domingo, 24 de enero de 2016

AL DESPERTAR...


Al despertar, una mañana, quise parar
el tiempo y el instante,
porque quería estar en el letargo
y proseguir durmiendo un rato más.

Quizás quería estar junto a tu lado
para escuchar ese susurro leve de tus labios,
esa respiración entrecortada
que clamaba por la vida
y ese latido imperceptible
que hacía, por tu pecho,
un oleaje de pliegues invisibles,
de dedos que susurran una música sin nombre,
de roces y caricias que llevan inherentes
la pasión desenfrenada y puede, que en el fondo,
esa oración al nuevo día que comienza.

Al despertar mis manos se estiraron, en la cama,
buscando tu presencia embriagadora,
para encontrarse allí, con el vacío
y la ausencia inesperada de ese cuerpo
que anhelaban mis sentidos.

Al despertar busqué la cajetilla de tabaco.
Saqué un pitillo y comencé a fumar
mientras pensaba en tus palabras.
Tus dedos delicados volvieron a mi mente
y recordé el uso y el abuso de los mismos
por mi cuerpo.
¡Eterna fantasía la del hombre
y mera expectación la de aquel niño,
volviendo hacia un pasado inalcanzable...!

Al despertar, de pronto, en aquel lecho
yo vi la soledad que me abrazaba,
igual que vi el pitillo que, en mis dedos,
temblaba y parecía una libélula encantada.
Miré su punta roja y encendida,
la nube de aquel humo basculante que oscilaba
y se perdía,
miré, sin ver, la soledad, mi compañera
y allí le hablé y la saludé,
en el nuevo día.

Al despertar abrí los ojos nuevamente
para tratar de ver si mi camisa y pantalón
estaban cerca y no tirados por el suelo,
en una calle de ciudad y sin esquinas.

Al despertar me vi desnudo ante el espejo de la vida
y comprendí que tú no estabas a mi lado,
que te habías alejado para siempre
sin decirme una palabra,
sin dejarme una cuartilla con tu letra
que dijera simplemente que lo sientes.

Al despertar cerré los ojos simplemente
para intentar dormir
y así escapar de la verdad
y realidad que me rodean.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/01/16

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