SE PIENSA DEL POETA...


Se piensa del poeta
que es alguien diferente,
el hombre que disfruta
mirando los cipreses,
el niño que se entrena
con barcas y bateles,
la chica que ahora pasa
y lleva unos claveles,
la madre que cocina
y el joven que está ausente.

Y todos son poetas
escriben lo que tienen
guardado en su alacena
la noche de los viernes,
igual que los suspiros
del cine de los jueves,
y narran las escenas
vividas con la gente,
mezcladas con silencios
que asustan y estremecen.

Es cierto que, el poeta,
es alguien que entretiene,
que enseña sus romances
a todo el que los quiere,
y charla con la luna,
allí, desde los muelles,
y busca las estrellas
del cielo, que ya duermen,
y sueña con piratas,
corsarios y bajeles.

Hay algo en los poetas
que no se les entiende,
cuando hablan en sus versos
y dicen lo que sienten,
entonces las galernas,
que vienen del oeste,
azotan el cuaderno,
las letras se revuelven,
se vuelven misteriosos
zafiros del oriente.

Y empieza el sinsentido
del hombre que amanece,
del niño que ya es hombre
y llora cuando llueve,
quizás sin darse cuenta
sus lágrimas son nieve,
copitos blanquecinos
del alma que sostiene,
del pecho que suspira
y expresa lo que siente.

"...Se piensa del poeta
que es alguien que no crece,
que sigue allí, en su infancia,
jugando con los trenes,
pero es la gran envidia
que surge muchas veces,
y odiamos a poetas
que piensan diferente,
y asumen las pasiones
de hombres y mujeres.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/14

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