ME AHOGO EN UNA CÁRCEL SIN BARROTES...


Me ahogo en una cárcel sin barrotes
compuesta de recuerdos y nostalgias,
no existen las cadenas en la misma
tan sólo el peso amargo de las almas.


Hay sombras desgarradas que aparecen
y que nublan los techos y ventanas,
y también se descuelgan los retales
de pañuelos mojados por las lágrimas.


Es una hipocresía vacilante
sonreír con los labios y mirada,
cuando tienes el pecho dolorido
por el fuego que quema tus entrañas.


Es una insensatez pensar que ahora
repican más alegres la campanas,
porque pacen tranquilos los rebaños
y su esquila resuena con el alba.


Pero trato de huir de mi destino
y escapar, aunque sea, hasta la nada,
a ese mundo de sueños y utopías
donde nace la música y el agua.


Y es allí donde siento escalofríos
y hasta el aire me quema la garganta,
es allí donde siento que la vida
tiene un algo que vive y que se apaga.


No sé bien el motivo y referencia
pero escucho la brisa que me llama,
y percibo el susurro de los vientos
que me deja caricias y palabras.


Es un soplo quizás irreverente,
una nota de música cifrada,
una brizna de sol hasta mis ojos
que al final me despierta entre la calma.


Ya no es tanto el ahogo del principio,
ni la cárcel, mazmorra que me aguarda,
ya no veo cadenas en sus muros
ni la niebla me cierra las pestañas.


Me ahogo, sin embargo, de otra forma,
rebuscando la miel y la esperanza,
en el limbo sagrado de los niños
y en los sueños formados con sus nanas.


Pero debo seguir hacia adelante,
caminar por desiertos y cañadas,
escapar de recuerdos y pasados
con su agobio de espinas que atenazan.


Rafael Sánchez Ortega ©
07/12/08

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