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/12/17

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