UN DÍA DECIDÍ QUE MI CAMINO...


Un día decidí que mi camino,
debía de romper muchas cadenas;
quería descubrir lo que sentía
el alma en libertad y sin fronteras.

Entonces se rompieron los tabúes,
los miedos a miradas indiscretas,
la fría sensación del desaliento
y el ansia de volar pasó muy cerca.

Y yo, como impaciente parvulillo,
surqué con la gaviota las mareas,
oyendo barcarolas por los aires
de remos y marinos en traineras.

También, entremezcladas con las olas,
surgían las canciones tan eternas,
aquellas escuchadas en las tascas
hablando de corales y sirenas.

Y entonces me quedé como extasiado
en medio del amor y la belleza,
tratando de entrever, con miopía,
un poco más allá de tanta niebla.

No sé si conseguí rezar al cielo,
más pude proseguir, con impaciencia,
marchar en libertad por el camino
a un mundo diferente de otras tierras.

Un mundo de belleza y utopía
marcado por la paz y la nobleza,
un mundo con miradas a los ojos
carente de nostalgias y promesas.

Un mundo donde todos nacen libres
y sacan el provecho de la tierra,
la cuidan, la laboran y cultivan
y esperan con fervor a las cosechas.

...Es fácil que a este mundo tan soñado
le falte el ingrediente del poema,
la nota de la alondra con su ritmo
y el río con la fuente y la gacela.

La cuerda del violín del viejo roble,
el haya tan altiva y tan soberbia,
el viejo castañar con sus misterios
y un viejo pastorcillo por la senda...

No importa si carece de lirismo
el mundo y la utopía más suprema;
importa el corazón que allí lo busca
y el labio que suplica a las estrellas.

El hombre que camina por la playa
y busca con su antorcha por la arena,
respuestas que no tienen soluciones
a duras realidades que lo asedian.

"...Un día decidí que mi camino,
debía de emprender nuevas fronteras;
quería descubrir lo que sentía
el alma en libertad y sin cadenas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
30/05/12

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