DESPUÉS DE UNA JORNADA DE TRABAJO...


Después de una jornada de trabajo
quería descansar con las estrellas,
buscaba la caricia de los cielos
y el manto inmaculado de su estera.

Quería sensaciones inauditas,
aquellas de los cuentos de sirenas,
no importan que se pierdan en el tiempo,
las noches de la infancia son inmensas.

Trataba de encontrar el blando lecho
en medio de llanuras y praderas,
al pie de los macizos montañosos
con nieve coronando sus veletas.

Quería revivir las sensaciones
que antaño consiguió, por ser quien era,
el hombre enamorado de la vida
y el joven escritor y fiel poeta.

Más ahora, con las manos arañadas,
sentía la añoranza de la tierra,
el polvo del camino recorrido,
la jara y el aroma de violetas.

Notaba los alberos sacrosantos,
la tibia palidez de las iglesias,
los páramos desiertos de personas
y el barro acumulado en las cunetas.

Sabía que la vida es un instante,
un soplo tan fugaz que es un apenas,
el suave chasquidito de unos dedos
y el soplo de la brisa en la veleta.

Por eso precisaba del descanso
el cuerpo tan cansado de la feria,
y el alma, vacilante y dolorida,
quería por fin paz, con impaciencia.

"...Después de una jornada de trabajo
ansiaba de la fuente, el agua fresca,
el néctar de unos labios sugerentes
y llenos de pasión junto a las fresas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
11/01/14

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