¡QUÉ FÁCIL ES CULPAR A OTROS...


¡Qué fácil es culpar a otros de tus culpas!,
¡qué fácil es llorar con lágrimas ajenas!...
Pero sentir el alma triste,
por culpa de "tu culpa" repetida,
por la ceguera profunda de tus ojos,
por la ausencia de asumir tu propia sangre,
por la dura realidad que te rodea
y te hace renegar de aquellos que te quieren.


¡Qué fácil es soltar del barco sus amarras
y ver partir el mismo en bajamar, allá,
donde lo lleve la marea.


Pero la sangre vibra y se enardece,
es un volcán de lava que protesta,
que suelta desde el alma su nota desgarrada
y el grito enfurecido.


Se quiere detener esa hemorragia,
el río desbordado que amenaza los rincones
más hermosos que tenemos,
se quiere remediar tanta injusticia.


Más tú, mi corazón, eso lo sabes.
Lo saben y lo gritan tus latidos,
lo firma y lo proclama mi conciencia
y quiero conservar esa esperanza,
la del último susurro de mi alma
con tu nombre entre mis labios.


Rafael Sánchez Ortega ©
14/05/12

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