EN SILENCIO RECORRO LOS SENDEROS...


En silencio recorro los senderos
y me quedo, ante ellos, extasiado,
solo llevo el disfraz del peregrino
y un bastón como báculo en la mano.

Me pregunto mil cosas diferentes
mientras busco el refugio de un castaño,
y contemplo, de lejos, las estrellas
que musitan un rezo acompasado.

Es la blanca y perenne letanía,
el latido profundo de los astros,
el arpegio dejado por los dioses
en la nota preciosa de este cuadro.

Y es aquí donde gritan mis entrañas,
porque saben que sí, que yo te amo,
porque entienden la esencia de la vida
y el candor que se escapa del costado.

En silencio recojo mis enseres
y me vuelvo al camino, como antaño,
a seguir esas huellas invisibles,
y ese aroma de puertos bien lejanos.

Porque todo se vuelve fantasía
en un mundo de locos y de extraños,
donde juegan los niños a ser hombres
y los hombres vacilan en sus pasos.

Pero entonces renace la figura
y me llega el recuerdo de tus labios,
con el beso sutil y diferente
y un deseo febril y apasionado.

Fue un instante fugaz, casi un momento,
un minuto del tiempo ya lejano,
un recuerdo, tal vez, con mil caricias
y una tarde preciosa entre los álamos.

"...En silencio recorro los senderos
y la magia me envuelve con su encanto,
porque veo tu imagen junto al río
y aquel beso, en los labios, esperando..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/06/14

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