UN DÍA DESPERTÉ DE TANTOS SUEÑOS...


Un día desperté de tantos sueños
y me encontré desnudo, frente al alba,
estaba soñoliento y tembloroso,
cubierto de sudor y de legañas.

Quería levantarme y ver el mundo,
andar por sus estepas y sabanas,
sentir esas caricias de la brisa
y ver la nieve fiel, en las montañas.

Pensaba que la vida es un instante,
un soplo y un rubor que así se pasa,
el sueño ilusionado de los niños,
que llega y les abraza con la infancia.

Por eso yo quería apresurarme,
subir, casi corriendo, a las montañas,
vagar por las praderas infinitas
y estar allí, junto a la aldea blanca.

¡Casitas y casitas bien visibles,
puntitos de un pequeño pentagrama!,
un pueblo abandonado en la meseta,
y al lado de la iglesia, está mi casa.

Los sueños son geranios de colores,
conjuntos de canciones y de nanas,
hermosas sensaciones y latidos
que dejan en los pechos llamaradas.

No puedo incorporarme sin los sueños,
ni ser un peregrino sin albarcas,
los unos me acompañan y estimulan,
las otras marcan bien mis caminatas.

Pequeño soñador es el poeta
que vive con su pluma y no descansa,
él busca en los caminos las respuestas,
y el beso y el candor de una mirada.

"...Un día desperté de tantos sueños
y supe comprender que tú no estabas,
pues eras el latido de mis venas,
la sangre, trasplantada, de mi alma..."

Rafael Sánchez Ortega ©
24/02/16

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