¡SUSPIRO AMOR, SUSPIRO...!




¡Suspiro Amor, suspiro...!
Y lo hago porque se queda tanto en el alma,
por todo el dolor que no puedo decir ni gritar,
por el amor que tiene que quedar enmudecido
y ahogado en las entrañas,
por la mirada que no puedo enviar
y por la oración que no puedo suplicar en la mañana.


Suspiro a la nada y al vacío,
porque sé que nadie escuchará mi voz
y nadie volverá la cabeza para interesarse
por lo que me pasa.


Soy como un poema hermoso al que todos miran y alaban,
pero al que no se atreven a tocar
para no romper su belleza.
Y es ahí donde empieza mi vacío,
donde comienza la soledad del hombre,
donde vuelve el niño con el alma infantil
a remover la conciencia del adulto,
donde el poeta saca fuerzas para llevar a sus letras
lo que no puede poner en sus labios.


Labios sedientos, labios hambrientos,
labios con ganas de besar otros labios,
labios que tiemblan, que esbozan una sonrisa,
que forman una mueca temblorosa,
labios en fin que no buscan el lamento, ni la mueca
y que solamente suspiran por aquello que no tienen
y por lo que quizás nunca puedan conseguir.


Pero es un suspiro aislado,
un suspiro solitario,
un suspiro que no quiere perturbar a nadie,
porque nadie lo entendería y sólo te busca a ti Amor,
¡sólo a ti!.


Rafael Sánchez Ortega ©
27/04/12

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