ME DETUVE EN EL BORDE DEL CAMINO...



Me detuve en el borde del camino
y busqué tu presencia entre la nada,
pero tú ya no estabas a mi lado
ni tampoco tu aroma y tu fragancia.

Fue un instante sin más, una quimera,
los recuerdos volvieron a mi alma,
un temblor recorría mis sentidos
y también en el pecho y por la espalda.

Me sentía vencido en el destino,
derrotado, quizás, es la palabra,
vagabundo marchando tras las huellas
que llevaban sin duda hasta mi casa.

Pero allí no encontraba la sorpresa
de tener a tu cara reflejada,
en los grandes espacios que existían
y el vacío amargaba la esperanza.

Yo no sé si las lágrimas corrieron
e invadieron deprisa las pestañas,
más un nudo de seda transparente
se enredó con el llanto por mi cara.

Precisaba el susurro de tus labios
y también el candor de tu mirada,
como el niño que pide suplicante
esa tierna caricia que le falta.

Recordaba el teléfono tan mudo
mientras yo a su lado te aguardaba,
pero no, no sonaba tan siquiera
y el silencio ahogaba su campana.

Yo quería volar a las estrellas
y robar a la luna plateada,
una línea, quizás una sonrisa,
de los labios que ardientes me mostraba.

Más tenía fruncidas las mejillas
y los ojos clavados en su falda,
en la estela tan blanca y luminosa
que en el mar se estiraba y reflejaba.

"...Me detuve en el borde del camino
junto al mar, murmurando una plegaria,
pero tú ya no estabas a mi lado
y el salitre y las olas murmuraban..."

Rafael Sánchez Ortega ©
26/06/12

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